Webern, Anton Von
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Biografía GER
su taller, es la fotografía de una vieja vista de Lisboa, grabado español del s.. XVII. y con razón, porque esta vista, con su multitud de reticulados componiendo el caserío de la ciudad, es un claro preanuncio de la modalidad rectora de todo el quehacer de la artista. Este quehacer, eminentemente lineal, había comenzado en momento tan lejano como 1931, en un cuadro capital para la historia de su obra, El puente trasbordador, cuya comprimida grafía se reducía a dos líneas rectas cruzándose, más otras dos en estudiada oblicuidad. Esta extremada concisión, dentro de algo así como una abstracción expresionista, nos resulta hoy muy seca en cotejo con la posterior y definitiva adquisición por María Elena de un estilo propio, caracterizado por su afán y riqueza de perspectivas lógicas, las que sin ningún otro aditamento figurativo sobran para colmar la idea a que alude el título del cuadro. Ejemplo de ello puede ser su asombrosa Estación de Saint-Lazare, de 1950, en que las líneas en fuga retratan el edificio con tanto rigor y más misterio que las versiones del mismo tema por los pintores impresionistas, sin exceder de la similar verdad provista diez años antes en El taller (Nueva York, Col. Kistein), una de sus obras maestras.
Muchos de los óleos de María Elena especulan con la vista urbana -La ciudad tentaculár, La ciudad blanca, Jardines colgantes, Ruinas, El metro aéreo, etc.- insistiendo y fabulando dentro de la citada vista de Lisboa, y cuidando los elementos constitutivos del cuadro con una delicadeza de líneas y una suavidad de color que encantan y no dejan dudas acerca de la condición femenina de la autora. Lo más sorprendente es que, siendo su obra eminentemente no figurativa, claramente abstracta, el rigor constructivo que la preside consigue una especie de módulo tradicional de la mejor ley. Incluso una libertad rara en los artistas abstractos, la inserción de diáfanas calidades y sensaciones de aire en sus obras, produce en la pintura de María Elena algo como un secular prestigio anterior a toda aventura plástica de nuestro siglo. La pintora lusitana ha promovido, dentro de la no figuración, uno de los sabores más tradicionales de que esta orientación pueda envanecerse, cara a la Historia.
I. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : P. DESCARGUES, Vieira da Silva, París 1949; I. GRENIER, Vieira da Silva, "L’Oeill), febrero 1956, 13; I.-A. FRANCA, Presen,"a e actualidade de Vieira da Silva, "Coloquio", febrero 1961, 30.
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