Union Sovietica. IX. Arte. ARTE
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Arte
1. Primera época. Sabemos por las crónicas de la época que ya había iglesias en Kiev en el 882, así como casas solariegas y nobles. Todos los edificios eran de madera, en cuya labor adquirieron los rusos una destreza extraordinaria, trabajándola tan sólo con el hacha, pues desconocían la sierra, al igual que los clavos de hierro, que reemplazaban por tacos. Los carpinteros-armadores "tallaban" prácticamente las casas, encajando unas piezas en otras. Su arte alcanzó tal perfección que sería imposible distinguir un tronco igualado a hachazos de uno aserrado.No quedan muestras de la arquitectura primitiva, pero sabemos que las iglesias eran pequeñas, muy semejantes a la isba o vivienda civil. Como el pueblo quería que la "casa de Dios" sobresaliese sobre las demás, se empezaron a construir iglesias de dos pisos, o sea, sobre un semisótano con acceso por medio de escalinatas exteriores, en lo alto de las cuales se abría un porche del que partían por ambos lados sendas galerías cubiertas (paperti), que atenazaban el edificio y albergaban a los numerosos fieles y mendigos. Las paredes eran lisas, y la ornamentación se iniciaba en el segundo piso, debajo de la techumbre. Ésta se cubría con una invención típicamente rusa, los toneles, consistentes en toneles cortados por la mitad y colocados horizontalmente. Luego se añadieron en su parte alta aristas vueltas hacia arriba, y aleros a los lados para resguardar de la intemperie los bajos. Esta forma tan peculiar del arte ruso tomó el nombre de kokoshniki, como el tocado a modo de diadema de la mujer rusa nórdica. Con los toneles se cubrían los ábsides y atrios. Sobre los toneles y las aristas de los tejados se asentaban los tambores, que coronaba una cúpula en forma de cebolla o bulbo, otra de las características más sobresalientes de las iglesias rusas. Los tambores y cúpulas se cubrían con escamas de álamo temblón, pequeñas piezas cortadas en forma de cruz y que brillaban con destellos plateados.Hay en Rusia muchas y admirables muestras de esas iglesias, construidas a partir del s. XV. Las anteriores fueron devastadas por los invasores o destruidas a causa de incendios accidentales. En el s. XVII se construyeron iglesias en forma de pirámide (shatrovye), algunas con base octogonal, sobre la que se asentaba un cuadrado, luego un octaedro, otro cuadrado y así hasta 85 m. que tiene la más alta que se conoce. Al este y oeste de cada torre se añadirán construcciones cuadradas o hexagonales para el porche y ábsides respectivamente, cubiertas a su vez con kokoshniki coronados por cúpulas. Alguna iglesia llegó a tener hasta 21 cúpulas. Los templos shatrovye son la expresión más genuina y personal del arte popular ruso.En cuanto a las construcciones civiles, digamos que para conseguir una isba se colocaba una kleti o jaula cuadrada cubierta con un techo de doble vertiente. La dimensión de los troncos obligaba a ciertas medidas, así es que cuando un señor quería construirse un terem (mansión señorial), se juntaban varios kleti, unidos por pasadizos (seni). El conjunto, con sus techumbres entrecruzadas, era heterogéneo, pero siempre esbelto y armonioso. La técnica de construcción era similar a la de las iglesias y sólo difería en la riqueza de su ornato. Tallas policromadas, extraordinarias por su belleza y ejecución, cubrían porches, jambas, dinteles y balcones. Los carpinteros nórdicos tenían un sentido de lo bello muy desarrollado y crearon formas que constituyeron la savia que alimentó durante siglos el arte ruso.2. Época segunda o premongólica. Se utiliza ya la piedra. Los templos más antiguos conservados son las catedrales de S. Sofía de Kiev (1017-37) y la homónima de Novgorod (1045-52), ambas de traza parecida. La primera consta de cinco ábsides y columnas revestidas de mármol, alabastro y pórfido. La parte central, con sus bóvedas, se conserva íntegra. El ornamento exterior es sobrio y sencillo; en cambio, el interior está revestido de mosaicos y frescos de una magnificencia principesca. Las paredes son de ladrillo cuadrado muy resistente, unido con una espesa capa de cemento, compuesto de cal, ladrillo y pizarra molida. La S. Sofía de Novgorod tiene una anchura de 17 m., una longitud de 47 m., y una altura máxima, desde el suelo a la punta de la cúpula, de 47 m. El conjunto del edificio es admirable por su perfecto equilibrio de forma. Algunos de sus frescos se han conservado cerca de 900 años. Está coronado por cinco cúpulas, de una concepción artística singular; sobresale la central por la fineza de sus líneas. Aparecen ya las cúpulas de piedra doradas en forma de bulbo, originadas probablemente por las condiciones climatológicas, para sostener en invierno pesadas masas de nieve.Las obras maestras del arte ruso de la época son las iglesias de la Virgen del Amparo sobre el río Nerli, cerca de Vladimir (1165), y S. Demetrio de Novgorod (119497). Son joyas únicas en su estilo personalísimo; tienen forma de cubo con tres ábsides semicirculares en la parte oriental y cuatro pilares que sostienen la cúpula. Carecen de campanario; sólo el diseño de las bases es bizantino, según cánones importados e inamovibles, fielmente seguidos por la tradición. En los capiteles hay ligeras reminiscencias del románico, importado de Alemania a través de Novgorod. Las paredes se adornan con bajorrelieves que representan flores fantásticas, almocárabes, pájaros paradisiacos, monstruos quiméricos. Rica en esculturas es S. Demetrio, donde la decoración llega por los fustes de las columnas hasta la misma cúpula. Son notables también El Salvador de Chernigov (s. xi), La Asunción de Vladimir (1185-89), El Salvador de Pereiaslav (1152-57), S. Gregorio de Juriev-Polski (1230-34), los monasterios y templos de Rostov y Suzdal. Un caso curiosísimo y único son las construcciones religioso-militares; iglesias edificadas encima de los grandes portalones de entrada en ciudades - y conventos, como la puerta de Oro de Vladimir (1167). Es como si se buscase el amparo de Dios contra el enemigo y su bendición para los amigos que entraran.3. Hasta Pedro el Grande. La invasión de los mongoles (1236), las luchas por la libertad y la falta de unidad política cortan toda iniciativa, y el arte ruso desaparece durante casi tres siglos. Después de la desaparición del yugo tártaro en 1480, el arte ruso brota con fuerza arrolladora. A los Zares y a los grandes señores les entra una verdadera fiebre constructora. Iván III (1462-1505) encarga a los arquitectos Krivtsov y Malishkin un templo digno de su capital. También llama a arquitectos extranjeros, como el italiano Rodolfo Fioravanti, a quien se le encomienda la construcción de un templo, pero se le obliga a tomar como modelo a S. Sofía de Novgorod, que los rusos consideran como prototipo perfecto. El italiano cumple el encargo al pie de la letra y sólo introduce algunos detalles insignificantes del arte de su país. Así surge la catedral de la Asunción con sus kokoshniki, toneles, tambores y cinco cúpulas doradas. En este templo se coronarán los Zares. En 1482-90, arquitectos de Pskov, asimilada ya la técnica italiana, erigen la catedral de la Anunciación, oratorio privado de los Zares y una de las construcciones más típicas del Kremlin (v. MOSCÚ III), por sus múltiples kokoshniki superpuestos, tambores y profusión de motivos decorativos privativos de Pskov. La catedral se orna con frescos maravillosos, restituidos a su estado primitivo después de una limpieza de las capas superpuestas durante siglos. En los pisos segundo y tercero del iconostasio se han encontrado obras atribuidas a Teófano el Griego, Andrei Rubliov (v.) y Projor de Gorodets. El italiano Alevisio Novi, creador del cornisamento, desconocido hasta entonces en los edificios de piedra y que tanta aceptación tendrá en obras posteriores, construye la catedral del Arcángel Miguel (1505-09), que será el mausoleo de los Zares y el más renacentista de los templos moscovitas por sus pilastras, capiteles y hornacinas en forma de concha, en contraste con las típicas cúpulas rusas. La iglesia del Manto de la Virgen (1484-86) es igualmente obra de los alarifes de Pskov.La construcción no se reduce sólo a la capital; los príncipes, los grandes señores y los abades rivalizan en magnificencia, y así surgen innumerables obras de arte en el monasterio de Zvenigorod, el Viejo Simonov, cerca de Moscú, la iglesia de S. Nicolás de Miasniki, los monumentos de las ciudades de Suzdal, Rostov, Uglié, etc. El XVI es el siglo del florecimiento y apogeo del arte típicamente moscovita. Se crean las iglesias piramidales de un solo cuerpo en forma de tienda (shater), a semejanzade las de madera. La primera de ellas, el templo de la Degollación de S. Juan Bautista, se compone de cinco tronos, comunicados entre sí por galerías cubiertas. Esta pluralidad de capillas recuerda las cinco cúpulas de los templos de Vladimir-Suzdal, pero la realización es enteramente original. Vencidas las dificultades técnicas del asiento de enormes masas sobre paredes básicas, se construye en la aldea de Kolomna el primer templo enteramente en forma de tienda. Kokoshniki yuxtapuestos sostienen las diversas fases de la pirámide que se coronan con un tambor y cúpula plana. Lleva los tres ábsides de rigor en la parte este, y por los tres costados sendas galerías cubiertas con sus respectivas escaleras de acceso. Las dos iglesias descritas son de ladrillo, en cambio la maravilla del Salvador de Ostrov (mediados del XVI) es de piedra blanca y tiene una gama de kokoshniki de una belleza e inventiva arquitectónica extraordinarias.
En 1555, Iván el Terrible, para celebrar sus triunfos sobre los khanatos de Kazán y Astracán, últimos baluartes tártaros, ordena al arquitecto Postnik Yakovlev la construcción de un templo que supere todo lo que se había visto hasta entonces. Así surge la catedral de Basilio el Bienaventurado, cima y compendio del arte moscovita. La riqueza policromada del exterior es admirable, la combinación de planos y volúmenes, de una armonía perfecta, y la inventiva de la ornamentación, asombrosa. No menos fastuoso es el interior, donde lucen finísimas tallas de madera como el trono de Iván el Terrible, bellísimos frescos e iconos, artísticos objetos de orfebrería y primorosos bordados. Incomprensiblemente, el patriarca Nicon (1605-81) prohíbelos templos en forma de tienda, pero el alarife ruso no ceja en su empeño y construye campanarios que no son objeto de prohibición. Iván el Grande del Kremlin es uno de los más bellos.En el s.. XVII entramos en pleno rococó ruso, con uno de sus más característicos ejemplos, la iglesia del Ampara, en la aldea de Fili. Sobre un cuadrilátero se alza un octaedro, sobre éste otro cuadrilátero, que a su vez sirve de base a un nuevo octaedro, que termina en un tambor y su cúpula correspondiente. Toda la disposición es genuinamente rusa, y es bellísima la complicada sencillez de su ornato. Destacan en este estilo las iglesias del Amparo y de la Transfiguración del monasterio de Novodeviáje, y las de Dubrovitsy (1690), Lycov (1708), Kadashy (1687), Solvyllegodsk (1689), Gordeevka (1694), etc. Durante el florecimiento moscovita son numerosas las extraordinarias obras de arte que para el ornato de iglesias y fasto de los grandes señores han dejado los admirables orfebres, tallistas, alfareros y bordadores rusos.4. Desde Pedro el Grande. Este Zar quiso europeizar a Rusia y cortó radicalmente todo contacto con el pasado. El modo de vivir inveterado, la vestimenta y hasta las barbas, ese peinado tan venerado por los rusos, todo ha de doblegarse a la férrea voluntad del Zar. Moscú ya no es capital. Pedro le vuelve la espalda y llama a una pléyade de extranjeros para la construcción en 1703 de una nueva capital: San Petersburgo (v. LENINGRADO III). Los hombres de los s. XVIII y XIX ya no podrán apartarse de la línea trazada por el genio que, modernizando su patria, se olvidó de su pasado.a) Arquitectura. En todo el país, siguiendo al Zar, se levantarán grandiosas catedrales, fastuosos palacios y frondosos jardines, en un estilo nuevo, híbrido, pero ruso, porque estará imbuido por la grandeza del país, por sus innumerables e inagotables recursos y que vivirá su fasto y grandilocuencia hasta la Revolución soviética. A partir de entonces la arquitectura ha quedado supeditada al urbanismo, que ha tenida un gran desarrollo, con la construcción de nuevas ciudades y la reconstrucción de otras después de la II Guerra mundial. Los arquitectos más sobresalientes de esta época son Vladimir A. Schuko (1878-1939), autor de la columnata de Smo1ni en Leningrado y de la Bibl. Lenin en Moscú, y A1exei V. Schusev (1873-1949), autor en Moscú de la estación Kazán, el mausoleo Lenin (1924-30), el hotel Moscú (1935) y el puente Moskvoretski (1936-38), y en Tashkast el edificio de la ópera (1947). La Univ. Lomonosov, en los montes Lenin de Moscú (1953), es obra del arquitecto Rudnev (n. 1886).b) Escultura. Los patriarcas de la Iglesia rusa miraban con recelo la escultura, considerándola sacrílega, porque recordaba a los ídolos de antaño; por eso tuvo que esperar el advenimiento de Pedro el Grande para poder manifestarse libremente. Serán primero inmensas cariátides que sostendrán grandiosos capiteles, reproducciones de las mitologías griega y romana para el adorno de edificios, fuentes, parques y jardines, ambiciosos mausoleos de los grandes señores, bajorrelieves sobre las fachadas de palacios monumentales. Tres escultores de talento se pueden destacar: Fedor I. Shubin (1740-1805), admirable retratista, dé técnica depurada y gran personalidad, que con una leve incisión del buril sabía dar una sonrisa desdeñosa y altanera a los cortesanos que retrataba; Mijail I. Kozlovski (1753-1802), distinguido por la variedad de formas de expresión muy grande; y Schedrin (1751-1825), artista vigoroso, autor de las cariátides que sostienen la esfera celeste ante la monumental entrada del Almirantazgo de Leningrado. Iván Martos (1752-1835) no sólo fue un escultor de talento, sino también profesor que formó toda una generación de alumnos. Le gustaban los cementerios con cruces caídas, sauces llorones sobre tumbas olvidadas. Aparte sus mausoleos, la obra más popular es el monumento a Minin y Pozharski, héroes nacionales que salvaron a Rusia de los invasores polacos e instauraron a los Romanov.Un innovador ha sido Mark M. Antoloski (1843-1902), judío de Vilna, casi iletrado, con una técnica pobre y falto de imaginación. Su mérito es haber sido el primero en apartarse del academicismo y haber introducido en la escultura rusa el realismo histórico. Sus obras Iván el Terrible, Pedro el Grande, Yoroslav el Sabio (galería Tretiakov de Moscú) fueron en su tiempo algo nuevo e inesperado. Para encontrar un escultor de fama internacional y recia personalidad hay que esperar la obra de Pavel P. Trubetjkoi (1866-1938), autodidacta, enemigo de las grandes masas inertes, poeta de la vida, de las im-presiones fugaces. Sus estatuillas, tan sensitivas, tan reales, son sus mejores obras (Tolstoi a caballo). También tiene una obra monumental: la estatua ecuestre de Alejandro III. Muchos la denigran, pero otros consideran que después de Pedro el Grande de Falconet es el mejor monumento de Leningrado. Es digna de mención la escultura de Konenkov (1874-1962), inspirada en cuentos y leyendas populares. Por último, destaca Serafín Sudbinin (1867-1954), que trata de aunar una vigorosa técnica moderna con reminiscencias del arte ruso de Vladimir y Novgorod. Después de la Revolución, Rusia no ha dado escultores de gran talla. El obrero y la koljosiana (1937) de Viera Mujina (1889-1953), Más fuerte que la muerte (1957) de Fiveiski o Canción (1957) de Baburin reflejan el símbolo de las realizaciones actuales, la alegría en el trabajo o la estoicidad ante la opresión, pero no muestran ningún deseo de renovación ni buscan un lenguaje nuevo. De origen ruso es el escultor norteamericano Alexander Arjipenko (v.; 1887-1964).c) Pintura. Antes de Pedro el Grande, los pintores rusos se dedicaban casi exclusivamente a la iconografía (v. ICONOS), a la pintura de frescos. El primer pintor importante del s. XVIII es Dimitri G. Levitski (1735-1822), uno de los mejores retratistas de Europa en su época (Pablo I y Catalina II en el Museo de Leningrado). Contemporáneo suyo es Borovikovski (1757-1825), su sucesor como retratista de la corte. Con Alexandr A. Ivanov (1806-58) se llega a la talla internacional. Posiblemente fue el pintor más excelso que ha tenido Rusia, aunque en toda su vida no pintó más que un cuadro, La aparición de Cristo al pueblo (1837-55) e infinidad de bocetos para él. Es maravilloso y nuevo para la época el juego de los rayos solares sobre el cuerpo desnudo, las sombras azuladas, el verde esmeralda de la hierba. Buen retratista fue Orest A. O. Kiprienski (1773-1836). Su mejor retrato es el del coronel Davidov. Después de la invasión napoleónica despierta entre los rusos el sentimiento nacional. Venetsianov (1780-1847) pinta cuadros rústicos encantadores con una técnica rudimentaria, y el mordaz y satírico Fedotov (1815-52) critica con humor costumbres locales. Karl P. Briullov (1799-1852), de origen francés, pinta un cuadro monumental, Los últimos días de Pompeya (1833), y retratos en los que soluciona artísticamente composiciones complicadas. Kramskoi (1837-87) es un pintor excelente (retrato de León Tolstoi) y un gran rebelde; provoca en 1863 una escisión entre los alumnos de la Acad. de Bellas Artes, hartos de asistir a clases de profesores importados, desprovistos de todo talento. Los disidentes, apoyados por la opinión pública, forman una asociación que celebra en 1871 en Leningrado una primera exposición, llamada Ambulante, que recorre las capitales de provincias. Los "ambulantes" pregonaban una casi completa libertad de expresión, lo que hizo que todos los pintores de valía se adhirieran al movimiento, contribuyendo a su desarrollo y notoriedad.
Sus miembros más destacados fueron tres: Ilia Y. Repin (1844-1930), Valentin A. Serov (1865-1911) y Basilio Suricov (1848-1916). Repin representa el dramatismo algo superficial, expresado con mucha fuerza y una técnica excelente. Algunas de sus obras son interesantes por su temática, pero no conmueven. Los bateleros del Volga (galería Tretiakov de Moscú); Iván el Terrible y su hijo y Los cosacos escriben una carta son magníficos lienzos a los que supera No esperaban, sobre el tema de un deportado que vuelve de Siberia a su hogar paterno. Es impresionante la veracidad y variedad de expresión de los personajes. Mundialmente conocido es su retrato del compositor Musorgski. Como un satélite de Repin, con menos técnica, pero con el mismo dramatismo, figura Nikolai N. Gay (1831-94). Serov está considerado como el mejor retratista de su época (Pedro I, 1907). No busca, como Repin, el parecido externo; le gusta profundizar en el espíritu de su modelo. Dedica su vida a la búsqueda de una forma de expresión propia que no encuentra. Obras suyas en la galería Tretiakov de Moscú son: Niña de los melocotones (1887), Octubre (1895), etc. Suricov es autor de enormes lienzos, admirablemente realizados, sobre temas históricos. El más célebre de sus cuadros es La BoyarinIa Morosova.Muy buen pintor es Perov (1834-82), costumbrista agudo. Su Procesión de Semana Santa en un pueblo, que representa un pope ebrio que se tiene que agarrar a la columna del atrio para no caer, produjo escándalo. Auvasovski (1817-1900) es un gran especialista en marinas. Vasili V. Vereschaguin (1842-1904) se ha hecho famoso por la serie Napoleón en Rusia. Vasnetsov (1848-1926), pintor épico, quiere recrear el arte ruso valiéndose de viejas gestas y leyendas. Macovski (1846-1910) es un notable colorista y costumbrista. Mijail Vrubel (1856-1910), de espíritu inquieto y fantástico, es un gran visionario. Kustodiev (1878-1927) es típicamente ruso. Isaak I. Levitan (1861-1900), paisajista, ha sabido captar como nadie el ambiente de la campiña rusa. Borisov-Musatov (1870-1905) es un gran talento muerto prematuramente. Yuon (1875-1958) es otro paisajista notable.La pintura rusa no ha formado escuela; todos son pintores notables pero sin una personalidad acusada. Han sabido crear una obra personal y de repercusión mundial en la ilustración de libros, y sobre todo en el arte de la escenografía, cuya escuela de principios de siglo ha influido en toda Europa, revolucionando el concepto del decorado escénico, y creando coloridos y efectos de luminotecnia jamás vistos anteriormente (v. d). De gran interés en las artes plásticas del s. XX ha sido el constructivismo (v.), iniciado por el pintor ucraniana Vladimir Tatlin (v.; 1885-1956) y los escultores Antoine Pevsnev (v.; 1884-1962) y Naum Gabo (v.; n. 1890). A esta tendencia pertenecen Markovich Lisitzki (v.; 1890-1941) y el suprematista Kazimir S. Malevich (v.; 1878-1935).La influencia de la Revolución de 1917 en la pintura rusa ha sido negativa, en cuanto que el Estado nacido de esta Revolución, a través de la dictadura del partido, ha coartado la libertad de expresión en el arte, y ha impuesto unas directrices, limitando además la temática. La pintura soviética sigue en líneas generales el realismo socialista; ha degenerado en un arte sin imaginación, cuya principal finalidad es ilustrar los acontecimientos. El realista más representativo es V. Koroetski (n. 1909). Teórico de la nueva pintura soviética es Boris Yakovlev (n. 1890). En el retrato destaca G. Riazhski (1895-1952), con antecedentes abstractos. Los pintores Vasili Kandinski (v.; 1866-1944) y Marc Chagall (v.; n. 1887) han realizado lo más importante de su obra fuera de la URSS. Arkadi A. Plastov (n. 1893) se ha especializado en la pintura de la vida rural rusa y en la ilustración de obras literarias. Con la desestalinización del país, parece que se permite una creación más libre.Los museos más importantes del país son el del Ermitage (v.) de Leningrado y el Museo Pushkin de Moscú. En esta ciudad se encuentra la importante galería Tretiakov, con muestras del arte ruso desde el s. XI.d) Escenografía. Los iniciadores de este movimiento son el ya citado Vasnetsov, Golovin (1863-1930), Konstantin A. Korovin (1861-1939) y Alexandr N. Benois (1870-1960). El primero obtuvo un gran éxito con la ópera de Rimski-Korsakov La Niña de Nieve, cuyos decorados y vestuario se inspiraban en viejas leyendas populares. Golovin ha hecho admirables bocetos para Eugenio Oneguin de Chaikovski y La tempestad de Ostrovski, y ha pintado un excelente retrato del bajo Shaliapin en el papel de Boris Godunov. Korovin, por su recia pincelada impresionista y su colorido brillante, es el que más ha revolucionado a los escenógrafos y al público ruso a principios de siglo. Benois, pintor mediocre pero gran erudito, escritor y polemista, se especializó en la época pushkiniana y versallesca de Luis XVI. Fue, con Serguei P. Diaguilev (v.), creador del ballet ruso, y con él publicó la rev.. Mundo del Arte, que se opuso en 1899-1904 a las tendencias ya demasiado conservadoras de los "ambulantes". Sus ilustraciones para el poema de Pushkin El caballero de bronce (Pedro el Grande) y para la novela La dama de pique son obras inigualables. Es autor del libro y bocetos del ballet Petrushka de Stravinsky.Gran impacto produjo en el mundo teatral europeo, además de los ballets rusos de Diaguilev (1909), León Bakst (1868-1924), que jamás ha querido pintar otra cosa que bocetos teatrales, a los que se ha dedicado exclusivamente. Tenía una intuición única del calor, de la forma y del espíritu de todas las épocas, creando obras geniales no sólo por su atrevido y recio colorido sino también por su sorprendente visión de la reconstrucción histórica. Son famosos sus ballets Scherezade, Cleopatra y El espectro de la rosa. Con los ballets de Diaguilev, el arte ruso se manifestó con ímpetu arrollador (v. BALLET, 2). Le siguieron durante casi más de un cuarto de siglo los teatros del Murciélago de Baliev, El Pájaro Azul de Yuzhnyi, La ópera de París de María Kusnezov. Todos ellos crearon escenografías que hoy día llenan los museos teatrales más importantes de las grandes capitales.Natalia S. Goncharova (1883-1962), autora del Gallo de oro, ópera de Rimski-Korsakov, del Pájaro de Fuego de Stravinsky y de la Liturgia sobre canto llano, es una colorista extraordinaria, dotada de una sensibilidad femenina muy personal. Mijail F. Larionov (1881-1964), que decoró los ballets Shut de Prokofiev y El sal de la noche de Rimski-Korsakov, es un pintor modernista y original. Ambos, casados entre sí, son los creadores del movimiento de vanguardia rayista. Dos artistas de tipo popular, pero diferentes en su estilo y técnica, son Bilibin (1876-1942) y Sudeikin (1882-1946). El primero ha ilustrado cuentos populares, con un dibujo minucioso, inspirado en frontispicios e incunables rusos; el segundo es más libre, más caricaturesco y nacional. La escenografía rusa brilló sobre todo a principios de siglo y se apagó antes de la II Guerra mundial.MIGUEL BENOIS.
BIBL.: C. GRAY, Die russische Avantgarde de modernen Kunst, 1863-1922, Colonia 1963; M. LISITZKI, Russland: Architektur für eine Weltrevolution, Francfort-Viena 1965; M. W. ALPATOW, Tesoros del arte ruso, Barcelona 1967; B. A. RIBAKOW, Tesoros del Kremlin, México 1965; N. N. VORONIN, Arquitectura y pintura del Kremlin, México 1965; L. RÉAU, El arte ruso, México 1957; G. HAIYIILTON, The Art and the Architecture of Russia, Londres 1954; J. CHEN, Soviet Art and Artists, Londres 1944.
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