Salud de los animales
Juan Garza Ramos (México), Universidad Nacional Autónoma de México
Medio ambiente
Rezagos sociales y asimetrías tecnológicas. Los compromisos de la bioética ante la problemática derivada de los rezagos de la población rural en la que se presentan enormes disparidades sociales, tecnológicas y de participación en los mercados, son mayúsculos y conviene destacar una necesaria atención prioritaria en Latinoamérica a los grupos vulnerables y a su ganadería, con diferencias claras
respecto a la situación en países mejor desarrollados en los que la bioética tiene prioridades distintas. Las asimetrías tecnológicas se presentan en poblaciones ganaderas que en un extremo están en condiciones de excelencia en que se aplican los últimos adelantos del desarrollo tecnológico para participar en la exportación, que coexisten con poblaciones animales criadas en condiciones rústicas, sin medidas zootécnicas ni sanitarias, con muy baja productividad y sin posibilidades de competir en los mercados. Sus alimentos además no son siempre sometidos a procesos que garanticen su inocuidad. Especial mención tiene la salud de los animales de compañía por su contacto estrecho con las familias, su valor afectivo y los riesgos de transmisión de zoonosis. La salud animal impacta la competitividad de la ganadería ya que condiciona el acceso a los mercados, los costos de producción, la productividad y la calidad de los productos.
Salud animal, zoonosis y subdesarrollo. Las enfermedades de los animales, las zoonosis y las enfermedades transmitidas por alimentos (ETA) están asociadas a los sectores vulnerables de la sociedad, al subdesarrollo, cuando los indicadores económicos, sociales y sanitarios no son favorables. Su permanencia en las poblaciones humanas y animales se da por el crecimiento demográfico, la convivencia estrecha con animales sin atención médico-veterinaria apropiada y porque en la sociedad no se distribuyen con equidad las bondades de la globalización, la educación, los avances científicos y tecnológicos, el saneamiento básico, los alimentos, los productos, servicios, sistemas de comunicación, el avance económico y el empleo. Muchos factores participan en zoonosis en una complicada red de tiempo, intensidad y frecuencia, por lo que el control de estos padecimientos requiere medidas de atención al ser humano, prevención en reservorios y sobre el ambiente. Dentro de los factores multicausales que condicionan o determinan los daños por las zoonosis en los humanos se incluyen: el nivel educativo de la población, su comportamiento, hábitos de higiene, la alimentación suficiente, balanceada y accesible con productos inocuos, los servicios municipales como saneamiento ambiental, agua potable, disposición de excretas; todos inciden en la probabilidad de riesgo de enfermar o morir de la población.
Enfermedades emergentes, programas y estrategias sanitarias. Los ecosistemas de los extremos del desarrollo avanzado y el rezago que lacera y vulnera se entrelazan y contaminan, con detrimento de la salud humana y animal. Se propician enfermedades transmisibles emergentes y reemergentes que en el caso de las zoonosis afectan
por igual a animales domésticos, humanos y aun a la fauna silvestre. Entre ellas: virus del oeste del Nilo, encefalopatías espongiformes transmisibles, fiebre aftosa, SARS e influenza aviar. Los programas y las estrategias sanitarias existen para prevenir enfermedades, secuelas y muerte producidas por agentes infecciosos. Los programas se diseñan a nivel nacional, pero las condiciones varían a nivel local. Por ello se requiere énfasis en programas y estudios que sean aplicados en forma regional y estratificada de acuerdo con la situación epidemiológica. Se requiere complementación sinérgica de esfuerzos que incluya: bioseguridad, saneamiento ambiental, diagnóstico confiable y oportuno, vigilancia activa de los agentes, diseminación de información, control oportuno de focos detectados, inmunización masiva o selectiva, promoción de la salud, capacitación del personal de salud, capacitación de trabajadores en las cadenas productivas, participación de las comunidades con sus grupos y autoridades, y coordinación de los sectores público, privado y social. Para lo anterior se requiere invertir lo necesario a fin de construir o reconstruir una infraestructura de laboratorios, personal técnico y de campo con empleos estables y bien remunerados, vehículos, insumos y gastos de mantenimiento y operación. La atención a los problemas de sanidad animal requiere consistencia, persistencia, cobertura y rigor de los esfuerzos; de otra manera, los avances de años se pueden revertir en semanas o días.
Modelo de desarrollo vigente en Latinoamérica, salud pública veterinaria y globalización. El modelo de desarrollo vigente genera problemas ambientales y sociales porque busca maximizar las ganancias económicas a corto plazo pero provoca costos en los sistemas naturales y sociales. Ha habido crecimiento de la economía pero sin desarrollo de los países y sus habitantes, lo que favorece la persistencia de núcleos vulnerables con condiciones para las enfermedades en los animales y las zoonosis. Estas enfermedades son indicadores de salud pública, del nivel de desarrollo, de la organización para la efectividad productiva y de las capacidades de comercialización. La salud pública veterinaria es multidisciplinaria, multiinstitucional y requiere una coordinación intersectorial. Su campo de acción se comparte con la salud pública humana como con la salud animal y tiene intereses comunes con alimentos, ambiente y medicina experimental. De los fenómenos relacionados con la globalización, ninguno ha influido tanto en la expansión de las enfermedades infecciosas como la migración humana y el comercio internacional; la globalización ha causado cambios profundos e impredecibles en las condiciones ecológicas, biológicas y sociales. Pero en la mayoría de los países
de Latinoamérica han disminuido los presupuestos gubernamentales destinados a preservar y mejorar la salud animal y la salud pública, lo cual muestra gobiernos sin compromiso. Las cifras epidemiológicas se expresan en promedios con los que se definen políticas públicas, pero los promedios enmascaran la realidad; los extremos reflejan, por un lado, la magnitud de las deudas sociales y sanitarias y, por el otro, los absurdos de la opulencia y la extravagancia. Hay en nuestra sociedad brechas profundas, polarizaciones, exclusiones inadmisibles.
Investigación. Para prevenir y controlar enfermedades animales, zoonosis y ETA se requieren operaciones y organización exitosas sustentadas en investigación. Los valores de la ciencia se deben manifestar con mayor rigor en el caso de los científicos y estudiosos de los problemas de salud: verdad, honor, creatividad e imaginación, inconformidad constructiva, tolerancia y compromiso y aceptación de arbitraje ante disputas, son útiles en las decisiones y definición de prioridades. Es fácil dejarse llevar por el carisma de los últimos adelantos científicos, pero lo difícil es no alejarse del sentido común. Información, conocimiento, entendimiento, estrategias, programas, tácticas y prácticas deben estar enlazados y en equilibrio para lograr proyectos exitosos en salud animal y salud pública. La mayor parte de la investigación sobre las enfermedades animales está orientada a la obtención de nuevo conocimiento respecto a problemas básicos, pero poco se ha estudiado el entendimiento de los fenómenos biológicos de las enfermedades infecciosas y parasitarias y menos aún los aspectos de organización para su prevención y control. La medición del impacto de los esfuerzos de investigación y desarrollo tecnológico debe hacerse también mediante indicadores no financieros, indicadores ambientales, sanitarios, educativos, nutricionales, laborales. El cumplimiento de la legislación en actividades de investigación es primordial. Los investigadores son los primeros en estar obligados a cumplir las normas y, si aún no hay legislación, obtener los permisos correspondientes. Un ejemplo bochornoso se tuvo en la estación experimental de la OPS en Azul (Argentina) cuando se realizó un experimento con virus recombinantes de vaccinia-rabia, entonces en experimentación, sin notificación a las autoridades. Al inicio del siglo XXI la investigación en enfermedades animales, zoonosis y ETA está en crisis: queda enmarcada en la brecha 10/90, es decir, que se destina el 10% de los recursos para atender la problemática que afecta al 90% de la población.
Prevención y control de enfermedades. Para controlar y aun erradicar muchas de las enfermedades
que aquejan a los animales y, en el caso de las zoonosis, a los humanos, no se requiere más investigación científica. Para combatir muchas de las zoonosis prevalentes basta un ejemplo: Alemania en el inicio del siglo XX erradicó la cisticercosis humana y porcina con acciones tan sencillas como la implementación de medidas sanitarias y control de rastros. Por ejemplo, con lo que se sabe sobre brucelosis, muchos países han logrado erradicar esta enfermedad de sus ganados y por ende de los humanos. Hay medios de diagnóstico, vacunas, y su aplicación estricta, consistente y masiva ha sido suficiente para liberar a países enteros de esta importante enfermedad. Ante una enfermedad infectocontagiosa se requieren diferentes acciones y programas complementarios entre sí pero con distinto peso específico. Los elementos incluyen: los ciclos y la patogenia de la enfermedad, la vigilancia epidemiológica, el diagnóstico y control de focos de infección. En Latinoamérica se han hecho esfuerzos por integrar las acciones cotidianas de salud pública y de salud animal. Los ministerios de salud y agricultura han tenido discursos de colaboración pero resultados concretos poco efectivos. Se requiere armonizar las acciones gubernamentales de salud humana, salud animal, fauna silvestre y además fomentar la participación y cooperación de los profesionales, académicos, productores, procesadores, industrias farmacéutica y de alimentos, comerciantes y consumidores. Hay logros evidentes de salud pública veterinaria, casos de éxito y coordinación ejemplar en el control y la erradicación de zoonosis y enfermedades de gran trascendencia sanitaria, económica y social. Por ejemplo, en el norte de Latinoamérica, México y los países del istmo centroamericano erradicaron la fiebre aftosa, la encefalitis equina venezolana y el gusano barrenador del ganado. En esa misma región, otras zoonosis, como la fiebre amarilla y el tifo exantemático, fueron erradicadas con grandes esfuerzos y pocos recursos en las décadas de los años veinte y treinta. Sin embargo, aún se observan altas tasas de morbilidad y mortalidad; la prevalencia de muchas enfermedades es alta, o no se conoce con precisión, pues no existe diagnóstico salvo con fines de investigación, no hay reportes, se carece de vigilancia epidemiológica activa y los estimados epidemiológicos no son confiables. Y respecto a la inocuidad alimentaria, se ha privilegiado la atención sanitaria a los productos para exportación, lo que ha provocado una asimetría entre las características de los alimentos para los mercados internos y los de exportación.
Coordinación intersectorial. Un inventario de los esfuerzos sobre enfermedades animales y sus consecuencias sociales y económicas indica que se ha hecho mucho pero en forma aislada, dispersa
e incompleta. Los ministerios de salud y agricultura de nuestros países han realizado esfuerzos independientes, no necesariamente complementarios; se ha privilegiado la atención a campañas verticales contra una sola enfermedad. Por un lado, las autoridades de salud requieren que se atienda a las poblaciones animales con mayor prevalencia de zoonosis, que conviven con personas de bajos recursos económicos y nivel de desarrollo. Las autoridades de salud animal tienen sus programas de trabajo orientados prioritariamente a los animales de alta estima, con mayor producción y especialmente los destinados al mercado de exportación. Su atención a los animales mantenidos en condiciones rústicas, de traspatio, es prácticamente nula, a pesar de que, por no estar adecuadamente tecnificados, son en los que prevalecen las enfermedades infectocontagiosas y representan un importante factor de riesgo a los animales tecnificados de gran valor genético, productivo y económico. Cuando se invita a colaborar al sector privado, los ganaderos organizados de manera corporativa procuran la atención a sus poblaciones ganaderas pero no aceptan invertir en las explotaciones no tecnificadas a las que además consideran una competencia engorrosa. Pero el establecimiento de medidas de prevención y control contra una enfermedad tiene un impacto favorable ya que, al mejorar las condiciones de vida de los animales y de las personas que conviven con ellos, se combaten simultáneamente muchos de los factores predisponentes de varias enfermedades. Combatir los factores comunes que propician la aparición de zoonosis en los humanos es importante, pero aún más es prevenir y erradicar las enfermedades en los reservorios, ya sean animales domésticos, productivos, fauna nociva o silvestre. Controlar las enfermedades en los animales tiene un costo-beneficio más favorable y, si se trata de animales productivos, el incremento económico por la mejora en su salud se añade a los beneficios en la salud pública. Los organismos internacionales contribuyen al control de las enfermedades de los animales, las zoonosis y las ETA, a través de organismos como FAO, OPS/OMS, OIE, y a nivel regional el IICA y el BID; sin embargo, son lamentables su falta de coordinación y el desperdicio de recursos.
Bioética y nuevos paradigmas en América Latina. La bioética, con sus principios de beneficencia, no-maleficencia, justicia, autonomía y protección, es un apoyo valioso que puede emplearse por comités de expertos para la definición de políticas públicas para prevenir y controlar las enfermedades. Falta mucho por alcanzar: consensos sobre “bien común”, prevención de conflictos de interés en las acciones y decisiones, transparencia de los procesos, certificación auditable. La región latinoamericana está incluida entre los espacios más
desiguales del mundo. Las tremendas disparidades que aquejan a las poblaciones humanas, y por ende a los animales de compañía y a los productivos, requieren ser motivo de reflexión y acción para una atención diferenciada que mitigue la problemática en los grupos vulnerables. La equidad está lejana y el desarrollo sustentable debe ser motivo de atención mediante políticas públicas que incluyan el medio ambiente y los ecosistemas. La transición epidemiológica refleja condiciones sociales inadmisibles en las cuales coexisten grupos poblacionales con parámetros semejantes a las sociedades más desarrolladas del orbe y grupos en condiciones de miseria, ignorancia y enfermedad producto del abandono. La construcción de redes de talento, capacidades, integración de equipos, información epidemiológica, insumos, con alineamiento de las estrategias, permitirá pasar del conocimiento a las acciones y avanzar en la solución de los lacerantes problemas de la salud animal y la salud pública.
Referencias FAO, WHO, OIE. Report of the WHO/FAO/OIE joint consultation on emerging zoonotic diseases, Ginebra, 2004. - Ana Flisser, Ruy Pérez-Tamayo. Aprendizaje de la parasitología basado en problemas, México, Editores de Textos Mexicanos, 2006. - Juan Garza. “Bioética, desarrollo sustentable y salud”, Summa Bioética 1, número extraordinario, 2002; pp. 47-56. - Juan Garza. “Zoonosis”, en M. Urbina, M. Moguel, A. Muñiz, J. A. Solís (coords.), La experiencia mexicana en salud pública, oportunidad y rumbo para el tercer milenio, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, pp. 413-428. - Bernardo Kliksberg (compilador). La agenda ética pendiente en América Latina, Buenos Aires-México, Fondo de Cultura Económica y Banco Interamericano de Desarrollo, 2005.
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