Nuestra Señora de Akita
En la región de Akita, al norte de Japón, una comunidad de religiosas vivió a partir de 1973 una serie de hechos centrados en una imagen de madera de la Virgen. La hermana Agnes Sasagawa, sorda y enferma, dijo recibir mensajes interiores, mientras la talla derramaba en repetidas ocasiones lágrimas, sangre y sudor ante numerosos testigos a lo largo de varios años.
Los mensajes recogidos por la religiosa insistían en la oración, la penitencia y la reparación, en una línea cercana a la de Fátima. Hablaban de tiempos difíciles para la humanidad y para la Iglesia, y pedían perseverancia en la fe. El llanto de la imagen, registrado en numerosas ocasiones, fue lo que más impresionó a la opinión pública.
El obispo de Niigata, tras años de observación, reconoció en 1984 el carácter creíble de los hechos y autorizó la veneración. Akita es uno de los pocos casos de manifestaciones marianas reconocidas en Asia oriental, lo que le da un valor particular en un contexto donde el cristianismo es minoritario.
La imagen se venera en la capilla del convento de Akita, meta de peregrinaciones discretas. La memoria se celebra en otoño. Nuestra Señora de Akita es conocida sobre todo por el fenómeno de las lágrimas y por la cercanía de su mensaje con el de otras grandes apariciones del siglo XX.
Ubicación: Akita, Japón · Festividad: Memoria local (octubre)
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