Magdaleniense HIST.
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Historia
Es el último de los grandes periodos del Paleolítico (v.) europeo. Estratigráficamente se pospone al solutrense (v.) y antecede al aziliense (v.), considerado como prolongación de esta importante cultura posglaciar. El yacimiento epónimo es la gruta de la Madeleine (Dordoña), comenzada a explorar en 1863 por E. Lartet y Christy y en la que han intervenido entre otros, E. Riviére y D. Peyrony. El nombre de m. fue introducido en el cuadro del Paleolítico por G. de Mortillet (1821-98), conservando hasta nuestros días su emplazamiento después del solutrense. Frente a los periodos anteriores, se caracteriza por la rudeza de la industria l;tica, que tiende a disminuir sus dimensiones hasta convertirse en microlítica, y por la belleza y desarrollo del trabajo en hueso, asta y marfil, tanto para útiles como para armas y adornos. Es una civilización muy especializada en la que el arte (parietal y mueble) alcanza su apogeo y ocaso, ya que a partir de este periodo, coincidiendo con la retirada de los glaciares, desaparece el gran arte cuaternario y la pujante cultura del m., acusándose una regresión en las civilizaciones que lo sustituyen y que tienen sus raíces en este periodo.El origen de la cultura magdaleniense permanece oscuro. Hay un hecho cierto: un cambio radical respecto al solutrense, con una notable ruptura en el trabajo del sílex, y un incremento extraordinario de la industria ósea. El utillaje lítico tiene un carácter anónimo y, a pesar de que ciertas piezas recuerdan el retoque laminar del auriñaciense (v.), no se ha podido establecer una evolución clara que desemboque en la industria lítica del m. Características de las industrias lítica y ósea. Desaparecen las formas más típicas del solutrense y, en su lugar, surge una industria de láminas bastante grandes, hasta de 30 cm., no retocadas o con retoque laminar que recuerda el auriñaciense, lascas y laminillas retocadas o con dorso rebajado de factura más ligera que en los periodos precedentes, con una miniaturización progresiva que llega hasta 1 ó 2 cm., con finos retoques, denticuladas y verdaderos microlitos de aspecto insignificante, pero que juegan un importante papel en la especialización del utillaje. En el comienzo del m. encontramos las raclettes dadas a conocer por Peyrony y Capitan, y que no son sino lascas de pequeñas dimensiones (3 ó 4 cm.), obtenidas a partir de un núcleo prismático alargado, completadas con retoques abruptos. Raspadores, buriles, útiles compuestos (raspador-buril), perforadores, etc., abundan al igual que puntas con pedúnculo. Se emplean núcleos cortos e incluso globulares, o largos y prismáticos para las grandes piezas. Si las raclettes son una innovación del m. inferior, el superior introduce el buril llamado de "pico de loro", que es un buril lateral de borde convexo formando una especie de pico curvo.La industria ósea es la más exuberante y perfecta de todo el Paleolítico. Desarrolla los tipos anteriores e introduce novedades, como el arpón trabajado en asta de reno. Es un instrumento que se podía usar en la caza o en la pesca y en su base se anudaría un hilo confeccionado con tendones. El vástago es de sección circular, y su longitud oscila entre 4 y 18 cm., con una o dos filas de dientes, finos o alargados y alternos. La base, en su origen ligeramente abultada, tiende progresivamente a desarrollarse, al igual que los dientes. Su evolución es guía de las subdivisiones del m. superior. A veces, en el vástago y en las bardas o dientes, existen profundas ranuras que se supone estarían destinadas a contener veneno o a canalizar la sangre de las heridas inferidas al animal. El propulsor es otra innovación en la caza. Se trata de una varilla rectilínea que termina en un gancho curvo con una forma muy semejante a la de los "ganchillos" actuales. Con él se lograba alargar la longitud del brazo y dar mayor impulso a las flechas. Paralelos de este objeto se encuentran entre los primitivos actuales. Por lo general, estos instrumentos estaban bellamente decorados. Las azagayas siguen perviviendo aunque su tipología es diferente a las anteriores. Igualmente, encontramos puntas de hueso, finas agujas de coser, espátulas o alisadores e incluso anzuelos formados por pequeñas puntas aguzadas en ambos extremos. Por las excavaciones de Isturitz (R. de Saint Perier) conocemos las bellas varillas cilíndricas profusamente decoradas del m. medio de los Pirineos. Hallamos por primera vez "tridentes", útiles de 6 a 10 cm. que terminan en tres puntas. Otro objeto frecuente es el bastón perforado conocido con el nombre de "bastón de mando" y que se creía único durante el m., aunque las investigaciones han demostrado que se da ya en el auriñaciense. Está trabajado en asta de reno, que abarca el arranque de la cornamenta y parte de los candiles. Posee una perforación muy acusada o varias de ellas. Su profusa decoración, como en los propulsores, hace que se ponga en duda su utilitarismo. Su destino es dudoso; se ha pensado en insignias de mando, enderezadores de flechas, mangos, etc.Subdivisiones del magdaleniense. Todo este periodo cultural, con sus peculiaridades locales se divide, en general, en m. inferior o más antiguo, medio y superior o reciente. Su desarrollo fue sistematizado por el abate Breuil, desde 1912; marca sucesivas etapas según los materiales de la cueva de Placard para la fase antigua y del yacimiento de la Madeleine para la moderna; en 1927 se ha establecido la diferenciación de seis niveles. Esta subdivisión todavía sigue en vigencia a pesar de nuevos intentos de sistematización. Las azagayas son guía del m. I, II y III, y los arpones del m. IV, VyVI.Magdaleniense I. Industria ósea. Azagayas o dardos con bisel simple, redondas o aplanadas, ligeramente arqueadas y sin ranuras, llevan grabados en la base, para mayor sujeción del enmangue, espátulas, bastones perforados, finas agujas con ojo, etc. Industria lítica. Sobresalen las raclettes junto a raspadores, buriles sobre lacas, piezas con escotaduras o muescas, con escasez de piezas de dorso rebajado. El yacimiento más típico es el de Badegoule.Magdaleniense II. Industria ósea. Azagayas cortas de bisel doble; abundan las de hueso de ciervo (interestadio Würm III-1V), junto a piezas anteriores. Industria lítica. Numerosas laminillas de dorso rebajado, a veces denticuladas. Tendencia al microlitismo. Aparecen triángulos escalenos.Magdaleniense III. Industria ósea. Azagayas con acanaladuras y profundas incisiones; predominan las de bisel doble con tendencia a disminuir el tamaño. Existen propulsores, varillas cilíndricas, etc. Industria lítica. Triángulos escalenos junto a hojitas rebajadas, pequeños discos raspadores, raederas y buriles de distintos tipos.El m. III culmina a finales del interestadio Würm III-IV. Esta fase parece continuar la II pero con reminiscencias de la I, mientras que no existe una aparente continuidad entre la I y la II. A. Cheyner ha reagrupado el m. I y II bajo el nombre de protomagdaleniense para remarcar las diferencias con el m. medio y superior. Esta clasificación no se debe confundir con el protomagdaleniense de Peyrony, aplicado a la industria que aparece a partir del auriñaco-perigordiense en los yacimientos donde no existe el solutrense. Para evitar confusiones se ha propuesto el nombre de badagouliense para el m. 1, y de Saint Germain para el m. II francés.Magdaleniense IV. Industria ósea. Es el apogeo del arte mueble por la gran cantidad de objetos de hueso decorados. Como innovación aparece el arpón de una sola hilera de dientes, muy rudimentario, corto y sin adornos. Industria lítica. Perviven los útiles anteriores con numerosos microburiles, laminillas con tendencia geométrica, buriles trasversales, etc.Magdaleniense V. Industria ósea. Arpones con una sola hilera de dientes muy perfeccionados; azagayas de bisel simple o doble, tridentes, etc. Industria lítica. Puntas muy finas que recuerdan las gravetienses (v. AURIÑACIENsE), y aparición del buril de pico de loro.Magdaleniense VI. Industria ósea. Arpones de doble hilera de dientes, redondeados o angulosos; persisten los de una sola fila y piezas anteriores. Industria lítica. Los objetos más típicos son el buril de pico de loro, las puntas de dorso arqueado y las pedunculadas denominadas de Teyjat o de Font-Brunel. Desarrollo de los microlitos.Todas estas divisiones, basadas en un material tan imperecedero como el hueso, no son suficientemente satisfactorias, aparte de que, establecidas en yacimientos franceses, no pueden aplicarse rígidamente al m. europeo en general, y los equivalentes cronológicos del m. I al V son difíciles de situar en el resto de Europa. P. ej., en España el m. III cantábrico se corresponde con el m. V francés, al igual que el m. IV puede equipararse con el VI y, sin embargo, notamos una diferenciación en los arpones, pues los españoles se caracterizan por un orificio basal.Clima y fauna. El m. se desarrolla durante el interestadio y la plenitud del Würm IV, culminando con la retirada de los glaciares; por tanto, nos encontramos con un clima que se va enfriando hasta llegar al máximo, y con un recalentamiento sucesivo que anuncia los nuevos tipos. Flora y fauna, aunque con ciertas adaptaciones, se corresponden con las mutaciones climáticas. El reno, rangifer tarandus, es el animal por excelencia, apreciado por su carne, piel, huesos, tendones y cornamenta. Desaparece al final del periodo y se refugia en las regiones periárticas. Los animales propios de esta época están ampliamente representados en su arte.Cronología y extensión geográfica. En términos generales, lo podemos situar entre el 14000 y 9000 a. C. Fechas obtenidas por el radiocarbono 14 son: 12950 y 12500 a. C. para el m. III de La Colombiére (Ain), 12050 para el m. III-IV de Angles sur I’Anglin (Vienne), 9700 para el m. VI de la Vache (Ariége). Ocupa todo el Occidente, es decir, la Europa atlántica. Desde Francia irradia hasta el Sur de Inglaterra, Bélgica, Suiza, Alemania, etc., con industrias equivalentes en la Europa oriental. Destaca la restricción del m. inferior, y la difusión del superior. Con la desaparición de los hielos, las pujantes tribus se escinden siguiendo la emigración de los animales, principalmente del reno, y difunden su cultura, que se prolonga en una serie de culturas que lleva el "sello" m. hasta los tiempos mesolíticos (hamburgiense del Norte de Alemania, cresswelliense de Gran Bretaña, las llamadas culturas epimagdalenienses, etc.). En España encontramos el m. en la región vasco-cantábrica, en Cataluña y en Levante (Parpalló), e incluso en el Manzanares.Vida material y espiritual. El hombre m. es un verdadero sapiens con todos los caracteres originarios de las actuales razas (v. CRO-MAGNON, HOMBRE DE). Su vida se ve favorecida por el uso del arco, el propulsor y el arpón. Eminentemente cazador, aprovecha cuantos recursos se le ofrecen. Es la etapa más floreciente de todo el Paleolítico. El aumento demográfico se comprueba, especialmente, en los establecimientos del m. VI que ocupan mayor extensión que en tiempos precedentes. La causa radica en la especialización de los útiles de caza y pesca (abundancia de salmónidos). F. Bordes opina que debió de conocerse un medio de salazón o secado para conservar la carne o el pescado (se han hallado restos de construcciones que apoyan esta suposición). Vivió tanto en cuevas o abrigos naturales como al aire libre y es segura la existencia de tiendas o campamentos temporales en la época de caza. Las tiendas se confeccionaban con pieles levantadas sobre un suelo de guijarros. Se han encontrado, junto a las viviendas, restos de los talleres, y en Pincevent (Sena y Marne) se han localizado incluso los hogares. Unido al desarrollo material, la vida espiritual se enriquece. Los enterramientos siguen los tipos anteriores: inhumaciones, utilización de ocre y ofrendas mortuorias. La complejidad de su alma y su capacidad intelectual, y su preocupación por la fecundidad se demuestra en las manifestaciones artísticas, truncadas por las trasformaciones climatológicas.V. t.: ASTURCÁNTABRA, REGIÓN Il.M. R. LUCAS PELLICER.
BIBL.: Además de las obras generales citadas en la voz PALEOLÍTICO, L. CAPITAN y D. PEYRONY, La Madeleine, son gisement, son industrie, ses oeuvres d’art, París 1928; A. CHEYNER, Badegoule, station solutréenne et protomagdalénienne, "Archives de I’Institut de Paléontologie Humaine" 23, París 1949; R. SAINTPERIER, La grotte d’lsturitz, "Archives de 1’Institut de Paléontologie Humaine" 7,17,25 (1930, 1936, 1956); E. JUDE, La grotte de Rochereil, station magdalénienne, "Archives de I’Institut de Paléontologie Humaine" 30 (1960); L. PERICOT, La cueva del Parpalló (Gandía), Madrid 1942; J. GONZALEz ECHEGARAY, La cueva del luyo, Santander 1959; D. SONNEVILLE BORDES, Le Paléolithique supérieur en Périgord, Burdeos 1960.
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