Japon, Prehistoria, Arqueologia y Etnologia. HIST.
Categoria:
Historia
El país que conocemos hoy como un archipiélago no lo fue siempre. En el Paleozoico, estaba aún unido al continente. A lo largo de las sucesivas eras geológicas sufrió una serie de cambios debidos a los fenómenos orogénicos: fue sepultado por las aguas del océano, la actividad volcánica del Mesozoico produjo los sistemas montañosos que son hoy la columna vertebral de J., comenzando a tener ya una lejana semejanza con su aspecto actual. En el Mioceno, volvió a hundirse de nuevo, sobresaliendo del océano como islas las cimas de las montañas. En el Plioceno, volvió a surgir y quedó conectado al continente de modo que el mar del J. (v.) era entonces un lago litoral.No se sabe con certeza lo que sucedió durante las glaciaciones; los fósiles hallados muestran que J. seguía unido al continente hasta el segundo periodo glaciar. Durante el siguiente interglaciar, el mar, causa de la elevación de su nivel, invadió con sus aguas la tierra y el "puente" que unía Kyúshú con Formosa se rompió formando el archipiélago de las Ryu-Kyu. Ello puso término a las migraciones de elefantes por el S. En la tercera glaciación, J. seguía unido con Siberia por la isla de Sajalín y con China y Corea por el O. El "puente" que le unía a estas dos últimas con Kyüshñ desapareció también y dio lugar a la formación del estrecho de Corea, lo que forzó a los elefantes a permanecer en J. durante las últimas fases glaciares; por tanto, hubieron de adaptarse. Una de sus variedades, el Paleoroxodon aomoriensis, llegó a reducir su tamaño considerablemente. Aproximadamente por la misma época, comenzó a formarse el estrecho de Tsugaru, entre las islas de Hondo y Yeso, pero durante las glaciaciones se helaban las aguas, lo que permitía la migración de especies animales e incluso del hombre. A mediados del último periodo glaciar llegaron a Hokkaidó, procedentes del Norte, unos mamuts; el hallazgo de sus fósiles en Hondo hace pensar que el estrecho de Tsugaru estaba abierto de nuevo. A finales de la última glaciación, el archipiélago había alcanzado su forma actual.La existencia del Pithecanthropus erectus, del Sinanthropus pekinensis en el Pleistoceno inferior y del Homo solcensis en el Superior hacía suponer que también J. podía haber sido zona de caza para los homínidos. La evidencia era muy débil hasta 1931 en que se encontró, cerca de Akashi, un hueso de cadera. Sin embargo, como nadie creía seriamente la presencia de una cultura paleolítica en J., no se le dio mucha importancia. Durante la 11 Guerra mundial fue destruido por un incendio. Afortunadamente, se conservaba un buen vaciado de escayola en el Inst. Antropológico de la Univ. de Tokio, que fue estudiado por el prof. K. Hasebe, quien declaró que era muy posible que hubiese pertenecido a un homínido del Pleistoceno medio al que llamó Niponanthropus akashiensis. Unos años después se descubrió el húmero del hombre de Ushikawa y restos del hombre de Mikkabi con el cual se encontró también un colmillo de la variedad del Paleoroxodon aomoriensis, especie enana de elefante ya mencionado, lo que contribuyó a facilitar su cronología. Todos estos fósiles son fragmentarios y no se puede aún decir nada acerca del aspecto que tenían.Prehistoria. Arqueólogos y geólogos suponían hasta hace poco que la Prehistoria japonesa comenzaba en el Neolítico. Los artefactos más antiguos se habían encontrado en las margas de la región de Kwanto. Nadie había pensado en efectuar excavaciones en la capa de cenizas volcánicas que había debajo. El hallazgo, entre las cenizas del monte Pujiyama, de unas guijas de obsidiana talladas hizo intensificar la búsqueda de una cultura paleolítica en. las capas de loes, cuya cronología facilitaba la de los útiles de piedra en ellas excavados. En aquellas regiones donde faltaba el estrato de loes, los instrumentos líticos eran hallados en los estratos de arcilla y arena. Aunque algunos de los utensilios encontrados en las capas loésicas son típicamente paleolíticos, tanto desde el aspecto económico como técnico, los arqueólogos y geólogos japoneses prefieren la designación "precerámico", correspondiendo al Paleolítico inferior y medio las industrias de hacha de mano de la cultura de Gongenyama 1 y II y la industria de lascas de las culturas de Tokey I; al Paleolítico superior, las industrias de hojas de cuchillo, cuchillos y microlitos de las culturas de Venodaira y Yadgawa.El lapón neolítico. Al suavizarse el clima durante la etapa posglaciar, J. estaba habitado por un pueblo formado por la fusión de elementos llegados por el NE y SE, con el que la prehistoria japonesa comienza a cobrar más coherencia, de ahí que, como decíamos antes, las obras escritas con anterioridad comenzasen desde el Neolítico. Vivían de la pesca y de la caza, sus viviendas consistían en agujeros cubiertos por bálago que tenían un orificio para dejar salir el humo; dicha techumbre estaba soportada por un poste central. No practicaban la agricultura, sino que se limitaban a coger los vegetales silvestres, de ahí que se les considere mesolíticos. Sin embargo, como desconocían el torno de alfarero, fabricaban una cerámica hecha a mano, muy representativa, que ha dado nombre a toda la cultura de este periodo por la decoración mediante la impresión de cuerdas (jomón en japonés).Antes de la cerámica jomón propiamente dicha, aparecen vasijas de fondo apuntado y, aunque se le adscribe al jomón inferior, no tiene la típica decoración trenzada, sino que se limita a impresiones de conchas y estampaciones de un cilindro tallado sobre el barro fresco. Aparecen más tarde las vasijas de fondo plano y con decoración jomón que se consigue enrollando una cuerda en torno al recipiente. Otra variedad la constituía la decorada mediante las estrías dejadas por bambú cortado longitudinalmente, con lo que daba unas impresiones ungulares. El jomón medio produce, además de una alfarería en relieve, mediante la aplicación de tiras de barro sobre la superficie de la vasija, unas grotescas figuritas femeninas llamadas dogu (al parecer, eran símbolos de fertilidad, que algunos etnólogos relacionan con el arte de Nueva Guinea y Melanesia) y bastoncitos de piedra tallados, de posible significado fálico. En el Jomón superior, se alternan vasijas de paredes delgadas con decoración cordada o en espirales. Su único animal doméstico era el perro.Edad de los Metales. Periodo Yayoí. Al comienzo del s. iii a. C., se efectúa una gradual transformación de la cultura. J. pasa del Neolítico o Jomón a las épocas del Bronce y del Hierro o Yayoi. La cerámica Jomón es desplazada por otra hecha ya con el torno de alfarero, de pasta más refinada, de elegante simplicidad que contrasta con la decoración de vigoroso diseño de la cultura precedente. Su color pardo rojizo indica que ha sido cocida en un horno capaz de alcanzar elevadas temperaturas. Se le da el nombre de Yayoi por haberse encontrado su primer yacimiento en un kaizuka (conchero) de este lugar, en las proximidades de la Univ. de Tokio.Se cree que la cerámica Yayoi es de origen continental. Las vasijas dedicadas a la preparación de alimentos están pobremente decoradas. Por el contrario, aquellas cuyo objeto es servir o guardar los alimentos tienen una decoración muy elaborada, a base de incisiones en forma de ondas. Los objetos metálicos de esta cultura, consistentes en armas, piezas de armadura, espejos y otros objetos de bronce, muestran una influencia continental más marcada aún que en el caso de la cerámica. Son copia de originales que datan de los últimos años de la dinastía Chu y sobre todo de la Han. Penetraron en el archipiélago desde Corea, parte de la cual era colonia Han desde el 108 a. C. (las crónicas chinas hablan de la visita hecha por un enviado japonés en el 57 d. C.). Los artesanos chinos y coreanos que emigraron a finales del s. i a. C. a J. y sus discípulos en este país fabricaron objetos en bronce, que contiene una cantidad muy inferior de estaño, al parecer por fundir para su elaboración los objetos importados. Los instrumentos Yayoi nos hablan de una sociedad organizada que practica una agricultura arrocera con gran conocimiento de los sistemas de regadío, de creciente densidad de población. J. ha pasado así, en un corto espacio de tiempo, de la caza, pesca y colección de los vegetales silvestres a la vida segura de la agricultura, de la Edad de Piedra a la de los Metales; de las formas sociales más primitivas, a un sistema de clases sociales.Las armas de bronce experimentan también una modificación respecto a sus modelos; ’éstos son más estrechos y cortantes, mientras las insulares son más anchas y romas. Las armas encontradas en cistas funerarias son continentales; por el contrario, las de época más tardía, excavadas junto con otras generalmente en lugares apartados de las necrópolis y de las viviendas, son de fabricación japonesa. Ello parece indicar que eran de propiedad comunal y se empleaban más como objetos simbólicos y ceremoniales que como armas. Probablemente, la gente del Yayoi los enterraba para proteger el campo contra los espíritus malignos. Tampoco los dokatus, campanas de bronce, tenían un papel utilitario; los arqueólogos coinciden en que son totalmente indígenas. En primer lugar, su técnica es muy inferior comparada con la de otros objetos contemporáneos de bronce. Además, no fueron halladas en Kycishú, puerta de entrada de todo lo importado por los Yayoi. No hay parecido con las campanas chinas o coreanas; las japonesas eran considerablemente más grandes y de paredes muy delgadas, razones ambas suficientes para hacer pensar que no se las empleaba con fines musicales. El modo en que estaban enterradas corrobora más la tesis de su empleo ceremonial.Es curioso también el hecho de que tenían zonas distintas para su distribución. El área de las campanas se extiende al E de la región del mar Interior, desde Chúgoku y Norte de Shikoku a Chúbu, a través de Kinki, mientras que el centro de la distribución de las armas se centra en Kyúshñ y Sur de Shikoku. No hay una teoría que pueda aclarar que en las regiones oriental y occidental se prefirieran las campanas como objetos de ceremonia. La agricultura arrocera en el periodo Yayoi se evidencia por la presencia de granos de arroz en las piezas de cerámica Yayoi. En Itazuke, en el Norte de Kyúshú, lugar de transición entre Jomón y Yayoi, no hay indicios de arroz en las vasijas de los yacimientos Jomón y sí en los pertenecientes al periodo Yayoi. El cultivo de arroz se extendió durante este periodo, lo que explica el hallazgo de instrumentos de labranza como azadas, rastrillos y azadones hechos de madera, así como hoces de piedra. El año más generalizado que se da como término del Yayoi es el 250 d. C.Periodo protohistórico. Siguió al periodo Yayoi y duró hasta el s. vii d. C. Recibe este nombre por las relaciones semihistóricas de este periodo trasmitidas oralmente hasta que fueron recopiladas en dos obras históricas: Kojiki (Recopilación de crónicas antiguas), escrito en el 711 por Ono-Yanusaro a instancias de la emperatriz Gemmyo; y Nihon-Shoki (Crónicas de Japón), obra del príncipe Toneri en colaboración con Yanusaro por orden de la emperatriz Gensho en el 720. El carácter de ser reflejo de narraciones orales, de referirse a hechos muy alejados de la época en que fueron redactados y por estar escritas bajo el influjo de la tradición china es lo que las invalida como documentos históricos de confianza. Se le denomina también periodo de las Tumbas antiguas o de los Túmulos por haberse erigido un gran número de enterramientos de este tipo, algunas de las cuales, como las de los emperadores Ojin y Nintoku en Osaka, cuya construcción se calcula que duró un año y necesitó del trabajo de 5.000 hombres, son las edificaciones funerarias más monumentales de la Historia universal.Estos grandes túmulos tenían forma de ojo de cerradura y estaban rodeados por anchos fosos, en algunos casos hasta tres. Denotan que en este tiempo se ha alcanzado una plena expansión social, una organización a gran escala y un alto grado de centralismo. Entre los objetos encontrados en los ajuares figuran armas que muestran un gran dominio en la técnica de la forja y unos conocimientos muy perfeccionados en el arte de la guerra; en vez de bronce son de hierro, metal éste que entró junto con otros elementos de la cultura china por Corea, en el s. III d. C.; espejos de bronce, magatamas (joya en forma de garra que con el espejo y la espada formará parte de los símbolos del Emperador); y sobre todo las haniwa, estatuillas huecas de arcilla cocida representando guerreros con sus monturas, sacerdotes, mujeres, animales domésticos y edificios, que nos dan por primera vez en el arte japonés una idea del aspecto físico de las gentes del archipiélago, de sus vestidos y armas, viviendas y templos. Del equipo de los guerreros Haniwa se puede apreciar la posición dominante que ocupaban en la sociedad, comparable a la de sus colegas del Norte de Asia.La entrada del budismo en el s. vi, que preconiza la incineración de los cadáveres, termina con la construcción de los túmulos. Y con la aparición de la escritura china se cierra este periodo, haciendo posible la transición de la Protohistoria a la Historia.A. TAIRA ROJO.
BIBL.: M. ALMAGRO BASCH, Prehistoria, en Manual de Historia Universal, 1, Madrid 1960; R. BERSIHAND, Histoire du Japan, París 1959; C. 1. GROOT, The Prehistory of Japan, Nueva York 1951; M. HABERLANDT, Etnografía, Barcelona 1929; M. B. JANSEN, History of Japan, Princeton 1968; 1. KOMATSU, The Japanese people, Tokio 1962; 1. LEROI-GOURHAN, Archéologie du Pacifique Nord (Matériaux pour l’étude des relations entre les peuples riverains d’Asie et d’Amérique), París 1946; R. SPENCER, Anthropology of Asia, St. Paul 1965; P. SWANN, Art of China, Korea and Japan, Londres 1963; Y. YUKIO, Art treasures of Japan, Tokio 1960.
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