Tarragona III. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
En el s. VI a. C. existía en la costa catalana una importante población ibera que se identifica con Tarragona. Ciertos arqueólogos opinan que era Callípolis, situada al parecer entre T. y Salou; otros tienen la certeza de que la ciudad mencionada en el Periplo massaliota (s. VI a. C.), descrita también en la Ora marítima del poeta Avieno (s. IV), es la misma Tarragona. Sus primeros pobladores son los iberos, y es posible que los grandes bloques de piedra sin labrar que se hallan en la base ciclópea de la muralla romana sean restos de la fortificación a la que alude el texto griego massaliota. Los iberos ilergetes (v.) que ocupaban T. y su comarca fueron sojuzgados por los cesetanos o cosetanos (s. III a. C.), que llamaron a la ciudad Cosse o Cesse (v. IBEROS I, 1). La hegemonía cosetana supone una decadencia respecto de la época anterior.En el 218 a. C., T. es ocupada por los romanos, que la denominan Tarraco, y en ella tiene lugar su primer encuentro contra los cartagineses. Los hermanos Escipiones reedifican la ciudad, amplían sus murallas y el puerto, y convierten a T. en la primera base de las operaciones militares romanas de la Península. A partir de entonces T. aumenta su importancia, se llena de monumentos y se convierte en la capital de la España Citerior. T. fue principalmente ciudad de gobierno; pero no careció de actividad mercantil e industrial, y según Schulten su población rebasó los 30.000 hab. Se le concede el título de Colonia Iulia Victrix (o Urbs) Triumphalis Tarraco. En el 27 a. C. ’llega a T. el emperador César Augusto para dirigir la guerra contra los cántabros, y permanece en ella durante dos años, en los cuales se convierte de hecho en la capital del Imperio romano. Se edifica un templo en honor a Augusto y se supone que el Pretorio fue su palacio. Trajano y Adriano dotan a T. de gran poder y prestigio cultural, mientras su comercio e industria la transforman en uno de los puertos más importantes del Imperio. Su fértil llanura y bellas y soleadas costas son conmemoradas por Marcial, y Plinio elogia sus vinos. Son múltiples los testimonios de su esplendor en la época romana. Según la tradición, S. Pablo y S. Tecla fundan la primera Iglesia cristiana española en T., en el 60 (v. IV). El obispo Fructuoso sufre martirio en el 259.A partir del 260, T. decae, y en el 476 la ocupa Eurico, que pone fin a la dominación romana. En el periodo visigótico, se celebra en T. un concilio provincial (516), el arzobispo Sergio termina la catedral visigótica, la ciudad se levanta contra Leovigildo, y éste hace matar en ella a su hijo S. Hermenegildo en el 576. T. es destruida y ocupada por los musulmanes en el 714, y permanece en estado precario ’hasta que es conquistada por el obispo Olegario (1118) y consolidada y restaurada por Berenguer IV en 1135. Desalojados los musulmanes de los lugares y montes colindantes y tomada Tortosa, que había constituido un pequeño reino musulmán en 1148, T’. cobra nueva vida, que se manifiesta en la construcción de la catedral (s. XII-XIII) y el barrio gótico de la ciudad (v. v). En 1229, Jaime I de Aragón organiza desde ella la conquista de Mallorca.La importancia de la vida de la provincia en el periodo medieval lo demuestran el esplendor cultural y económico de los monasterios de Poblet (v.), Santes Creus (v.), Scala Dei y Escornalbou, que a través del Renacimiento alcanzan hasta 1835, y en el florecimiento de sus principales poblaciones: Montblanch, Reus, Tortosa, Valls y Vendrell. En la guerra de Sucesión (v.) estuvo al lado del archiduque de Austria; pero, por lo general, fiel a su sentido romano de unidad, T. ha demostrado una constante lealtad al espíritu hispánico. En la guerra de la Independencia (v.) resistió desesperadamente al ejército francés mandado por Suchet, el cual, después de tomarla (1811), ordenó una despiadada matanza. En la Guerra de 1936-39 estuvo expuesta a continuos bombardeos nacionales, por ser un nudo principal de comunicaciones y una base militar de aprovisionamiento del frente de Aragón. Los pueblos tarraconenses de la zona del Ebro se vieron entonces seriamente afectados. La ciudad fue tomada por los nacionales el 14 en. 1939. T. es una ciudad agradable y tranquila y en los últimos años ha experimentado una gran expansión demográfica e industrial. Cualquiera de sus pueblos y comarcas muestran el paso de la historia en alguno o varios de sus periodos.V. t.: TARRACONENSE; CATALUÑA IV.ESTEBAN PUIALS.
BIBL.: E. MORERA, Tarragona antigua y moderna, Tarragona 1894; 1. M. DE NAVASCUÉS, Tarragona, Barcelona 1929; 1. SÁNcHEz REAL y 1. M. RECASENS, La ciutat de Tarragona, Barcelona 1966; R. MIRAVAL, Tortosa y els tortosins, Barcelona 1969.
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