MUNDO
(kosmos)
Kosmos significa en el griego profano «orden, disposición», por extensión «orden del universo», y consiguientemente «mundo, universo». En los griegos el término designa al universo entero, incluidos los dioses y los hombres. Cuando el judaismo helenístico utiliza el término kosmos, es para traducir la expresión hebrea «la tierra y los cielos», la creación ordenada hecha por Dios (Gn 2,1; Sab 7,17; 11,17), que no hay que confundir jamás con su criatura. En la literatura apocalíptica, este mundo, bajo el poder de las potencias del mal (cf. Jubileos 10,1ss), se opone al mundo venidero (4 Esdras 4,26ss; 1 Henoc 48,7).
En Pablo, el kosmos, lugar de la actividad del apóstol (2 Cor 1,12) designa la tierra habitada (1 Cor 14,10; Rom 1,8; cf. también Col 1,16) y a sus pobladores (así en Rom 3,19, la expresión todo el mundo es equivalente al semitismo de 3,20: toda carne. En cuanto creación, el ícosmos refleja las perfecciones del Creador (Rom 1,20) y es objeto de la promesa hecha a Abrahán (Rom 4,13).
Pero el pecado afecta al kosmos (Rom 5,12.8.19-22), que está bajo su dominio. Pasajero (1 Cor 7,31) y fútil (1 Cor 7,33-34), el kosmos será condenado (1 Cor 11,32). En esta espera, se enfrentan la «sabiduría del mundo» y la «sabiduría de Dios (1 Cor 1,20; 3,19; cf. también 2,12; 2 Cor 7,10-11). La expresión sabiduría del mundo designa aquello por lo que el hombre pretende utilizar la inteligencia que le da su Creador para sus propios fines.
El cristiano está implicado en este enfrenta-miento: si ha sido liberado de los elementos del mundo (Gal 4,3; Col 2,8.20; cf. también Gal 6,14), no está llamado a huir del mundo (1 Cor 5,10), que es el lugar de su misión (cf. lo que Pablo dice de sí mismo en 1 Cor 4,9.13). Debido a su misma debilidad (1 Cor 1,27-28), el cristiano es aquel que ha sido escogido por Dios para confundir la sabiduría del mundo (1 Cor 1,18-31; cf. también 6,2). La actitud del cristiano consiste en estar en el mundo sin estar prisionero del mundo (disfrutar del mundo, como si no disfrutara: 1 Cor 7,29-31): no tiene por qué tener miedo (cf. 1 Cor 3,22), ya que sabe que las pretendidas potencias que en él actúan no pueden nada contra él (1 Cor 8,4).
Pero este combate tiene también una dimensión positiva: el cristiano es fuente de luz en el mundo (Flp 2,15). Cabe una esperanza para los hombres de este mundo; en Cristo, Dios los reconcilia consigo (2 Cor 5,19; cf. Rom 11,12) en una verdadera «re-creación»: Si alguien vive en Cristo, es una nueva criatura; el mundo viejo ha pasado y ha aparecido una realidad nueva (2 Cor 5,17; cf. también Gal 6,15). Así, cuando Pablo habla del fcosmos, lo que hace es proseguir su reflexión sobre la situación del hombre ante Dios.
En Efesios se prolonga esta comprensión paulina del mundo, recurriendo más expresamente a las categorías mitológicas: escogido desde antes de la creación del mundo (Ef 1,4), el cristiano se enfrenta con Satanás, príncipe de un mundo sin esperanzas y sin Dios (2,2.12), y con sus representantes que son las autoridades, poderes y dominaciones de este mundo de tinieblas (6,12).
En las cartas pastorales es más sosegada la visión del mundo: Cristo ha venido al mundo para salvar a los pecadores (1 Tim 1,15; cf. 3,16). El cristiano tiene que renunciar a los deseos de este mundo (Tit 2,12) y sabe que, habiendo venido sin nada al mundo, partirá de él sin nada (1 Tim 6,7).
E. Cu.
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