MINISTROS DE LOS SACRAMENTOS
1. Bautismo:
1.1. Ministro ordinario: Obispo, presbítero, diácono.
1.2. Ministro extraordinario: Catequista u otro fiel designado por el ordinario del lugar; o cualquier persona que tenga la debida intención de hacer lo que hace la Iglesia (c. 861 § 2). El que bautiza a un adulto, en razón de su oficio tiene ipso iure la facultad de confirmar (c. 883 § 2).
2. Confirmación:
2.1. Ministro ordinario: Obispo.
2.2. Ministro extraordinario: El prelado territorial, el abad territorial, el vicario, prefecto y administrador apostólicos (estos últimos de administraciones apostólicas erigidas de manera estable). El presbítero que recibe la facultad del mismo derecho (c. 882): Los que por su oficio o por encargo del obispo diocesano bautizan a un mayor de siete años, o lo admiten ya bautizado a la plena comunión en la Iglesia católica (c. 883 § 2). Para los que están en peligro de muerte, el párroco o cualquier otro presbítero (c. 883 § 3). El presbítero por especial concesión de la competente autoridad (c. 884 § 1). Los presbíteros asociados (c.
884 § 2).
3. Eucaristía:
3.1. Ministro: “Sólo el sacerdote válidamente ordenado es ministro capaz de confeccionar el sacramento de la Eucaristía, actuando en la persona de Cristo” (c. 900 § 1).
3.2. Ministro ordinario de la sagrada comunión: Obispo, presbítero, diácono.
3.3. Ministro extraordinario de la sagrada comunión: Acólito u otro fiel designado para ello (cf. c. 230).
4. Penitencia:
4.1. Ministro: “Sólo el sacerdote es ministro del sacramento de la penitencia’ (c. 965).
5. Unción de los enfermos:
5.1. Ministro: “Todo sacerdote, y sólo él, administra válidamente la unción de los enfermos” (c. 1003 § 1).
6. Orden sagrado:
6.1. Ministro: Obispo consagrado (c. 1012). Para la licitud de la ordenación episcopal se requiere el mandato pontificio.
7. Matrimonio:
7.1. Ministro ordinario: Ordinario del lugar, párroco, sacerdote o diácono delegados para asistir.
7.2. Ministro extraordinario: Dos testigos si:
- hay peligro de muerte (c. 1116 § 1, 1°);
- fuera de peligro de muerte, con tal que se prevea prudentemente que esa situación va a prolongarse durante un mes (c. 1116 § 1,2°).
“Donde no haya sacerdotes ni diáconos, el obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios” (c. 1112 § 1).
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