Natalidad II. Sociologia. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
A. ANÁLISIS HISTÓRICO.En torno al tema de la n. desde los tiempos más remotos se han dado diferentes enfoques, argumentos y opiniones, fundamentadas en ideologías individuales y colectivas, muy variadas y conexas: han influido en ello razones biológicas, demográficas, económicas, estratégicas, jurídicas, políticas, sociales, socio-sanitarias, psicólógicas, morales, filosóficas, teológicas, etc. De ahí su complejidad. Ideología y acción se contraponen en dos amplias direcciones: una natalista o populacionista (optimista) y otra antinatalista o antipopulacionista (pesimista).De una manera general puede decirse que la primera, salvo casos aislados, ha sido en la práctica, independientemente de las teorías, la que de una manera natural ha predominado a lo largo de la historia, bien no planteándose la n. como problema o considerándola como un hecho positivo. Sólo en los últimos tiempos la n. ha sido vista como problema, apareciendo los términos de regulación, limitación, control de la n. (birth control), control de la procreación o de la prole, así como planificación de la familia, maltusianismo, neomaltusianismo; todas ellas, expresiones, si no equivalentes, sí relativas a ideologías, principios o normas de comportamiento individual (dentro o fuera del matrimonio) o de política colectiva o estatal de la población, que mediante una variedad de medios técnicos o artificios, tienden a evitar, imposibilitar o eliminar el fruto de la relación íntima sexual o, en el mejor de los casos, espaciar u ordenar el número de hijos. Exponemos a continuación un breve resumen de las diferentes ideologías y posturas político-económicas hasta nuestros días.a) Una de las primeras formulaciones populacionistas se halla en el libro Arzasashara del indio Cantilla (hacia el 300 a. C.): "la población es fuente de la potencia económica, política y militar, y el complemento necesario de los recursos de tierra y minas". Ideología propugnada posteriormente por Roma (Lex Julia de adulteriis coercendis, Lex Julia de maritandis ordinibus y Lex Papia Poppaea, 18 a. C.-9 d. C.); por los príncipes medievales; por la mayoría de los autores renacentistas (s. xvi-xviii), entre los cuales, los españoles González de Cellorigo y Sancho de Moncada, quien escribía en 1619: "La gente hace el reino"; por los mercantilistas y teóricos de la Ilustración (Bodino, Botero, Petty, Colbert, Federico el Grande, Süssmilch, Rousseau, Godwin, etc.); sin olvidar a otros personajes de la Edad Moderna, como Lutero y Leibniz. Posteriormente -y por razones políticas- han sido populacionistas Marx y los comunistas "ortodoxos", y, en general, todos los autores partidarios de regímenes nacionalistas. Sin embargo, los demógrafos soviéticos cambiaron de actitud a partir del Congreso de la Población celebrado en Sidney (1967).Una síntesis de ideología antipopulacionista la hallamos en Platón, referida a las comunidades primitivas (en los libros II y V de su República). "El número de los matrimonios será de cuenta de los gobernantes -dice Platón-, quienes, en razón de las guerras, epidemias y todos los demás accidentes procurarán mantener inalterable el número de los ciudadanos, para que apenas se modifique la ciudad tanto en más como en menos"; y, aunque no sugiera directamente la exposición de los niños, aconseja 21 apartamiento de los lisiados, y fija una edad mínima y máxima para procrear (cfr. La República, 459c-461b). El anticoncepcionismo se halla ya en el Papiro de Kahum, en Heródoto, en el médico indio Charaka (s. I a. C.) y, entre los islámicos, en Al-Razi (a. 900 d. C.), aunque constituye la excepción en un contexto doctrinal preferentemente populacionista. Modernamente se ha extendido el anticoncepcionismo desde los fisiócratas al liberalismo político y económico, y a varios socialistas. Así F. Quesnay, R. Cantillon, T. R. Malthus -y sus precursores remotos G. Botero y G. Ortes-, D. Ricardo,1. S. Mill y todos los "clásicos", y, también, el llamado hoy "Malthus chino", Hung Liang-Chi (1793); P. 1. Proudhon y otros socialistas; y los defensores del óptimo de la población: A. Genovesi, 1. Ch. Sismondi, E. Cannan, K. Wicksell, y -en nuestros días- L. Robbins, A. Landry, y A. Sauvy, en algunas de sus obras.b) Desde la II Guerra mundial aparece la problemática actual -de carácter universal, con repercusiones tanto personales como públicas-, en abundantísima literatura y, en la práctica, en defensa de la limitación de la natalidad. Distingamos dos espacios comunitariamente diferentes:1°) En el mundo occidental, se sugiere la limitación de la prole por ideologías individualistas hedonistas, en concreto desde que los avances de la Higiene y Medicina redujeron las altas tasas de mortalidad, especialmente infantil, coincidiendo con su prosperidad económica. Hasta el último tercio del s.XIX la tasa media de n. fue en Europa alrededor del 34%o, en el último tercio bajó alrededor del 290/oo y actualmente es del 18%o. La limitación voluntaria no es la única causa de tan rápido descenso pero sí la principal.Existen también factores biológicos y factores sociales (edad a la que se contrae matrimonio; "plurimatrimonio" y divorcio; poligamia). El aborto voluntario, el infanticidio, las prácticas anticonceptivas y de estirilización van unidas al cálculo individual, de menor prole por diferentes razones de crianza, educación, sanidad y vivienda, v a clecisiones conflictivas personales y sociales. También influyen nuevas actitudes sobre la sexualidad y la facilitación en la limitación, por los medios anticonceptivos recientemente descubiertos, acompañados de intensísima propaganda comercial. Las influencias socio-económicas provienen de la industrialización y de un mayor nivel de instrucción (aumento del coste de la educación de los hijos), del cambio y disolución de la estructura familiar (mayor movilidad social, cambio de actitudes y valores), y del proceso de urbanización, con numerosas consecuencias sobre la institución familiar, al fomentar el anonimato irresponsable, y provocar tensiones psicológicas en un ambiente de relativismo moral. Sociológicamente hay que distinguir las diferencias de fecundidad que existen entre áreas rurales y urbanas, o entre regiones de un mismo país; las tasas de fecundidad varían entre grupos y niveles de instrucción o en relación con el nivel económico. Influyen también los tipos de trabajo (sobre todo en la mujer); los motivos religiosos, etc.20) En países menos dotados económicamente, menos desarrollados (Tercer Mundo). En el llamado Tercer Mundo hasta muy recientemente no han existido, y en su mayor parte no existen, prácticas extendidas de la limitación de la n., que es hoy aún más alta que la de hace siglo y medio en el mundo occidental (entre el 40 y el 60%o); estas altas tasas de n. han variado poco, pero las de mortalidad iniciaron ya un descenso apreciable, por lo cual su población crece a ritmos anuales acumulativos tales (2,5-3-4%) que doblan su población en 30-15 y hasta 12 años; p. ej., de 1960 a 2000 se estiman los siguientes incrementos medios: Iberoamérica el 194%; África el 181%; Asia meridional el 136%; mientras en Europa sólo el 24%. Ante este fuerte crecimiento demográfico, que afecta a unos 2.000 millones de seres humanos, hay quienes propugnan el control demográfico por dos vías: directa, de política demográfica; y otra, indirecta, de política económica.La primera, nacida, propugnada y apoyada desde niveles universitarios, empresariales y públicos, con misiones técnicas que se financian ampliamente desde los países prósperos, p. ej., las cantidades arbitradas por el Cuarto Plan Quinquenal de la India para el planing, que suman 306 millones de dólares, equivalentes a 3,50 dólares por matrimonio, cantidades sólo superadas por las inversiones destinadas a la agricultura. La segunda, propugnada también en parte por la civilización occidental, argumenta de la siguiente forma: las ayudas técnicas y financieras para el desarrollo darán ya alimentos y prosperidad, y, por tanto, no es necesario ni conveniente control alguno de la n., puesto que, al lograr el desarrollo conducirán a iguales estadios de mutación social y de conducta familiar que en occidente, y provocarán espontáneamente las mismas actitudes favorables al control de la natalidad.La política demográfica de limitación de la n. ha logrado la puesta en práctica de varios programas gubernamentales. Antes de 1960 en el Japón (1.170.000 abortos controlados en 1965) y la India (en 1967 se ha propuesto la esterilización obligatoria para los matrimonios que tengan más de tres hijos vivos). Hacia el 1960 en Paquistán; en Corea del Sur y Formosa, en 1961; Túnez en 1964. En otros países, Hong-Kong, Ceylán, Indonesia, Malasia, Islas Fidji, Egipto, Nigeria, Ghana, Rhodesia del Sur, Puerto Rico, Jamaica, Venezuela, Chile, también hay empresas privadas o semioficiales, con clínicas de aborto y equipos de estirilización (Japón, India, por ejemplo).Los objetivos de esta política demográfica son rebajar la n. hasta lograr una tasa vegetativa (v. DEMOGRAFIA)lo más cercana al 2% anual para el año 1000 (lo que exigiría en la India, p. ej., esterilizar 2,5 millones de labradores por año). Se ha llegado incluso a preconizar la idea de crear un Tribunal internacional que entienda en el establecimiento de las tasas de crecimiento anual por naciones (que en algunos países superpoblados deberían ser nulas) y en la aplicación de sanciones individuales o nacionales. "Estas medidas, que podrían constituir el mayor atentado contra la libertad personal cometido en nuestra historia contemporánea, se piden en nombre de una verdadera solidaridad humana" (Ferrer Regales). Sin embargo, según las proyecciones de la población mundial, parece que a pesar de todas las medidas adoptadas no se alcanzará la meta propuesta por tal política (v. cuadro adjunto) y bastantes demógrafos se muestran escépticos ante los resultados de esa planificación, y preocupados, sobre todo, por sus repercusiones en el futuro desarrollo económico. De todas formas, algunos, como el antinatalista Goran Ohlin (1967), han señalado que alrededor del año 2050, en el caso de que la esperanza de vida no sobrepase un máximo de 70 ó 75 años, y la fertilidad se redujera a la que actualmente domina en las regiones avanzadas, resultaría un crecimiento de la tasa mundial del 1%, y que, incluso, podría llegarse a la estabilización del crecimiento.Por otra parte la limitación de la n. tropieza con muchas resistencias de orden moral, religioso, político, psicológico, y no sólo entre los católicos, sino también por la prohibición de limitación de la n. en el hinduismo, mahometismo y budismo; por el despertar del nacionalismo en países subdesarrollados; y por razones culturales y sociológicas, principalmente por el profundo arraigo de la paternidad en las sociedades más tradicionales.A continuación se exponen los datos de las perspectivas de las tasas vitales (en tanto por mil), tomadas de las estadísticas de la ONU (cfr. Taeuber, Congreso Mundial de la Población, Belgrado 1965 vol. 1, Nueva York 1967, 225).B. ANÁLISIS SISTEMÁTICO.La cuestión demográfica ha sufrido muy diversos enfoques, que a lo largo de la historia han condicionado su análisis. Los pueblos antiguos, semitas y arios, subrayaron el punto de vista religioso; la antigüedad clásica, la perspectiva política; la Edad Media, el juicio acerca de la valoración ética de la conducta; el mercantilismo, de nuevo lo político; a partir de finales del s. XVIII, la dimensión económica; en la reciente década de los años veinte, el aspecto sociológico; y en la década de los años setenta, el punto de vista del desarrollo y bienestar. "Cada grupo de investigadores ha contribuido, por su parte -comenta Gonnard-, a lanzar alguna luz sobre uno de los temas más importantes que el hombre puede considerar. Es útil conocer sus esfuerzos seculares, tanto para evitar sus errores, como para retener esa alma de verdad que casi siempre puede obtenerse de una doctrina humana". De todas formas, y antes de pasar al estudio sistemático de alguna de las doctrinas demográficas, convendrá recordar, siempre según Gonnard, que "la ley de la población es una ley, no sólo fisiológica, psicológica o económica, sino también sociológica; que tal ley se expresa por medio de fórmulas que pueden variar según el medio social; y que depende hoy, ante todo, de ese factor que llamamos civilización".1. Los clásicos. El primer autor que le da forma, de modo sistemático, al modelo demográfico es Thomas R. Malthus (v.), en su libro Ensayo sobre la población (1 ed. 1798; 2 ed. 1803; 5 ed., y definitiva con el añadido del libro V, 1817). Con pocas variantes, y aunque partiendo de enfoques teóricos distintos, este modelo será sustancialmente aceptado por otros economistas clásicos, D. Ricardo y K. Marx, p. ej., y posteriormente por J. S. Mili.a) Doctrina de Malthus. Resumiendo, el planteamiento malthusiano es el siguiente: el aumento de los salarios provoca un crecimiento de la población; tal incremento demográfico exigirá, a su vez, el crecimiento de los fondos para salarios y dificultará la posterior acumulación de capital en manos de los empresarios, por lo que harán su aparición la miseria y el vicio, puesto que -a su juicio- la acumulación de capital es la fuente única y genuina de inversión; la miseria y el vicio limitarán, en el futuro, el crecimiento demográfico, y el proceso habrá cerrado su ciclo. Sin embargo, la situación resultante será peor que la primitiva, y las consecuencias morales, desastrosas. De todas formas, señala Malthus, cabe la posibilidad de restringir deliberadamente el crecimiento demográfico fomentando el celibato voluntario y el retraso de los matrimonios, lo que es viable si se mantiene a los obreros a nivel de salario mínimo de subsistencia ("moral restraint").El modelo malthusiano debe completarse con algunos presupuestos enunciados por Malthus: en primer lugar, que la alimentación es necesaria para la vida del hombre; y además, que las pasiones entre los sexos son necesarias y permanecerán siempre como en el estado presente. También, que la población está fatalmente limitada por los medios de subsistencia, y que crece donde crecen los medios de subsistencia hasta que aparecen las restricciones exógenas al sistema, más arriba apuntadas. Sobre esta base, Malthus enunció su famosa hipótesis de trabajo: donde no actúen las restricciones indicadas, la población tenderá a crecer en proporción geométrica, en tanto que los medios de subsistencia sólo lo harán en proporción aritmética, hasta que se alcance el nuevo punto de equilibrio, en condiciones de pobreza mayor que al comienzo del proceso.b) Discusión. La crítica al modelo demográfico malthusiano -siempre que se acepte la congruencia de su desarrollo lógico- debe plantearse a tres niveles:1°) Su famosa ley del crecimiento geométrico de la población ha sido desechada por bastantes economistas modernos (Pareto, Gini, Bouthoul, p. ej., y los seguidores de sus teorías). Tales autores sostienen que existe un movimiento cíclico en el crecimiento demográfico, y que Malthus se habría fijado sólo en las tendencias lineales, olvidando las cíclicas. Otros investigadores se han adherido -al criticar a Malthus- a la conocida ley de Verhulst (publicada en 1844), ley que ha demostrado ser, en muchos casos, más exacta y próxima a la realidad quela función malthusiana. En efecto, el pensamiento de Malthus se suele expresar según las siguientes formulaciones:P(t) = P(0)eEt(I ) P(t)=P(0) - 21-~(II)De las dos, la (II) se ajusta mejor a su doctrina genuina. P es la función de la población; t, la variable independiente tiempo; E, la tasa de crecimiento neto de la población, es decir, la diferencia entre n. y mortalidad.Verhulst introdujo en la función exponencial el coeficiente h, que es la cuantificación de los obstáculos al aumento libre del número de habitantes:P(t) =P(p)eE1- - Pz(0)e2Et(III) El máximo de (III) será, después de operar:EP(t) =hlo que demuestra que el máximo de la función de la población es asintótico a una paralela a las abcisas de ordenada E/h. _Cuando no haya obstáculos (h=0), obtendremos la ecuación de Malthus. Pero de hecho los obstáculos existen, y son de orden muy diverso. Los demógrafos modernos han podido establecer nada menos que veintidós clases de obstáculos diferentes, unos voluntarios y otros de origen independiente a la voluntad individual (entre estos últimos, el régimen alimenticio, el régimen de vida familiar, la sobrealimentación, los matrimonios tardíos por causas sociológicas, la trasformación del medio ambiental, etc.).2°) La ley del crecimiento de las subsistencias ha merecido menor atención por parte de los demógrafos y economistas, que, todo lo contrario, más bien temen la crisis del lado de la demanda que por parte de la oferta. Además, se ha comprobado que la oferta de bienes alimenticios no es tan rígida como supuso Malthus, y que no se trabaja necesariamente en tal sector a rendimientos marginales decrecientes (así, Pareto, Naumann, lannaccone, Schumpeter, Messner, Sigmond, Fossati, etc.). Así, p. ej., como ha señalado Colin Clark, en la década de los setenta, cuando la población mundial crece a un ritmo cercano al 2%, una parte de la población se alimenta ya más de lo necesario. Si tenemos en cuenta que quienes pueden aspirar a una alimentación mejor sólo están dispuestos a destinar a alimentos una parte limitada de su poder adquisitivo, comprenderemos que el actual incremento del 2,5% anual de la producción alimenticias es suficiente. Cuando la tasa llega al 3% aparece inevitablemente el riesgo de excedentes de producción invendibles.3°) El análisis del consumo, tal como nos lo presenta Malthus, aunque se encuentre en la base de todo su modelo demográfico, contiene en sí algunos elementos aprovechables, como Keynes se encargó de demostrar en 1936. Malthus había descubierto la importancia primordial del consumo en el proceso económico, pero atribuyó gratuitamente toda la importancia impulsora de la economía nacional al consumo de los capitalistas, pues supuso que los obreros, de consumir más, todo lo dedicarían a bienes de primera necesidad (principalmente alimentos), cuya oferta se consideraba entonces rígida. Después de su fracaso en polémica con Ricardo y el triunfo definitivo de la ley de Say, no se volvió a hablar más, en estos términos, del consumo, hasta que Keynes redescubrió la función de consumo y la proporción llamada multiplicador de la inversión.En síntesis, para Keynes la eficacia de la inversión ( Alen la producción de nueva renta depende -entre otras variables- del nivel de consumo(AY)que, como resulta obvio, varía en buena medida según el volumen total de población, su calidad y su estructura (Y es la renta; I, la inversión; C el consumo, variables, relacionadas mutuamente en la expresión analítica Y= =I+C). Sin pretender una exposición completa del modelo keynesiano, podríamos concluir: a mayor población, mayor "demanda efectiva" potencial; a mayor demanda efectiva, -mayor mano de obra ocupada; cuanto mayor sea el nivel de empleo, mayor bienestar individual y social. Tal tesis se basa en varias afirmaciones de J. M. Keynes (cfr. Teoría General, 11,7), y había sido intuida -paradójicamente- por Malthus (cfr. Primer Ensayo, de la población, c. 5); y su validez teórica implica una revisión a fondo del concepto del dinero y su papel en el circuito económico, nueva doctrina apuntada también por Keynes en 1936.2. Los optimalistas. Otros economistas y demógrafos, procedentes del área del marginalismo, plantearon la cuestión en términos de óptimo de población según unos recursos dados (Pareto, Car Saunders, Kerr, Pratt Fairchild, Wolfe, Robbins, Landry, Sauvy, etc.). Estos autores propugnaban que la población se mantuviera al nivel más adecuado según los recursos disponibles, llegando incluso a proponer una población estacionaria cuando el desarrollo económico fuera mínimo.Crítica. Tal actitud resultaría a largo plazo muy peligrosa, porque implicaría un falso equilibrio y no un equilibrio real, como observó Sauvy, uno de sus defensores. "En el orden natural no pueden existir poblaciones estacionarias, en las cuales la natalidad equivalga a la mortalidad. Las poblaciones fijadas estarían sujetas al riesgo más o menos lejano de su extinción" (Livi), vía enjecimiento de la estructura demográfica, que acabaría por deteriorar la tasa neta de reproducción y no garantizaría la renovación de las generaciones (así, Gonnard, Gini, Ferenczi, etc.).3. Los econometras. Algunos economistas, como tan Tinbergen y otros, han predicado el control demográfico como medio para favorecer la acumulación de capital en las áreas deprimidas, y así poder superar la trampa del equilibrio a bajo nivel. Según tales autores, para romper el círculo vicioso de la pobreza se precisa un "esfuerzo crítico mínimo", un salto vigoroso para el que se necesita una fuerte inversión. Si los empujones al sistema son débiles, se retrocede siempre al punto de partida.Crítica. Myint ha observado que los supuestos de tal modelo no son reales. En efecto: la población tiene un límite físico máximo de crecimiento, alrededor del 3% anual; luego es posible que la renta per capita lo supere. Por otra parte, cuando la renta per capita sobrepase cierto nivel mínimo en que el ahorro es nulo, una proporción creciente de la renta total será ahorrada e invertida. Por último, está todavía por demostrar que los procesosson reversibles, y que sólo se puede romper el círculo vicioso en un gran salto, y no en pequeñas etapas. De todas formas, como sugiere Myrdal, en muchos casos será preciso apelar a la solidaridad internacional, a fin de recabar fondos para la inversión.4. Los estructuralistas. Lord Boyd-Orr, Director General de la FAO en 1950, señaló que dos tercios de la humanidad sufrían hambre. Tal afirmación, que se basaba -según Colin Clark- en la confusión de dos columnas de una tabla estadística elaborada por la FAO, no fue posteriormente desmentida, e hizo gran fortuna en la opinión pública mundial. Sin embargo, en 1957 la FAO precisó que sólo la mitad de los seres humanos estaban malnutridos, y añadió que 2.300 calorías diarias eran el mínimo necesario para todo el mundo. Según este dato, un tercio de la población japonesa moriría de hambre, por lo que la FAO declaró, en 1969, aunque sin poder probarlo, que la mitad de la población de los países en desarrollo (no la mitad de la humanidad) estaba subalimentada y sólo un 10-15% padecía hambre.Crítica. Según Colin Clark se ha exagerado notablemente la extensión de las zonas de hambre en el mundo de hoy. El motivo de tales errores se debe, por una parte, al baremo que se ha tomado como medida: la alimentación del mundo occidental, que está más bien en peligro de sobrealimentación; y, además, a que no se han tenido en cuenta las condiciones climatológicas, el metabolismo constitucional, la clase de trabajo efectuado, etc. Así para los pueblos de baja estatura que -viven en climas cálidos y no se dedican a pesadas labores agrícolas, el mínimo de calorías oscila en torno a 1.600 diarias (en ningún país asiático se necesitan más de 2.000). Así, p. ej., sólo una cuarta parte de la población india se encuentra por debajo de este mínimo. Por otra parte, tampoco -como afirmaba Ehrlich en 1971 (rectificó en 1972)- hay problemas por falta de proteínas de origen animal, que sólo son necesarias, fisiológicamente, en pequeñísima cantidad, y esto por la vitamina Bit que contienen.Clark asegura que una agricultura desarrollada -según la clasificación que hace de las tierras agrícolas de acuerdo con el clima- podría producir los alimentos necesarios para una población de 47.000 millones de habitantes, según la dieta alimenticia norteamericana; o de 157.000 millones, según la dieta japonesa.El estructuralista anglosajón puntualiza, además, que el crecimiento demográfico es la única fuerza capaz de trasformar las sociedades primitivas en comunidades modernas; y, al poner en crisis el sistema productivo tradicional y anticuado, le comunica el estímulo necesario para el cambio.5. Visión de conjunto. Las estadísticas de la ONU estiman una población mundial, en el año 2000, de 6.130 millones de habitantes (cfr. World Population Prospects as Assessed in 1963, "Population Studies" 41, Nueva York 1966), que prácticamente doblaría la de 1970. Ante tales datos, y algunos otros facilitados por la FAO, los especialistas han adoptado dos tácticas distintas. Quienes se han declarado antinatalistas propugnan decididamente el control de la población, como único medio capaz de combatir un hipotético hambre futuro y permitir el desarrollo económico. Otros, de tendencia populacionista, sostienen que no existe tal peligro, ni desde el punto de vista de la alimentación ni del crecimiento económico, y, en verdad, sus razones críticas contra los antinatalistas son muy fuertes y no han podido ser rebatidas seriamente, en diálogo abierto.Cabe, no obstante, otra posición mucho más audaz y revolucionaria que la defensiva y válida de los populacionistas, con planteamientos teóricos -hasta ahorasólidamente fundados. Según tal doctrina, el crecimiento demográfico, lejos de constituir una preocupación para los políticos y economistas, representaría un bien deseable. Abandonada la población a su espontaneidad -según la cual tiende a crecer cuanto le permitan los obstáculos que siempre se presentan a su aumento-, el desarrollo demográfico constituye el activo más valioso del patrimonio de un Estado, pues es presupuesto de cualquier política a largo plazo de progreso económico, vía demanda efectiva. Las cuestiones a resolver, en tales situaciones, no son más delicadas que en el caso de estabilidad demográfica: p. ej., evitar los "cuellos de botella" para una distribución más racional de la producción; buscar y canalizar las fuentes de inversión, lo que implica y presupone una profunda solidaridad internacional; promover una eficaz política educativa, con vistas a superar arcaicos "tabúes", y provocar la fácil capilarídad social y el trasvase entre sectores productivos; trabajar para alcanzar una urbanización más humana, que evite las megápolis, etc.Tal actitud implicaría, en el fondo, un cambio radical de las relaciones internacionales, tanto desde su perspectiva política como monetaria. Es un error la política conservadora propugnada por el Presidente Johnson, en junio de 1965: "procedan teniendo en cuenta -exhortaba a los delegados de la ONU- que cinco dólares invertidos en la tarea de limitar la población valen tanto como cien dólares destinados al progreso económico". Aparte la exageración de los datos, la inversión en desarrollo multiplica el crecimiento económico tanto más cuanto mayor es la población que puede consumir. La inversión en control de n. disminuye o mantiene el consumo futuro, amén de no garantizar la renovación de generaciones (no se olvide el enorme peso que representan para un país artificialmente envejecido las cargas de las clases pasivas).Tampoco es exacto que una mayor densidad de población lleve siempre aparejada una tendencia a una pobreza mayor. Hay tres momentos críticos de densidad -como ha establecido Wagemann-: 10 hombres/Km’, 45 h/Km2 y 130 h/Km2, que siempre "han sido presagio de grandes acontecimientos".Por último, las reales dificultades que actualmente se presentan a muchos países para recabar fondos para inversión proceden más bien de una defectuosa concepción del significado y valor del dinero, que es preciso revisar cuanto antes, liberándolo académicamente de los estrechos moldes del ahorro físico previo y de la reserva material. Esto no implica, necesariamente, una inflación galopante, si se adoptan las adecuadas cautelas.V. t.: DEMOGRAFÍA;DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIOPOLÍTICO I; ECONOMÍA I y 11; FAMILIA I; FERTILIDAD I; HAMBRE I; POBLACIóN.ROMÁN PERPIÑÁ Y GRAU , JOSÉ IGNACIO SARANYANA.
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