Japon, Historia Moderna y Contemporánea. HIST.
Categoria:
Historia
1. Los comienzos de la Edad Moderna. En el s. xvi, J. atraviesa una época de transición que da paso a un orden social nuevo, en el que los que eran antes vasallos se transforman en dueños de sus antiguos señores. Este fenómeno se conoce con el nombre de gekokujó (poner debajo lo que estaba arriba). En este momento se puede señalar el comienzo de la Edad Moderna en J.La organización política de la precedente época Muromachi constaba de dos elementos: el bakufu, gobierno central, y los shugo, gobierno de provincias. El shogun era el principal funcionario del Emperador (mikado). Los mikados pertenecían a una familia divina considerada descendiente de una diosa del sol y que había reinado en aquellas islas desde el s. vil a. C. Como eran personas sagradas, llevaban mucho tiempo viviendo en aislamiento religioso en la Ciudad Santa de Kyóto y dejaban el ejercicio de la autoridad real al shogun. El gobierno de las provincias estaba en manos de los shugo-daimyó, quienes habían abusado de su poder, convirtiéndose en verdaderos señores, usurpando los dominios a otros y concediéndoselos a guerreros de sus respectivas provincias a cambio de su acatamiento. Bajo el reino de Ashikaga se acentuó esta tendencia, e incluso se manifestó la inclinación a separarse cada vez más del bakufu (v. iv). La autoridad del shogun se debilitaba de tal manera que los shugo se enzarzaban en continuas luchas para lograr la hegemonía. A este periodo, desde finales del s. xv hasta fines del xvi, se le conoce con el nombre de sengoku-jidai (de las guerras privadas).Pero otra clase iba a aprovechar esta circunstancia para hacerse con el poder. Los magnates locales, sometidos hasta entonces a los shugo, trataron de convertirse en señores, fundando un nuevo régimen con carácter más feudal. Fueron al mismo tiempo propietarios y soberanos de sus señoríos y tomaron el nombre de sengoku-daimyó. Trataron de controlar a los campesinos que vivían en sus tierras y con ese fin hicieron de los antiguos personajes, que hasta entonces habían dominado a éstos, sus vasallos, y les ordenaron vivir cerca de sus castillos para tenerles más controlados. Bajo esta estructura, los mercados, que ya habían comenzado a desarrollarse en el campo, tomaron mayor incremento, perfeccionándose la economía monetaria y aumentando las vías de comunicación.Un pequeño sengoku-daimyó de la provincia de Owari, Oda Nobunaga (1534-82), tomó la iniciativa de acabar con las guerras privadas y se apoderó en 1560 de las provincias vecinas de Tótómi y Soruga, matando a Imagawa Yoshimoto, que las dominaba. En 1568, ocupó Kyóto y luchó para conseguir la unificación de todo J Sin embargo, fue asesinado por uno de sus señores vasallos. Toyotomi Hideyoshi (1536-98) continuó su obr, unificadora. Había sido uno de los más brillantes generales de Nobunaga, destacando por sus cualidades políticas y militares. En pocos años acabó con la resistencia que se le oponía; en 1584, fue nombrado Kampaku (la dignidad más alta de la corte imperial conocida desde el a. 884); al año siguiente, dajódaijin (primer ministro).El éxito de su unificación política se debió principalmente a la organización del régimen territorial. Perfeccionó el sistema de limitación de las tierras, que ya había comenzado Nobunaga, y unificó el sistema de pesas y medidas con el fin de asegurarse la percepción de las rentas. Confiscó todas las armas de los campesinos con objeto de impedir las revueltas, y fomentó el comercio interior y exterior. Se atrajo a su gobierno a los cinco señores más poderosos. Se reservó una serie de dominios importantes, como Kyóto, Osaka, Nagasaki y Sakai, y quedaron sometidas a su autoridad tanto las minas de oro y plata como las grandes vías de comunicación. Sin embargo, los campesinos estaban descontentos de las duras condiciones del nuevo régimen feudal, ya que habían de pagar en especie al Estado, en concepto de renta, los dos tercios de la cosecha. Para distraer la atención y para satisfacer los deseos de los grandes comerciantes, Hideyoshi organizó en 1592 y 1597 dos expediciones a la península de Corea que terminaron en fracaso.La civilización de este periodo se conoce por los nombres de Azuchi y Momoyama, lugares donde habitaron Nobunaga e Hideyoshi. Parte importante en este periodo fue la clase de los bushi (guerreros o nobles de espada), pero su elemento esencial se manifiesta en los castillos que los señores construían con gran aparato para mostrar así su poder político.2. Los primeros contactos con la civilización occidental. En 1543, un barco portugués de los que comerciaban con China meridional, lanzado a la deriva, arribó a la pequeña isla de Tanega, al S de la provincia de Satsuma. Fueron bien recibidos y, cuando se extendió la noticia entre los establecimientos portugueses, se organizaron varias expediciones para explotar el nuevo mercado. De esta forma, los japoneses fueron familiarizándose con la civilización occidental. Uno de los principales resultados de estos contactos fue la penetración del cristianismo en J., en la que tuvo un importante papel el jesuita Francisco Javier (v.). Sin embargo, Hideyoshi, temiendo que el cristianismo pusiese en peligro la unidad que pretendía, promulgó un edicto prohibiéndolo en 1587. La prohibición no se cumplió totalmente, ya que al continuar el comercio exterior era inevitable la penetración de esta nueva creencia. Desde el comienzo del s. xvii, el monopolio que los portugueses habían logrado en su comercio con J. tuvo que ceder ante la fuerte presión de españoles, holandeses e ingleses. Estas relaciones hacían presumir que la civilización occidental podía aclimatarse entre las costumbres tradicionales japonesas, las cuales no habían recibido hasta entonces más que la influencia de India y China. Se fundaron escuelas a la manera europea; los portugueses inventaron un sistema de transcripción para los signos japoneses, lo que facilitó la publicación en japonés de obras occidentales, y se produjeron también notables cambios en los vestidos, alimentos y viviendas.3. El periodo Tokugawa. Durante este periodo, el régimen feudal japonés alcanza su apogeo. Se caracteriza por una fuerte centralización y, aunque el gobierno local. está en manos de los daimyós, sometidos al shogun, éstos gozan de gran autonomía en sus señoríos. El sistema, que puede calificarse en cierto modo de federativo, fue fundado por Tokugawa Ieyasu (1542-1616), quien logró el poder al vencer, después de la muerte de Hideyoshi, en Sekigahara (1600), a los seguidores de éste. Ieyasu fue nombrado shogun en 1603 y estableció su cuartel general en Edo (actual Tokio). Esta época que se inicia ahora se divide en dos periodos. El primero corresponde a la estabilización del régimen feudal que había iniciado Hideyoshi y que dura desde comienzos del s. xvii hasta principios del XVIII; su fase de apogeo se conoce por genroku (1688-1704). El segundo periodo corresponde a la decadencia del régimen feudal y al debilitamiento de esta civilización.La larga dominación de la familia Tokugawa (v.) se debe al sistema implantado por Ieyasu, que buscaba afanosamente debilitar a todos los otros poderes sin interferirse con el bakufu y someter a los daimyós a un estrecho control. El más efectivo de todos los controles fue el sistema llamado sankinkótai (servicio alternativo), consistente en obligar a los daimyós a residir un año en Edo y otro en su provincia, dejando en la capital a la esposa y los hijos. Estos viajes les obligaba a gastar inmensas sumas que contribuían a debilitar los recursos financieros de los señores. Con el fin de facilitar la vigilancia sobre éstos, se les clasificó en tres categorías: los shimpan, señores parientes de Tokugawa; los fudai, antiguos vasallos de Ieyasu cuando éste sólo era un pequeño señor feudal de la provincia de Mikawa; y los tozama, o señores venidos de fuera, sometidos después de la batalla de Sekigahara. Ieyasu también introdujo algunas modificaciones en la organización del bakufu. La sociedad estaba estructurada según una pirámide jerárquica en cuyo vértice estaba el shogun y en la base todas las clases populares. En esta época pueden distinguirse tres clases: los bushi, nobles de espada; los hyakushó, campesinos; y los chónin, burgueses.4. Japón vuelve a encerrarse en sí mismo. El temor del bakufu hacia el cristianismo se acentuaba por la creencia de que quienes practicaban esta religión sólo podían ser leales a su Dios, lo cual dificultaba el mantenimiento pacífico del gobierno. Desde principios del s. xvii, se procedió gradualmente a acabar con el cristianismo primero, y con los extranjeros más tarde, en todo el territorio de J. En 1614, un edicto ordenaba salir del país a todos los misioneros y se obligó a los japoneses a inscribirse como miembros de las sectas budistas. En 1624, fueron expulsados los españoles y los ingleses; sólo los portugueses, a quienes en 1636 se les limitó el acceso a una pequeña isla en el puerto de Nagasaki, y los holandeses podían entrar en contacto con J. Después de una insurrección en Kyúshú, en 1637, que había estallado por razones económicas y políticas, aunque estaban mezclados en ella los cristianos, se prohibió también todo contacto con los portugueses. Durante él resto del periodo Tokugawa, las relaciones con extranjeros se limitaron a los holandeses. Este aislamiento sirvió para que el régimen Tokugawa realizase sus propósitos de excluir la interferencia extranjera y reducir al máximo los contactos de los japoneses con el exterior, a fin de perpetuar en lo posible el sistema feudal que había instaurado. Así, pues, desde mediados del s. XVII la civilización japonesa permaneció al margen de las civilizaciones extranjeras.El primer periodo de la época Tokugawa se caracteriza por la fuerte influencia de la burguesía. Como los chónin no podían ocupar los cargos públicos, monopolizados por los bushi, quisieron elevarse por encima de ellos por medio de la riqueza. Los bushi, que vivían de las rentas que les pagaban los campesinos, no tenían la suficiente riqueza para satisfacer sus necesidades, que eran cada vez mayores, y habían de acudir a los préstamos de los chónin, a los que tanto despreciaban. El régimen impuesto por esta burguesía se mostraba cada vez más enemigo del sistema feudal. La civilización de la segunda mitad de la época de Tokugawa es igualmente burguesa; no obstante, a diferencia del periodo genroku, tiende a caer en decadencia.Con el profundo cambio experimentado por la sociedad feudal, la forma de pensar también se transformó. Frente al kokugaku (ciencia de las cosas japonesas) que, promovida por los budistas, pretendía conocer mejor las cosas del propio país antes que las extranjeras, nace también una tendencia científica, yógaku (ciencias occidentales) de mayor importancia desde el punto de vista histórico. Intelectuales progresistas trataban de informarse de las cosas de otros países a través de los holandeses, único hilo que les relacionaba con el extranjero. Por esta razón, se denominaba al conocimiento de las cosas europeas con el título global de rangaku (ciencia holandesa). Este conocimiento, aunque incompleto e imperfecto, preparó las bases para una europeización rápida de J, en los tiempos venideros.5. La reapertura de Japón. Al contrario de J., que disfrutaba de su plácida vida de aislamiento, las naciones occidentales, empujadas por la expansión capitalista, buscaban nuevos mercados donde colocar sus productos. En 1792, los rusos trataron de iniciar, sin éxito, conversaciones con el- bakufu para que les permitiese comerciar. Gran Bretaña renovó su interés por J. durante las guerras napoleónicas. En 1808, un buque inglés entró en el puerto de Nagasaki, pero no fue bien recibido y tuvo que huir ante la amenaza de una acción ofensiva. La victoria británica sobre China en la primera guerra del Opio (v.) en 1840, hizo temer a J. un desastre parecido.Hacia mediados del s xix, los EE. UU. comenzaron a ejercer la hegemonía en el Pacífico. En 1853, fue enviada al Extremo Oriente una expedición naval al mando del comodoro Matthew Perry con instrucciones para obtener del Gobierno japonés una garantía de protección para el comercio norteamericano. Los japoneses quedaron impresionados por el estrepitoso espectáculo de los grandes buques de guerra de Perry al penetrar en la bahía de Uraga, junto a Yokohama, y mucho más con las máquinas de coser y otros utensilios de la civilización industrial de Occidente. Tan impresionado quedó el Gobierno japonés, que en 1854 firmó un tratado con los EE. UU. por el que se les permitía entrar en los dos puertos de Shimoda y Hakodate. Poco después, Gran Bretaña, Holanda y Rusia obtenían privilegios análogos. Más tarde, en 1859, otro enviado de los EE. UU, Townsend Harris, negociaba un nuevo tratado por el que se abría al comercio norteamericano el puerto de Yokohama. Y de nuevo se concedieron derechos análogos a los comerciantes de otros países. Afluyeron al país gran cantidad de mercancías nuevas, para cuyo pago se empleaba especialmente el oro, ya que los comerciantes extranjeros se aprovechaban de la ignorancia de los japoneses sobre las diferencias de valor, en el mercado internacional, del oro y la plata. En J., donde se había adoptado como patrón la plata, un europeo podía conseguir oro a menor precio que en su propio país. De esta forma, las mercancías experimentaron una rápida alza.El resultado fue nefasto, sobre todo para los bushi y los campesinos; de ahí su resentimiento contra el bakufu, que monopolizaba el comercio extranjero. Esta circunstancia, unida al malestar de algunos daimyós y del propio mikado, que veían la apertura al extranjero como un sacrilegio a la política tradicional, fue utilizada para minar la autoridad del shogun y reafirmar la del mikado. Pero hasta el propio sentimiento xenófobo de daimyós y mikado cambió radicalmente cuando en 1863-64 los bombardeos de los puertos japoneses demostraron la eficacia de la artillería occidental y la incapacidad de J. para defenderse por sus propios medios. Comprendieron la necesidad de adquirir este tipo de material, y ellos mismos fomentaron el contacto con los occidentales para aprender de ellos y superarlos. Sin embargo, no por esto disminuyeron la hostilidad hacia el shogun y exigieron que sus poderes volvieran al mikado.6. La época Meiji. La revolución japonesa de 1867-68 implicaba tanto una demanda creciente de occidentalización y un deseo de unificación nacional bajo el directo poder del mikado, como el descontento de los bushi, resentidos por los efectos de la economía monetaria. El quinceavo shogun, Yoshinobu, fue obligado a abdicar y se hizo soberano efectivo al joven, pero capaz, mikado Mutsu -Hito (v.; 1868-1918). El antiguo régimen de carácter feudal fue reemplazado por uno nuevo, basado en el principio del capitalismo moderno. Pero no fueron los burgueses los que llevaron a cabo este cambio; la revolución fue en esencia nobiliaria o de notables, y al mismo tiempo contaba con el asentimiento de toda la nación.Mutsu-Hito, que inaugura la época Meiji (v.), estaba rodeado de un grupo de personas convencidas de que, si J. quería igualarse con los poderes occidentales en el orden material y militar, era necesaria la formación de un Gobierno nacional unificado. Además, para ponerse a la altura de los occidentales hacía falta conocerles en sus propios países y aprender de ellos. Se enviaron jóvenes a Europa y EE. UU., a fin de que estudiasen en sus universidades, se admitieron de nuevo las misiones cristianas, se fomentó el comercio exterior y se buscaron los consejos occidentales para cambiar las instituciones políticas, económicas y militares. Se tomaron las medidas necesarias para acabar con la descentralización feudal, a la cual se achacaba la debilidad de J. Los casi 300 feudos existentes se convirtieron en 72 prefecturas y tres distritos metropolitanos. La mayor parte de los daimyós perdió todo contacto con la administración y, aunque éstos conservaron sus títulos de forma honorífica, su importancia política disminuyó notablemente desde 1884.7. Desarrollo del constitucionalismo. Desde antes de la caída de Tokugawa, existía la creencia de que el constitucionalismo proporcionaba a los países occidentales su unidad y su fuerza, y los japoneses se creían capaces de lograr también ese resultado. Desde 1868, el Gobierno ensayó un sistema bicameral que no tuvo efectividad, porque los gobernantes japoneses preferían seguir una política personal. A esta tendencia reaccionaria se oponía vivamente el jiyúminken-undó (movimiento liberal de los derechos del hombre), que reclamaba una Constitución. Su dirigente, Itagaki Taisuka, y los liberales de la antigua provincia de Tosa presentaron en 1873 una petición al Gobierno para que se crease una Asamblea nacional de representantes del pueblo. Pronto se les unieron muchos propietarios y campesinos, descontentos de los gravosos impuestos a que estaban sometidos. Este movimiento evolucionó hasta formar un verdadero partido político llamado jiyúto (liberal), cuyo presidente era Itagaki. En 1882, se constituyó otro partido bajo el nombre de kaishintó (progresista), cuyo jefe era Okuma Shigenobu. Los dos luchaban por el constitucionalismo; pero mientras el primero se apoyaba principalmente en los campesinos, el segundo estaba compuesto por la burguesía.Ante la presión de estos partidos, el Emperador prometió la promulgación de una Constitución y la creación de una Asamblea; pero esos años coincidieron con una difícil coyuntura económica, a causa de la acción del Gobierno para frenar la inflación motivada por los gastos de la década de 1870. La acción tuvo éxito, pero provocó una difícil situación en el campo que podía hacer estallar una agitación de los partidos. El jiyúto se disolvió en 1884 después de una sangrienta represión de la fuerza pública. Desde ese mismo año, el kaishintó no existía más que formalmente. El movimiento de los partidos, brillante al principio, llegó a definirse como un nacionalismo liberal, es decir, que sólo se pedía la democratización del Gobierno para despertar un vivo sentimiento de nacionalismo en el pueblo, con el fin de que se interesase por el destino de su patria. A pesar de la desaparición de estos partidos, la Constitución era preparada por una comisión dirigida por Itó Hirobumi, quien viajó por Europa a fin de pedir asesoramiento para su proyecto. En Prusia, encontró el sistema que podía ofrecerle modernidad sin que el Gobierno perdiese control efectivo. A su vuelta a J., elaboró un proyecto que fue discutido por un Consejo privado del Emperador. Este Consejo estaba formado por oficiales imperiales, dirigentes del Gobierno y antiguos samurais (guerreros que habían estado al servicio de los daimyós) y desempeñó un papel importante, la mayoría de las veces reaccionario, en la política japonesa.La Constitución del Imperio de J. se promulgó el 11 feb. 1889, aunque realmente se trataba de una Carta otorgada. No hacía referencia a la sucesión del trono imperial ni a la regencia, pues estos asuntos no competían al cuerpo legislativo, del cual estaba desligado el Emperador, y se relegaban, por tanto, a un reglamento de carácter particular que concernía exclusivamente a la familia imperial. El poder imperial era casi ilimitado y la persona del Emperador era sagrada e inviolable. Según la Constitución, el mando militar supremo era independiente de la responsabilidad de los ministros del Estado, lo cual facilitaba la autocracia militar. El poder ejecutivo tenía en sus manos casi toda la autoridad, al ser él, y no el Parlamento, quien controlaba de hecho el presupuesto. A pesar de que el régimen establecido en J. era una monarquía constitucional, de hecho, su carácter correspondía al de un Estado absolutista.8. El imperialismo de Japón. Una vez completadas las reformas internas, el Gobierno japonés, que no se conformaba con imitar las instituciones políticas de los países occidentales, sino que aspiraba también a imponerse en el Extremo Oriente, inició su expansión hacia el exterior. En esta tarea, los políticos se vieron apoyados por los comerciantes e industriales, a quienes interesaba la apertura de nuevos mercados que no fuesen los occidentales, para colocar con facilidad sus productos. Además, la población, inquieta y demasiado hacinada, necesitaba una salida. A principios de la década de 1890, J. comenzó a inmiscuirse seriamente en la política china, lo cual enfrentó a ambas naciones. El conflicto tuvo por escenario la península de Corea, donde se estableció un condominio de chinos y japoneses en virtud del tratado de Tientsin (1885). Unos y otros se comprometieron a no enviar tropas a Corea sin informar previamente. A pesar de los deseos de J. de anexionarse la península, la influencia china aumentó en Corea a partir de 1890 (v. COREA Iv). En 1894, una rebelión en esta península dio pretexto a J. para enviar tropas, y una vez sofocada aquélla, los japoneses no mostraron ninguna inclinación por abandonar.La Guerra chino-japonesa (v.; 1894-95) estalló primero en el mar y después en Corea. La superioridad japonesa se manifestó pronto gracias a su mejor material y organización. Pyongyang fue conquistada en septiembre de 1894 por los nipones, quienes en rápido avance atravesaron el río Yahi y, penetrando por Manchuria, amenazaron Mukden. También por el S, completando una operación en tenazas, los japoneses avanzaron sobre la capital manchuriana. Un tercer ejército de desembarco tomaba Weihaiwei. La derrota de los chinos no se hizo esperar y, por el tratado de Simonoseki (17 abr. 1895), China reconocía la independencia de Corea, que se ponía así bajo la influencia de J., y cedía a esta nación Port Arthur, la isla de Formosa y la península de Pescadores. Pero los poderes europeos no estaban dispuestos a que J. se interfiriese en sus zonas de influencia en el Extremo Oriente y le obligaron a devolver Port Arthur. En 1898, Rusia arrebató a China esta importante base naval. Estos hechos provocaron en el pueblo japonés un tremendo odio hacia las naciones que hoy llamamos del Este, que, sin duda, tuvo gran importancia en los acontecimientos posteriores.Aunque la influencia china había sido eliminada en Corea, los japoneses encontraron aún resistencia, debido a que la península había buscado la ayuda de Rusia, en vez de aceptar la influencia de J. Para los japoneses era vital el dominio de esta parte del territorio asiático, debido a la vulnerabilidad de las costas de su país. Pero Rusia también se creía con derecho a intervenir .en Asia oriental, en parte por sus deseos de propagar el cristianismo y frenar la barbarie amarilla y, en parte, por sus ambiciones imperialistas. La camarilla de Nicolás 11, que había adquirido en Manchuria grandes propiedades, animaba al zar para que detuviese los propósitos japoneses usando la violencia si fuese preciso. Las hostilidades no tardaron en comenzar (v. RUSO-JAPONESA, GUERRA).Comprendiendo la necesidad de protección contra una posible combinación de los enemigos europeos, los japoneses concertaron un tratado de alianza con Gran Bretaña en 1902. Sus cláusulas establecían que cada signatario acudiría en ayuda del otro en caso de ataque de dos o más países y ’se mantendrían neutrales en caso de guerra con una sola nación. J. propuso entonces un arreglo con Rusia sobre la base de que se le dejase carta blanca en Corea y que se limitasen los intereses rusos en Manchuria. Rusia no se avino a la segunda pretensión, pero antes de iniciar una guerra quiso dilatar las negociaciones hasta que el deshielo dejase libre a la flota de Extremo Oriente bloqueada en Vladivostok. Esto fue precisamente lo que decidió a J. a iniciar las hostilidades y, en la noche del 8 al 9 feb. 1904, la flota japonesa atacó a los barcos rusos en Port Arthur sin previa declaración de guerra. Después de sucesivas victorias japonesas, el tratado de Portsmouth (5 sept. 1905) reconocía la primacía japonesa en Corea, y Rusia cedía a J. sus intereses políticos y económicos al S de Manchuria, incluyendo Port Arthur y la mitad Sur de la isla de Sajalín. Esta victoria sobre Rusia reforzó el sentimiento nacionalista del pueblo japonés, y los movimientos democráticos que venían haciendo reformas en el interior fueron sobrepasados por los fanáticos nacionalistas que ponían sus ojos en el exterior.9. El auge del militarismo y las dos Guerras mundiales. En 1912, murió el emperador Meiji, a quien sucedió Taisho. Durante el reinado, estalló la I Guerra mundial (v.). J. tomó parte en ella al lado de Gran Bretaña. Pero, excepto en cuanto a la ayuda a algunos convoyes, limitó su participación a la conquista de las islas alemanas del Pacífico y de sus posesiones en la península de Shantung. Su entrada en la guerra no le proporcionó más que beneficios. Mientras los países europeos gastaban sus fuerzas, J. desarrollaba su industria. Su influencia en Asia oriental creció a expensas de sus competidores europeos. En 1915, impuso al Gobierno chino las 21 demandas que le dieron oportunidad de conseguir beneficios económicos en China, aunque a costa de un fuerte movimiento antijaponés. La creciente influencia japonesa en el Pacífico, que se mostró patente en el tratado de Versalles, hacía recelar a las potencias occidentales. La conferencia de desarme ccinvocada en Washington en 1922 tenía como propósito principal reducirla. Su feliz resultado hizo esperar que la política del J. se caracterizara en el futuro por la razón y la moderación.La vida japonesa experimentaba una rápida modernización, pero este cambio era sólo de cara al exterior. Aún quedaban restos del pasado, sobre todo entre el campesinado, en desventajoso desequilibrio con respecto al habitante de la ciudad. La depresión económica de 1929 también repercutió en J. El Ministerio Hamaguchi, formado en julio de ese mismo año, trató de remediar la situación por medio de la racionalización de las empresas, pero esto no hizo más que hundir a los pequeños comerciantes y fabricantes. La vida rural era cada vez más miserable. La población comenzó a mirar con odio a los partidos políticos que, muy corrompidos, apoyaban la política gubernamental, y el movimiento social tomaba forma. Por otra parte, la política de desarme llevada a cabo por Hamaguchi provocó el descontento de los militares, que recurrieron a la violencia. En 1931, el ejército japonés, establecido en Kouangton, ocupó Manchuria por la fuerza. Este asunto constituyó una buena desviación para entretener el descontento nacional, y además sirvió para animar por el momento al decaído comercio japonés. La acción fue, por tanto, bien vista, y el prestigio de los militares aumentó. Pronto tomaron la iniciativa y, sostenidos por los reaccionarios de la derecha, quisieron establecer una dictadura militar, suprimiendo por la fuerza el gobierno de los partidos. Se sucedieron entonces los actos de terrorismo y las revueltas militares. Paralelamente a esta política de militarización, J. se acercaba a los países del Eje, Alemania e Italia. En 1933, se retiró de la Sociedad de Naciones y en 1936 firmó el pacto Antikomintern.En 1939, estalló la II Guerra mundial (v.) y el ejército japonés presionó al Gobierno para que se firmase una alianza militar entre Alemania, Italia y J. Ante la imposibilidad de invadir el Norte de China, las autoridades militares cometieron la imprudencia de avanzar hacia el S y penetrar en Indochina. Las potencias occidentales trataron de impedirlo proponiendo al presidente del Consejo, Konoe Fumimaro, una negociación para resolverJAPÓN V - VIel conflicto chino-japonés. Pero los militares extremistas, dirigidos por Tójó Hideki (v.), que sucedió al presidente Konoe, declaró la guerra a EE. UU. y Gran Bretaña, bombardeando Pearl Harbour el 8 dic. 1941. Los primeros meses de la guerra fueron jalonados por victorias japonesas. Sus tropas ocuparon Manila el 2 en. 1942, Singapur el 15 de febrero, las Indias holandesas y Rangún en marzo. Sin embargo, los aliados se repusieron pronto; la batalla de Midway, el 4 jun. 1942, significó una seria pérdida para la flota japonesa.La batalla de Guadalcanal, en las islas Salomón, terminó con la retirada japonesa en febrero de 1943. La fuerza productiva de J. no podía competir con la de sus adversarios y, cuando la caída de Saipán, en julio de 1944, permitió a los bombarderos estadounidenses llegar hasta Tokio, el gobierno de Tójó fue derribado, siendo sustituido por el de Koiso Kuniaki. Era evidente que J. estaba perdiendo la guerra, pero no había ningún grupo político que pudiese hacer frente a los líderes militares. A partir de finales de 1944, comenzó el terrible bombardeo de las ciudades importantes. Sin embargo, los generales se negaban a aceptar la rendición incondicional que pedían los aliados. El desembarco de los norteamericanos en Okinawa produjo la caída del Gabinete Koiso, reemplazado por Suzuki Kantaró. Toda su labor se dirigió a conseguir unos términos aceptables de paz, pero hubieron de lanzarse las dos primeras bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 ag. 1945, para que el Gobierno japonés se aviniese a firmar la rendición, que se formalizó el 2 de septiembre siguiente, a bordo del acorazado Missouri.10. Los años de la posguerra. Después de este desastre J. experimentó un gran derrumbamiento. La obra de construcción y occidental ización que se había iniciado en la época Meiji se venía abajo con los síntomas de una tremenda crisis. Se concedieron a J. una serie de garantías en cuanto a la conservación de su religión, de los derechos humanos esenciales y de la libertad de expresión, y a fin de que no volviese a constituir una amenaza para EE. UU. y para la paz y seguridad del mundo, se envió al general Douglas Mac Arthur para que controlase el cumplimiento de estos objetivos. En realidad, aunque Mac Arthur fue a J. en calidad de comandante supremo de los poderes aliados, actuó de hecho como verdadero gobernante. Su labor para democratizar el país dio fruto al establecerse una nueva Constitución el 3 mayo 1947, que declaró el carácter no divino de la autoridad imperial y estableció un régimen ampliamente representativo y parlamentario. Este avance fue reforzado por otros cambios políticos y sociales, cuya finalidad era preparar grupos para salvaguardar y proteger la nueva estructura sobre la que se había de levantar el país. En la conferencia de San Francisco (septiembre 1951), los EE. UU. firmaron un tratado de paz con J. que fue suscrito por 49 naciones. J. reconocía la independencia de Corea y renunciaba a todos sus derechos sobre Formosa, las Kuriles y el Sur de la península de Sajalín. J. no era ya la gran potencia militar de antes de 1942, pero resurgía como gran potencia económica.En los últimos años, J. ha mostrado una actitud pacifista, oponiéndose a las explosiones nucleares. La nueva experiencia parlamentaria en el campo político deja al actual emperador Hiro-Hito con una función meramente simbólica y representativa, desempeñando el poder ejecutivo el primer ministro, puesto en el que han destacado Sigeru Yoshida y Eisaku Sato.R. SÁNCHEZ MANTERO.
BIBL.: Y. NODA, Le Japon, en Histoire Universelle, Encyclopédie de la Pléiade, 111, París 1958, E. H. NORMAN, Japan’s Emergence as a Modern State, Nueva York 1940; IENAGA (SABUR5), History of Japan, Tokio 1953; A. GONTHIER, Histoire des institutions japonaises, Bruselas 1956; 1. PIRENNE, Historia Universal, III-VIII, Barcelona 1957; F. BRAUDEL, Las civilizaciones actuales, Madrid 1966; W. G. BEASLEY, Historia moderna del Japón, Buenos Aires 1968.
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