Zigurat ARTE
Categoria:
Arte
Cuando los sumerios (v. SUMERIA) ocuparon las llanuras aluviales de Mesopotamia (v.), creando así una de las primeras culturas urbanas conocidas de la historia de la humanidad, desarrollaron una arquitectura religiosa que perduró casi sin modificaciones durante centenares de años, entre los asirios y babilonios (v. ASIRIA; BABILONIA). Ejemplo de esta arquitectura es el templo conocido con el nombre de z., cuya traducción literal sería la de "edificio alto". El z. era una construcción de carácter sagrado compuesta, a modo de pirámide escalonada, por una serie de estructuras cúbicas superpuestas en forma decreciente y apoyadas sobre una enorme plataforma que les servía de base. La estructura superior contenía una capilla en la que se hallaba la imagen de la divinidad venerada en la ciudad, y junto a ella, o en algún piso inferior, un trono y un lecho, utilizado este último en las fiestas primaverales. El acceso a las estructuras superiores se realizaba mediante una rampa inclinada.La arqueología ha demostrado que el prototipo más antiguo de z. se halla en la ciudad de Eridu (Abu Sarayn); en dicha ciudad sumeria se encontraba el templo del dios Ea, formado por una serie de santuarios superpuestos. De aquí parece que deriva el templo hallado en Uruk (v.), a base de unos templos superpuestos, blanco y rojo, en los que se adoraba al dios Anu, y que se elevaban 12 m. sobre el nivel del suelo. Con posterioridad a estos incipientes z. se hicieron en Mesopotamia construcciones más desarrolladas, tanto en estructura como en lo decorativo. Las grandes torres superpuestas se decoraban con el fin de mitigar la monotonía de estas construcciones. El z. de Nimrild (Calach) poseía torres pintadas de distintos colores, conseguidos por medio de pinturas o de ladrillos esmaltados, como lo atestigua el z. de Nippur.El z. no era únicamente un lugar de oración y de culto, sino que además cumplía otras funciones más o menos relacionadas con el culto. Así, el z. servía también para llevar a cabo el estudio de la evolución de los astros, ciencia que en Mesopotamia siempre estuvo muy unida a la religión oficial y en gran parte a la religiosidad del pueblo. El ejemplo más conocido es el templo-z. del dios Marduk en Borsippa (Birs Nimrud, en Iraq), cuyos siete pisos, llamados Etemenanki, estaban dedicados a los astros más conocidos y a las divinidades correspondientes. Aunque este hecho es de época asiria, se conocen referencias literarias de época sumeria que ya aluden a las relaciones de los astros con las construcciones de carácter religioso y su asociación a las divinidades del pariteón de esta época. Otra de las funciones del z., ya desde el tercer milenio a. C., era la de ser la sede del "matrimonia sagrado" primaveral entre la diosa InannaIshtar y Dumuzi, el pastor divino (V. ASTARTÉ; TAMMUZ). En la primavera se decía que la diosa volvía de las regiones inferiores para efectuar la unión con su divino paredro (hierogamia) con el fin de asegurar la regeneración de las fuerzas de la Naturaleza, base imprescindible de toda sociedad agraria (V. HIERÓDULA; FERTILIDAD II).La construcción del z. venía a significar como un medio para alcanzar el cielo, o como un símbolo de la unión entre cielos y tierra que se pretendía por medio del culto (unión de lo divino y lo humano). Se consideraba que el dios supremo o celeste, o su imagen, habitaba en las alturas del z., por lo que el acceso a la parte o capilla superior de la torre se realizaba muy de tarde en tarde para llevar a cabo ciertos oficios del culto más específico de este dios. Los que tenían el privilegio de ascender a este lugar más reservado eran considerados como los representantes de la divinidad en el mundo: sumos sacerdotes y monarcas. Ello está en consonancia con las peculiares concepciones sumerias, asirias y babilónicas sobre la divinidad (dios y lo divino como terrible) que contribuían a que las sociedades mesopotámicas estuvieran regidas por monarquías teocráticas detentadoras de poder absoluto (v. TEOCRACIA). Los sacrificios y el culto cotidiano se llevaban a cabo en las partes o pisos bajos del edificio, dentro del recinto del templo. Allí se encontraban las aras de sacrificio que solían ser de mármol blanco, aunque Heródoto refiere que en Babilonia dichos altares eran de oro. Frente a las aras había fuentes destinadas a la purificación de los fieles, semejantes a las que podemos encontrar en las modernas mezquitas. Para el significado religioso de los z. y su relación con el de las pirámides, v. TEMPLO I, 3.
Además de su capital función religiosa, el templo o z. tenía importancia en otros órdenes de la vida mesopotámica. El templo, al menos en las primeras fases sumerias, parece que llegó a ser el centro neurálgico de la ciudad, de tal manera que se ha pensado que las ciudades sumerias eran verdaderas ciudades-templo. La entidad del z. era el centro de la vida religiosa y también de la económica y científica, ya que en él se llevaban a cabo operaciones comerciales, se hacían observaciones astronómicas y se practicaba la medicina. Con relación a las fiestas religiosas se efectuaba el cómputo de las estaciones y, en general, se tenía cuidado de cuanto podía hacer referencia a las relaciones del individuo con el resto de la sociedad. En relación con esto último está el descubrimiento capital de los sumerios; nos referimos al uso de la escritura, que aparece primero pictográfica y luego cuneiforme (v.), y con la que se produjo una amplia literatura sagrada e incluso épica y festiva. Gracias a la conservación de millares de tablillas de barro cocido escritas podemos hoy en día conocer, aparte otros restos arqueológicos, no sólo la existencia de edificios cultuales y culturales, como los z., sino su utilización y el nombre y atributos de aquellas divinidades para las cuales fueron levantados en su día.E. RIFOLL PERELLÓ, E. SANMARTÍ GRECO.
V. t.: TEMPLO I; BABEL, TORRE DE; ASIRIA III; BABILONIA III. BIBL.: M. E. L. MALLOWAN Twenty-five years of Mesopotamian discovery, Londres 1956; S. N. KRAMER, Sumerian mythology, Filadelfia 1944; H. FRANKFORT, The art and architecture of ancient orient, Chicago 1954; E. DHORME, Les religions de Babylonie et d’Assirie, París 1949; A. PARROT, Sumer, Madrid 1960; L. -WOOLLEY, Ur Excavations, V. The zigurat and its surroundings, Nueva York 1939.
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