Ravel, Maurice
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Biografía GER
Compositor francés que, junto con Debussy (v.) y Fauré (v.), representó lo mejor de la escuela musical francesa de principios del s. XX; n. en Ciboure, país vasco, el 7 mar. 1875 y m. en París el 28 dic. 1937. Su padre era de origen suizo, y su madre, vasca. Sus precoces dotes musicales se vieron apoyadas por su padre, quien le envió al Conservatorio de París, donde estudió principalmente con Fauré. Allí siguió hasta 1903, habiendo escrito ya numerosas obras maestras (entre ellas su cuarteto para cuerda) cuando no era más que un estudiante. Su vida carece de historia (tanto más cuanto que R. era un hombre reservado), deslizándose sin episodios pintorescos, bien en París, donde vivía generalmente en casa de unos amigos, bien en San Juan de Luz, donde pasaba las vacaciones. Viajó poco,excepción hecha de las giras por el extranjero para dirigir su concerto de piano. En 1928 comenzó a padecer del mal que le llevaría a la tumba, un tumor cerebral. Consumido, vivió sus últimos años en un estado de decadencia progresiva, del que se daba perfecta cuenta. La operación que se le hizo in extremis no pudo salvarle; murió en plena gloria.La producción de R. es considerable en cantidad y perfecta en calidad; es uno de esos raros músicos de los que puede decirse que no ha escrito un compás inútil. Era muy meticuloso, hasta el punto de que puede decirse que trabajaba casi con precisión de relojero. Su obra posee una fisonomía particular: no puede decirse que refleje una evolución del hombre y del artista; no hay en ella realmente huellas de juventud, de madurez ni de vejez, ni en la inspiración, ni en el estilo, ni en el lenguaje. Diríase que R., al igual que Schumann (v.), entró ya formado en la historia de la música y que luego se contentó con expresarse al gusto del día, sin que el tiempo dejara su impronta en estas creaciones de distintas épocas. Esta producción tiene también otro aspecto: el de aparecer aislada. Indudablemente, R. ha sido imitado, mas por epígonos sin importancia; y finalmente no puede decirse que su obra, como la de Debussy, haya hecho progresar a la música moderna. Si R. no hubiera existido, no habría cambiado nada en la evolución de la música del s. XX. Ésta es una de las grandes paradojas de la personalidad de R., de este artista que, aunque se expresaba en un lenguaje moderno de gran refinamiento, nunca dejó de ser un clásico (la mayoría de sus obras están escritas, por lo demás, sobre ritmos de bailes, como en la época clásica).La obra de R. nos muestra también a un artista que quiere huir de toda emoción indiscreta: las pocas páginas verdaderamente líricas de sus composiciones se cuentan con los dedos de una mano. Pero esta reserva no le impidió llegar pronto a un vasto público evidentemente sensible a la franqueza de su rítmica, a la extraordinaria magia de sus armonías, a los brillantes reflejos de su orquestación. Por lo que respecta al piano, que ocupa un importante lugar en su obra musical, R. escribió con un virtuosismo casi lisztiano, y toda su producción en este terreno constituye una parte fundamental del repertorio de concierto actual. En la melodía, R. captó mejor que ningún otro las más sutiles inflexiones de la lengua francesa; es un maestro de la prosodia. En la música de cámara, abre un poético mundo de profundo misterio, especialmente en el trío para piano y cuerda. En el terreno sinfónico, es uno de los más grandes virtuosos de la orquesta que ha conocido este siglo. En el teatro, ha producido una comedia musical que renueva la gran tradición de la opera buffa (La hora española), una fantasía lírica que es un verdadero sueño musical (El niño y los Sortilegios) y un ballet considerado ya clásico (Dafnis y Cloe). Muchas de las obras de R. están inspiradas en España: junto con Albéniz y Falla, es uno de los tres grandes músicos del s. XX que han sabido dar a la belleza del folklore ibérico un alcance universal.Obras: Piano: feux d’eau (1901); Sonatina (1905); Miroirs (1906); Gaspard de la nuit (1908); Valses nobles y sentimentales (1911); Le tombeau de Couperin (1917). Melodías: Schérezade (1903); Histoires naturelles (1906); Trois poétnes de Mallarmé (1913); Chansons madécasses (1926). Música de cámara: cuarteto para cuerda (1903); trío piano y cuerda (1914). Orquesta: Rapsodia española (1907); Vals (1919); Bolero (1928), 2 conciertos para piano y orquesta (1930-31). Teatro: La hora española(1907); Dafnis y Cloe (1909); L’Enfant et les Sortiléges (1920).CLAUDE ROSTAND.
BIBL.: R. MANUEL, Maurice Ravel, París 1938; H. JOURDANMORHANGE, Ravel d’aprés Ravel, París 1953; R. CHALUPT, Ravel au miroir de ses lettres, París 1956.
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