Juvenal, Décimo Junio
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Biografía GER
Poeta satírico latino, nacido ca. 55 d. C. en Aquino (Lacio meridional), que el mismo escritor señala como su lugar de descanso, uniéndolo al recuerdo de los rústicos templos de Diana y Ceres Helvina (3, 319-320). No lejos de esta localidad fue hallada una inscripción votiva (CIL X,5382) dedicada a Ceres Helvina por Junio Juvenal, comandante de una cohorte dálmata, duunvir quinquenal (cargo importante en la administración de los municipios) y flamen de Vespasiano, una dignidad sacerdotal que nos traslada a fines del s. i, bajo Tito o Domiciano. Pese al estado fragmentario de la inscripción (luego perdida), que no permitía distinguir el prenombre del dedicante, se ha ido imponiendo entre los eruditos la idea de su atribución a J., con cuya figura pueden concordar aquellos cargos militares, civiles y religiosos. Muy discutido es el valor de sus antiguas biografías: en una de ellas se habla de una misión que se le confió, hacia los últimos años de su vida, en Egipto, a fin de alejarlo, por su peligrosa locuacidad, de Roma, es decir, de un verdadero destierro; el mismo satírico revela un conocimiento directo de aquella tierra (15,45). Quizá murió, casi octogenario, en esta especie de exilio disimulado, que otros biógrafos sitúan en Britania, después del 128.De origen sin duda modesto, quizá hijo adoptivo de un liberto enriquecido, J. debió de vivir en las mismas condiciones de aquellos que, aun poseyendo medios de fortuna y viéndose cortejados por clientes más pobres, tenían que ingeniárselas para ser clientes de los más ricos; así lo retrata hacia el 100 Marcial (v.), su gran amigo, en un conocido epigrama humorístico (XII,18,1-6), cuyo espíritu no se opone a ciertos detalles de bienandanza confesados por J. en sus Sátiras: su propiedad paterna, quizá la de Aquino (6,57), otra finca en Tíbur (hoy Tívoli: 11,65), una casa en Roma (11,190; 12,87). J., tal vez discípulo de Quintiliano (v.), vive en Roma como un rétor y frecuenta las salas de lectura, donde consigue distinguirse por su elocuencia. Lento en hallar su vocación, no se lanza sino hacia el 100, a escribir sus Sátiras, inducido quizá por el ejemplo de Marcial y, especialmente, por el sentimiento de una mayor libertad que se respira tras la opresión de Domiciano. Compuso 16 sátiras en cinco libros, que pueden fecharse, por sus alusiones cronológicas, entre el 100 y el 128. Hacia el 400, Niceo, un discípulo del gramático Servio Honorato, corrigió en Roma un ejemplar de las Sátiras que constituyó el arquetipo del que proceden los manuscritos medievales. A través de estas piezas, de extensión muy irregular (de 130 a 661 versos -la sexta-), se vuelca su fuerza de rétor en violentos ataques contra las costumbres escandalosas de su tiempo y contra los abusos y extremismos de los principados anteriores. Pueden distinguirse dos etapas sucesivas en esta obra: la crítica áspera y realista de los vicios, desde el lujo y la sed de dinero hasta la insolencia de los nuevos ricos, los delatores, los extranjeros y los advenedizos; la predicación, menos ágil, de los lugares comunes de la moral. Pertenecen a la primera el 1 libro de cinco sátiras (1, vocación del satírico; 2, los hipócritas; 3, las molestias de Roma; 4, el rodaballo de Domiciano; 5, los parásitos), aparecido hacia el 100, que reveló inmediatamente una inquieta originalidad, y, aunque salidos bastante más tarde, después del 115, el II (con una sola pieza, la 6, la famosa sátira contra las mujeres) y el 111 (7, miseria de las profesiones liberales; 8, la verdadera nobleza; 9, el libertinaje). Del segundo aspecto de las Sátiras, muy aproximado al tono de Persio, dan una idea el libro IV (10, las súplicas; "mens sana in corpore sano", v. 356; 11, el lujo en la mesa; 12, el verdadero afecto) y principalmente el V (13, remordimientos y sanciones materiales; 14, la educación: "maxima debetur puero reuerentia", se debe el máximo respeto al niño, v. 47; 15, crueldad del fanatismo egipcio y de las regiones orientales; 16, la profesión militar, sátira probablemente interrumpida por la muerte del poeta). Aunque J. no es propiamente un satírico de "actualidades", se sitúa, gracias a las últimas sátiras, en el clima de regeneración moral que se operó en la alta sociedad bajo Trajano; pero éstas no fueron escritas hasta los tiempos de Adriano.Hombre del pasado, provinciano de horizontes limitados, J. se interesa, ante todo, por el problema social de la clientela y la situación del hombre de letras. Sus eternas quejas sobre las cuestiones económicas llegan ciertamente a aburrirnos, pero debemos recordar en su defensa la angustiosa condición del escritor de su época: no existía la propiedad literaria, había desaparecido el mecenazgo privado. Admirador de Tácito (v.) y de los estoicos (v.), J. es, en el fondo, un rígido conservador, podría decirse que casi un "reaccionario", o un desfasado, que todavía se siente "racista" y xenófobo cuando tales conceptos carecen ya de sentido en Roma. Lo que no se le puede regatear es su frenética sinceridad en defensa de la imagen, idealizada desde Cicerón y Tito Livio, de una Roma fuerte y pura, de una Roma estrictamente latina que nunca existió: el satírico exhala sin cesar la indignación de un alma ardiente y de un racionalista, en una lengua muy retórica, aunque viva y evocadora, que, adueñada de todos los recursos de la escuela, multiplica las antítesis, las hipérboles y las máximas, pero se expresa también en imágenes pintorescas y realistas, mediante un estilo robusto, a veces difícil, lleno de relieve y colorido. Estas cualidades defienden su indignación (aquella indignatio creadora de la poesía: 1,79), que hoy parece retrospectiva y reelaborada a base de lecturas, sueños históricos y experiencias propias o ajenas. La versificación, en hexámetros, a veces efectistas y resonantes, presenta no pocos descuidos, quizá deliberados, como si se moviera arrastrada por la vehemencia del pensamiento, la densidad de las descripciones y los innumerables rasgos, de marcado sabor popular, hirientes, raramente artificiosos.MIGUEL DOLÇ.
BIBL.: A. WIDAL, Juvénal el ses Satires, París 1870; J. DÜRR, Das Leben Juvenals, Leipzig 1888; R. SHUTZE, luuenalis ethicus, Greifswald 1905; A. HARTMANN, De inuentione luuenalis capita tria, Basilea 1908; C. S. RAZZINI, Il diritto romano nelle Satire di Giovenale, Turín 1913; C. MARCHESI, Giovenale, Roma 1921; P. DE LABRIOLLE, Les Satires de Juvénal, étude et analyse, París 1932; J. G. SCOTT, The grand Style in the Satires ot Juvenal, Northampton 1927; A. PICCOLI GENOVESE, Giovenale, Florencia 1933; P. ERCOLE, Studi giovenaliani, Lanciano 1935; G. HIGHET, Juvenal the Satirist, Oxford 1954; A. SERAFINI, Studio sulla satira di Giovenale, Florencia 1957; M. BALASCH, Contribución al estudio de la lengua de Juvenal, Madrid 1966.-Ediciones: L. FRIEDLANDER, Leipzig 1895 (con importante introducción y comentario); J. D. DUFF, Londres 1898; S. G. OWEN, 5 ed. Oxford 1936 (con Persio); F. G. RANISAY, 10 ed. Cambridge (Mass.) 1965; "Loeb" (con Persio y trad. inglesa); O. JAHN-F. BUECHELER-F. LEO, 5 ed. Berlín 1932 (con Persio y otros); A. E. HOUSMAN, 2 ed. Cambridge 1931; P. DE LABRIOLLE-F. VILLENEUVE, 9 ed. París 1967, "Budé" (con trad. francesa); N. VIANELLo, Turín 1935; U. KNOCHE, Munich 1950; M. BALASCH, Barcelona 1961, " Fundació Bernat Metge" (con trad. catalana).
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