Nacionalidad I. Principio de las Nacionalidades. POLÍTICA
Categoria:
Política
Derecho de cada nación a su autodeterminación e independencia; y a constituirse en Estado nacional, sea por la agregación de varios Estados en una sola nación, sea por la disgregación de un Estado en varias nacionalidades. Actualmente el Estado nacional es el ente político soberano y único sujeto del Derecho internacional.Desde los más remotos tiempos, los hombres se han sentido vinculados con las comunidades a las que han pertenecido. Sin embargo, la naturaleza de este vínculo ha variado a lo largo de la Historia en función de las concepciones culturales y nivel de desarrollo de los pueblos. En la Edad Antigua existe un sentimiento de fidelidad cívico-religiosa a las tradiciones e instituciones de la comunidad (la Polis, el Imperio). Este sentimiento pasa a ser feudal en la Edad Media, basado en el juramento religioso de vasallaje. A finales del Medievo y comienzos de la Edad Moderna, entre los s. XII y XVI, tienen lugar en Europa ciertos cambios económicos y sociales que promueven una trasformación en -las estructuras políticas cuya significación más inmediata es el refuerzo del poder real y la sustitución del sentimiento de fidelidad personal feudal por la doble fidelidad al rey -identificado con el concepto de patria- y a la tierra. Más tarde, las luchas religiosas y el despótico obrar de los reyes convertirán el patriotismo real prenacionalista en un auténtico sentimiento patriótico popular, independiente de la fidelidad real y afirmado sobre unas características positivas concretas desarrolladas en la Edad Media. "La Europa Medieval suministra un gran número de crisoles bien definidos, como Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Polonia, Rusia y España, en los que se realiza un proceso de integración de diversos grupos étnicos, al final de los cuales se encuentra siempre un mismo fenómeno: una nueva nacionalidad" (B. Akzin). Este proceso de integración se inicia en Europa a partir del s. xvi y en los Estados americanos y afroasiáticos a partir de la descolonización; en él es fundamental la participación del Estado manifestada, según J. Busquets, a través de los siguientes fenómenos: a) la creación por las fronteras del Estado de un hecho diferencial hacia afuera que apareja un fenómeno de integración hacia dentro; b) el empleo del poder coactivo del Estado para unificar la población en lo cultural, con objeto de lograr una mayor uniformidad interior sobre la base de una única lengua nacional y, a veces, una sola religión oficial, lo que fuerza la aparición de un hecho sociológico común que sirve de base a una nueva conciencia nacional; c) las facilidades para la emigración dentro del Estado que, junto con la trashumancia de funcionarios, produce una mezcla cultural que favorece la formación de nuevas nacionalidades. La nación es, en este sentido, consecuencia de un proceso de fusión étnica y cultural realizada durante varios siglos por el Estado, que desarrolla una comunidad nacional claramente diferenciada de las limítrofes. En sentido inverso, se produce también un afán por hacer coincidir el Estado con la nación, claramente expresado en el "principio de autodeterminación de los pueblos" proclamado por el presidente norteamericano Wilson durante la1 Guerra mundial. Esta doble relación causal por la que las naciones hacen surgir Estados y los Estados forman naciones explica la identificación muy generalizada de ambos conceptos.Ahora bien, este "pueblo cultural, que en sí es políticamente amorfo, se convierte en nación cuando la conciencia de pertenecer al conjunto llega a trasformarse en una conexión de voluntad política" (H. Heller). Con el Antiguo Régimen, el concepto de nación frente al de Estado carece de importancia y, en su forma más evolucionada, que es la Ilustración (v.), el concepto unitario de la humanidad es predominante, si bien existe una conciencia de sus variedades. "Un pueblo sólo se convierte en nación cuando se da cuenta consciente de su propio valor político-cultural y afirma sensiblemente su existencia como una totalidad independiente concreta" (G. Leibholz). El principio de las n. brota de la Revolución francesa. En 1789, el "pueblo soberano" toma conciencia de sus derechos y se alza contra un sistema político, la monarquía (v.) absoluta; y frente a la necesidad de dar un significado a la existencia de una conciencia colectiva, por encima del sentimiento de fidelidad al rey, aparece el término conciencia nacional. La nación es una abstracción que, "como suma total del medio cultural, ofrecía un sustitutivo ventajoso a la persona del monarca" (K. Friedrich). La nación, según el abate de Sieyés, "existe ante todo y es el origen de todo, su voluntad es siempre legal porque es la ley misma, antes de ella no hay más que el derecho natural".Dos teorías, sin embargo, se disputan la concepción ideológica de la nación. Frente a la teoría idealista y racionalista de la Revolución francesa, basada en elementos subjetivos, en una conciencia o voluntad colectiva, se levanta la teoría irreflexiva y positivista de origen alemán que basa la n. en hechos concretos, tales como la lengua, la cultura, la raza o el territorio. Ahora bien, ¿puede constituirse una nación, una unidad dinámica, fundándose en elementos que preexisten en su naturaleza y en su historia? La unidad implica una energía unificadora y una capacidad presente de poseer y dominar el pasado. No basta el indicio de n., hace falta una fuerza peculiar e integradora, esto es, la conciencia de n. Esta verdad parece afirmarse también en Alemania con Fichte, precursor del pangermanismo (v.), en sus Discursos a la Nación alemana (1807). Con el romanticismo, comienza a desarrollarse un nacionalismo de intelectuales que une la independencia y la unión nacional al liberalismo político: Mazzini en Italia, Mickiervicz en Polonia, Petofi en Hungría, Palatski en Bohemia, Kollar en Eslovaquia. Es el romanticismo y, sobre todo, la doctrina internacionalista italiana, los que van a dejar establecidas las premisas esenciales del nuevo principio ordenador del mundo que, desde la Revolución francesa, estructura la comunidad internacional en Estados nacionales. Mazzini opondrá el Estado nacional, "creación de la naturaleza", al Estado artificialmente constituido y afirmará la exigencia de aquél como un "estado de cosas prescrito por la providencia". Sin embargo, la idea de n. seguirá sin ser ampliamente compartida por el pueblo: "la idea de nacionalidad no es más que eso, una idea que se fue convirtiendo en fuerza histórica; sólo desde 1870, terminado el proceso de nacionalización de los grandes países europeos, la nación es el gran supuesto de la vida política europea" (J. Marías). Pero es precisamente a partir de 1870 cuando el nacionalismo revolucionario y liberal cambia de signo y se convierte en conservador e intervencionista, fuertemente vinculado al imperialismo de la expansión colonial. Consecuencia de la práctica colonialista en que desemboca el nacionalismo, aparece en la actualidad un nuevo nacionalismo, el del Tercer Mundo, que, como el surgido en la Europa del s. XIX, sirve a los pueblos que hoy acceden a la independencia para acoplar sus estructuras político-jurídicas a las estructuras sociales.V. t.: 11, 2; NACIONALISMO.J. M. CASTILLO VALDÉS.
BIBL.: R. H. S. CROSSMAN, Biografía del Estado moderno, México 1941; F. ZNANIEcKi, Las sociedades de cultura nacional y sus relaciones, México 1944; G. LEIBOLHZ, Pueblo, nación y Estado en el siglo XX; H. HELLER, Teoría del Estado, México 1961; H. FINER, Teoría y práctica del gobierno moderno, Madrid 1964; B. AKZIN, Estado y nación, México 1968; J. BuSQUETS, Introducción a la Sociología de las nacionalidades, Madrid 1971.
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