Ramsés HIST.
Categoria:
Historia
A la muerte de Seti I, de la XIX dinastía, le sucedió su hijo R. (1301-1235), que ya había compartido el trono con su padre. Con el advenimiento del nuevo rey, continuó la pugna con el reino hitita (v. HITITAS I). Muwatalli intentó aprovecharse de la juventud del monarca para sacar partido; sin embargo, el choque de las dos potencias no ocurrió de inmediato. Las primeras campañas de R. se dirigieron contra los nubios y libios, según una estela hallada en Asuán (v.). Las campañas asiáticas se iniciaron en el cuarto año de su reinado; la primera tuvo como objeto la sumisión de Palestina, a fin de obtener una base de operaciones antes de penetrar en Siria. Muwatalli, por su parte, organizó una potente coalición en la que entraron más de 20 príncipes enemigos de Egipto, de los que se conocen los de Alepo, Naharin, Karkemish, Kodi, Kadesh y Arvad. Como en tiempos de Seti 1, ambos ejércitos se encontraron en Kadesh.En el quinto año de su reinado, R. llegó a Canaán por la ruta militar que tantas veces recorrieran sus antepasados, penetró hacia el interior del país y alcanzó el valle del Orontes. Engañado por los beduinos, creyó que los hititas habían abandonado Kadesh, retirándose hacia el N. Pasó el vado de Shubtuna con el ejército de Amón, para tomar fácilmente la ciudad; el resto del ejército quedó atrás. Los hititas y sus aliados, ocultos al otro lado de la ciudad, seguían paso a paso los movimientos de las tropas egipcias. Cuando llegó el ejército de Ra, se precipitaron sobre los egipcios, quienes sorprendidos huyeron hacia el campamento que había instalado R.; prevenido éste por los fugitivos, se enfrentó con su guardia personal a los coligados, dando de esta manera tiempo a que llegaran las tropas de refuerzo. Gracias a su coraje, logró rehacer los ejércitos de Amón y Ra, enderezando la situación y transformando en relativa victoria lo que habría podido ser una gran derrota.La batalla de Kadesh significó cerrar a Muwatalli el camino hacia el S, resultado importante, si bien no pudo llegar al Éufrates ni tomar Kadesh. Este encuentro marcó una pausa en el enfrentamiento de las dos potencias. Los dos años que siguieron a Kadesh los aprovechó Muwatalli para fomentar contra Egipto nuevas intrigas, que tuvieron éxito, puesto que en el año séptimo del reinado de R. se sublevó Palestina. El faraón inició entonces una serie de campañas de las que estamos mal informados. Un relieve de Karnak muestra la destrucción de la ciudad de Ascalón, situada a la salida de la ruta militar. Después de pacificar Canaán, se dirigió al N y tomó diversas ciudades. Luego entró en el país de Naharin. Muwatalli envió tropas para defender la ciudad de Tunip, sin que fuera ello obstáculo para que R. la conquistara.Tras la victoria, se declaró vencedor de Kheta, Naharin, Retenu y Katna, agregando los nombres de Asiria, Babilonia, Creta y Chipre, países no vencidos, pero que seguramente enviaron tributos. Poco se sabe de sus campañas contra los libios; se conoce el hecho de que vencidos los libu y mashaush, fueron incorporados al ejército egipcio. A la muerte de Muwatalli, Hattusili III, hermano de Muwatalli y su sucesor desde 1281, para prevenir posibles ataques asirios, negoció la paz con los egipcios. En 1278 a. C., se concluyó el tratado, por el que los dos reyes se comprometían a vivir en paz, ayudarse en casode ataque extranjero y favorecer la extradición de refugiados políticos. En ninguna parte se menciona el objeto principal del tratado: la fijación de las respectivas fronteras en Siria, si bien es probable que la influencia egipcia quedara limitada a la costa, y la de los hititas al interior del país. Ambos monarcas se mostraron fieles al pacto, proporcionando así al Asia Anterior medio siglo de paz permanente.Hacia fines del reinado de R. II, se produjo en el Norte de Grecia y mar Negro un gran movimiento de pueblos, que se dirigían hacia el S. Llegados a las puertas de Egipto, no encontraron resistencia, pues R. no tuvo fuerza para reaccionar a causa de sus años, por lo que su sucesor Merneptah tuvo que hacer frente a los males que indicaban la próxima decadencia del país. R. es conocido con el sobrenombre de El Grande, título honorífico que no sólo ganó por sus victorias militares, sino, ante todo, por su vasta actividad en materia de construcciones monumentales, que proclaman su gloria desde el Delta hasta Nubia (v. EGIPTO IV, 5).SANMARTÍ GREGO.
BIBL.: E. DRIOTON Y J. VANDIER, L’Égypte, París 1962, 421-429. E. RIPOLL PERELLó E.
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