SACRIFICIO
(thysia)
El término griego thysia, «sacrificio» (5 veces en Pablo) viene del verbo thyein: «ofrecer un sacrificio, inmolar, sacrificar». El verbo lo utiliza Pablo sólo 3 veces, en la Primera Carta a los Corintios: una vez a propósito de Cristo, en la célebre fórmula Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado (1 Cor 5,7) y dos veces a propósito de los sacrificios a los ídolos (1 Cor 10,20). El sacrificio de Cristo, cordero pascual, destruye en nosotros los gérmenes del pecado (la levadura vieja). Hace posible una vida humana nueva, santa y pura, en alianza con el que ha muerto.
Pablo conoce la realidad sacrificial, tanto pagana como judía o cristiana. Aparece en su respuesta a propósito de las carnes sacrificadas (1 Cor 10,14-33) o de la celebración de la «cena del Señor» (11,17-24). Estos banquetes sagrados, por medio de la comida y de la bebida, ponen a los celebrantes en relación con una realidad sobrehumana: los ídolos ocultan a los demonios (sacrificios paganos), el altar representa a Dios (sacrificios judíos), la copa y el pan son la sangre y el cuerpo de Cristo (sacrificio cristiano). La distinción esencial de los sacrificios procede de aquel a quien se ofrecen. El sacrificio en la óptica cristiana es comunión con el pan, principio de unidad (1 Cor 10,17; 11,22.26), relación con el Señor entregado, cuerpo comido, sangre bebida en memoria de aquél, cuya muerte se anuncia hasta su venida (1 Cor 11,23-26).
A pesar de los sacrificios, todos, judíos y griegos, están bajo el dominio del pecado (Rom 8,3) y Pablo exhorta a los creyentes «a ofrecer su persona en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios» (Rom 12,1). Ésta será su ofrenda de vida cristiana, es decir, el testimonio de la vida de Cristo a quien pertenecen como miembros.
En Flp 4,18 Pablo, agradeciendo los dones recibidos de los filipenses, se siente lleno de gozo y ve en lo que ha recibido un sacrificio ofrecido a Dios y aceptado por él. Al contrario, en Flp 2,17, Pablo utiliza la palabra «sacrificio» para hablar de su vida consagrada al servicio de los filipenses, vinculado a su eventual martirio: Me siento gozoso, aunque mi sangre tenga que derramarse en libación en el sacrificio y en el servicio a vuestra fe.
En Ef 5,2 se invita a los cristianos a hacer de su vida un sacrificio a ejemplo de Cristo: Caminad en el amor, lo mismo que Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros en ofrenda y sacrificio a Dios, para ser un perfume de suave olor.
M. C.
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