Ramón Berenguer IV
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Biografía GER
Conde de Barcelona (1131-62) y príncipe de Aragón (1137-62), primero de los soberanos efectivos de Aragón y Cataluña unidos, una de las más importantes figuras de la casa de Barcelona y gran personalidad política de su época.Hijo de Ramón Berenguer III y de Dol~a, condesa de Provenza, N. en 1116-17 y sucedió a su padre en 1131, siendo aún muy joven. Asesorado por prudentes consejeros presididos por S. Olegario, los cuales debieron de influir en su formación, sus primeros años de reinado acreditaron en él excelentes dotes de gobernante. Ello debió de influir decisivamente en el ánimo del rey de Aragón, Ramiro II el Monje, para que le escogiera como el hombre capaz de resolver la crisis política derivada del testamento de Alfonso I él Batallador (v.; 1134) y las ambiciones de Alfonso VII de León (v.). En 1137, junto con la promesa de la mano de su recién nacida hija, Petronila, Ramiro entregó el gobierno de Aragón a su yerno prometido y volvió a su monasterio de Huesca. No obstante, para no herir la sensibilidad de sus súbditos aragoneses y mantener la ficción de que el título real pasaba de Ramiro a Petronila, R. B. se intituló sólo princeps Aragonensis, además de conde de Barcelona, reservando para Petronila (su esposa desde 1150, al cumplir los 14 años) el título real. Pero el conde barcelonés no fue en modo alguno un simple rey consorte, sino un soberano efectivo reconocido por Ramiro como su heredero, aun en el caso de que Petronila premuriera sin sucesión (V. ARAGóN [Historia medieval] II).Las pretensiones de Alfonso VII sobre la soberanía de Zaragoza, derivadas del vasallaje de los reyes moros Beni-Hund, fueron prudentemente solventadas mediante el reconocimiento de la soberanía feudal del rey leonés sobre el regnum Cesaraugustanum (no sobre el de Aragón como se ha creído) y el casamiento (1138) de una hermana, Berenguela, del conde barcelonés con el "Emperador" de León, seguidos de un tratado de reparto (1139) de conquistas futuras sobre el Islam, confirmado más tarde (Tudillén 1151), añadiendo para los soberanos de Aragón y Cataluña la futura posesión de Murcia. En 1147 R. B. participó personalmente en la expedición de Alfonso VII, que dio por resultado la conquista efímera de Almería. Más difícil fue la solución del conflicto con Roma, ya que el testamento de Alfonso el Batallador, legando Aragón a las órdenes militares, resultaba vulnerado, y el Papa negábase a reconocer el nuevo estado de cosas. Aunque en 1140-43 llegó R. B. a acuerdos satisfactorios con las tres órdenes, hasta 1158 no aceptó el Papa (Adriano IV) los hechos consumados, a cambio de reconocerse el rey de Aragón vasallo de la Santa Sede.La reconquista de Tortosa (31 dic. 1148), con el concurso naval de Génova, y la de Lérida, Fraga y Mequinenza (1149), con la colaboración del conde Ermengol V I de Urgel, acrecentaron el prestigio de R. B., demostrando que además de un fino diplomático era también un tenaz guerrero. La conquista posterior de Miravet, Prades y Siurana acabaron prácticamente con la dominación islámica en el territorio de la futura Cataluña, mientras el prestigio de la naciente monarquía catalano-aragonesa en la Península se consolidaba con el pago regular de parias por parte del rey moro de Valencia y Murcia.En 1144, por muerte de su hermano y vasallo Berenguer Ramón, que había heredado el condado de Provenza, asumió personalmente el gobierno de este condado (Ramón Berenguer II) como señor y tutor de su sobrino Ramón Berenguer III, defendiéndolo de las ambiciones de la casa de Baus, los condes de Tolosa y el emperador de Alemania, Federico I Barbarroja (v.). Aquí se acreditaron la diplomacia y el prestigio del monarca catalano-aragonés, constituido, desde la muerte de Alfonso VII (1157), en la máxima potencia política de España y el Pirineo. Integrábanse, en efecto, dentro de su órbita, además de la Provenza y Forcalquier, Carcasona-Beziers (1150) y el Beren (1154); se iniciaba además la alianza con los reyes ingleses, señores de la Gascuña, directriz política internacional de largo porvenir como oposición al eje Francia-Tolosa.Un viaje a la corte de Castilla, de la que regresó con la viuda de Alfonso VII, Riquilda, hija del rey de Polonia, que R. B. proponía casar con su sobrino de Provenza, pudo haber dado lugar a la célebre leyenda de la hija del emperador de Alemania liberada por un conde de Barcelona, carente de fundamento, pero exponente de la fama ulterior de R. B. Con este enlace y el reconocimiento de la soberanía del Emperador alemán en Provenza, propicióse el conde R. B. la amistad de Federico I y, con ello, lograba el aislamiento de Toulouse-Baus. Para consolidar la alianza con el Emperador, se convino una entrevista personal en Turín. R. B. marchó al encuentro de su aliado, pero, al llegar al burgo de San Dalmacio (Génova), enfermó y murió inesperadamente (6 ag. 1162), a los 47 años de edad. Su testamento, oral, confirmado después por Petronila, instituía a su hijo mayor Ramón Berenguer (llamado más tarde Alfonso) heredero de Aragón y Cataluña, consumándose así para el futuro la unión de las dos coronas. Su cadáver fue enterrado en Ripoll.La obra de R. B. fue asimismo decisiva en el orden espiritual. Introdujo el Císter (V. CISTERCIENSES) en Cataluña con la fundación del monasterio de Poblet (v.; 1150)y su protección al de Santes Creus (v.); consolidó, con repobladores catalanes y generosas capitulaciones con la población musulmana, los territorios reconquistados y fundó en ellos más de 300 iglesias; durante su reinado surgieron en Cataluña los primeros trovadores. Sus dotes personales y de gobierno, su muerte en plena flor de la vida, lejos de su patria, impresionaron a sus contemporáneos. El pueblo le veneró como santo, y pocos soberanos merecieron como él tantos elogios. Las Gesta Comitum dicen que fue valeroso, sabio y de gran ingenio y consejo, de gran fama en todo el mundo, humilde, sutil y firme, cortés y de extraordinario don de gentes, de aventajada talla y "fuerte de cuerpo y manos y de buen color". La historiografía posterior y la moderna le han sido igualmente favorables y se ha dicho (Soldevila) que de haber vivido 12 años más (pues su heredero no contaba más que ocho) habría consolidado la hegemonía de la casa de Barcelona en el sur de la Galia. Su mejor elogio es el que resulta de comparar el pequeño Estado que recibió de su padre con la extensión, riqueza y potencia de los que legó a su hijo y sucesor Alfonso II (1 de Cataluña).S. SOBREQUÉS VIDAL.
BIBL.: Fuentes: Liber Feudoruin Maior. Cartulario real... en el Archivo de la Corona de Aragón, ed. M. ROSELL, 2 vol. Barcelona 1945-46; Colección de documentos inéditos del Archivo de la Corona de Aragón, IV, ed. P. DE BOFARULL Y MASCARÓ, Barcelona 1849; Chronica Adetonsi imperatoris, ed. L. SÁNCHEZ BELDA, Madrid 1950; Gesta comitum Barcionensium, ed. L. BARRAD DIHIGO y J. M. MASSO i TORRENTS, Barcelona 1925; Annales Gennuenses, ed. L. A. MURATORI, Rerum ltalicum Scriptorum, VI, Milán 1723-51, 185 ss.; B. DESCLOT, Crónica, Barcelona 1949-51.
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