América Latina y bioética
Hernán Neira (Chile), Universidad Austral de Chile
Bioética › Crítica latinoamericana
Los problemas de bioética son inseparables de la cultura y del lugar geográfico donde surgen. Por ello, el único modo realista de abordarlos es una aproximación de conjunto, que involucre multitud de disciplinas. Muchas veces en bioética el camino más corto es el de más largo recorrido, porque es mejor seguir los meandros de una ruta larga que ir en línea recta pero dejando de lado lo fundamental. La bioética, por tanto, para cumplir su finalidad, toma en cuenta la historia, la cultura y las condiciones donde el problema surge, condiciones que se reúnen en un lugar, en un país o en un continente. Además, como muchos de los problemas de bioética superan las fronteras nacionales, la bioética debe tomar en cuenta el territorio, considerado según unidades biológicas y culturales donde conviven múltiples especies.
Bioética, disciplina reciente en América Latina. Algunos problemas de bioética se plantearon, con otras perspectivas, desde la llegada de los europeos al continente. Debe considerarse que, a diferencia de lo que sostienen algunos análisis desconocedores de la historia, desde el primer momento de la Conquista surgieron entre los conquistadores voces que criticaron duramente la actividad de sus compatriotas. Esas voces fueron desoídas en la mayoría de los casos, pero no en todos. Los aspectos bioéticos planteados durante el siglo XVI en América tuvieron que ver especialmente con la relación entre los europeos y la población indígena, generándose un amplio espectro de saberes y doctrinas que pretendieron comprender y regular dicha relación, sin daño para la población local. ¿Era legítimo hacer una guerra de Conquista? ¿Se podía esclavizar a un grupo humano so pretexto de que es inferior? ¿Se puede imponer una religión por la fuerza? Entre los autores más destacados puede mencionarse a fray Bartolomé de las Casas, al jesuita Joseph de Acosta y a fray Francisco de Vitoria. Este último
una existencia intemporal de los deberes como si se tratara de la reformulación racionalista de una moral teológica, sino que ha de proponer una construcción histórica por la cual el imperativo que indica la convicción (v.) se materialice en la exigencia de responsabilidad, y con ello convierta a los actores morales en sujetos que actúan asumiendo para sí mismos la responsabilidad que exigen de las instituciones.
[J. C. T.]
nunca pisó América, pero eso no le impidió desarrollar la teoría de la república universal, que tolera la diversidad de costumbres y gobiernos sobre la tierra, sin conceder derechos a uno sobre otro, aun cuando él estaba convencido de la superioridad de la religión Católica. Esas primeras tradiciones bioéticas no abordaron la relación entre los humanos y los demás seres vivos, centrándose solo en los primeros. Los aspectos éticos del vínculo entre los seres humanos y los demás seres vivos comenzaron a plantearse en América Latina solo a partir de la segunda mitad del siglo XX, por influencia de autores como Aldo Leopold, quien desarrolló el concepto de ética de la tierra (land´s ethics) y cuyos escritos sirvieron de inspiración para la creación de los parques nacionales o áreas silvestres protegidas en muchos países americanos. También influyeron filósofos que cuestionaron globalmente la sociedad posindustrial, como Herbert Marcuse, ampliamente leído en América Latina, si bien la tradición marxista principal no tomó en cuenta los temas de bioética en América Latina. Solo a fines del siglo XX se genera una tradición bioética autónoma y que merezca ese nombre en América Latina, motivada por la amplitud de los principales problemas ambientales, aunque sin límites disciplinarios claros. A ello contribuyen, también, trabajos de conservación biológica, de socioecología y de ética. También, en esa época, surgen en las universidades algunos cursos de bioética y cursos interdisciplinarios sobre temas ambientales y, por primera vez, los donadores de fondos de investigación estatales o privados exigen que los proyectos cumplan con el visto bueno de comités de ética o bioética.
Problemas de bioética y Derechos Humanos. Algunos de los principales problemas de bioética en América Latina son la deforestación, el adelgazamiento de la capa de ozono, la construcción de represas, la instalación de plantas de celulosa de papel, la consideración de la naturaleza como un medio al servicio del ser humano, la ausencia de consideración a la sensibilidad de los animales, la
contaminación de tierras, aire y aguas por la minería y la polución atmosférica por automóviles. Estos tienen, paralelamente, un trasfondo social en la medida en que los más pobres sufren más las consecuencias de ello y se benefician menos. La mayoría de estos problemas tienen repercusiones trasnacionales y no pueden ser limitados a las fronteras de un país. Desde el punto de vista jurídico, en América Latina se ha ido evolucionando hasta al menos discutir la existencia de una tercera generación de Derechos Humanos. La primera generación es la de los derechos civiles y políticos; la segunda es la de los derechos sociales y económicos. La tercera generación de Derechos Humanos, en cambio, está referida al medio ambiente. Abarca desde el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, como estipula la Constitución de la República de Chile, a la suposición de que todos los seres vivos, no solo los humanos, poseen derechos. Esta tercera generación es la más polémica de todas, pues se le critica que carece de sujeto nítido que reivindique su derecho y al mismo tiempo no existe un objeto claro sobre el cual reivindicarlo. ¿A qué sujeto individual, colectivo o político le corresponde reclamar, por ejemplo, por la destrucción de la capa de ozono? ¿A quién hacerle la exigencia? ¿Qué autoridad se pronuncia sobre la validez del reclamo? ¿Dónde comienza y dónde concluye el objeto “capa de ozono” y en qué umbral se fija su carácter de “destruida por la contaminación”? ¿Puede ser sujeto de derecho un animal que no puede defenderse por sí mismo ante los tribunales, no conoce su situación jurídica y requeriría una especie de tutor o representante ante ellos?
Complejidad de los argumentos como problema de bioética. La complejidad de los argumentos especializados puede convertirse por sí misma en un problema de bioética al generar una situación de incomprensión de los verdaderos alcances de la situación planteada en relación con las poblaciones humanas, animales o vegetales. Los argumentos científico-técnicos con que a veces algunas grandes empresas o el Estado respaldan sus decisiones suelen ser de una complejidad que los hace incomprensibles para la población, para los políticos o para los organismos controladores del mismo Estado, que no cuentan con medios para contratar personal con la calificación necesaria para analizar dichos argumentos. A ello se suma que a menudo las localidades donde se instalan algunos grandes proyectos con repercusiones bioéticas suelen dejar a sus autoridades y organismos fiscalizadores en una posición de debilidad, por ser estas incapaces de argumentar al nivel requerido. Los Estados, además, tienen legislaciones que la población percibe como excesivamente permisivas a los intereses del lucro empresarial, con lo
que las poblaciones suelen experimentar una impotencia política junto con otra técnica para comprender u oponerse al problema bioético planteado.
Legitimidad bioética vs. legitimidad teórico-técnica. Los argumentos bioéticos nunca son técnicos, sino de carácter ético. La ética tiene por base los acuerdos para la acción, racionalmente obtenidos, sin presiones indebidas. Su finalidad es normar las conductas y establecer los castigos a quien escapa de dichas normas. Su carácter es práctico porque dice lo que se debe o es legítimo hacer. Los argumentos técnicos, en cambio, no tienen que ver con valores y acuerdos para la acción, sino con los medios y teorías que se requieren para llegar al objetivo. Lo práctico es que una comunidad decida hacer un puente; lo teórico, los cálculos, los teoremas sobre la resistencia de materiales, etc. En América Latina se da una tendencia, mayor que en otros continentes, a considerar que las normas prácticas (aquello que se acordó legítimo hacer, aquello que las tradiciones permiten o prohíben, etc.) son despreciables en relación con los argumentos técnicos. En otras palabras, se desprecia la discusión que hace legítima o ilegítima una acción por el simple hecho de que existen los teoremas y teorías que permiten la realización técnica de un objetivo.
Pueblos originarios, pueblos inmigrantes. El continente es fruto de una convivencia, a veces forzada, entre múltiples comunidades. Algunas de ellas exigen ser declaradas originarias. Ello es legítimo, a condición de aclarar que no existe lo originario absoluto en América, pues los pueblos nativos desplazados por los europeos habían desplazado, a su vez, a otros pueblos previos, de forma que América se constituye por sucesión de capas culturales y humanas donde difícilmente pueden establecerse privilegios absolutos. Además, lo originario absoluto, incluso si fuese posible establecerlo, no bastaría para constituirse, por sí solo, en criterio de resolución de una controversia bioética. Dado que no es posible establecer lo originario absoluto, los problemas de bioética humana en América Latina, cuando involucran a poblaciones indígenas, han sido resueltos casi siempre en perjuicio de estos. Solo a fines del siglo XX se estableció cierto equilibrio con una combinación variable entre, por un lado, principios generales de justicia e igualdad y, por el otro, privilegios a uno de los pueblos que componen cada país. Lo fundamental es que la solución se dé sobre la base de acuerdos democráticos que respeten las mayorías nacionales y también la diversidad de las minorías. La diversidad de comunidades debe entenderse como un hecho que enriquece a todos, rechazándose el neoracismo, ya sea criollo, mestizo, negro o indígena, y
asegurando que no se prive a ninguna comunidad de los medios mínimos para mantener su vida y su cultura.
La presión por el desarrollo. Amplios sectores de la población plantean el desarrollo como tarea prioritaria en América Latina, argumentándose que el continente debe seguir una ruta similar a la de los países occidentales del norte del planeta. Por desarrollo se entiende un aumento de las transacciones económicas y el incremento paralelo de medios técnicos para la realización de la vida cotidiana (máquinas, caminos, etc.). Poner a disposición de la población máquinas y medios satisface algunas necesidades de la vida, pero crea otras, a veces mayores. Por ello se forma un círculo vicioso, según el cual cuanto más se fabrican máquinas y medios, más medios y máquinas se requieren para satisfacer las nuevas necesidades. Ello incrementa las transacciones y es bien visto por las autoridades económicas convencionales. Con ello las autoridades políticas y económicas transforman el incremento del consumo en el principal objetivo de la población y de los países. La debilidad de las tradiciones facilita en América Latina la penetración de estas innovaciones, es decir, del desarrollo, ante las cuales las consideraciones bioéticas parecen subordinadas, muchas veces, también para la población que sufre sus consecuencias de aquel. Además, la carrera por consumir siempre más despoja al ser humano de los beneficios del progreso tecnológico-científico, que hace posible, en la etapa actual, un rendimiento del trabajo tan alto que permitiría vivir mejor con menos trabajo, a condición de que el objetivo de la sociedad dejara de ser el incremento indefinido del consumo.
Situación de los animales. A pesar de la incipiente discusión sobre los derechos de los animales, todavía son considerados, al igual que el conjunto de la naturaleza, como un medio para el beneficio humano. La combinación de argumentos religiosos según los cuales la naturaleza está al servicio de la humanidad, junto con las ideas cartesianas de que los animales son como máquinas, hace difícil aceptar entre políticos y entre quienes toman las decisiones el hecho, hoy probado, de que los animales tienen una sensibilidad y emociones, en algunos casos, cercanas a las de los humanos. La idea de que el ser humano es uno más entre los miembros de la naturaleza y que, por tanto, es parte de ella y no señor de ella, se enfrenta a prejuicios religiosos y teóricos no justificados. Solo sectores minoritarios de las religiones cristianas y de los sectores empresariales existentes en América Latina se han abierto a considerar que los animales tienen intereses y derechos dignos de ser considerados. Resultan incomprensibles algunos
prejuicios religiosos en contra de los animales. En realidad no hay contradicción entre el cristianismo y la idea de que el ser humano es parte de la naturaleza. Con esta idea es que el ser humano puede y debe transformar la actitud de explotación y destrucción en otra de reconciliación y colaboración. Se ha establecido el prejuicio de que el mejor alimento proviene de las carnes (de mamíferos, aves y peces). Este prejuicio se origina en la mentalidad ganadera de los conquistadores y posteriormente de la aristocracia criolla. Ambos promovieron la sustitución de tierras agrícolas por otras de crianza, que daban mayor rendimiento financiero, pero menor rendimiento en relación con la cantidad de terreno, agua, energía y proteínas que requiere su producción o que podía obtenerse mediante el consumo de productos vegetales. La disminución del consumo de carne y su sustitución por productos vegetales o animales pero que no impliquen matar o torturar a los animales mejoraría globalmente la situación alimentaria en América Latina, con beneficio de la población y del medio ambiente. Los injustificados prejuicios favorables al consumo de carne, sin embargo, están tan arraigados e involucran tantos intereses financieros y costumbres que solo recién se comienza a plantear como problema de bioética.
Carácter político de los grandes proyectos ingenieriles. ¿Por qué algunos grandes proyectos ingenieriles son políticos y no solo técnicos o económicos? Porque implican grandes cambios en la forma de vida y valores en los lugares donde se instalan. Esta modificación, cuando existen estructuras democráticas, solo debiera darse por medios propiamente políticos o culturales, en los cuales se debate y se resuelve sobre el tipo de vida que se desea llevar y por qué medios. Ahora bien, un proyecto empresarial que modifica el tipo de ocupación de la tierra o de actividades humanas, animales o vegetales, impone una nueva forma de vida y nuevos valores. La evaluación de esos cambios, por tanto, no puede ser solo económica, sino necesariamente bioética, lo cual incluye aspectos políticos. Entre estos aspectos, debe tomarse en cuenta que en América Latina las diferencias sociales y geográficas son más amplias que en otros países. Los beneficios de las nuevas tecnologías se concentran en pequeños sectores de la población, pero las consecuencias negativas y externalidades se distribuyen en sectores más amplios y casi siempre geográficamente lejanos de los primeros.
Referencias Aldo Leopold, A Sand County Almanac and Sketches Here and There (1949), New York, Oxford University Press, 1987. - Herbert Marcuse, El hombre unidimensional (1954), Barcelona, Seix Barral, 1968. - R. Primack, R. Rozzi, P. Feinsinger, R. Dirzo y F. Massardo (editores), Conservación
biológica, perspectiva latinoamericana, México, Fondo de Cultura Económica, 1999. - Leonardo Boff, Ecología, el grito de la tierra, grito de los pobres, Buenos Aires, Ediciones Lohlé-Lumen, 1996. - Peter Singer, Animal Liberation, New York, Avon Books, 1991.
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