Jardines y Jardineria, II. Jardineria y Paisaje. BIOL.
Categoria:
Biología
Se diferencia la jardinería de las demás artes en la colaboración del artífice con los elementos naturales (el suelo, el cielo, el agua y la vegetación), los cuales, por pertenecer al orden supremo de la Creación, no permiten alteraciones sustanciales. Son constantes inmutables definidas por el orden cósmico del Universo, por la geografía (v.) y el clima, que rebasan en un concepto esencial, el poder humano de creación. La vivienda del hombre es la Naturaleza. El ser humano está incrustado dentro del paisaje (v.), como elemento esencial. No puede evadirse de él ni volverse de espaldas al mismo. Tanto influye en el ser humano esa morada cósmica que su propia constitución física y espiritual está en íntima relación con ella.Evolución histórica. La Prehistoria nos sitúa al hombre inmerso en la Naturaleza. Desde las regiones nórdicas, ricas en caza, agua y vegetación, fue descendiendo hacia las llanuras y los lagos, en busca de climas más suaves. Este proceso de descenso desde las alturas al mar es paralelo al avance de la civilización. La historia de la jardinería está íntimamente relacionada con el emplazamiento humano en lugares de mayores atractivos naturales. Ambos conceptos van tan estrechamente unidos, que no es posible su diferenciación. El paralelo 40, eje de la jardinería universal, es el imán que atrae, funde y estabiliza las corrientes humanas de emigración, por la placidez del clima y la bondad del paisaje. La historia jardinera de pueblos como el Japón, China, Oriente Medio, Grecia, Italia y España, pone de manifiesto cómo las formaciones jardineras más notables de la Antigüedad se extendieron entre los paralelos 30 y 50. Los j. naturalistas de China y Japón, los paraísos persas, los j. de Babilonia, los de la India, los oasis del Islam, los egipcios, los patios mediterráneos y la jardinería medieval, los aterrazamientos del Renacimiento y los vergeles hispano-musulmanes, se han producido en esta latitud.Puede apreciarse también cómo la jardinería presenta una evolución desde el naturalismo hacia formas de abstracción, a medida que las diferentes culturas se aproximen más o menos a la línea mediterránea y a las desembocaduras de los grandes ríos, como el Nilo, el Tigris y el Éufrates, el Ganges o el río Amarillo. Los mongoles dejan atrás sus templos y j. naturalistas, de donde ltis chinos y japoneses adoptan sus abstracciones .y simbolismos, para llegar a la India y crear los paraísos con formas rectangulares y plácidas láminas de agua en sus estanques, como los de Agra y Delhi.En el s. IX a. C., tenían fama los j. colgados de Babilonia, en forma de selva piramidal de varios pisos sostenidos por columnas sobre una base de cuadriláteros de 120 m. de lado. Los reyes persas también poseían villas de recreo, conocidas por "paraísos", en las montañas. En Asia Menor estos paraísos tenían fama hacia el 412 a. C. En Egipto culmina la geometría el trazado de sus patios y j. Con perímetro rectangular surgen alineadas las palmeras, los limoneros, naranjos y granados. La jardinería es interior. Más adelante, los árabes empezarán el j. geométrico, con eje principal definido, en los palacios y mezquitas de Damasco, pero con la incorporación de una vegetación y más depurados ambientes y perspectivas. En Grecia y Roma, abundaron los j. privados de la alta sociedad, en fincas situadas en el campo, con huertas, y predominio de las perspectivas del paisaje. Estos j. mediterráneos son los progenitores de la jardinería europea.Siguiendo las referencias geográficas con el paralelo 40, puede apreciarse cómo la rígida geometría horizontal de los j. egipcios y arábigos encerrados en los auténticos oasis del desierto, se moldea al cruzar el Mediterráneo para dar lugar a un enriquecimiento de perspectivas y variedad de ambientes, en consonancia con los declives de las opuestas laderas y las facilidades de un clima más suave. Si se considera en Occidente el centro entre los paralelos 40 y 50, aparece de manera muy expresiva la diferenciación del j. naturalista inglés en fuerte contraste con el foco renacentista del Mediterráneo. De las brumosas montañas norteñas, de sus bosques, ríos y verdes praderas habrían de surgir las composiciones paisajísticas y jardineras de Inglaterra (v. i, 1), mientras que la península Itálica, bordeada por un luminoso y plácido mar del sur habría de constituirse en sede de las creaciones jardineras del Renacimiento. La jardinería medieval del centro de Europa enlaza ambos extremos en línea ascendente hacia los j. naturalistas y descendente a medida que se aproxima a las costas meridionales.La consideración geográfica a lo largo del paralelo 40 en relación con las altitudes define los conceptos de verticalidad y de horizontalidad del paisaje y de las organizaciones jardineras y la influencia decisiva del clima. Otra forma de estudiar la evolución jardinera refiriéndonos al mencionado paralelo es el recorrido de Este a Oeste, según el avance del tiempo y de las culturas. La j. asiática es aficionada a los pabellones rodeados de una Naturaleza viva, con profusión de vegetales de la más variada floración y colorido, entre lagos y colinas. Incorpora el reino animal con raras especies de aves multicolores. Los emperadores asiáticos se acompañan en sus mansiones de recreo de cuantos elementos puedan producirles los más delicados impactos sensoriales. La influencia oriental se extiende a la jardinería de monasterios y castillos de la Edad Media europea. Los expedicionarios de Occidente u Oriente se impresionan de la riqueza de los "paraísos", son portadores de plantas exóticas, e incorporan la brillantez del colorido en la arquitectura de los pabellones jardineros. Por el mar, los árabes llegan a España dando lugar al j. hispanomusulmán, en auténtico trasplante de la cultura oriental.El Renacimiento, con su nueva concepción de la sociedad, rompe los moldes anteriores, e interrumpe las influencias del Este sobre el Oeste. El hortus romano y los paraísos de Oriente quedan eclipsados, por cuanto tienen de j. naturales, para dar paso al formalismo arquitectónico. El j. se convierte en complemento escenográfico de las fachadas de los palacios reales. El j. renacentista, con sus escalinatas, esculturas, columnatas y fuentes escultóricas, surge en Italia, al margen del j. medieval, asiático o africano, para ofrecer una poderosa influencia sobre los j. de Europa. Los parterres con trazados geométricos se extienden con sentido de alfombra de salón delante de las grandes fachadas. En Francia, Le Nótre (v.) en Versalles y las Tullerías eleva al grado máximo el concepto de j. cortesano. No obstante, existen reminiscencias medievales en el detalle de los dibujos geométricos, los laberintos, las glorietas y rincones de placer.Esta directriz europea del j. fastuoso según una ordenación arquitectónica, adquiere una expresión de suma teatralidad en las exuberantes creaciones del barroco, una de cuyas máximas composiciones aparece en los juegos de agua de sus complicadas y monumentales fuentes. La vertical del dinámico surtidor domina sobre la pacífica horizontalidad del agua en los estanques islámicos. La influencia renacentista habría de llegar a nuestros días, aunque un tanto minimizada por el romanticismo. En la jardinería actual se vuelven a considerar los principios que inspiraron las creaciones del Extremo Oriente, sus formas naturales y sus abstracciones.Jardines de España. En la península Ibérica, situada en el paralelo 40, hay gran variedad en paisajes y j., según se extiende su suelo desde las montañas pirenaicas septentrionales hasta las costas del Sur, de naturaleza un tanto africanas. Entre estos dos extremos la meseta castellana ofrece su singularidad de seca planicie. De los verdes, violetas y grises de los paisajes norteños, pasamos a medida que descendemos de latitud, al colorido cálido de la seca y áspera tierra castellana, con dorado y dilatado horizonte. En el Sur, la región andaluza, de cara al Mediterráneo, aparece con sugestiva riqueza cromática, alternando la montaña con los valles, las planicies y el mar. Completan este cuadro las costas catalanas y levantinas, netamente mediterráneas, con explosión de luz y color. La naturaleza del suelo produce en el paisaje y en los j. la variedad, desde el granito gris del Norte a las arcillas pardas y rojas de las regiones castellanas y andaluzas. Esta diversidad cromática desde los tonos fríos a los calientes, junto a las condiciones geográficas y de clima, infunde al paisaje español su fisonomía más característica.Por otra parte, el suelo español ha sido una encrucijada entre las invasiones mediterráneas por el Sur e influencias europeas por el Norte. Del cruce de ambas culturas surge el que puede denominarse j. español, aquel en el que alternan el canon y el formalismo de las formas clásicas del Renacimiento y el barroco, con el orientalismo sensual de la vegetación, el color, aroma y frutos, dirigidos al mayor goce de los sentidos. Esta personalidad del j. español se transfiere a los claustros hispano-americanos, cuando en el s. XVIII, fundidas las corrientes de los estilos anteriores, vemos que sin ser exclusivamente renacentistas, ni solamente barrocos, ni puramente orientales, presentan un genuino carácter de hispanidad, por cuanto entendemos por tal denominación la de un conglomerado de culturas resueltas en un solo cuerpo, con resultado personal y único.Con la excepción del litoral nórdico, en el suelo de España predomina la falta de agua. La situación de las creaciones jardineras viene impuesta, tanto en las castellanas, como en las de procedencia oriental, por las circunstancias geográficas de las montañas y ríos, en donde el agua, junto con el paisaje, ofrece la motivación de "pararse", con el sentido del oasis en medio de la estepa. Así el musulmán, nómada, procedente del desierto, al llegar a Granada, con su Sierra Nevada, instala sus reales campamentos y "se cierra" en sus patios y huertas. Para la creación de los alcázares de Córdoba y Sevilla, encuentra lugares propicios en las riberas del río Guadalquivir. Por análogas circunstancias, los reyes cristianos eligen Aranjuez y La Granja para la creación de sus evocadores sitios reales. El río Tajo y la sierra del Guadarrama, constituyen la base esencial de sus j.Jardines de la Edad Media. La jardinería medieval cristiana, presenta su más característica expresión, en el jardín-claustral. Las órdenes monásticas levantan sus conventos en sitios privilegiados por su paisaje (aunque a veces el paisaje radica en la austeridad de visión de un horizonte de cromática luz sobre terrenos secos y despoblados), en los que, entre cuatro paredes sobre plantas rectangulares, crean un oasis de paz, media luz y alegría del espíritu, en torno a un pozo y una fuente. Las órdenes de benedictinos, cistercienses, cartujos, jerónimos y franciscanos, dieron lugar a la creación de famosos claustros como los de Silos, Poblet, El Paular, Jerez de la Frontera, Guadalupe y otros. El j. claustral dispone como base ornamental de la riqueza arquitectónica de las arquerías, techos y bóvedas de los claustros; su traza consiste en unos simples recuadros geométricos con setos de boj o mirto, que forman los paseos que confluyen en el pozo o fuente. Arboles, arbustos y plantas de flor, distribuidos asimétricamente "a lo oriental", se integran en el ambiente severo de la arquitectura. No suelen faltar el ciprés (como el famoso de Silos), el laurel, los naranjos, los jazmines, madreselvas, rosales, y otras plantas de olor y color.De la jardinería medieval de castillos y palacios poco ha llegado a nuestros días. Existen referencias de los del castillo de Olite, uno de los más importantes, fundado a principios del s. xv.Con el sentido guerrero que caracteriza a la Edad Media, el musulmán se encierra en sus recintos amurallados, pero a la vez, pone en juego toda su sensibilidad hacia el goce de los sentidos, para crear con perspectivas "de interior" sus patios ajardinados, en donde habría de introducir, con maravilloso concepto de abstracción, las más exquisitas manifestaciones de la Naturaleza. El j. musulmán es eminentemente privado. Pasos estrechos y celosos guardianes le aíslan del exterior. Como dice el poeta Soto de Rojas al referirse a los cármenes granadinos, "son paraísos abiertos para pocos y cerrados para muchos". En los alcázares andaluces, la arquitectura se hace j. Salas y patios se entrelazan en graduación de luz y se emplea el agua y la vegetación en escala exacta .para el mayor goce sensual.La Alhambra (v.) y el Generalife de Granada, son creaciones de singular belleza. La jardinería se manifiesta en cada uno de sus patios con composiciones distintas, según su función. En la Alhambra, el Patio de Arrayanes, con la gran alberca orlada de vegetación, reflejando la silueta de la Torre de Comares, sede del trono real; el de los Leones, con la fuente de este nombre, que recogía la intimidad de la vida privada, con pabellones y galerías que airosamente se levantaban sobre tupido jardín, plantado a nivel inferior; el de Lindaraja, al pie del mirador, y el conjunto de los del Partal y Secano, correspondientes a los palacios anejos a la corte. En el Generalife: el patio de la Acequia, típico riad de inspiración oriental, ejemplar único en la historia de la jardinería musulmana, al que se le adicionaron más tarde los surtidores de agua que se inclinan sobre el canal; el del Ciprés de la Sultana, con sus múltiples sonidos de cascada, fuente y surtidores, y la escalera de los pasamanos en torrentes de agua bajo la bóveda de laurel. Los diferentes recintos jardineros con personalidad específica, quedan rodeados por una huerta que, aparte de su valor utilitario, acentúa aún más el sentido oriental de su origen.En los reales alcázares de Sevilla se suceden los patios ajardinados, con distintas formas y estilos, constituyendo un conjunto de sugestivas impresiones bajo un común ambiente sensorial. Los j. del alcázar sevillano podrían considerarse como una agrupación de oasis con vida propia, dentro de un oasis general. El trazado formalista de cada j. queda rebasado por los juegos de agua de sus fuentes, el aroma de las flores y la variedad y colorido de las diferentes especies vegetales.Jardines del Renacimiento. Los j. cortesanos de Castilla (s. XVI, XVII y XVIII) responden al concepto europeo del j. ¡talo-francés, y son los más destacados los de los reales sitios de San Ildefonso en La Granja (Segovia) y Aranjuez (Madrid). Del j. medieval, a escala humana, se pasa a los grandes escenarios de fiestas cortesanas. Su composición obedece, por una parte, al sentido italiano de gran espectáculo teatral, y por otra, al gusto francés de gran salón para la alta sociedad. El suelo se tapiza con dibujos geométricos de plantas recortadas, y el cielo se desdibuja tras las fachadas monumentales y la verticalidad de columnas y surtidores.Real Sitio de Aranjuez: los j. que hoy día conocemos se inician con Felipe II, continuando su enriquecimiento hasta el s. XVIII. El predominio de la horizontalidad, acentuada por las estáticas aguas del Tajo, que frenan su curso en narcisistas recodos, favorece la implantación de trazados geométricos, de fuentes, estatuas, parterres y avenidas. Pero su grandiosidad no obsta para que un ambiente de huerta y un cierto desorden en la distribución de glorietas, y pequeños recintos, haga llegar a estos j. los últimos destellos de los vergeles moriscos del Sur. El j. de la Isla con la fuente de Hércules, de las Horas, de Baco y Neptuno; y el del Príncipe, con las de Apolo, Narciso y Casa del Labrador, forman las dos agrupaciones jardineras más importantes.Real Sitio de S. Ildefonso (La Granja): culmina en estos j. la gran escena de los montes del Guadarrama y la abundancia de agua en mil manifestaciones. Felipe V habría de emular aquí a sus antepasados los Borbones de Francia y tratar de hacer su Versalles español. Para ello trajo al maestro de j. Esteban Boutelou, discípulo de Le Nótre. Entre la exuberante vegetación, con rica variedad de especies arbóreas y con todo el aparato escenográfico de parterres, escalinatas, jarrones y estatuas, las fuentes imperan por doquier Pon el derroche espectacular de sus juegos de agua. La Gran Cascada y la fuente de las Tres Gracias, con los montes como telón de fondo, las fuentes de la Carrera de Caballos, las de Neptuno, Apolo, Baños de Diana, de la Fama y otras más, presentan con sus múltiples y bellos chorros de agua un espectáculo inigualable.Jardines románticos. La segunda mitad del s. xviii y el s. xix, ofrecen una jardinería con mentalidad regresiva hacia los recuerdos de épocas anteriores, pero no desprovistas de un sentido poético, con peculiar fisonomía. Son j. en los que la Naturaleza se minimiza, se domestica y se encierra en ambientes de melancolía, con un deliberado abandono. Los elementos arquitectónicos copian en pequeña escala los estilos anteriores con profusión de formas caprichosas, producto de una imaginación literaria. Entre los j. románticos más destacados figuran los de la Alameda de Osuna, en Madrid; de Monforte, en Valencia; de Pedralbes, en Barcelona; del Retiro, en Málaga; el laberinto de Alfarraz en Horta, los j. botánicos (v. 1, 2), y como más recientes los j. de Murillo y parque de María Luisa en Sevilla.Para la jardinería en la actualidad; v. 1, 1.F. PRIETO-MORENO.
BIBL.: G. RIAT, L’art des jardins, París 1900; L. GOTHEIN, Geschichte der Gartenkunst, lena 1914; G. GROMORT, L’art des jardins, París 1934; M. CHARAGEAT, L’art des jardins, París 1962; M. STAPLEY BYNE y A. BYNE, Spanish gardens and patios, Filadelfia-Londres 1928; F. HALLBAUM, Der Landschaftsgarten, Munich 1927; E. DE GANAY, Les jardins de Franee, París 1949.
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