Kennedy, John Fitzgerald
Categoria:
Biografía GER
XXXV presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, n. (29 mayo 1917) en Brookline (Massachusetts), en el seno de una rica familia de origen irlandés. Realizó sus primeros estudios en el Croate College de Wallinford (Connecticut) y, en 1936, ingresó en la Univ. de Harvard para cursar Derecho. Durante las vacaciones de 1937 y 1938, cuando su padre era embajador en Gran Bretaña, viajó por Europa y Oriente Medio. Alcanzada su licenciatura (1940), asistió a un curso en la Escuela Superior Comercial de la Univ. de Stanford. En la 11 Guerra mundial, ingresó voluntario en la Marina y, como teniente de una lancha torpedera en el Pacífico, participó en algunas operaciones. En una, al ser hundida su embarcación, pese a sufrir una lesión en la columna vertebral, de la que jamás quedó completamente restablecido, logró salvar a tres de sus hombres con evidente riesgo. Su conducta le valió las medallas de la Marina y de la Infantería de Marina. Terminada la contienda, trabajó en International News Service, como corresponsal político.El congresista. La presión de su familia, dispuesta a llevar a un K. a la presidencia del país, y las relaciones que sostuvo como periodista con los círculos oficiales, alentaron la vocación política de K., que ingresó en el partido demócrata (1946), con cuya ideología estaba identificada su familia y él mismo desde sus años universitarios. Apoyado por el prestigio y poder económico de su padre, K. se presentó (1946) candidato a la Cámara de Representantes por un distrito de Massachusetts. Elegido, se adhirió al ala liberal del partido, que le prestó su apoyo en dos sucesivas reelecciones (1948-50).Convertido en destacada figura demócrata, tras un viaje alrededor del mundo (1951), postuló su candidatura a senador por Massachusetts. Su campaña electoral reflejó una personalidad dinámica y realista; y obtuvo la victoria sobre el republicano Henry Cabot Lodge. El 12 sept. 1953, cuando formaba parte de la Comisión Senatorial de Trabajo y Servicios Sociales, contrajo matrimonio con lacqueline Lee Bouvier, joven periodista de origen francés. La fama del senador K., reducida hasta ahora a las esferas políticas de Massachusetts y Washington, se amplió en 1954 cuando escribió su libro Perfiles de coraje, que le valdría el premio Pulitzer de biografía. Su fortuna, fama y encomiables propósitos hicieron de K. un personaje del partido demócrata que, en su Convención de 1956, barajó su nombre como candidato a la vicepresidencia. K., que no quiso aún dar un paso de tal envergadura, optó por su reelección para el Senado (1958), participando en la Comisión Conjunta de las Cámaras (1959) y en la Comisión de Economía (1960).El presidente. Al iniciarse la campaña presidencial de 1960, la familia K. vio la ocasión propicia para situar a John F. en la más alta magistratura. La división del partido republicano y el inmovilismo del régimen de Eisenhower (v.) obligaban a un replanteamiento de la política, y K. ofreció un programa liberal y realista (Nueva Frontera); abogaba por conversaciones directas con la URSS a fin de rebajar la tensión mundial y, en el interior, prometía combatir a los grupos de presión y realizar una reforma económico-social. Apoyado por la juventud, los campesinos y las minorías étnicas, la Convención demócrata le eligió candidato a la presidencia. Los prolegómenos electorales fueron difíciles para K., en competencia con el vicepresidente republicano R. Nixon. Consciente de esta circunstancia, retó a Nixon a un debate televisado que resultó decisivo para su popularidad y niveló su desventaja. Aun así, en las elecciones K. no obtuvo sobre Nixon sino un escaso margen de 200.000 votos; pero se convirtió en el primer presidente católico y en el más joven de todos ellos. El electorado se había decidido por la Nueva Frontera (noviembre 1960).K. se hizo cargo de la presidencia de los Estados Unidos en momentos dramáticos. El alto nivel económico alcanzado en las posguerras descendía y la nación se hallaba inmersa en una crisis socio-económica de la que eran exponente los cinco millones de parados y el déficit presupuestario, originado por los gastos militares de la Administración anterior. Conocedor de estos problemas, el día de su toma de posesión (enero 1961), en un excelente discurso, pidió sacrificios y prometió emplearse con decisión. Asistido por expertos (Dean Rusk, MacNamara, su hermano Robert K., etc.) se centró en mantener la privilegiada situación económica de los Estados Unidos y, partiendo de esa base y sin abandonar sus compromisos, imprimió a la política internacional norteamericana un nuevo giro, que le valió la admiración de los sectores liberales del mundo entero. La amenaza de la guerra nuclear era la mayor preocupación de K., y a la urgente necesidad de evitarla encaminó sus esfuerzos.La crisis de Cuba. Las primeras iniciativas de K. afectaban a los Estados Unidos y al continente americano. En su país, incrementó la distribución de víveres a los necesitados y subvencionó las escuelas públicas; amplió el Comité de Reglamentación del Congreso al objeto de acelerar más fácilmente la legislación; y, para reducir gastos y nivelar el presupuesto, ordenó el cierre de 22 bases militares (supresión equilibrada por los nuevos submarinos nucleares) y prescindió de comisiones y consejos interparlamentarios. A los países sudamericanos les ofreció (febrero 1961) patrocinar con 46.000 millones de dólares su desarrollo (Alianza para el Progreso, v.). Los acontecimientos internacionales serían, sin embargo, los que pusieran a prueba la capacidad del presidente. En un principio, pareció que las relaciones Estados Unidos-URSS estarían presididas por el espíritu de distensión, ya que los soviéticos pusieron en libertad (enero 1961) a los tripulantes de un avión espía norteamericano y se reanudó la conferencia de Ginebra sobre pruebas nucleares (23 mar. 1961). K. quiso consolidar esta situación y evidenciar su espíritu pacifista creando un Cuerpo de la Paz, en el que tendrían cabida jóvenes que desearan colaborar gratuitamente en pro de la confraternidad mundial.Los propósitos de K. se hundieron cuando los cubanos exiliados en Miami, pertrechados por la CIA, invadieron la isla (14 abr. 1961). Aunque K. rechazó su responsabilidad y declaró que cualquier intervención de Moscú en Cuba sería detenida por la fuerza, lo cierto es que el fracaso de la bahía de los Cochinos le acarreó duras críticas y le obligó a acelerar su política americana. En el intento de aislar a Cuba y combatir el comunismo en el hemisferio, robusteció los lazos interamericanos en el seno de la OEA (conferencia de Punta del Este), puso en marcha la Alianza para el Progreso con la creación de la Agencia de Desarrollo Internacional y apoyó al presidente Balaguer ante el temor de un brote castrista en la República Dominicana (1961). Paralelamente a la crisis cubana, K. desplegó una intensa actividad diplomática que fortaleció la unidad de Occidente; viajó a Europa y reiteró su deseo de incrementar la capacidad defensiva de la OTAN.La crisis de Laos. Pero, desde abril, la zona donde K. centró su atención fue Asia, donde mantenía las directrices de la anterior Administración. Si durante el mandato de Eisenhower fue patente la presión comunista en el Sudeste asiático, especialmente en Vietnam, ahora era Laos (v. LAOS ii) la que estaba amenazada. K., contando con la fidelidad de la SEATO, estableció la defensa anticomunista de toda Indochina: abasteció de abundante material de guerra al gobierno laosiano, aumentó el número de "asesores militares" norteamericanos e incluso pensó enviar tropas de combate. Su firme decisión de solucionar el problema aplicando los acuerdos de Ginebra dio como resultado un alto el fuego, la convocatoria de la conferencia de Ginebra (16 mayo 1961) y, por último, tras entrevistarse con Jruschov (v.; Viena, 3 jun. 1961), la definitiva neutralización de Laos. Sin embargo, la guerra en el Sudeste asiático continuó en Vietnam del Sur, donde para hacer frente al Vietcong, K. inició una escalada militar con el creciente envío de "asesores".La defensa de Occidente. Los contactos norteamericanos-soviéticos en Viena trajeron la esperanza de posteriores acuerdos. Mas pronto surgió una nueva crisis: Berlín. Desde su toma de posesión, K. afirmó que la autodeterminación era la única vía posible para el arreglo alemán y que Estados Unidos defendería siempre Berlín; por su parte, la URSS insistió en firmar, por separado, un tratado de paz con la Alemania del Este. La intransigencia comunista se manifestó al cerrar Walter Ulbricht la frontera entre los dos sectores de Berlín y condicionar Moscú su apertura a un arreglo occidental con Pankow (junio 1961). Tampoco ahora K. se amilanó; envió al vicepresidente Johnson, reforzó la guarnición norteamericana en aquella capital y dejó entrever que la OTAN intervendrja si los derechos occidentales en Berlín no eran respetados. Los comunistas cedieron ante esta política de firmeza, pero edificaron el muro de Berlín (13 ag. 1961).Occidente aclamó a K. por su defensa de la libertad y censuró la medida de Jruschov, cuya respuesta fue, tras fracasar la conferencia de Ginebra sobre armas nucleares (octubre 1961), la explosión en la atmósfera de un ingenio de 50 megatones y de otros de menor potencia. Demostrado que el peligro de guerra nuclear seguía existiendo, K. hizo un llamamiento a la suspensión de las pruebas aéreas, sustituidas por ensayos subterráneos; pero, al no hallar respuesta, tras aclarar su postura a los neutralistas de la conferencia de Belgrado que le visitaron (Sukarno de Indonesia y Keita de Malí), K. se decidió también por las explosiones en la atmósfera (abril 1962).La crisis del acero y el conflicto racial. Las importantes cuestiones internacionales no obstaculizaron el desarrollo de la política interna de K. Comprendiendo que la prosperidad era la base de la seguridad nacional y de la política extranjera, para alcanzarla se ajustó al más puro pragmatismo; y persuadido de que debía terminar con la paralización económica de Norteamérica e impulsar al país hacia una etapa de expansión permanente, entabló negociaciones con sindicatos y patronos, a fin de buscar el método idóneo de alcanzar la prosperidad sin inflación y superar el déficit presupuestario, acentuado por la espectacular carrera espacial (proyecto Mercury). En este sentido, sus iniciativas fueron tres: expuso en la OCDE un plan de nueve años que aumentaría la producción de Occidente en un 50%; redactó un proyecto que reducía los impuestos y, por tanto, favorecía el comercio interno; e inauguró conversaciones con los países europeos con objeto de obtener la reducción del 50% en los aranceles y liberalizar así los intercambios comerciales (Ronda K.), nivelar el déficit de la balanza de pagos norteamericana y proteger el dólar (1962). Esta política económica requería el mantenimiento de los precios y, cuando parte de las grandes empresas decidieron elevar los del acero, se planteó una crisis (abril 1962) entre el capital norteamericano y la Administración. K. rechazó la subida de precios, apeló a la opinión pública y presionó a los magnates de la siderurgia hasta conseguir la reducción del alza.La crisis del acero privó a K. del apoyo de los hombres de negocios, pero aumentó su popularidad entre los sectores medios del país, que eran los que le habían votado. Para mejorar el nivel de vida de éstos, K. aprobó una serie de programas (especialización de obreros en paro, viviendas y ayudas a zonas afectadas por la depresión económica) y elevó el jornal mínimo (1962). Sus medidas paliaron ciertas necesidades, pero no impidieron graves incidentes en el Sur que demostraron la existencia de otro conflicto interno de mayor envergadura: la integración racial. En 1961, hubo violencias en Montgomery (Alabama), y en 1962 el problema se acentuó ante la oposición de los segregacionistas a que el estudiante negro Meredith se inscribiera en la Univ. de Oxford (Misisipí). El racismo del gobernador del Estado obligó a K. a enviar tropas federales (octubre 1962); Meredith se inscribió y el presidente obtuvo no sólo una gran victoria para la causa de la integración racial, sino sobre la autoridad de los Estados. Desde ese momento, la cuestión ocupó un primer plano en la actividad de K., que elevó al Congreso la ley integracionista (Ley de derechos civiles), mientras en numerosas ciudades el movimiento negro, acaudillado por Martin Luther King, presionaba incesantemente y protagonizaba sangrientos incidentes en Birmingham (Alabama), Carolina del Norte, Tennessee, Illinois, Misisipí y Maryland, que culminaron con una marcha sobre Washington (1963).La segunda crisis cubana. En eJ otoño de 1962, la problemática internacional ofreció el panorama más serio de los últimos tiempos y de nuevo Cuba sería el punto neurálgico. El régimen castrista, aislado diplomática y económicamente, había caído de pleno en la órbita soviética; en la isla trabajaban varios miles de técnicos soviéticos, cuyas actividades no pasaban inadvertidas al Pentágono. Al conocerse la instalación en Cuba de rampas de lanzamiento de cohetes nucleares y que buques soviéticos navegaban rumbo a Cuba con material bélico, el Gobierno de K. consideró en peligro la seguridad del hemisferio y no dudó en emprender una acción tremendamente arriesgada: el bloqueo de Cuba (octubre 1962). El riesgo de un conflicto nuclear era inminente; pero la energía de K. tuvo satisfactorios resultados: Jruschov suspendió los trabajos en las instalaciones cubanas y ordenó el regreso de sus buques y la reexpedición de los proyectiles. A cambio de esto, pidió que se levantara el bloqueo y que los Estados Unidos se comprometieran a no atacar ni invadir Cuba. Cuando K. aceptó, la paz estuvo a salvo.La crisis cubana demostró la permanente amenaza comunista. De ahí que, durante 1963, K. renovase su deseo de fortalecer las defensas de Occidente; propuso la creación, en Europa, de una fuerza nuclear multilateral, rechazada sólo por De Gaulle; incrementó la ayuda al exterior; y se reunió, en Costa Rica, con los presidentes centroamericanos, a los que convenció de que era conveniente mantener a Cuba bajo continua vigilancia. Por último, solicitó de Jruschov continuar las conversaciones para prohibir las pruebas nucleares y realizó un viaje a Europa (durante el cual despertó el entusiasmo, especialmente en su visita al muro de Berlín), en el que subrayó que los Estados Unidos necesitaban la ayuda de las naciones europeas para mantener el dólar y beneficiar así al mundo libre.Los últimos días del presidente. A su regreso de Europa (julio 1963), K. alcanzó otro éxito. La URSS aceptó conversaciones que, dirigidas en Moscú por Averell Harriman, desembocaron, en breve plazo, en un acuerdo que prohibía todas las experiencias atómicas, excepto las subterráneas. Triunfaba el espíritu de la coexistencia pacífica. Tan halagüeñas perspectivas se vieron ensombrecidas por los sucesos del Sudeste asiático. Los militares sudvietnamitas se alzaron contra el presidente Diem, acusándole de apartarse de los intereses del pueblo, atacar a los budistas y ser débil en la lucha contra el Vietcong, y le asesinaron. A K., que conocía el problema de antemano, se le consideró en cierto sentido responsable de la rebelión, pues, deseoso de que todas las energías de Vietnam (v. VIETNAM iv) se centraran, con apoyo norteamericano, en la represión comunista, presionó para que Diem efectuara cambios en su gobierno y, ante su negativa, disminuyó la ayuda económica y militar a Saigón, creando un ambiente propicio al golpe de Estado. Los militares dominaron la situación, y K., tras reconocer al nuevo Gobierno, incrementó su apoyo militar a Vietnam, acelerando la escalada que llevaría a los Estados Unidos a un callejón sin salida.Interiormente, con objeto de ampliar el prestigio de la Nueva Frontera mermado por la huelga ferroviaria, y con miras a la próxima campaña electoral, K. emprendió un viaje propagandístico por 12 Estados de la Unión. El 22 nov. 1963 llegó a Dallas (Tejas) y, cuando recorría, en coche descubierto, las calles de la ciudad, fue herido mortalmente. Su presunto asesino, Lee Harvey Oswald, sería asesinado tres días después por Jack Rubinstein ante las cámaras de televisión. Al hacerse cargo de la presidencia, Johnson ordenó una investigación oficial (informe Warren), cuyas conclusiones fueron muy discutidas. El cadáver de K., expuesto públicamente en el Capitolio, recibió sepultura en el cementerio nacional de Arlington (25 nov. 1963). La Nueva Frontera había perdido su líder.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: CH. M. DE MOLENEs, La carriére du Président Kennedy et la vie politique américaine, París 1963; J. F. KENNEDY, Perfiles de coraje, Buenos Aires 1957; íD, Estrategia de la paz, Barcelona 1967; H. SIDEY, 1. F. Kennedy, presidente, Barcelona 1964; E. IONS, The politics ol 1. F. Kennedy, Nueva York 1968; T. C. SORENSEN, Kennedy, el hombre, el presidente, Barcelona 1966; A. M. SCHLESINGER, Los 1.000 días de Kennedy, Barcelona 1966.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.