Ma'arri, Al
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Biografía GER
Aspectos biográficos. Literato árabe. Abú-1-`Alá’ alMa’arri n. en el a. 973 en la aldea de Ma`arra (Siria). A los cuatro años tuvo la viruela, a consecuencia de la cual quedó ciego. Estudió las primeras letras con su padre y, mayor ya, pasó a Alepo, Antioquía y Lataquié. En esta última ciudad parece ser que tuvo relación con un monje cristiano, experto en Teología y religión, quien sembró dudas en su espíritu acerca de la fe que profesaba, lo que le convertiría en un racionalista. Amplió luego estudios en Bagdad, ciudad que abandonó al conocer la muerte de su madre. De nuevo en Ma’arra permaneció en esta ciudad hasta el fin de sus días (1058). La noticia de su muerte impresionó al mundo intelectual de la época y más de 80 poetas acudieron a su tumba para entonar sus elegías.M. vivió casi toda su vida como un asceta. Conocemos con relativo detalle sus convicciones; Ibn abi `Imrán le decía que la prueba de que había reflexionado sobre la vida futura se encontraba en su régimen de vida: "te abstienes de carne, bebidas, leche y vestidos lujosos para no hacer de tu cuerpo una tumba de animales... Esta práctica supone la creencia de que el sufrimiento infligido a los animales será vengado y representa el máximo ascetismo...". Las características del régimen y de la vida que llevaba hacen pensar que tal vez hubiera tenido conocimiento bastante directo de las prácticas indias. Enemigo de todos los cultos, hablaba con escepticismo de todas las religiones: "Dicen que nuestro Dios es eterno. Respondo: ’Así lo afirma Él’./Añaden que es eterno y no ocupa lugar. Pregunto: ’Decid, ¿dónde está ?’/Responden: ’Ése es un misterio cuyo sentido no alcanza nuestra inteligencia’". Y, por otra parte, afirma: "Los hanif están extraviados; los cristianos, desviados; los judíos, equivocados; y los persas, perdidos./El mundo se compone de dos clases de hombres: religiosos sin inteligencia e inteligentes sin religión".Hombre de aspecto físico insignificante, tuvo una memoria prodigiosa hasta el punto de que aprendía todo lo que oía y no se le olvidaba nada. De carácter amargo y retraído a causa de su ceguera, nunca supo librarse de este complejo (cfr. lo que ha escrito sobre este tema Táhá Husayn, en Los días, p. 35 de la trad. castellana de E. García Gómez).Principales obras. Sigt al-zand (Las chispas del eslabón) es un dwán (col. de poesías) de más de 3.000 versos, compuestos en la adolescencia y la juventud. De estilo alambicado y difíciles de comprender, fueron objeto de numerosos comentarios entre los que destaca el de Ibn al-Sid de Badajoz. A veces, la forma poética pierde vigor ante el fondo del pensamiento: "El orgullo y el elogio son dos cosas incompatibles./Su semejanza es la misma que hay entre el joven y el viejo./Los muchos años de éste se aprovechan de los pocos de aquél./La noche, si es larga, reduce a bien poco al día". Reflejo de cómo soportaba la ceguera es el verso: "Si la gloria estuviera en el vestido/No contaría la espada sino la vaina y el tahalí". Entre las descripciones más célebres que figuran en esta obra están las que se agrupan bajo el nombre genérico de dariyyat (cotas de malla), que tratan del tema que indica su título, de pura raigambre preislámica; la belleza radica en las comparaciones que de las mismas hace con los más variados objetos (estanques, ojos de saltamontes, etc.), y en la exuberancia del léxico.Luzúm má ld yalzam (Cumplir lo que no es obligatorio) es el dwán más importante de este autor: son 11.000 versos oscuros y alambicados en que, además de la rima que exige la prosodia, se introducen otras rimas internas secundarias. Temáticamente ataca los vicios de la sociedad y hace una serie de consideraciones que le convierten en el más filósofo de los poetas árabes, hasta el punto de que algunos eruditos han creído que estaba afiliado a la secta fatimí y que el escepticismo que mostraba públicamente era pura hipocresía para escapar a las sospechas de la mayoría ortodoxa. Esta obra, que habitualmente se cita de forma abreviada como Luzúmiyycit (Obligaciones), nos presenta a la razón como único guía y profeta que conduce hacia la verdad; ésta conduce hacia el escepticismo, pues si bien admite la existencia de Dios: "Estoy seguro de que tengo un Creador Omnisciente y/no me encuentro en la turbamulta de quienes lo niegan", es sólo por comodidad y por lo que pudiera suceder en caso de equivocarse en esta apreciación: "El astrónomo y el médico dicen a la par: /’Los cuerpos no resucitarán’. Os replico: /’Si lo que decís es cierto, nada perderé; /pero si es verdad lo que yo afirmo, vosotros sí que perderéis’". Estas últimas palabras constituyen, pues, una de las primeras formulaciones del par¡ de Pascal (v.). En estos versos se ve que, según el autor, el hombre tiende, por naturaleza, hacia el mal.La mujer, por su parte, es el origen de todas las desgracias; la sociedad, pura corrupción que se encuentra manejada por la pasión, la ignorancia, el extravío y la hipocresía. La consecuencia que de todo ello se desprende es que para practicar la virtud no queda más remedio que aislarse y vivir al margen de la sociedad.Mucha importancia tiene en la obra de M. el género epistolar, recargado, aparatoso y rítmico, que hace sospechar que el escritor pensaba, al escribir, más en la lectura en voz alta, en la declamación ante un grupo de oyentes, que en la lectura callada y silenciosa del destinatario. En determinados casos sus cartas son extensos textos literarios en los cuales aborda los temas más complejos y delicados y en los que sólo el principio tiene alguna relación con el género epistolar. Entre estas obras la más importante es la Risúlat al-gufrán (Epístola del perdón), dirigida al escéptico Ibn al-Qárih como contestación a otra muy pesimista en la que éste le planteaba varios problemas referentes a literatura, filosofía, ascetismo, historia y religión. Esta obra, que puede considerarse como un precedente de la Divina Comedia, tiene en su concomitancias notables con la epístola titulada al-Tawábi` wa-l-zawábi` del andaluz Ibn Sluhayd (m. 1035). La relación que pudo existir entre ambos textos fue expuesta ya por H. Pérés, quien se inclinaba a creer que Ibn luhayd tendría noticia de los Diálogos de Luciano o del Cratilo o Fedón de Platón a través de sus conversaciones con mozárabes y judíos y que de aquí partiría para componer su obra de modo que las coincidencias con M. se deberían a haberse inspirado ambos en la misma fuente. Ahora bien, parece que Ibn luhayd se basó en la magúma Iblisiyya de al-Hamadáni (v.) para la composición de su obra, realizada entre 1025 y 1029, lo cual permite suponer, sin demasiado esfuerzo dada la velocidad con que se difundían los libros, que M. tuvo conocimiento de la obra de su coetáneo andaluz.La Epístola del perdón presenta dos partes netamente distintas. En la primera describe un viaje por el paraíso a lomos de un camello celeste. Tras contemplar a los bienaventurados, marcha al infierno y llega a presencia del Diablo (Iblis), el cual se encuentra sujeto por argollas y cadenas. En este recorrido saluda a un gran número de personas notables y queda sorprendido al ver que muchas que esperaba hallar en el cielo se encuentran en el infierno y viceversa. Conversa con ellas y les interroga sobre la causa de su perdón o condena. En la segunda parte contesta las preguntas de Ibn al-Qárih y se extiende en una serie de cuestiones completamente ajenas a los problemas planteados.Obra en prosa, que a veces se ha querido comparar con el Corán, es la titulada al-Fusztl wa-I-gityitt (Capítulos y párrafos) que sólo se conserva en parte.J. VERNET GINÉS.
BIBL.: J. VERNET, Literatura árabe, Barcelona 1966, 107-109; M. AsíN PALACIOS, Los precedentes musulmanes del ’par¡’ de Pascal, "Huellas del Islam", Madrid 1941, 163-234; R. A. NICHOLSON, The meditations ol Maarri, "Studies in Islamic Poetry", 1921, 49-289.
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