Población
Marlene Braz (Brasil), Fundación Oswaldo Cruz
Medio ambiente
La explosión demográfica. El siglo XXI comienza con tres poderosos e inéditos cambios en la historia humana: envejecimiento de la población, la población urbana supera a la rural en 2007 y disminución acentuada de la tasa de fertilidad. El siglo XX asistió también a hechos inéditos y, entre ellos, se destaca la cuadruplicación de la población mundial que pasó de 1,5 mil millones, en el inicio del siglo, a 6,5 mil millones actuales, la importante caída del índice de crecimiento poblacional, del 2,1% al actual 1,2%, y la diferencia de población entre los países desarrollados y los países en desarrollo que ya sobrepasó el doble y será seis veces mayor en 2050. Las estimaciones de aumento poblacional para el año 2050 varían en torno del 50% aproximadamente, lo que significa un incremento de 3 mil millones de personas en el mundo. La División de Población de las Naciones Unidas estimó que la población mundial crecerá 41% y alcanzará 8,9 mil millones de personas. Otros autores abogan cifras más altas: de 9,1 mil millones hasta 10 mil millones. A pesar de la caída de la fecundidad verificada en el mundo, hay poco para conmemorar. En números absolutos la población viene creciendo a un ritmo que puede inviabilizar la vida sobre la Tierra. Aunque se alcanzara una disminución mayor de la fecundidad, del 1,2% actual al 1%, tendríamos en 2250 una población estimada en casi 74 mil millones de habitantes.
Población y medio ambiente. La preocupación por el tamaño de la población se debe a su impacto
en el medio ambiente porque cada persona ocupa espacios, tanto para sobrevivir cuanto para consumir, que se suman del siguiente modo: espacio ocupado por su existencia, habitación y transporte; para la producción de alimentos, de energía y de bienes y servicios; para disponer de los desechos de la producción, del consumo y de bienes útiles; espacio destruido por la polución. Las poluciones (aire, agua, suelo), la degradación del medio ambiente (deforestación, crecimiento urbano desordenado, desgaste del suelo, desertización creciente), el efecto invernadero y la disminución de la capa de ozono (calentamiento global, derretimiento de los glaciares), la extinción de especies animales y vegetales (disminución de la biodiversidad), son puntos importantes a resolverse con relación a la preservación del medio ambiente. Se puede observar no solo el incremento poblacional, sino también el acelerado aumento del consumo: una verdadera voracidad por consumir cada vez más cosas útiles e inútiles en un planeta que no tiene cómo crecer porque su existencia es limitada y finita. Este concepto de los espacios ocupados ha sido considerado con negligencia, pero algunos autores volvieron a enfatizarlo con más frecuencia, alertando sobre la ocupación desenfrenada de espacios antes considerados santuarios naturales. El ecoturismo es una actividad en expansión en la cual, paralelamente al respeto a la naturaleza, está el capitalismo que logra la implantación de hotelería (resorts), la construcción lenta pero progresiva de casas de campo, de playas y campos de golf, entre otras actividades. Estos problemas necesitan más respuestas éticas que técnicas porque requieren un cambio en la visión del mundo y en la conducta del ser humano con relación a la vida personal, social, y a la naturaleza y la producción de bienes de consumo. El deseo de cada uno, la supervivencia de las generaciones futuras, el medio ambiente y el consumo están relacionados de tal modo que no hay cómo separarlos.
Consumo y responsabilidad con las generaciones futuras. La disponibilidad y el acceso a los bienes de consumo conllevan, obviamente, una fuerte apelación aliada a inmensos beneficios económicos. En un primer momento, se argumenta que sería moralmente equivocado que las ventajas obtenidas por las generaciones pasadas y actuales no sean también ofrecidas a las generaciones futuras. Mientras, el fuerte aumento del consumo en las últimas décadas y el proyectado en función del incremento de la riqueza de países con inmensas poblaciones como China e India, apuntan a que la humanidad se verá, brevemente, ante un gran conflicto. Esto porque los niveles de consumo que millones de personas de la elite gozan en la actualidad deberán ser extendidos a casi la
mitad de los proyectados 9 mil millones de personas en 2050. Ese incremento poblacional y de consumo traerá un impacto todavía mayor en la cantidad y calidad del agua, en la calidad del aire, en las florestas. Otra cuestión ética importante, cuando se debate el medio ambiente y la población, es si tenemos obligación con la supervivencia de las generaciones futuras, como preconizó Jonas. Algunas preguntas están a la vista. ¿Será que los humanos tienen la obligación moral de preservar la especie? ¿Cabe a la generación actual y a la próxima renunciar a las ventajas que la tecnología y su consumo (contaminantes por esencia ya que siempre producen basura, pero que mejoraron la calidad de vida) ofrecen, para posibilitar la supervivencia de las generaciones siguientes? ¿La libertad de procrear debe sufrir restricciones? Algunos autores contestan que no tenemos responsabilidad u obligaciones morales con aquellos que aún no han nacido. Otros afirman que no hay por qué privilegiar la especie humana. Que varias especies se extinguieron y que, quizá, este sea el hado futuro de la especie humana. Mientras, están quienes afirman que existe tal responsabilidad, fundamentando sus posiciones con argumentos débiles como la apelación a la intuición del sentido común, o también por la irracionalidad en pensar en la no preservación de la especie. Esta última posición no especifica cuánto hay que sacrificar y qué tipo de interés y consumo debe ser garantizado hoy para que no falte mañana.
Ética y medio ambiente. Todas las posiciones éticas tradicionales remiten a la ética kantiana o la utilitarista. El medio ambiente necesita una nueva ética y esta es preconizada por la denominada ética ambiental. La ética ambiental postula la no pertinencia de las corrientes éticas tradicionales, porque ellas no dan cuenta de los problemas crecientes y urgentes vinculados con la preservación del medio ambiente y de las especies, incluso la humana. Existen dos grandes corrientes relacionadas, a saber: una antropocéntrica en la que el ser humano es visto como la especie más importante y solo se confiere valor a los entes o cosas en tanto sirvan a los propósitos e intereses humanos y que, en la realidad, se alinea con las corrientes éticas tradicionales. Y una segunda, denominada de ecología profunda, término creado por Arne Naess, en el inicio de la década de los setenta, que rompe con las éticas tradicionales. La propuesta de esta segunda corriente es una ética ecocentrada y holística en la cual solamente el todo, esto es, los sistemas y no los individuos, son dignos de valoración moral porque ellos se integran al todo. Los seres humanos no son más importantes que cualquier otra especie o sistema; ellos son meros elementos que se unen a la comunidad ecológica. Los humanos deben reencontrar su lugar
en la naturaleza y no subyugarla, lo que significa un cambio radical y un desafío a las sociedades industrializadas.
Problemas del medio ambiente, el consumo y el aumento poblacional. Los ambientalistas fueron los primeros en apuntar los problemas consecuentes del uso indiscriminado y predatorio de la naturaleza. Con el aumento poblacional y de la industrialización surgió una sociedad devota del consumo y eso ocurrió con una velocidad sin igual en la historia de la humanidad. En cien años, tanto la población como los medios de producción crecieron de forma vertiginosa y ahora ya se avecina un problema preocupante relacionado con el agua potable y el clima. ¿Tendremos agua potable suficiente para otros 3 mil millones de personas cuando ella ya es escasa en buena parte del planeta? Lo mismo ocurre con los alimentos, ya que actualmente se produce la cantidad necesaria de granos, verduras y frutas para alimentar a 10 mil millones de personas. Sin embargo, ¿qué hacer con los animales domésticos? El ser humano, aun sin la tecnología, es contaminante porque consume oxígeno y emite gas carbónico, se alimenta y produce gas metano cuando elimina la comida. Lo mismo ocurre con los animales domésticos, principalmente con los rebaños bovinos, los cuales aumentan cada vez más, ocupan vastas áreas que antes eran florestas y ya se adentran en la Amazonia. Otro problema es qué hacer con los residuos tecnológicos cada vez más abundantes y desechables. ¿Dónde arrojar tanta basura? Con el aumento poblacional y de la riqueza de algunas naciones, más personas entrarán en la sociedad de consumo, y el problema, que hoy ya es serio, se volverá todavía más grave. Tecnología implica contaminación del aire, del agua o de la basura que la naturaleza no alcanza a reciclar. Es por todas estas cuestiones que el medio ambiente, el consumo y el aumento poblacional entraron en las agendas gubernamentales de prácticamente todos los países, incluso los de América Latina, que a pesar de poco contaminantes caminan a pasos anchos en su proceso de industrialización y en la ruta del consumo.
Población y futuro. Cabe señalar la interrelación entre población, industrialización y consumo, porque si se enfatiza solo en el lado de la población, nos veremos frente a otro problema. Si no hay jóvenes suficientes, ¿cómo logrará mantenerse la sociedad? ¿Quién mantendrá a los mayores de edad que aumentan cada año? Sabemos que para no aumentar la población actual existen solo dos medios: o no se procrea más o se aumenta la mortalidad, dos opciones, por lo menos, moralmente problemáticas. Sin embargo, el aumento por sí solo de la población, incluso aunque se restrinja el consumo, también resulta problemático.
Para tener una idea del impacto de la población y de su aumento sobre el medio ambiente, algunos ejemplos pueden ser ilustrativos. El aumento del número de coches y electrodomésticos, a pesar de ser más económicos desde el punto de vista de la energía, gasta y tiende a acabar con la energía disponible, y si añadimos más personas, aun cuando se logre reducir los bienes o su uso, ese efecto será neutralizado por el aumento poblacional. Otro ejemplo dado por el Worldwatch Institute es el siguiente: si un estadounidense come 20% menos carne en 2050, aun así el consumo total en Estados Unidos aumentará más o menos 5 millones de toneladas en función solamente del incremento poblacional. Si pensamos que el 99% del crecimiento poblacional ocurrirá en las naciones en desarrollo, será necesario pensar tanto en la estabilización poblacional cuanto en su consumo, como es el caso de los países latinoamericanos. Sin embargo, es necesario alertar que el crecimiento poblacional no es un problema solo para los países pobres o emergentes. Los países ricos y desarrollados sufrirán un aumento poblacional, seguido de altos niveles de consumo, lo que causará un mayor impacto ambiental. En este sentido, las relaciones existentes entre la población y el medio ambiente son claras e inequívocas. Medidas que ya vienen siendo tomadas con relación a la planificación familiar y la adopción de tecnologías más limpias y el trato de los residuos del consumo, sin embargo, se muestran insuficientes para dar cuenta de los problemas que vendrán si no se toman otras medidas, como la concienciación creciente de la población y de los gobiernos respecto a la preservación del planeta, estimulando un consumo más racional y de menor cantidad. Los esfuerzos de hoy tendrán reflejos mañana y el mañana ya puede ser hoy si pensamos en los cambios climáticos que están ocurriendo en el momento presente. Es bueno pensar también que 2050 está próximo, y para muchos de nosotros serán nuestros hijos y nietos quienes sufrirán los problemas más que anunciados y, por tanto, la obligación no es con las personas que todavía no existen. Existen y ya están ahí y es nuestro deber moral dejar al legado inestimable que es la vida. Y no solo la vida, sino una buena calidad de vida.
Referencias J. E. Cohen. How many people can the Earth support?, New York, W. W. Norton, 1995. - G. Hottois & M. H. Parizeau. Dicionário da Bioética, Lisboa, Piaget, 1998. - P. R. Ehrlich & A. H. Ehrlich. The Population Explosion, New York, Simon and Schuster, 1990. - W. T. Reich (ed.). Encyclopedia of Bioethics, Washington, Georgetown University-McGrawHill, 1995. - Worldwatch Institute. Estado do Mundo 2004 (Relatório sobre “A Sociedade de Consumo”), Publicações UMA/Worldwatch, 2004. - H. Jonas. Le Principe Responsabilité, París, Cerf, 1990. - B. Latour. Políticas da Natureza: como fazer ciência
na democracia, Bauru/SP, Edusc, 2004. - I. Sachs. Caminhos para o desenvolvimento sustentable, Río de Janeiro, Garamond, 2002.
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