Laboriosidad
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Varios
Deriva del latín labor, que significa trabajo, esfuerzo. Se puede observar que de las dos significaciones de la palabra latina, el adjetivo laborioso y el adverbio laboriosamente han recogido la segunda, pues indican que algo puede realizarse sólo mediante un esfuerzo costoso; la voz 1. ha recogido en cambio la otra, para significar afición o inclinación al trabajo.En ocasiones se restringe la significación de la palabra aplicándola sólo al trabajo manual: ese uso depende de una insuficiente consideración del trabajo; una visión teológica auténtica del trabajo humano (v.) lleva a verlo como una dimensión total de la vida humana. En este sentido 1. se identifica con diligencia, y se opone a ociosidad y a acedia o pereza (v.). La pereza no se define tanto por el mero no hacer nada, como por la actitud que "hace entristecerse por algún bien espiritual, a causa del esfuerzo corporal que le está unido" (Sum. Th. 1-2, q84, a4). De un modo análogo la 1. es aquella actitud espiritual que lleva a asumir con diligencia los propios deberes.El carácter virtuoso de la 1. deriva del hecho de que realiza la obligación de trabajar que incumbe a todo hombre. Esta obligación depende no sólo de la necesidad de procurarse el propio sustento (de modo que si éste estuviera ya garantizado, dejaría de ser necesario el trabajo), sino que hace referencia también a la caridad (contribuir con el propio esfuerzo a mejorar la situación de los demás), a las dimensiones fundamentales de la personalidad humana y a la misión que cada uno debe cumplir en su vida terrena.Toda presentación de la 1. que la interprete fundamentalmente como algo impuesto para evitar el ocio (v.), invierte la realidad de las cosas. La ociosidad no es mala solamente porque pueda dar ocasión al pecado; sino que es mala en sí misma, pues supone el abandono de la misión confiada por Dios. La ociosidad es la carencia de lo que la 1. afirma de modo positivo. El mandato bíblico sobre el trabajo toma en ocasiones su punto de partida del hecho de la ociosidad -sobre todo en los libros sapienciales-, pero tiene un alcance mucho más hondo: así en Ex 20,9-11 es puesto en relación con la obra creadora de Dios, y en 2 Thes 3,6-15 y Eph 4,23-28 con la dignidad y seriedad de la vocación cristiana. Se puede, pues, tomar como definición bíblica de la 1. la siguiente frase de S. Pablo: "el hombre dé Dios (ha de estar) dispuesto y a punto para toda obra buena" (2 Tim 3,17).Al definir la 1. por el cumplimiento de los deberes del hombre (V. DEBERES DE ESTADO) es necesario precisar, sin embargo, que hace referencia no a todos los deberes sino sólo a los que implican una actividad transitiva. El deber de amar a la propia familia, p. ej., no es objeto de la 1. en cuanto al aspecto inmanente e íntimo del amor; pero sí lo será por lo que respecta al cumplimiento pronto y diligente de los servicios pequeños o grandes en los que el amor se expresa y manifiesta.Esta exterioridad que acompaña a la 1. permite captar una de sus posibles deformaciones: la búsqueda ansiosa del trabajo, la actitud de quien se entrega a una actividad ininterrumpida que le impide escuchar a sus semejantes y encontrar el sentido divino de la vida. Esta deformación es quizá más peligrosa en nuestro tiempo, pues la estructura técnica del trabajo, con sus exigencias de automatismo, puede dar ocasión a una despersonalización como consecuencia de un puro activismo (v. ACTIVIDAD Y ACTIVISMO II).Para evitar esa deformación es necesario situar la 1. en una armonía espiritual-humana: "la laboriosidad o es un servicio o es mera esclavitud" (G. Torelló, La laboriositá, "Studi Cattolici", 61, 1966, 45). En otras palabras, la 1. ha de hermanarse con la actitud contemplativa: se trata en suma de "convertir el trabajo en oración y tener alma contemplativa" (J. Escrivá de Balaguer, Carta, Madrid 15 oct. 1948). Sólo así será cumplimiento amoroso del propio deber, realidad vivida en diálogo personal con el resto de los hombres y con Dios.V. t.: TRABAJO.J. L. ILLANES MAESTRE.
BIBL.: V. la de la voz TRABAJO HUMANO VII, y además G. BARDY, Acédie, en DSAM 1,166-169; 1. PIEPER, El ocio y la vida intelectual, Madrid 1962.
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