Radiodifusión MEDIOS
Categoria:
Medios de Información
Es una especie del género telecomunicación (v.); la peculiaridad de la telecomunicación es transmitir imágenes sonoras y visuales al público en general. Cuando el destinatario es particular y concreto o los mensajes contienen signos, señales o escritos, hay radiocomunicación en sus diversas formas. Pese a este concepto técnico, internacionalmente admitido, el término radiodifusión, en lenguaje usual, se reserva para las emisiones sonoras (v. RADIO); a las que contienen también imagen se les llama televisión (v.). Aquí se utiliza el término radio en su sentido usual restringido.1. Nacimiento y desarrollo de la radiodifusión. La radio, en orden cronológico, es el tercer medio de comunicación de masas (v. COMUNICACIóly SOCIAL II). El primero fue la prensa (v.); el segundo, el cine (v.). Aunque 1895 fuera la fecha común de nacimiento del cine y de la radio (en ese año precisamente Lumiére hizo su primera proyección cinematográfica, y Marconi envió por vez primera un mensaje sin hilos), no obstante, hasta 1906 no se transmitió la voz humana; el autor, Fessenden, lo hizo como experimento de laboratorio. Hasta los años 1920 no aparecen las emisoras regulares de radio, y para entonces el cine tiene ya una historia. En la I Guerra mundial se mejoraron las técnicas de transmisión (v.), se estableció contacto por ondas (v.) hertzianas a grandes distancias, y todo ello supuso la capacitación de profesionales diestros que pusieron tales avances al servicio de audiencias amplias con fines de información y entretenimiento, con o sin ánimo de lucro.A partir de entonces, los países de cultura occidental han desarrollado su r. nacional. Comienzan las emisiones regulares en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia, Austria, Dinamarca y la URSS, y posteriormente en el resto de los países europeos. En España, la emisora "Radio Barcelona EAJ 1 " emitió regularmente desde 1923, habiéndola precedido en 1921 una "Radio Ibérica", aunque con mayor discontinuidad; a Barcelona se unen en seguida Madrid, Sevilla, Cádiz, Bilbao y algunas otras de las principales ciudades. En Iberoamérica, Argentina, Cuba y México fueron las primeras naciones en instalar emisoras, también en la década de los veinte; como lo fue Japón en Asia. Entre esta fecha y el comienzo de la II Guerra mundial, la radio se establece progresivamente en el mundo entero, si bien en los países coloniales se emitía en la lengua de la metrópoli, y las estaciones se situaban en las poblaciones habitadas por colonos y a su servicio.En tal atmósfera, se celebró en Madrid la Conferencia Internacional de la UIT, que puso las bases para una regulación mundial de la r. al redistribuir frecuencias que se venían utilizando, si bien los acuerdos fueron más valederos para la región europea. La proliferación de emisoras en Estados Unidos en el boom de los veinte fue tal que Marconi quedó estupefacto de los resultados de su invento, que por abuso hacía imposible la escucha, determinando lo que fue calificado como "caos del éter". La intervención pública y la concentración empresarial -Westinghouse, General Electric y RCA- lograron enderezar poco a poco la situación. El ejemplo fue tenido en cuenta en Europa, donde se quiso evitar situación paralela, declarando la r. como "servicio público", tratando de planificar la creación de estaciones y asegurar que sus contenidos estuviesen al servicio de la comunidad y no de los intereses de sus propietarios o de una ideología concreta. La doble experiencia norteamericana y soviética, la primera con su caótica situación técnica y la segunda con su plena utilización de la radio al servicio del credo revolucionario triunfante, dejaron su huella en la organización de la r. europea; se trata de evitar el monopolio estatal y la anarquía.Pero el auge auténtico de la radio se produjo a partir de la segunda posguerra y también por impulso del esfuerzo bélico. Desde 1945, junto a su ampliación como servicio, se advirtieron una serie de fenómenos paralelos, tales como la reorganización empresarial, una nueva ordenación de programas, una regulación internacional más matizada y, en el orden técnico, la utilización de satélites como medio de transmisión (v. SATÉLITES II). Todo ello se traduce en un crecimiento más rápido que el de la prensa (v.) o el cine (v.), que en los últimos años presentan porcentajes de consumo inferiores a los de radio y televisión, e incluso inferiores a los que poseían al finalizar el conflicto armado. Hay, pues, un desplazamiento de los viejos medios en beneficio de los nuevos. En la competencia que la televisión (v.) ha provocado y que ha exigido serios replanteamientos en los otros medios, la radio ha mantenido sus niveles. Las razones son varias, pero serían destacables tres: menor costo del receptor, mejoras en la transmisión y en la recepción, pero especialmente el ser su consumo compatible con la actividad física, al no exigir situarse o detenerse ante el medio, lo que evita toda rivalidad en áreas como la conducción de vehículos, las faenas del hogar, los trabajos no intelectuales en naves o talleres, en almacenes u oficinas. El transistor (v.), al liberar los receptores de la servidumbre del tamaño y la conexión fija, ha incrementado el uso de la radio en una escucha masiva, barata y en buenas condiciones de recepción.Uno de los problemas más agudamente planteados a la radio (v.) es su limitación como canal. El número de frecuencias es acotado y, dado el incremento de emisoras (v.), se produce una saturación de las bandas creadora de interferencias que inciden sobre la calidad de la recepción. La cuestión adquiere mayor gravedad en zonas de mucha demografía, nivel económico alto y en donde el territorio está parcelado por soberanías políticas y áreas lingüísticas reducidas, como Europa. Tradicionalmente, se han usado las ondas largas, de alcance amplio y buena cobertura en campos regionales medios, pero con escasas frecuencias disponibles; la onda media (OM), acaso la de mayor utilización, con disponibilidad asimismo limitada a partir de cierto nivel, apta para áreas no muy amplias y sujeta a inferencias de propagación; y la onda corta (OC), generalmente destinada a emisiones a países lejanos o usada en programas para el exterior (v. ONDAS).La auténtica novedad a partir de los a. cincuenta ha sido el empleo de la modulación de frecuencia (FM), que en áreas saturadas ha supuesto un alivio a la sobrecarga del espectro, y para el usuario significa una mejor recepción, que permite disfrutar de la alta fidelidad y la estereofonía, convirtiéndola en ideal para programas de calidad, en especial musicales. Aunque usada en todas partes, ha sido acogida en Europa con especial interés. Los países escandinavos, Bélgica y Suiza disponen de una red extensa; en Alemania Federal, Gran Bretaña y España existen más emisoras de FM que de OM. Cierto es que al ser la FM más reducida en alcance precisa de más estaciones, y, de otra parte, su instalación no siempre se corresponde con su nivel de audiencia; así, en España, donde existen estaciones que sólo emiten en FM, a partir de 1958 fue reglamentariamente prevista la transformación a esta modalidad de las emisoras de OM, funcionando en paralelo en este caso; pero la escucha principal, pese a todo, se hace en OM.Otra novedad importante es la filodifusión, es decir, la utilización de hilo en lugar de ondas hertzianas para la transmisión, con eliminación de ruidos, problema capital en radio. Esta modalidad se presenta muy apta para música de cualquier tipo, aunque siendo más cara la instalación y tenencia sus posibilidades se hallan aún muy limitadas, ofreciendo por ello perspectivas abiertas. Por último, los satélites (cuyo alcance no es mayor que la OC, pero ofrecen una mejor recepción incluso en portátiles pequeños) presentan oportunidades inéditas, p. ej., el intercambio directo en áreas idiomáticas comunes separadas por una gran distancia, como ocurre con los hispanohablantes de uno y otro lado del Océano.Todo ello ha determinado un espectacular crecimiento mundial de la radio. Si Europa, Estados Unidos y Oceanía están a la cabeza en número absoluto de tenencia de receptores, el resto de las regiones supera a aquéllas en número relativo, manifestando así la celeridad del despegue, que se produce en orden inverso al potencial de partida, por lo que los mayores porcentajes de incremento corresponden a África, Asia, Iberoamérica y la URSS. Ciertamente, la radio se manifiesta como el medio de comunicación ideal para regiones deprimidas y en especial para las descolonizadas; no plantea los problemas de alfabetismo fluido o distribución de ejemplares que la prensa conlleva; no demanda instalaciones de proyección o ámbito para el auditorio, como el cine, sin contar con que las exigencias técnicas y económicas de la producción de películas obligan generalmente a la dependencia, no sólo cultural, sino idiomática, provocando esto último la cuestión insoluble de la comprensión, si el público no puede leer con presteza los subtítulos. Por último, la televisión presenta tinos dispendios e inversiones de estructura e infraestructura notablemente superiores, exige una mayor diversificación profesional, muy especializada en la producción de programas, receptores más caros y delicados e instalación eléctrica domiciliaria.2. Organización internacional de la radiodifusión. La forma habitual de transmitir la radio supone una propagación que ignora las fronteras nacionales; detener las ondas no es posible y como su interferencia intencionada es reducida, la r. se manifiesta como un medio internacional por excelencia que escapa en gran medida al control de los Gobiernos, salvo que la estación esté situada en su territorio. Pero su internacionalismo se manifiesta en otros muchos aspectos: el reparto de frecuencias por vía convencional; un servicio eficaz de protección de interferencias mutuas sólo puede hacerse mediante colaboración entre Estados; temas tales como la libre difusión de programas y la libre audición de emisiones, al par que sus limitaciones posibles, sólo se solventan en el marco de reuniones interestatales. En lo privado, se da un intercambio intenso de programas, en especial musicales y educativos.Todo ello ha determinado el modo de tratar la radio desde su nacimiento y la creación de organizaciones en cuyo seno pueden solventarse los problemas comunes. La primera de ellas es la Unión Int. Telecomunicaciones (UIT), constituida en París en 1885; su actuación y composición son mundiales y tiene su sede en Ginebra. La UIT está encargada de mantener la cooperación internacional para la mejora y empleo racional de las telecomunicaciones, por lo que destacan dos de sus unidades internas: el Registro Int. Frecuencias (IFRB) y la Comisión Consultiva Int. Radio (CCIR). La Unión ha celebrado conferencias en Berlín (1885), Londres (1912), Washington (1927), Madrid (1932), Atlantic City (1947), Buenos Aires (1952) y Ginebra (1959). Las dos últimas conferencias europeas fueron: Copenhague (1948), en que se hizo el vigente reparto de frecuencias de OM para la zona, si bien, al no adherirse muchos Estados, funcionan más de un centenar de estaciones no previstas; en Estocolmo (1952) se acordó un plan de asignación de ondas métricas, repartiendo las bandas entre la radio (FM) y la TV; España está adherida al Acuerdo.La Unión Europea de Radiodifusión (UER) tiene su sede en Ginebra, y España forma parte de su Consejo de Administración; se ocupa de los problemas generales de la radio y la TV en la zona. La Asoc. Interamericana de Radiodifusión (AIR), con sede en Miami, agrupa a los países del Nuevo Continente para fines similares dentro de su área. La Organización Int. Radiodifusión y Televisión (OIRT), con sede en Praga, reúne a los países del área comunista y a otros relacionados con ellos de algún modo, p. ej., Finlandia o Egipto. Para el área asiática está la Unión Asiática de Radiodifusión (ABU), con miembros europeos y americanos asociados; para la región africana, la Unión de Organismos Nacionales de Radiodifusión y Televisión (URTNA); los países árabes crearon la ASBU, Unión Radiodifusora de Estados Árabes. Hay otros organismos de naturaleza jurídica diversa para objetivos concretos, tales como el Instituto Int. Radiodifusión (IBI), no gubernamental, dedicado más a cuestiones de contenido, lo mismo que la Univ. Radiofónica y Televisiva Internacional (URTI), con sede en París; organizaciones religiosas como las WACC, Asee. Mundial de la Comunicación Cristiana, o la UNDA, Asoc. Católica Int. Radiodifusión y Televisión.3. Organización nacional de la radiodifusión. Debe advertirse que en el aspecto jurídico-administrativo, la radio y la TV suelen ir de la mano. Tienen en común el ser canales continuos, valerse de procedimientos de transmisión similares. y aprovechar en común parte de su infraestructura, especialmente en el caso de la FM y los enlaces microondas (v.); en lo demás, sin embargo, difieren.La norma más universal en la materia es considerar la radio como un servicio público, amparándose este carácter en el alcance, continuidad, efectos y requerimientos técnicos del medio, que determinan también intervenciones técnicas (frecuencias, interferencias, enlaces, perturbaciones, cte.), económicas (si el órgano radiodifusor tiene carácter público o semipúblico) y de orden jurídico general para garantizar la libertad de expresión, establecer sus limitaciones u obligar a la prestación de determinados servicios informativos y culturales; por último, las emisiones para el exterior, de una u otra manera, están gestionadas o muy intervenidas por los Estados. Como servicio público, la radio puede explotarse por el Estado o por particulares mediante licencia o concesión; esta explotación, en ambos casos, puede ser excluyente (monopolio) o concurrente (pluralismo). Caben así múltiples modalidades: pluralismo total, parcial o especial, o bien monopolio, sea del Estado o de un ente con carácter diverso según los casos.Se da pluralismo total en los Estados Unidos, Australia y muchas naciones de Iberoamérica: Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Honduras, México, Nicaragua y Panamá; en esos países, cualquiera puede montar y mantener una emisora siempre que se le otorgue autorización y opere dentro de la reglamentación establecida; estas licencias suelen estar sometidas a término y acostumbran a ser renovables si se cumplieron las cláusulas de la concesión; los Estados se reservan en algunos casos el derecho a que las emisoras transmitan programas informativos o culturales, realizados en sus centros de producción, así en el caso de México, p. ej. En el pluralismo total, los concesionarios se agrupan para sus intereses comunes en uniones o asociaciones; en algunos países, la pluralidad es más aparente que real, pues de hecho las emisoras dependen de pocas empresas, tal es el caso de las tres grandes cadenas norteamericanas: ABC, CBS y NBC.Hay pluralismo parcial cuando, junto al régimen de establecimiento comercial abierto, concurre el Estado por sí o a través de un ente público; así ocurre en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, España, Guatemala, Paraguay, Portugal, Perú, Salvador, Uruguay y Venezuela entre las iberoamericanas (v. voces correspondientes); en Canadá, donde el organismo público CBC actúa al ladode emisoras privadas (v. CANADÁ XI); o en lapón, donde la NHK concurre con 40 empresas particulares (v. JAPÓN XIII). Las fronteras entre ambos pluralismos son en ocasiones muy borrosas, pues el Estado, que en los países de habla española suele actuar a través de la llamada "Radio Nacional", puede limitarse a ser un concurrente más, o cubrir parcelas generalmente educativas que los comerciales no atienden, o reservarse espacios radiofónicos, o exigir una retransmisión obligatoria de algunos de sus boletines informativos, o asignar frecuencias a centros culturales superiores.El pluralismo especial es una forma atemperada de monopolio, impuesto por razones muy varias que impiden o no aconsejan la existencia de un órgano único. Puede deberse a razones constitucionales, como en Alemania Federal, en que existen 11 corporaciones públicas unidas en la ARB, nueve que corresponden a los Lünder (Estados) y dos a la Federación; o puede derivar de una dualidad idiomática, como en Bélgica, en que un servicio prácticamente único en su montaje se bifurca en dos ramas: la RTB francófona, y la BRT flamenca; o el concierto se constituye sobre base idiomática, política y cultural como en Suiza, en que bajo la denominación de SBC se agrupan nueve sociedades que representan los tres idiomas y las tres tendencias políticas principales. Por último, Holanda presenta un sistema muy original: las instalaciones son del Estado, lo que se conceden son espacios y la concesión se ha hecho a seis organizaciones privadas e institucionales, culturales y religiosas, agrupadas en la NOS, de admisión restringida (v. voces correspondientes).El régimen de monopolio estatal absoluto es el propio de los países socialistas europeos, africanos y asiáticos y, en América, el de Cuba, a través del Inst. Cubano de Radiodifusión. El régimen de monopolio a favor de un organismo constituido al efecto es el de muchas naciones de Europa; ese organismo puede ser una corporación de Derecho público, como la BBC; una empresa pública, como la ORTF; o una sociedad anónima, como la RAI. La BBC es el concesionario monopolístico de la radio en Gran Bretaña, aunque no de la TV, donde compite con la ITA; goza de gran independencia y en ella están representados el Gobierno y diversos intereses; el Ministerio de Correos tiene las facultades técnicas y puede vetar ciertos programas o tipos de programas. La ORTF tiene el monopolio de ambos medios en Francia, y en su administración se quieren asegurar tanto la independencia del ente como la participación del Gobierno; el Ministerio de Información posee facultades técnicas y económicas, de vigilancia de la marcha general y vela por el cumplimiento de las normas y limitaciones de carácter público. La RAI italiana es una peculiar sociedad anónima con un 95% de las acciones en manos del Estado, aunque con estatuto propio y manejo independiente, si bien la Administración se reserva la parte técnica y económica, y el Parlamento la orientación de la tendencia general. Otros casos de monopolio ejercido por órgano público o semipúblico son los de Dinamarca, Finlandia y Noruega, o por una sociedad privada única, como en Suecia, donde en la SR se dividen el capital la prensa, las grandes organizaciones nacionales, el comercio y la industria (v. voces correspondientes).En España, la r. fue declarada monopolio estatal por RD de 23 feb. 1923; en él se señalaba ya que su explotación podría hacerla el Estado o concederla a particulares, lo que ya se había hecho desde 1920. El Decr. 8 die. 1932 es la primera regulación que sigue a la celebración en Madrid de la conferencia de la UIT y para acomodarse a lo allí acordado. Poco después, la Ley de 26 jun. 1934 estableció la auténtica estructuración de la radio en España y organizó el servicio estatal de r. La guerra civil, la subsiguiente guerra mundial, la exclusión de España de la conferencia de Copenhague, fueron acontecimientos que influyeron en la organización posterior. En 1952 se estableció una red nacional de r., que comprendía tres clases de emisoras: "nacionales", gestionadas por el Estado; "comarcales", propiedad del Estado, pero gestionadas por particulares; y "locales". Sin embargo, este principio de organización no progresó, las emisoras proliferaron sin demasiado concierto y sin que se atajase el mal al disponer la reconversión de las estaciones de OM en FM, de menor alcance y menos susceptibles de producir interferencias mutuas, mal que aqueja a la radio española por el gran número de sus estaciones. En 1964 se implanta un Plan Transitorio de Ondas Medias que fijó la cifra de las que podían supervivir hasta el plan definitivo; se clausuraron 324 emisoras, lo que da idea de la situación a que se había llegado; subsisten 459, de las cuales 213 son de OM.A la situación, en su conjunto, se atribuyen algunas ventajas en orden a favorecer la libertad y también los siguientes inconvenientes: falta de cobertura total; localizaciones poco racionales; despilfarro en instalaciones, personal y producción de programas, debido a la atomización existente; desajustes técnicos causa de interferencias que hacen difícil la escucha nacional y extranjera; falta, en consecuenia, un esquema general de programación. Estructuralmente, junto a la cadena estatal RNE, que emite en OM, FM y en OC para el extranjero (emisiones sobre las que tiene exclusiva, así como sobre la información de carácter general), existen cadenas paraestatales (REM, CAR), sindicales (CES), eclesiásticas (COPE) y privadas, entre las que no hay vinculación asociativa, si bien buena parte de ellas están ligadas por acuerdos publicitarios y de intercambio de programas con la SER (V. ESPAÑA xv, 2).4. Organización interna de las emisoras. Esta organización es muy variada y responde a múltiples circunstancias jurídicas, económicas, empíricas; a circunstancias resultantes de que la estación actúe como unidad o sea pieza de una cadena más amplia, o de que tenga envergadura local, comarca] o nacional y, en este último caso, emita o no para el exterior. Se da un cuadro convencional de las unidades que corresponden a funciones desarrolladas en un supuesto amplio, y sus líneas de relación interna y coordinación (v. cuadro).5. Programación radiofónica. Desde el punto de vista de los contenidos, la radio cubre tres operaciones propias de todo medio de comunicación: la información, la cultura y el entretenimiento; por otra parte, tiene sus condicionamientos en cuanto vehículo expresivo, debidos a sus características como canal y a su capacidad de despertar y retener la atención de los destinatarios. Podrían, en consecuencia, formularse los tres pares que forman la programación: "voz-música", "evasión-cultura" y "realidad-ficción"; del primero se estima que la proporción debe moverse entre un 25 y un 30% de palabra y de un 70 a un 75% de música; en emisiones comunes, no específicamente formativas, a la cultura se le otorga de un 30 a un 35%, y el resto a la evasión; si el término "ficción" no se confina a lo puramente evasivo, ya que muchas manifestaciones culturales son ficción (teatro, novela, etc.), el término "realidad" se limita en gran medida a la información. En ésta, las dosis no son previamente determinables, dependen de la especialización de la emisora y de que lo noticioso sea o no área estatal en todo o enparte; pero siempre habrá de moverse dentro de los límites asignados al porcentaje de palabra (V. NOTICIARIOS II).La ficción pura (radionovelas, etc.) ha sufrido un cierto declive por la competencia con los medios que disponen de imagen. Por el contrario, una de las incidencias de la llamada "cultura adolescente" sobre la radio ha sido el auge de la música. Los países que funcionan en régimen de monopolio han podido planificar más racionalmente la programación atendiendo a los factores descritos y a la variedad de la audiencia. Como se dispone de varias frecuencias para emitir, articulan un sistema de tres o cuatro programas típicos. Generalmente, el primer programa va destinado a sectores medios, es informal y variado en su contenido, y por él se emite la información; el segundo programa es ligero, musical y evasivo; el tercero se reserva para música de más entidad y programas culturales. No es preciso décir que los programas concretos de las emisoras son muy desiguales y, en ocasiones, pobres y hasta disfuncionales, pero ése es ya tema de una política cultural y de las exigencias de los consumidores.6. La radio como canal de comunicación. Todo medio en cuanto canal tiene unas peculiaridades que permiten hablar de "técnicas", p. ej., la radiofónica frente a la periodística. En este dominio, la radio puede describirse (Klapper) como canal temporal veloz, con alto grado de participación y poca permanencia.Es temporal porque su consumo es serial y no ocupa lugar, como todo cuanto se percibe por el oído; ello determina que la radio domine al oyente, que no puede cortar o repetir la exposición, como ocurre con los medios escritos, que es el consumidor quien los maneja y cuando quiere; la radio exige o un esfuerzo de atención o una escucha semiconsciente; además, el oído maneja menos información que la vista, por lo que no es favorable para conceptos difíciles o detalles numerosos, pero lo es para la aprehensión inmediata y sugestiva.Es, sin duda, el más veloz de los medios existentes; una noticia puede darse en el acto de recibirla, cosa que no ocurre ni en prensa, ni en cine, ni en TV. La alta participación del oyente de radio se produce por "compenetración dramática"; la fuente parece cercana, familiar, y al poder suplir el consumidor una imagen que no ve por lo que se le antoje figurarse, goza de poder persuasivo no pequeño. Por la escasa retención de los contenidos en la memoria, la radio es acaso el medio de menos permanencia concreta, aunque queda siempre a salvo su impacto difuso y permanente, lo que se acentúa más si tenemos en cuenta la amplísima audiencia del medio. El estudio de efectos específicos y a corto plazo revela su importancia, si bien circunscrita a áreas en que las actitudes de los destinatarios no son muy resistentes.V. t.: RADIO EMISORA; TELEVISIÓN 11; PRENSA 1; CON1UN1CACION SOCIAL 11; INFORMACIÓN.F. SANABRIA MARTÍN.
BIBL.: I. CAZUNEUVL, so(iolo,eie de la Radio-Télwi.sion, Paris 1966; A. FAUS, La radio: introducción a un medio desconocido, Madrid 1973: HALAS BRI:DOw INSF., /nternationales Handhuch ftir Rruul/inrk 1110 I-ernselten, Hamburgo 1969-70; N. B. E,, Natinnal and /nternatiorrcrl .Scsten1,c q1 Broadcasting, Chicago 1969; M. HANKARD, La nnlio y la telcrmón cu Europa, Quito 1965; .1. F. NFVdMAN, Periodismo radiolónico, Mema) 1966; E. GOROSTIGA, La Radiotelevisión en Espanta. Aspectos jurídicas r derecho positivo, Pamplona 1976.
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