Biopiratería
Ana María Tapajós (Brasil), Ministerio de Salud del Brasil
Poder
Privatización, apropiación ilícita o uso no autorizado de recursos biológicos. El asedio de entidades de los países desarrollados sobre los países pobres y biomegadiversos de América Latina corresponde al sentido original del término piratería: robo, saqueo, rapiña. El valor económico del patrimonio natural resulta de la posibilidad de obtener medicamentos y variedades vegetales o animales innovadoras por medio de la identificación de nuevos genes o nuevas moléculas. Los productos o procesos desarrollados a partir del acceso a recursos naturales raros o desconocidos pueden ser patentados y volverse, por tanto, propiedad privada. De ese modo el acceso a esos productos y procesos no queda garantizado a las poblaciones, a los científicos o a las industrias de los países de origen de los recursos genéticos que posibilitaron su creación. Los países latinoamericanos son especialmente vulnerables a esa explotación predatoria, como blancos preferenciales de la biopiratería, por diferentes razones: i) la riqueza de su diversidad biológica, incluyendo plantas, animales y grupos humanos (genomas puros); ii) el desconocimiento relativo sobre ese patrimonio, que involucra la posibilidad de identificación de variedades y características nunca antes descritas; iii) la dependencia de la región hacia los centros avanzados de producción de conocimientos científicos, tecnológicos y capacidad industrial para evaluación y explotación sostenible de su biodiversidad; iv) la asociación entre recursos genéticos y conocimientos tradicionales de pueblos nativos sobre las características y el uso de esos recursos. En este último caso, lo que ocurre es la ausencia de respeto a los valores de esas poblaciones para quienes la naturaleza y la cultura no se pueden separar, y que no entienden la propiedad privada sobre bienes que consideran comunes. Otra consecuencia de la biopiratería, que no siempre se ve como una preocupación, es la cuestión de la seguridad. La biodiversidad incluye, además de sustancias que pueden llevar a nuevos medicamentos y por tanto traer beneficios, venenos y toxinas que pueden ser utilizados para causar daños. En ese caso, además, la marca genética de su origen permanece, lo que puede involucrar a países, que no se dan cuenta de su explotación, en problemas internacionales en un mundo obcecado por el bioterrorismo. Desde el año 1993 la comunidad internacional reconoció, por medio de la Convención sobre la Diversidad Biológica, el derecho de los países a reglamentar la explotación de su biodiversidad, así como el establecimiento de un sistema de repartición de beneficios. La tendencia a
constituir un mecanismo de remuneración modesta por el acceso y conocimientos tradicionales asociados, conserva la asimetría entre los países ricos y los países pobres. Tal doctrina impide el acceso de las poblaciones pobres de los países en desarrollo a los reales beneficios de la explotación de sus recursos, traducidos en nuevas sustancias y variedades patentadas en el primer mundo, sin construir o ampliar en los países de origen la capacidad para la explotación sostenible de su propio patrimonio genético. En ese sentido se corre el riesgo de implantación de un sistema de apropiación legalizada de recursos y conocimientos con impacto poco distinto a los de la biopiratería tradicional. Practicada pretendidamente en nombre de la ciencia y en beneficio de la humanidad, resulta en la explotación predatoria del patrimonio natural y del conocimiento tradicional de pueblos nativos. En ese sentido, falta el respeto a esas poblaciones para quienes la naturaleza y la cultura no se pueden separar, y que no entienden la propiedad privada sobre bienes que consideran comunes. Por otro lado, la biopiratería favorece la obtención de derechos comerciales exclusivos sobre productos y procesos originarios de la biodiversidad de países que no tendrán parte en los beneficios de esa exclusividad. La superioridad de la tecnociencia y de la capacidad industrial de los países ricos, aliada con el acceso irregular al patrimonio genético latinoamericano, profundiza la desigualdad entre estos países y los países de la región en términos de la capacidad para atender a las necesidades de salud y bienestar de sus poblaciones. La biopiratería debe considerarse como un proceso de saqueo de patrimonios naturales y, por tanto, rechazable y éticamente condenable.
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