Macedónica, Dinastía HIST.
Categoria:
Historia
En el s. IX, paralela a la delicada crisis religiosa provocada por el patriarca Focio (v.), en la que Oriente quería imponer a Occidente sus doctrinas, tanto en el mundo musulmán como cristiano, la expansión del Imperio bizantino alcanzó una gran etapa de esplendor en todos los órdenes con la instauración de la dinastía M., que rigió los destinos de Bizancio cerca de dos siglos (867-1057).El fundador de la dinastía, Basilio I el Macedonio (867-886), n. ca. 827 de familia humilde asentada en los alrededores de Andrinópolis. Se da como posible su origen armenio. De gran fortaleza física, causó admiración en la corte de Constantinopla, adonde había marchado en busca de fortuna. Estuvo al servicio de un estratega de Macedonia, y luego de Teofilitzes, primo de Miguel III. El emperador Miguel le confió uno de los cargos más importantes del palacio (parakimomeno), contra el parecer del César Bardas, tío del Emperador. Repudió a su esposa legítima para casarse con Eudoxia Ingerina, amante del Emperador, el cual, a instancias de ella, adoptó a Basilio como heredero suyo y le coronó Emperador (26 mayo 866). Dio muerte a Bardas (865) para que no se opusiera a este nombramiento de co-emperador; y asesinó a su protector, aprovechando que estaba ebrio (867).Con este asesinato, el ambicioso Basilio se encontró dueño absoluto del poder supremo de Bizancio (V. BIZANCIO I, 6). La nueva dinastía proporcionó al Imperio una época de apogeo político, económico y cultural. Durante los 19 años que ejerció el poder, Basilio cumplió con todas las tareas a él encomendadas. Vinculó la Iglesia búlgara al patriarcado de Constantinopla. Alcanzó prestigio en Italia, cuando obligó a la flota árabe a levantar el asedio de Ragusa, en la costa dálmata. En cambio, fracasó en Sicilia, y los musulmanes tomaron la isla de Malta; recuperó la Apulia y la Calabria y reconquistó, en el Mediterráneo oriental, la isla de Chipre, que permaneció en poder de Bizancio durante siete años (874-881). Focio, anatematizado desde el 5 feb. 867, fue mandado llamar por Basilio, quien le confió la educación de sus hijos (875), y le restableció en la sede patriarcal.Aunque el Emperador no era un hombre culto, su aportación en este orden tuvo un interés eminentemente práctico, centralizada en la legislación imperial. Esta obra legislativa la componen: Projeiros nomos (promulgado entre 870 y 879), manual práctico, basado fundamentalmente en la legislación justinianea, que estuvo en vigor hasta mediado el s. XV; y Epanagoge, introducción general a la gran recopilación jurídica en 60 libros de las Basílicas, terminadas por su hijo León VI. Fue promulgada en el último tercio del s. IX. Añadían a la ley una serie de normas sobre derechos y deberes del Emperador, del Patriarca, y funcionarios civiles y eclesiásticos. Según estas normas, el Emperador y el Patriarca se repartían el poder temporal y espiritual, mediante una colaboración estrecha, y en beneficio de sus súbditos. Ésta fue la doctrina de los dos poderes, que recogería Occidente. Su reinado significó la consolidación del Imperio, supo organizar las defensas de sus fronteras, concluyó el cisma de Focio y organizó la administración imperial. A su muerte, herido en un accidente de caza (886), le sucedieron sus hijos León y Alejandro, por haber muerto prematuramente el primogénito Constantino (879). Alejandro, dedicado a los placeres más que al gobierno, eliminó toda competencia al trono.Su hermano León VI (886-912), llamado el Filósofo, o el Sabio, sucedió a Basilio. Tuvo por consejero al armenio Stylianos Zautzés (m. 896), padre de su amante Zoe, luego su esposa, y le confirió el alto cargo de Basileopator, creado especialmente para él. Educado por Focio, era culto, buen jurista y conocedor de la cultura clásica. De aficiones religiosas, pronunciaba homilías en las fiestas solemnes, y se preocupaba más por la corte que por las campañas guerreras, abandonando la dirección del gobierno en manos de sus favoritos. El más famoso de éstos fue Samonas, eunuco árabe converso, quien durante 15 años (896-911) fue el dueño absoluto del Imperio. León fracasó en su política exterior, pero realizó una gran tarea interior al completar la fecunda obra legislativa de su padre. Sus Basílicas, 60 libros y seis volúmenes, forman la recopilación más amplia y mejor sistematizada de las leyes imperiales; escritas en griego, sustituyeron al Corpus de Justiniano, y fueron la base de toda la futura legislación bizantina. Las reformas internas prescritas en la legislación, completada con 113 leyes nuevas (Novellae), fueron extraordinarias. El Estado se confundía con el Emperador, elegido por Dios como jefe supremo del ejército, legislador único y soberano absoluto (autócrata). La teoría legitimista impuso el principio de sucesión hereditaria. La etiqueta cortesana se hizo más completa. Se unificó el sistema administrativo de los temas, creándose alguno nuevo (en Dalmacia). Los funcionarios militares y los 12 estrategas de los temas adquirieron más importancia, como también el eparca o prefecto de la ciudad de Constantinopla. La economía fue floreciente, con un abundante comercio de exportación (esclavos, encajes, tapices, etc.) y de importación (seda, algodón, etc.) a través de las antiguas vías romanas y las nuevas de los Balcanes y Asia Menor. Alejandría en Egipto y Antioquía en Siria fueron los dos grandes puertos del Mediterráneo oriental. En la primera mitad del s. X, prosiguió la feudalización del Imperio, y junto a los grandes latifundios aparecen la gran propiedad eclesiástica y monástica. A finales del s. IX, los búlgaros del zar Simeón (V. BULGARIA III) invadieron Macedonia y Tracia (894), y tomaron Tesalónica (904). Los árabes tomaron Taormina (902), última plaza en Sicilia del Imperio, que se mantuvo en el Sur italiano, venciendo a los musulmanes (915).Durante la minoría de su hijo Constantino VII (913-959), llamado Porf irogéneto, ocupó la regencia asociado al poder el almirante (drongario) Romano I Lecapeno (919-944), quien salvó la continuidad de la dinastía M. firmando tratados de paz con los búlgaros, húngaros y rusos. Constantino destacó, como su padre, en el campo cultural. Los asuntos políticos los encomendó a los estrategas. En De Tematibus, describe las circunscripciones del Imperio; el complicado ceremonial de corte lo da a conocer en el Libro de las ceremonias; un tratado sobre la diplomacia lo dirigió a su hijo y heredero Romano II (959-963). Nicéforo Focas, uno de los mejores generales del Imperio, recuperó de los piratas sarracenos la isla de Creta (961). Con Nicéforo Focas (963-969), procedente de una rica familia de Asia Menor, y el general de origen armenio Juan Tzimisces (969-976), se iniciaron las grandes conquistas del s. X: Cilicia y Chipre (965), parte de Siria con el puerto de Antioquía (969), campaña de Bulgaria y sumisión de los búlgaros (971), y nuevos avances por las antiguas Fenicia y Palestina. Época que culminó y quedó consolidada por la labor personal de Basilio II (976-1025) y de su hermano Constantino VIII (976-1028), hijos de Romano II que gobernaron asociados al trono hasta la muerte de Basilio II en 1025. El peso del gobierno recayó en el mayor, Basilio, más enérgico y austero, que decidió acabar con el peligro búlgaro, emprendiendo una larga lucha (976-1018). Venció decisivamente en Strumitza (1014), se apoderó de la capital Ochrida (1016), e hizo de Bulgaria una provincia imperial. Con la muerte de Basilio II, cuando preparaba una campaña contra Sicilia, finalizó esta brillante época de Bizancio. Tres años más tarde, al morir su hermano, se inició una etapa de predominio aristocrático y feudal, cuyo cronista oficial fue Miguel Pselo (v.), el cual reflejó el espíritu de la época en su Cronograf ía.La dinastía declinó rápidamente. La emperatriz Zoe (1028-50) se casó tres veces y encumbró a sus tres maridos. Junto con su hermana Teodora (m. 1056) vio derrumbarse la obra de los Emperadores macedonios. Se independizaron los servios, los normandos reconquistaron las posesiones del Sur italiano, los pechenegos devastaron Tracia, y los turcos selyucíes avanzaron hacia Asia Menor desde Irán. El patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario (v.), excomulgado por los legados pontificios (1054), consumó la separación de las Iglesias; ruptura que, entonces, sólo afectó a la jerarquía y no a los fieles. En el aspecto cultural, la dinastía M. recogió los frutos de la nueva escuela de Constantinopla organizada durante la dinastía Frigia.TORRES DELGADO.
BIBL.: S. RUNCIMAN, La civilización bizantina, Madrid 1942; L. BRÉHIER, Vie et mort de Byzance, París 1946; A. A. VASILIEV, Historia del Imperio bizantino, I, Barcelona 1946; J. M. LACARRA, Historia de la Edad Media, I, Barcelona 1960; CONSTANTINO VII POREIROGENETA, De administrando imperio. Commentary lor F. Dvornik, Londres 1962; N. H. BAYNEs, El Imperio bizantino, México 1966.
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