Inmaculado Corazón de María
La devoción al Inmaculado Corazón de María contempla el corazón de la Virgen como símbolo de su amor a Dios y a los hombres, de su pureza y de su entrega total al plan de la salvación. El evangelio de Lucas ofrece el fundamento bíblico cuando dice que María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
San Juan Eudes, en el siglo XVII, fue uno de los grandes promotores de esta devoción, que presentó unida a la del Sagrado Corazón de Jesús. Con el tiempo ambas se entendieron como complementarias: el corazón del Hijo y el de la Madre, vueltos uno hacia el otro en el misterio de la redención.
Las apariciones de Fátima, en 1917, dieron a esta advocación un alcance universal. Allí se habló de la consagración del mundo al Inmaculado Corazón y de la práctica de los primeros sábados de mes en reparación. Pío XII consagró el mundo a este Corazón en 1942, y Juan Pablo II y Francisco renovaron ese gesto en momentos de crisis internacional.
La memoria litúrgica se celebra el sábado siguiente a la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, manteniendo así la cercanía entre ambas devociones. El sábado, día tradicionalmente dedicado a María, refuerza el carácter mariano de esta conmemoración.
Ubicación: Devoción universal de la Iglesia · Festividad: Sábado siguiente al Sagrado Corazón de Jesús
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