Nasser, Gamal Abdel (yamál `abd Al-násir)
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Biografía GER
Político y militar egipcio. Nacido en el seno de una familia modesta el 15 en. 1918, en Beni Mor (Asiut), dio pruebas desde muy joven de un ardiente patriotismo,que le llevó a participar en varias manifestaciones antibritánicas, en el trascurso de una de las cuales fue herido al terminar el bachillerato.De soldado a político. Alférez destacado de la promoción ingresada en la Escuela Militar de Abbasieh en 1937, el control absoluto detentado por Inglaterra sobre los destinos de la monarquía egipcia durante la II Guerra mundial acrecentó su anglofobia, al mismo tiempo que su repudio de la realeza y de las clases dirigentes de su país, consideradas por él como las principales causantes del colonialismo británico. Profesor de la Acad. Militar de El Cairo a partir de 1943, el prestigio ganado entre sus compañeros de armas le condujo a ocupar un lugar sobresaliente. en los Comités revolucionarios de los oficiales libres, creados al finalizar la segunda contienda mundial y cuyos objetivos primordiales apuntaban a la liberación e independencia egipcias. Al comenzar el primer conflicto palestino (1948), N. marchó voluntario, participando en sus principales acciones con un denuedo que le valió el sobrenombre de "El tigre de Faluja" y le convirtió en ídolo de extensos sectores castrenses y juveniles.El resultado de la conflagración palestina ahondó sus convicciones antimonárquicas, cifrando en el derrocamiento del rey Faruk el de la obra regeneradora que haría de su patria una nación autónoma e igualitaria. Elegido en 1949 jefe del Comité ejecutivo de los oficiales libres, los acontecimientos desencadenados en Egipto en 1952 le indujeron a adelantar el golpe de Estado previsto para algunos años más tarde. Cerebro, organizador y ejecutor de los actos más decisivos que desembocaron en el triunfo de la Revolución en julio de 1952, N. se situó en segundo plano para dejar la presidencia de la República, instaurada en 1953, a su antiguo jefe el general Naguib, muy popular entre las masas. No obstante, desde la sombra, N. dominaba todas las palancas del poder, como lo evidenció la puesta en marcha bajo su iniciativa de la reforma agraria, que desarticuló las viejas estructuras oligárquicas. De ideas contrapuestas con relación a las medidas que habían de adoptarse para la consolidación de la Revolución, el antagonismo entre N. y Naguib se agudizó en 1954, a raíz sobre todo del- atentado sufrido por el primero en Alejandría. Mientras Naguib se contentaba con la supresión de ciertos privilegios (él mismo renunció al título de bey) y era partidario de una reforma que acabase con la corrupción administrativa y los abusos de la oligarquía dominante, N. pretendía una revolución social basada en un socialismo de Estado, con una reforma agraria a fondo y una industrialización del país sobre bases autónomas. La actitud de N. era más abiertamente hostil a Occidente y a Gran Bretaña en particular. Con el apoyo de los elementos más activos y radicales de la oficialidad, N. presionó a Naguib (noviembre de dicho año) para que dimitiera de la presidencia de la República, que fue ocupada por el Rais (jefe), apelativo recibido por N. en la propaganda oficial en 1956, tras la celebración de un referéndum (13 julio).La crisis del canal de Suez. Dueño absoluto del poder después del forzado apartamiento de Naguib de la vida pública, N. encaminó la mayor parte de sus esfuerzos a dotar a su patria de una industria básica y a implantar una auténtica revolución agraria, cuyo requisito indispensable era el aumento de la superficie cultivable. Con tal fin se proyectó una ingente tarea que, sin duda, escapaba a las posibilidades reales de Egipto: la construcción de la gigantesca presa de Asuán. Consciente de la imposibilidad de acometerla con los solos recursos nacionales, N. solicitó su financiación por parte de Norteamérica, que rechazó la petición. La respuesta del Rais fue, violando los acuerdos internacionales firmados por su país en el pasado, la nacionalización del canal de Suez, arteria vital para la economía de los más poderosos Estados europeos, cuyos derechos de tránsito sirvieron en adelante para sufragar la grandiosa presa de Asuán. La contrarréplica de las principales potencias europeas afectadas por la medida de N. fue a su vez rotunda y fulminante. Tras inducir a Israel a abrir un primer frente bélico, la guerra del Desierto, los Gabinetes francés e inglés ordenaron a sus tropas aerotransportadas la ocupación de las principales posiciones estratégicas egipcias (29 oct.-6 nov. 1956). La decisión franco-británica no fue compartida, empero, por los Estados Unidos ni por la casi totalidad de las cancillerías del "mundo libre", por lo que el cese de hostilidades decretado por el Consejo de Seguridad de la ONU ante las demandas soviéticas y estadounidenses debió aceptarse por los Gobiernos de Eden y Guy Mollet.Pese a que la acción punitiva de Londres y París y la espectacular y arrolladora ofensiva israelí por el desierto de Sinaí habían revelado con cegadora claridad la debilidad militar del régimen nasseriano, éste se convirtió a partir de tal momento en adalid de la causa del anticolonialismo y del panarabismo (v.). Las ideas de un socialismo nacionalista expuestas por el Rais en su breve obra Filosofía de la Revolución egipcia (1954) cobraron desde la crisis del Canal un gran ardor proselitista en los cuadros castrenses y universitarios de numerosos países del Medio Oriente y de África, cuarteando los cimientos de las monarquías que imperaban en la mayor parte de ellos. Así, en los años siguientes no se registró en dichas naciones ningún golpe de fuerza, fracasado o triunfante, que no tuviera como principios informadores los del socialismo nasseriano. La estabilidad y potencialización egipcias, ostensibles desde que Rusia se comprometió a financiar la presa de Asuán y a la modernización de las obras del Canal, jugaron un importante papel en la imantación de los países del mundo árabe ante el ejemplo ofrecido por el Gobierno de N., quien, en su afán por estimular el desarrollo de su patria, la brindó como tierra de promisión para un elevado número de técnicos y científicos germanos, exiliados de la República Federal Alemana por su colaboración con el sistema hitleriano.La irradiación de las ideas panarabistas preconizadas sin descanso por N. pareció cristalizar en una realidad preñada de grandes esperanzas cuando en febrero de 1958 Siria y Egipto se fusionaron en una misma comunidad nacional. Sin embargo, pasados los primeros momentos, pronto se vio que el peso de las realidades geográficas y socio-económicas opondría un irremontable obstáculo a la identificación total de ambos países. Sin fronteras comunes, N. asistiría impotente a la contrarrevolución que en octubre de 1961 desanudó en Siria los estrechos lazos que le vinculaban con Egipto, sin que por ello el Rais renunciase a la denominación para su país de República Árabe Unida (RAU) bajo la cual se englobó el Estado nacido de la fusión de 1958.Nasser, dirigente del mundo árabe. Pese a este fracaso, el prestigio y la aureola del Rais no disminuyeron, convirtiéndose El Cairo, en loss de la década de los a. 60, en el centro neurálgico del mundo árabe, no obstante el contrapeso ejercido a su política por otros dirigentes musulmanes como IIasan II y Burguiba. La reanudación de la guerra santa contra Israel demostraría el papel cumbre protagonizado por N. dentro de los sectores más belicosos y radicales de la comunidad musulmana. Tras imprimir a sus relaciones con la monarquía hachemita un espectacular giro, N. recabó la ayuda de Hussein para emprender una ofensiva mancomunada contra los intereses estratégicos y económicos israelíes, en una escalada diplomática, que podía desembocar eventualmente en un conflicto generalizado. Después de una serie de acciones consideradas por los israelíes como premonitorios de una "cruzada" árabe contra su patria -bloqueo del golfo de Akaba, petición de N. para que los 3.400 soldados de la ONU abandonasen la faja de Gaza y el Sinaí, etc-, los judíos se lanzaron a una campaña preventiva, que recibiría el nombre de guerra de los Seis Días (junio 1967), y en la que, una vez inutilizado el Canal para la navegación, bombardeados los aeropuertos y bases de radar de Jordania, Siria, Egipto e Iraq, y ocupado el desierto del Sinaí, Israel aceptó el alto el fuego impuesto por la ONU.El impacto causado por la derrota en la conciencia nacional egipcia fue muy profundo. N., que abrumado por su peso y con el fin de galvanizar la resistencia de su pueblo habíase mostrado dispuesto a abandonar el poder, debió enfrentarse en los meses siguientes a una honda crisis política que afectó a todas las instituciones del régimen, proyectada con especial fuerza en el Ejército, en cuyas filas se dibujó momentáneamente un vivo sentimiento antinasseriano. Con las reservas de su popularidad, sus dotes dialécticas y tribunicias y, sobre todo, con el apoyo ruso, N. logró superar las secuelas de mayor magnitud provocadas en las estructuras de su sistema por el fracaso ante Israel. De nuevo la ayuda rusa se mostró decisiva para su mantenimiento como presidente de la República. Las cuantiosas inversiones llevadas a cabo por la Unión Soviética en territorio egipcio impulsaron a sus dirigentes a reforzar al Ra ís económica y militarmente, mediante el incremento en Egipto de sus delegaciones de técnicos civiles y militares, y el aumento de las prestaciones de armamento: aviones a reacción, cohetes atómicos, etc. La prepotencia rusa no se ha traducido, sin embargo, en un abandono de su postura neutralista ni en una satelización ideológica del régimen nasseriano, que ha recrudecido, si cabe, la persecución contra los núcleos comunistas existentes en el país. En su afán por limitar el influjo soviético, N. colocó igualmente en los puestos claves de la Administración a decididos anticomunistas.Al mismo tiempo que reforzaba su poder personal, afianzando la dictadura que de hecho había ejercido desde su ascenso al poder, N. planeó una inteligente aunque un tanto quimérica política exterior, sobre la base de un triple esquema: a) el movimiento panarabista (v. PANARABISMO), del que la RAU sería cabeza rectora y hasta núcleo de futuras integraciones supranacionales; b) la mancomunización de esfuerzos con el mundo africano en general, incluida el África negra, tratando de erigirse en líder de la OUA (v.), táctica que sólo en parte respondió a sus intentos; y c) haciendo causa común con el movimiento de países neutralistas o "no alineados" -de Yugoslavia a Indonesia- patentizado a partir de la conferencia de Bandung (1955), actitud que, aunque no llegó a cristalizar en un movimiento concreto, le valió uno de los puestos relevantes en el llamado Tercer Mundo (v.), y un papel en el ámbito internacional -merced a los votos de los países neutralistas en la ONU muy superior al que le hubiera correspondido por su fuerza física.Las directrices de la política nasseriana tras la guerra de los Seis Días. Restañadas las principales heridas delconflicto de la primavera de 1967, la política interna de N. se centró primordialmente en coronar la primera fase de la industrialización (puesta en funcionamiento de la presa de Asuán, establecimiento de un considerable complejo siderúrgico), que ha permitido la elevación del nivel de vida y ha colocado al alcance del pueblo egipcio los bienes de consumo esenciales, en tanto que para mantener los avances conseguidos en dicho terreno el poder ha favorecido el control de natalidad. Sin embargo, la carrera de armamentos en que Egipto se halla inmerso, por las exigencias derivadas de los intentos de reconquistar los territorios perdidos ante Israel en 1967, drena hacia los gastos militares la mayor parte del presupuesto estatal y de las inversiones rusas, con el consiguiente freno de los índices del desarrollo económico y educativo, este último de niveles muy bajos.En el plano internacional, las miras de n. se han modificado ligeramente, buscando estrechar la conciencia de solidaridad entre las naciones árabes sin acepción de regímenes, haciendo del desquite contra Israel y de la recuperación de las regiones anexionadas por los judíos una empresa común. Merced en gran medida a sus instancias, el líder de los guerrilleros palestinos, al-Fatah, ha sido considerado en la conferencia cumbre de Rabat, celebrada a fines de 1969, como cabeza de un poderoso movimiento de rango semiestatal (v. PALESTINA IV). Mientras que estrechaba sus relaciones con Jordania, N., aleccionado por la experiencia siria, demoraba en loss de 1970 los planes fusionistas de los dirigentes libios y sudaneses, grandes admiradores de su sistema, aunque sin descartar la posibilidad de una futura unión paraestatal entre ambos pueblos y Egipto (v. EGIPTO VI). Al mismo tiempo, se mostró más conciliador que en el periodo posterior a la guerra de los Seis Días respecto a una hipotética convivencia con Israel sobre la base indispensable de la devolución por su Gobierno de todos los territorios conquistados en 1967, incluida la propia Jerusalén. M. en El Cairo el 28 oct. 1970.I. M. CUENCA TORIBIO.
BIBL.: A. ABDEL-MALEK, Egipto, sociedad militar. (Sociedad y Ejército. 1952-1957), Madrid 1967 (excelente panorama de conjunto); M. CHRETIEN, Historia del Egipto moderno, Barcelona 1958; G. VAUCHER, Gamal Abdel Nasser et son équire, París 1960; H. GRIMAL, La décolonisation (1919-63), París 1965; 1. F. AGUIRRE, Las guerras de la posguerra, Barcelona 1965; A. EDEN, Memorias, 1944-56, Barcelona 1963 (puntos de vista sugerentes, pero parciales en ocasiones).
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