Ignacio de Azevedo y 39 Compañeros, Beatos
Mártires, 15 de julio
Ignacio de Azevedo y 39 Compañeros, Beatos
Mártires Jesuitas
Martirologio Romano: Pasión de los mártires beatos Ignacio de Acebedo, presbítero, y treinta y ocho compañeros, religiosos todos de la Compañía de Jesús, que cuando se dirigían a las misiones del Brasil, su nave, de nombre San Jacobo?, fue asaltada por un barco pirata, cuyos ocupantes, por odio a los católicos, los traspasaron con espadas y lanzas (1570).
Estos Bienaventurados son llamados los Mártires del Brasil. No dieron la vida en América, pero ellos iban en viaje para ser allí misioneros.
Todos pertenecían a la Compañía de Jesús. Solamente dos eran sacerdotes; uno de ellos, era el Superior Provincial en el Brasil. Los otros eran Estudiantes jesuitas, Novicios y Hermanos jesuitas.
Treinta y dos eran portugueses; ocho eran españoles.
Los portugueses
1. Bienaventurado Ignacio de Azevedo (1527 1570)
Sacerdote. Ignacio de Azevedo de Atayde Abreu y Malafaia nació el año 1527 cerca de Oporto (Portugal). Su padre fue don Manuel de Azevedo y su madre doña Francisca de Abreu. Su familia era noble, tenía fortuna y eran personas importantes.
En realidad era hijo ilegítimo. Fue legitimado a los 12 ó 13 años por el rey Don Juan III. Educado en la corte portuguesa vivió un tiempo muy distraídamente y metido en los negocios de revueltas y contiendas?, como él mismo dijo años más tarde. Cuando despertó y se empeñó en su fe pensó e hizo promesa a Nuestra Señora de ser dominico o de entrar en los descalzos, por tenerlos por más perfectos.?
Decidió entonces hacer un discernimiento vocacional, después de oír la predicación del Padre jesuita Francisco Estrada. En Coimbra hizo durante 40 días los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Dice un biógrafo: Como Jesús en el desierto ayunó todos esos 40 días, y debió llamarle la atención el Superior Padre Simón Rodríguez?. Y determinó renunciar a su mayorazgo de Barbosa, los terrenos y propiedades en el distrito Paso de Sousa, entre los ríos Duero y Miño, asiento de los Morgado de Azevedo.
Y entró en la Compañía de Jesús, en el Noviciado de Coimbra, el 23 de diciembre del año 1548 a la edad de 21 años.
Traía estudios de Humanidades, pero los completó un poco?. Enseguida, por dos ó tres años estudió la Filosofía en San Fins. Después, año y medio de Teología, en Coimbra.
Le atraían las noticias de Misiones. Primero, se ofreció para Angola y el Congo. Después, para la India y el Japón.
En el mes de febrero de 1553 tomó en Braga todas las órdenes sagradas?. El P. Maestro Simón Rodríguez, uno de los primeros compañeros de San Ignacio y Provincial de Portugal, se las concedió.
Nombrado confesor para la gente de afuera? estuvo en Lisboa, en la iglesia de San Antonio, cuatro o cinco meses, hasta que el mismo Padre Simón Rodríguez, ese mismo año, lo nombró primer Rector del Colegio de San Antonio, en Lisboa. Allí estuvo durante dos años. Después fue Ministro en la Casa profesa de San Roque, también en Lisboa, y después Rector en Coimbra.
En 1556, a la muerte de San Ignacio, el P. Provincial Miguel de Torres debió viajar a Roma a la Congregación General. El P. Ignacio de Azevedo quedó como Viceprovincial en Portugal. Visitó entonces en el país todas las Casas de la Compañía.
En 1560 fue nombrado primer Rector del reciente Colegio, fundado por él, en la ciudad de Braga.
En 1565, después de la muerte del P. Diego Laínez, el segundo General de la Compañía de Jesús, la Congregación Provincial lo eligió como elector para la Congregaci¢n General. Y el nuevo General, San Francisco de Borja, lo nombró Visitador de las Tierras de la Santa Cruz (Brasil), con toda la autoridad del General, encargándole que al término de su misión regresare a Roma a informarle de viva voz. Hacía ya bastante tiempo que el Padre Manuel de Nóbrega había pedido un Visitador para determinar mejor algunas situaciones y opciones en la Misión del Brasil.
El Padre Ignacio de Azevedo volvió a Portugal y pronto, con otros siete compañeros se embarcó para las Indias en junio de 1566, en la armada de Cristóbal Cardoso de Barros.
El 23 de agosto de 1566, llegó a la ciudad de Bahía, sede del Gobernador, del Obispo, y del Colegio de la Compañía. Allí estuvo tres meses. Después, viajó a todas las Residencias que habían fundado los Padres, diseminadas en ese inmenso territorio, perdidas en las selvas y bosques tropicales. El Padre Azevedo quiso visitar a todos los misioneros y ver lo que estaban haciendo en pro de los aborígenes y de los colonos.
Nombró Provincial al célebre Padre Manuel de Nóbrega. Y con él y el Beato José de Anchieta participó en las fundaciones de las ciudades de Sao Pablo y Río de Janeiro, donde la Compañía de Jesús tenía Misiones establecidas. En total estuvo casi dos años en el Brasil.
Se reunió la Congregación Provincial en Bahía, en junio de 1568, y el Padre Ignacio de Azevedo fue elegido Procurador a Roma. Embarcó el 14 de agosto, para llegar a Lisboa el 21 de octubre de 1568.
En Portugal informó al Rey y en mayo de 1569 salió para Roma para informar al Padre General y al Papa sobre la Misión del Brasil. Impresionó a San Pío V y a San Francisco de Borja con sus noticias y con el gran problema de fondo: la escasez de misioneros. El Papa le concedió la gracia de otorgarle una copia de la imagen de la Virgen venerada en la Basílica de Santa María la Mayor. Y de San Francisco de Borja obtuvo la licencia y misión de reclutar refuerzos de la Compañía, pues regresaba al Brasil con el cargo de Provincial.
El 28 de agosto de 1569, ya estaba en España, y el 26 de septiembre en Portugal llegando a Coimbra, con nueve jesuitas de Castilla y Valencia.
Después de conversar largo con el Rey Don Sebastián se fue a Oporto para tratar el viaje al Brasil. Y en esos meses se afanó por encontrar voluntarios. Quería llevar el mayor número posible de misioneros.
Reunió unos 90: cuatro sacerdotes, algunos estudiantes de teología o filosofía, un buen número de novicios, Hermanos jesuitas, tan necesarios en los países nuevos de América, y algunos laicos. Y a todos ellos los reunió en una Casa de campo del Colegio de Lisboa, llamada Valle de Rosal, en la Costa de Caparica. Allí empezó a prepararlos para la futura misión. Fue Maestro de novicios, formador y Superior de todos.
Inteligente y escrupulosamente había elegido. Llevaba a los que podían enseñar Teología?, a otros que podían enseñar Artes? o Filosofía y también a buenos humanistas? que podrían enseñar Humanidades. Con todo, los más eran Hermanos jesuitas, que recién habían ingresado en la Compañía y con el expreso deseo de ser enviados a las misiones.
El 5 de junio de 1570 pudo zarpar en la flota de siete de naves que salían desde Lisboa. Su expedición jesuita hacia Brasil estaba formada por casi 100 personas contando a los laicos para los trabajos artesanales. Era la mayor expedición de religiosos que salía a América y, por cierto, no hubo otra mayor entre todas las salidas de Lisboa en los años de la Compañía de Jesús, desde 1541 a 1747.
En tres naves viajaron los jesuitas. En una, en la de don Luis Vasconcelos nuevo Gobernador del Brasil, el Padre Pedro Díaz con 20 compañeros. En la que llamaban de los Huérfanos, conducidos allá para poblar el Brasil, el Padre Francisco de Castro con tres Hermanos. Y en la nave Santiago?, cargada de mercaderías para las islas Canarias, Cabo Verde y Brasil, el Padre Provincial Ignacio Azevedo con 45 compañeros.
Las siete naves llegaron a la isla de Madeira el 12 del mismo mes, sin encuentro peligroso de enemigos. Y aunque vieran algunas velas, como eran siete los navíos portugueses, no se atrevieron. Pero los mercaderes de Oporto que iban en la nave Santiago? insistieron en continuar el viaje hasta la isla La Palma, una de las Canarias, para dejar parte de sus mercancías y tomar otras, ofreciendo regresar pronto y reincorporarse al grueso de la flota. En esa nave viajaba Ignacio con sus compañeros.
Antes de hacerse nuevamente a la mar, presintiendo el Padre Azevedo el peligro de los corsarios y con ello el martirio, convocó a su grupo antes del embarque. Dijo querer voluntarios, sin coacciones. Algunos dudaron, y fueron sustituidos por candidatos de otros barcos. Los marineros se confesaron en la víspera de San Pedro, y en el día de la fiesta comulgaron todos. Cuatro novicios pidieron seguir viaje en otra de las naves. En su lugar fueron admitidos dos españoles y dos portugueses. Continuaron viaje el 30 de junio.
A los siete días avistaron la isla de la Palma, pero al no poder ingresar en el puerto de la capital por un viento contrario debieron desviarse a una ensenada llamada Tazacorte.
Exactamente en ese lugar vivía un hidalgo, don Melchor de Monteverde y Pruss, quien resultó ser muy amigo del P. Ignacio desde cuando ambos habían sido niños en Oporto. Don Melchor pidió agasajar a su amigo y a sus compañeros en su casa señorial. Y al día siguiente todos los jesuitas visitaron la hacienda, las casas y hasta la iglesia donde el Padre Ignacio celebró la Eucaristía. Don Melchor se confesó con su amigo.
En ese puerto de Tazacorte estuvieron 5 días y don Melchor aconsejó que siguieran el viaje por tierra hasta la capital de la isla, Santa Cruz de La Palma: él ofreció cabalgaduras para todos y camellos para la carga. No había más que tres leguas de camino y, por mar, con el tiempo contrario y las vueltas que debería dar la nave, podrían ser varios días. Además, por tierra, no había peligro de corsarios
El P. Ignacio se inclinó a aceptar el ofrecimiento de don Melchor. Agradeció a su amigo y le dijo que esa noche iba a tomar una decisión. Al día siguiente, muy temprano, con esta intención, se recogió en oración para continuar su discernimiento. Celebró la Eucaristía con todos los Hermanos, les dio la Comunión, y después dijo:
Hermanos, yo estaba decidido a que nos fuéramos por tierra, porque parecía haber peligro de corsarios. Pero ahora me he determinado a seguir por mar. Y así siento en Dios Nuestro lo que debemos hacer. Porque los franceses si nos tomaran ¿qué mal nos podrían hacer? El mayor que nos podrían hacer es mandarnos pronto al Cielo. Créanme, Hermanos, todo el mal que los franceses pueden hacer, en verdad, es nada?
Esta fue la última Misa del Padre Ignacio de Azevedo. Después dijo: Cuando tengamos que irnos, nos embarcaremos?
Toda esa tarde los Hermanos estuvieron cantando y recreándose?. Y cuando se despidieron de don Melchor, éste los mandó en cabalgaduras hasta la playa, y mandó entregarles gallinas, conejos, muchos dulces de miel y panes de azúcar y otras muchas cosas. Y a su vez el Padre Ignacio lo convidó a bordo y le dio en la cubierta una buena merienda con cosas dulces de la isla de Madeira?
Pero la nave fue atacada el 15 de julio. El vigía, desde la cofia, avistó a cinco galeones. Esas cinco naves, enfiladas las proas, embistieron contra la Santiago?. Era la temible escuadra del calvinista francés Jacques Sourié de la Rochelle, vicealmirante de la reina de Navarra, doña Juana de Albret. Éste había declarado una feroz persecución contra los navíos portugueses que navegaban hacia las Indias. Las órdenes eran expropiar las naves y mercaderías, no tocar a la tripulación y a los pasajeros, pero sí exterminar a los odiados jesuitas que viajaran como misioneros.
En una lucha desigual, murió el capitán y la Santiago? se rindió. Ignacio hizo salir a los jesuitas a cubierta. Todos, frente a la imagen de la Virgen, sostenida por el Provincial, entonaron las letanías lauretanas. No hubo clemencia. Jacques dictó sentencia de muerte contra los jesuitas. Los calvinistas atacaron con gritos: ¡Mueran los perros papistas! ¡Hay que echarlos al mar!
El P. Ignacio se había colocado en el medio de la nave, al pie del mástil mayor, con la Imagen de Nuestra Señora en sus manos?.
Y a él fue al primero a quien se le descargó una violenta cuchillada en la cabeza abriéndola hasta los sesos. Y como parecía estar firme, sin caer, le dieron otras tres o cuatro estocadas mortales. Y, no cayó del todo, sino que quedó como acostado en el martinete del barco?. Allí lo abrazó el Padre Diego de Andrade y acudieron algunos Hermanos, y así como estaban ambos abrazados, los llevaron junto al timón donde el Padre Azevedo quedó siempre aferrado a la imagen de Nuestra Señora, sin nunca soltar las manos? por lo cual la imagen ya estaba toda ensangrentada con su sangre?.
Antes de morir dijo: Muero por la Iglesia Católica y por lo que ella enseña?. Y a los jesuitas que lo rodearon, les dijo: No tengan miedo, agradezcan esta misericordia del Señor. Yo voy adelante y los esperaré en el cielo?. Y expiró, con los ojos en la imagen de Nuestra Señora?.
Después de terminada la refriega, los Hermanos vieron que el cuerpo del Padre Ignacio era llevado por 6 o 7 franceses duro y con los brazos extendidos en cruz? y así vestido y calzado, delante de ellos, que estaban en la bomba para sacar el agua, lo arrojaron al mar. Así, de esta manera sufrieron el martirio, junto con Ignacio, otros 39 jesuitas, arrojados desnudos al mar.
Los calvinistas sólo perdonaron la vida al Hermano Juan Sánchez. Supieron que era cocinero y lo conservaron para servirse de él. Estuvo con ellos hasta que volvieron a Francia, de donde volvió a España para dar testimonio del martirio de sus Hermanos.
También dieron testimonios los cautivos que quedaron en las galeras de Jacobo Soria, por los cuales pagaron rescate en las islas de La Palma y Lanzarote. Ellos después navegaron a Madeira y refirieron todo.
Fueron venerados como mártires, en Roma y en otras partes, apenas se supo el martirio. Gregorio XV permitió su culto en 1621. Ese culto se interrumpió por el Decreto de Urbano VIII, en 1625. Benedicto XIV publicó en 1742 un Decreto otorgando nuevamente el culto anterior. Y el Bienaventurado Pío IX, aprobó el parecer de la Sagrada Congregación, reconoció y confirmó el culto de estos mártires, el 11 de mayo de 1854.
Los jesuitas, que viajaban en las otras naves también tuvieron su martirio a manos de los hugonotes. El P. Pedro Díaz con veinte de la Compañía, el P. Francisco de Castro y los suyos, con el Gobernador Vasconcelos, debieron desviarse a las islas de Barvolento, a Santo Domingo y Cuba. Después de 15 meses de andar errantes, catorce pudieron por fin dirigirse al Brasil. Cayeron también en poder de los corsarios franceses e ingleses. Doce de ellos terminaron allí sus vidas; sólo dos se salvaron a nado.
2. Bienaventurado Diego de Andrade (1533 1570)
Sacerdote. Nació en Pedrogan Grande, Portugal, en el distrito de Leiría, en el año 1530. Era primo del poeta Miguel Leitao de Andrade. Su padre se llamaba Juan Núñez y su madre Ana de Andrade.
Entre los datos de su juventud sabemos que vivía con su madre y una hermana y se preocupaba del cultivo de un campo. También sabemos que una vez hizo la peregrinación a Santiago de Compostela.
Tenía algunos estudios cuando el 7 de julio de 1558 entró al Noviciado de la Compañía de Jesús en Coimbra, a la edad de 25 años.
Fue Sotoministro tanto en el Colegio de Coimbra como en el de San Antonio en Lisboa. Se ordenó de sacerdote en Coimbra en noviembre de 1569.
Diego fue el único sacerdote de la Compañía que acompañó al Padre Ignacio de Azevedo en el martirio. Los otros sacerdotes iban en otras naves. Diego era el compañero o Socio del Provincial.
Se sabe que el Padre Ignacio de Azevedo en el mar todos los domingos y días festivos celebraba Misa cantada? ¿Lo acompañaba el Bienaventurado Padre de Andrade como sacerdote y el Bienaventurado Gonzalo Henríques que era diácono? Las crónicas no lo dicen, pero es muy posible. Confiesa sí, en la nave y en tierra, pues en Madeira y en las islas Canarias confesaron a tripulantes y pasajeros, en las horas de calma y de modo especial durante la batalla. Él reconcilió varias veces a los Hermanos y también al Bienaventurado Ignacio de Azevedo ya moribundo.
En medio de la refriega el Padre Diego de Andrade tanto esforzaba los ánimos de los que combatían, como curaba a los heridos, lavando con vino sus heridas, y exhortando a tener paciencia y a morir como buenos católicos?
Al término de la batalla, como viese al sobrino de Jacques de Sourié de la Rochelle, que estaba en la popa conversando amigablemente con los marineros sobrevivientes de la Santiago, el Padre Diego se dirigió cortésmente a él en latín y le representó la gran necesidad y debilidad en que estaban los Hermanos que en la bomba achicaban agua por orden de los que habían asaltado la nave. ¿Qué dice usted?, contestó el calvinista. Y con gran indignación, mirándolo con profunda ira, le dio muchas bofetadas, como queriendo acabar con él.
Y como era de prever, los amigos de Merlim Sourié arremetieron también contra Diego, con bofetadas y puñetazos. Le quitaron el birrete y se lo arrojaron al mar. Y al ver, entonces la tonsura, llenos de odio, le dieron golpes, empujones y patadas como endemoniados. Y lo lanzaron cubierta abajo donde quedó descalabrado arrojando mucha sangre por la boca y las narices. Pero se lo vio muy sereno y exhortó a los Hermanos que lo compadecían, indicándoles que para él ésta era una merced de Dios.
Después, los hugonotes tomaron las gallinas de las que se llevaban en la nave y las echaron en una caldera. Al momento de comerlas, tomaron media docena de esas gallinas cocidas y las mandaron a través de un francés a los Hermanos para que las comieran; y cuando las presentó al Padre Diego éste las tomó y de inmediato las lanzó al mar diciéndole al francés: Nosotros no comemos carne los días sábados?.
Entonces el Hermano Luis Correia, estudiante, natural de Evora, fue a los camarotes y trajo algo de conserva, que el Padre Andrade dio a los Hermanos como comida, pero pocos comieron porque sólo esperaban el fin de sus vidas?
Después, los hugonotes pasaron nuevamente dando bofetadas, feroces golpes en las espaldas, puñetazos, diciendo mil injurias y amenazas como perros, canallas del Diablo?.
Más tarde los encerraron en el castillo de proa. Y estando allí el Padre Diego? les decía que se esforzasen todos, porque tenía para sí que ésa era la hora en que Dios quería llevarlos a una vida mejor?. Y todos respondían: Que se cumpla la Voluntad de Nuestro Señor y que todos estemos preparados para lo que Dios quisiera?. Y lo mismo decían los marineros y pasajeros que les hacían compañía.
Y al fin vino el almirante Jacques de Sourié, personalmente. Y con los brazos en alto, implacable, pronunció la sentencia de muerte: Echen al mar a estos perros, religiosos y monos?
Y siguiendo, por gusto o rigor, el orden jerárquico, arremetieron contra el Padre Diego de Andrade, le dieron de puñaladas y por una portezuela los arrojaron al mar.
3. Bienaventurado Manuel Álvarez (1537 1570)
Hermano jesuita. Nació en Extremoz, Portugal, en 1537. Fue hijo de Jerónimo Álvares y de Juana López. Fue pastor antes de entrar en la Compañía en Evora el 12 de febrero de 1559 a los 22 años de edad.
Una carta suya dirigida al General de la Compañía de Jesús, San Francisco de Borja, el 21 de abril de 1566, muestra detalles biográficos y la transparencia de su alma:
Siendo un pastor rústico me trajo Nuestro Señor a esta santa Compañía donde usa conmigo de tantas misericordias que no merezco. Entre ellas Dios Nuestro Señor me ha dado desde hace mucho tiempo el deseo de ir al Brasil. Y esto hace siete años que lo siento y me parece que Nuestro Señor no me lo concede por mis muchas imperfecciones, las cuales, espero por la misericordia del Señor, apartar de mí poco a poco, tanto como pueda. Y aunque las cartas del Japón e India podrían moverme a desviarme, me parece que Nuestro Señor me da muy firmes propósitos hacia el Brasil, sin que nada pueda pesar más que éstos.
Así, aunque no sirva sino para ser cocinero en la cocina o servir a los enfermos en la nave. Y allá en el Brasil haría todo lo que mande la santa obediencia, ya sea ser cocinero de los Padres y Hermanos, ya sea cualquier otro oficio. Mi oficio ahora es el de ropero, pero en el Brasil tomaría el de cocinero o barredor para consolarme viendo convertirse a tantos, y ayudando a hacerlo. Yo soy aquél que, si se acuerda Su Reverencia, era comprador, cuando vino a este Colegio de Evora y yo no sabía ni leer ni escribir y por dibujos daba cuenta al Procurador del dinero que recibía, y Su Reverencia me mandó que aprendiera a leer y a escribir, lo que ahora tengo, aunque imperfectamente?
Conocemos de su boca algunos pormenores de su vocación: Yo era trabajador y guardaba ganado. Un día, estaba arando y me vino el deseo de ser peregrino, pedir limosna por Dios y no tener nada. Y viendo las maldades del mundo, me vino el deseo de hacerme religioso, cualquiera que fuese. Y estando a punto de entrar en San Francisco, un canónigo, Gomes Pires, me dirigió a la Compañía. Me recibió el Padre Dom Leao?.
En la nave Santiago, en el ataque de los calvinistas, echó en cara a los hugonotes la ceguedad y crueldad de sus conductas. Y en el castillo de popa animó a los portugueses para que no se dejaran vencer por los enemigos.
Y en esto un marinero que tocaba el tambor, le dijo: Hermano Manuel, ojalá alguien pudiera tocar este tambor para yo poder ir a pelear. El Hermano dijo: Trae acá el tambor, y por él no dejes de pelear. Con gritos, voces, y tambor, animaba a los portugueses.
Apenas llegaron a él, los franceses le dieron una estocada en el rostro y se ensañaron con él. Lo tendieron en la cubierta y le cortaron la cara, los brazos y las piernas. Éstas las estiraron y le quebraron las canillas. Al fin quedó hecho un pingajo de sangre. No quisieron rematarlo para que pudieta sufrir más. Él, mirando a sus Hermanos horrorizados, les dijo: No me tengan lástima, sino envidia. Hace quince años que estoy en la Compañía, y hace más de diez que estaba pidiendo ir a la Misión del Brasil. Con esta muerte me tengo por extraordinariamente pagado.
Como pudieron unos Hermanos lo arrastraron hasta un camarote y allí lo ayudaron. Y él se esforzaba por consolar a los otros.
El Capitán de la nave, lleno de heridas, hizo lo posible para retirarse abajo donde estaban los Hermanos para morir con ellos. Los calvinistas lo siguieron y allí acabaron de matar a muchos.
Cuando llegaron a donde estaba echado el Hermano Manuel, los calvinistas gritaron: Este es el fraile que gritaba y tocaba el tambor. Echémoslo al mar.?. Le volvieron a pegar, lo arrastraron, lo levantaron y, todavía vivo, lo arrojaron al mar.
El Bienaventurado tuvo después un Hermano en la Compañía, el Hermano Francisco Álvarez, quien fue cocinero en el Colegio de Bahía durante 40 años.
4. Bienaventurado Francisco Álvarez (1539 1570)
Hermano jesuita. Nació en Covillán, Portugal, alrededor del año 1539. Entró en la Compañía de Jesús en Evora en la fiesta de la Presentación de la Santísima Virgen en el año 1564.
Tenía la profesión de tejedor y cardador.
Cuando lo nombraron para el Brasil figuraba entre los Hermanos antiguos de mucha virtud?
Fue arrojado vivo al mar.
5. Bienaventurado Gaspar Álvarez
Hermano jesuita. Nació en Oporto, Portugal.
Se lee de él en la Relación del martirio: Cuando las naves de los calvinistas tenían cercada a la Santiago, y les daban batalla, acertó a pasar una bala de cañón entre dos Hermanos. Y les dijo uno que se llamaba Gaspar: Pluguiera a Dios que me hubiera acertado a mí esa bala de cañón y me hubiera matado por amor a Dios?. Herido a puñaladas lo arrojaron, también vivo, al mar.
6. Bienaventurado Bento de Castro (1543 1570)
Estudiante jesuita. Nació en Cacimo, Portugal, en el Obispado de Miranda en 1543. Era hijo de Jorge de Castro y de Isabel Brás.
Entró en la Compañía a los 18 años en el Noviciado de San Roque, en Lisboa, el 2 de agosto de 1561 cuando contaba 17 para 18 años de edad.
Era de fuerzas y de cuerpo delgado, pero muy animoso. Cuando le dieron la nueva de que había de ir al Brasil, se fue inmediatamente al coro de la iglesia a dar gracias a Dios y a ofrecer su vida ante el Santísimo. Después se fue a su pieza y abrazó a su compañero diciéndole con gran alegría: Amigo, yo voy a ser el primero que van a agarrar los herejes con un crucifijo, y con él en la mano he de morir?. Estaba en Coimbra en 2° año de Filosofía.
Después en Valle de Rosal, estuvo en el grupo que Ignacio de Azevedo tenía preparado para que fueran ordenados sacerdotes? y ejercitó en todas las virtudes que eran tan necesarias para el martirio?
En la nave Santiago, por encargo del Padre Ignacio de Azevedo, se desempeñó como Maestro de novicios, sin ser sacerdote, y como Catequista de los pasajeros y tripulantes. Y ante ese maestro el capitán y el contramaestre holgaban ponerse de pie cada vez que daban una respuesta, a pesar de que el Hermano Bento de Castro no quería que se levantasen personas tan importantes y menos porque el capitán tenía más de 40 años.
Durante el abordaje, el Padre Ignacio le ordenó que retirado con sus Novicios, en las estancias que ocupaban, estuviesen en oración? encomendaran la batalla. Ahí fue importunado por los Hermanos para que él les diera licencia para salir y meterse entre los enemigos y morir por la fe. Pero el Hermano Bento no dejó salir a ninguno, porque la obediencia era permanecer en oración.
Inmediatamente después de herido el Padre Ignacio, recordando lo que le había dicho el Señor en Coimbra, tomó el crucifijo de la capilla del barco, abrazó a los Hermanos pidiendo perdón por sus faltas y se dirigió a donde peleaban los calvinistas. Varios de los Hermanos, llorando, le pidieron acompañarlo, pero no les dio licencia.
Y subió al castillo de proa a todo correr, y allí gritó: Yo soy católico e hijo de la Iglesia de Roma?.
Le dispararon inmediatamente tres tiros de arcabuz. Y al ver que seguía confesando la fe, le dieron siete u ocho puñaladas y, vivo aún, lo arrojaron al mar.
Fue el primero en ser martirizado, aún antes del Bienaventurado Ignacio.
7. Bienaventurado Marcos Caldeira (1547 1570)
Novicio indiferente. Nació en Villa de Feira, Portugal, distrito de Aveiro. Fue hijo de Pedro Martins y de Isabel Caldeira.
Contaba 22 años de edad cuando fue aceptado en la Compañía, en Evora el 2 de octubre de 1569. Por causa de la edad entró indiferente, esto es: para Estudiante o para Hermano jesuita, conforme satisficiese a los Padres y lo decidiese su capacidad?
Todavía en Evora cuando el Padre Rector, en la Capilla de los novicios, en voz baja, le dio el aviso de que había de ir al Brasil, él como fuera de sí exclamó: ¡Oh feliz de mí que voy a ser mártir! Y esto lo repitió con el mismo fervor tres veces; tanto que todos se espantaron creyendo que podría perder el juicio?.
En Valle del Rosal, donde esperaron los jesuitas para embarcar al Brasil, vino el Hermano Marcos Caldeira, con licencia, a decir sus faltas en el recreo, y las dijo con un papel con mucho sentimiento y lágrimas. Tenía avisado el Padre Azevedo que, acabando él, otro comenzase, y por eso comenzó a decirle a él y sobre todo lo que estaba diciendo: ¿No le parece a usted que esto es una especie de hipocresía, para que lo tengan por humilde? ¿Es ésta verdadera humildad, es verdadero deseo de no querer ser visto u oído? Y ya que escribe estas faltas, ¿por qué no conoce éstas y otras muchas? De éstas yo querría que se enmendase, éstas tendría usted que llorar y de éstas debía usted tener ese gran sentimiento?.
En esta escuela austera se formaban los Novicios de entonces, preparados para las durezas del apostolado, sin olvidar la continua abnegación que igualmente exigía la vida comunitaria de cada día.
Ya en el mar, Marcos Caldeira muchas veces dijo durante la navegación: ¡Oh, quién nos llevara ya al Brasil para que nos maten por amor de Dios!
Y cuando llegó el momento del martirio se lo vio lleno de alegría y dijo a los Hermanos: Si nosotros íbamos al Brasil con el deseo de morir allá, ¿no es mejor que muramos todos acá?
8. Bienaventurado Antonio Correia (1553 1570)
Estudiante novicio. Nació en Oporto, Portugal, en 1553. Fue hijo de Juan Gonzalves y de Violante Correia.
Su padre cuenta en una carta cómo se desarrolló la decidida vocación de su hijo: Tan suave que nunca me dio trabajo; tan bien inclinado, que nunca, me parece, hizo algo que mereciera ser castigado. Aprendió a leer, a escribir y gramática. Yo tenía un pariente en Coimbra, y lo mandé allí para que estudiara latín. Era tan aficionado a la Compañía de Jesús que pedía a los Padres con insistencia que lo recibieran en ella. Pero como no tenía edad no lo admitieron. Desconsolado quiso hacerse Capuchino y para ello fue al Monasterio de Ponte de Lima. Pero cuando lo vieron tan pequeño le dijeron que su Regla era muy dura, que no tenía edad, ni físico para ella. Y no lo aceptaron. Con esto estuvo más desconsolado. Quiso el Señor que en ese tiempo estuviese el Padre Manuel Rodríguez en Coimbra y el Padre Peres aquí, y éste le escribió. Nosotros mandamos a nuestro mocito y él fue con muchos deseos. Quiso el Señor que lo recibieran en la Compañía y él quedó tan contento que siempre daba gracias a Dios por haberle dado esta gracia tan grande. Y me decían que cada vez que oía Misa le pedía al Señor que ordenase que él fuera mártir. Nuestro Señor fue servido de cumplirle sus deseos. Sea Él alabado por siempre. Amén?.
Efectivamente, Antonio fue recibido en el Noviciado de Coimbra el 1 de junio de 1569 a los 16 años de edad.
Desahogándose cierto día con un Hermano le reveló que confiaba en Dios que iba a ser mártir, y que esto lo pedía a Nuestro Señor desde hacía un año, cuando entró en la Compañía, y que perseveraba en la misma petición, apenas se despertaba y visitaba el Santísimo Sacramento?. Y que Dios se dignó mostrarle orando ante el Santísimo que su petición sería despachada, de lo cual quedó muy alegre?
De hecho, cuando los calvinistas entraron en el camarote donde se encontraban los jesuitas, el Hermano Antonio Correia, de Oporto, era uno de los estaban en oración perseverando en ella. Al verlo delante de las imágenes, uno lo golpeó en la cabeza con los puños de una daga. Y fue tan fuerte que se le hinchó toda la cara, pero no lo mató. Y les dijo a los otros Hermanos que se quejaban: ¿No ven cuán duro soy que aunque me den un mazazo en la cabeza no podrán matarme? Y al decir esto parecía tan desconsolado que los Hermanos, para consolarlo, le decían que aunque no muriera esa vez, Dios le podría dar esa gracia?.
Y así fue. Poco después, lo tiraron vivo al mar.
En 1628 en Oporto se abrió un Proceso canónico, y se hablaba de muchos devotos que lo invocaban en su ciudad natal, y en las ciudades vecinas.
9. Bienaventurado Simón da Costa (1552 1570)
Hermano jesuita novicio. Nació en Oporto, Portugal, en 1552.
Las primeras noticias del martirio de las Canarias demoraron un mes en llegar a Funchal, la capital de la isla Madeira. Exactamente el día de Asunción llegaron a ese puerto
El Padre Pedro Días, el sacerdote jesuita que iba en otra nave al Brasil, informó a Lisboa que unos franceses que iban cautivos habían visto a dos portugueses, y a uno de ellos mozo bien vestido, de cabello corto, natural de Oporto y que iba para entrar en la Compañía en el Brasil?.
El día del martirio, por su gallarda presencia, los hugonotes pensaron que era hijo de alguien principal. Uno de los testigos de vista dirá después: él iba con los Hermanos, pero no parecía Hermano porque por haber entrado hacía poco en la Compañía todavía usaba el pelo como seglar. Sospecharon nuestros marineros que los calvinistas lo tuvieron por un mercader, o hijo de un comerciante, porque era mancebo de 18 años y bien dispuesto, y lo llevaron entonces al galeón de Jacobo Soria par
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