Japon, Arte. ARTE
Categoria:
Arte
El arte de J. tiene unas características que le distinguen del occidental e, incluso, del chino (v. CHINA x). Este último está muy cercano al japonés, si bien el de 1. tiene mayor personalidad estética, una severidad general, una impregnación más profunda del budismo en la forma de la secta zen, y, a veces, un sentimiento menos artificial de la Naturaleza. El carácter japonés tiene una fuerte tendencia intuitiva y emocional; su lógica es muy distinta de la del occidental y se apoya en tradiciones, esquemas psicológicos y pensamientos religiosos diferentes que parecen a menudo irracionalistas. Esta expresión emocional, intuitiva, domina por completo el pensamiento japonés y su arte, con unos símbolos más intuitivos que lógicos, con una simplicidad refinada, con una espiritualidad naturalista.1. La estética japonesa. Esta simplicidad caracteriza el arte de J., que sugiere mucho más que describe; unas pinceladas bastan a menudo para evocar una impresión, un sentido nostálgico de la Naturaleza. La perspectiva ocidental no existe en el arte japonés, y se buscan grandes espacios vacíos que forman la clave del ritmo especial de ciertas escuelas que usan de esta profundidad imprecisa para producir un sentido poético místico. Este arte está inmerso en la Naturaleza que todo lo domina, como en el arte chino. El papel del hombre es secundario y aparece en cuanto que éste es parte de ella.Este arte tiene una fuerza expresiva impresionista muy intensa; la escultura japonesa tiene más valor de espiritualidad que la de China, y las representaciones sobrenaturales de los dioses, de Buda y de los bodhisattvas, son más humanas y se hallan más cerca de los hombres. Tienen un gran sentido de interioridad en sus pinturas nostálgicas y expresionistas. Los críticos de arte japoneses han definido algunos conceptos estéticos; los monjes zen han destacado en sus estudios religiosos sobre el arte el concepto de wabi, simplicidad, y es el descubrimiento de la belleza esencial en la vida, en toda la naturaleza; tiene sentido de sinceridad consigo mismo, de pureza de corazón, de búsqueda de un ideal que trasciende las realidades visibles, de simplicidad esencial, cualidad que` se encuentra en muchas obras de arte japonesas, en sus líneas, en los trazos del pincel, en la forma de una obra de arte, ya sea escultórica o arquitectónica.A su lado, y como complemento, está el concepto de shibui, rudo, áspero; es la belleza de las cosas familiares de cada día, de los productos de la Naturaleza: una piedra, una rama seca de árbol o de vid, una flor. El artista japonés no busca lo perfectamente acabado; al contrario, le encanta lo ilimitado, lo no acabado, lo asimétrico; la imaginación, la sensibilidad del espectador tienen que terminar la visión para encontrar en este vacío, mushin, la belleza escondida.2. El arte protohistórico (5000 a.C.-552 d.C.). El primer periodo del arte de J. es la cultura jomon, cuerda enrollada, porque los artistas de esta época utilizaron una cuerda para los diseños hechos sobre los objetos de barro, periodo protohistórico que llega hasta el 200 a. C.; esta cerámica neolítica de vasijas hechas de un barro oscuro, grisáceo, pero ya con una gran fuerza de expresión, se clasifica de acuerdo con su forma; la más antigua está poco ornamentada, mientras que la de la última época tiene una rica decoración, con gran variedad de formas. A su lado hay figuras de barro que representan hombres y animales, y se utilizan con fines religiosos; por lo general, su forma es abstracta (v. III). Después del periodo Jomon viene el periodo Yayoi, en el s. ii a. C., cuya cerámica parece proceder de inmigrantes de Corea expulsados del continente por los Han chinos. Ofrece un mayor refinamiento en la forma, más fina, más acabada y que recuerda las líneas de algunos vasos de metal. El color es rojo oscuro.Este periodo acaba en el de las tumbas imperiales, de dimensiones enormes; la del emperador Nintoku (310399) tiene 30 m. de altura y 540 de longitud. Estos monumentos funerarios contienen figuras de barro, las famosas haniwa cuya belleza extraña, copiada de las figuras funerarias de los Han de China, tiene ya, sin embargo, rasgos típicamente japoneses. Estas figuras, primero en forma de cilindros de barro clavados en la tierra alrededor de la tumba con el fin de evitar el corrimiento de la tierra, se convirtieron en figuras de muchas formas: figuras humanas de danzarines, cazadores, guerreros, reproducciones de animales (perros, caballos). Aunque al principio pudieron reemplazar a los sacrificios humanos que acompañaban a los Emperadores muertos, después fueron figuras que se pusieron en las tumbas hasta el s. vti, en que acabó esta costumbre por influencia budista. La belleza abstracta de los haniwa se acompaña, por la falta total de elementos decorativos, de una línea austera y sencilla que define ya la estética japonesa. La cerámica de este periodo, llamada Jwaibe o cerámica sagrada, es de color gris y con un baño brillante; la forma es de una copa con decoración de pequeñas figuras, de escenas de caza. Los templos de madera del sintoísmo representan los primeros ejemplos de la arquitectura de J., con unas líneas simples y bellas, como en el antiguo templo de Ise, que existe todavía.3. El arte budista de los periodos Asuka y Nara. El periodo de Asuka (552-646), o Suiko, vio la instalación del budismo (v.) en J. como religión oficial gracias al príncipe Shotoku Taishi. Éste edificó algunos templos y monasterios: el Hóryú-ji de Nara es el más importarte. Es totalmente de madera y se nota la estrecha relación entre los edificios y la Naturaleza que le rodea. El Kondo, el templo central, tiene un hermoso tejado y varios pisos; el edificio se halla sobre una plataforma de piedra.La pagoda consta de cinco pisos y es el monumento más hermoso de esta época, que tiene su origen en la evolución del stúpa búdico de la India. La escultura de este periodo proviene de extranjeros, de los que el más conocido es el artista coreano Tori, que llegó a J. en el 532 y cuyas obras representan a Buda y a los bodhisattvas. Es evidente la influencia china a través de Corea, y recuerda a los tipos de las grutas búdicas chinas de YunKang y Lung-men. La famosa Kannon de Kudara del s. v, de autor desconocido, es una obra excepcional.El periodo de Nara (v.; 710-794) conoció el apogeo del arte budista en J.; fue una época de gran fervor budista, y el arte de entonces inspiró al de épocas posteriores. La manifestación que alcanzó mayor desarrollo y la forma artística más perfecta en el arte de Nara fue la escultura. Refleja el arte chino de los T’ang, pero tiene elementos de originalidad que se acentúan a medida que pasa el tiempo. Los budas y bodhisattvas de los diversos templos de Nara muestran una profunda espiritualidad interna; el grupo del templo de Yakushi-ji, del s. VIII, tiene una sencillez, una nota de dinamismo humano, que le hace famoso, El trabajo de fundición del bronce es perfecto. En esta época aparece la técnica de la arcilla aplicada sobre un armazón de madera; son de resaltar las actitudes de los espíritus guardianes de los templos.La arquitectura del periodo de Nara tiene pocos ejemplares; citemos los edificios del Toshodai-ji (759), de apariencia más pesada que los templos de Asuka; el Shósóin, que guardaba los tesoros del emperador Shomu; el Butsuden, en el Toda¡-ji, que contiene la imagen del Gran Buda de bronce, que pesa 450 t. y mide 16 m. de altura; sólo el rostro alcanza los 4,85 m. de longitud; su apariencia es impresionante. Aparecen en esta época las pinturas; los frescos murales del Hóryú-j¡ fueron destruidos por un incendio en 1949, pero quedan bastantes reproducciones; se puede notar una influencia directa de la pintura gupta de Ajantá en la India, con sus formas redondas y los adornos. Los kakemono, o rollos de pintura que se podían colgar de la pared, aparecen en el templo de Yakushi-ji, y puede apreciarse la mezcla del arte de Asia central y de China. Los artesanos de Corea y de China trajeron consigo muchas técnicas; el Shósóin tiene una colección única de objetos T’ang: instrumentos de música, muebles, cerámicas, objetos preciosos de nácar y marfil y sedas. Se discute el origen japonés o chino de ciertas piezas tales como las cerámicas; todo parece indicar una fabricación japonesa con modelos chinos.4. El periodo de Heian (794-1185). La influencia china había marcado intensamente la historia de J. hasta el s. vi¡¡, fecha a partir de la cual quedó asimilada y apareció una cultura japonesa independiente que se concretó en el traslado de la capital de Nara a Heian-Kyo, la actual Tokio. La arquitectura de los templos se simplificó por la multiplicación de los santuarios ocasionada por las nuevas sectas budistas tendai y shingon; los templos no se construían ya en las ciudades, sino en los bosques y en los montes. La decoración interior fue más recargada; el diseño de los techos es muy elegante y el exterior encaja perfectamente en el paisaje. La pagoda de cinco pisos del Daigo-ji (936), de 26 m. de altura, remata en una espiral de 13 m. que corona la torre.La escultura del s. IX se inspiró en el estilo T’ang, pero perdió pronto sus cualidades plásticas y marca un descenso comparada con la de Nara; la iconografía búdica Shingon era muy complicada y la escultura se hizo menos realista y natural. A la búsqueda de las masas sucede una escultura gráfica en la que se impone una decoración policromada sobrecargada de oro. La multiplicación de las estatuas exigió la creación de talleres con la división del trabajo bajo la dirección de un artista; el más célebre fue Jóchó (s. x). Las diosas están vestidas con traje de ceremonia de dama de la corte, y las obras reflejan una elegancia refinada; podemos citar a la famosa diosa de la Fortuna de Kichijo-Ten.La pintura Heian logra un desarrollo importante; aparece la gran escuela Yamato-e (pintura japonesa) que marca la independización de la influencia china en la escuela Kara-e (pintura china); las pinturas búdicas traídas de China en el s. ix sirvieron de modelo a los monjes, que imitaron sobre todo su grafismo y su movimiento. En los s. XI-XIII es más evidente todavía esta tendencia lineal y se manifiesta en imágenes de hermosas divinidades, pintadas con colores claros y líneas doradas para subrayar los pliegues. El amidismo, secta búdica, presenta los Raigo-zu, "descensión de Amida", con un paisaje de montañas y un lago que evoca la campiña de los alrededores de la capital. Por otra parte, desde el s. ix, la pintura no religiosa del estilo Yamato-e introdujo escenas y temas japoneses, así como la simplificación de los paisajes. Este nuevo estilo se utilizó en los interiores del palacio imperial (s. ix), y a él pertenecen las escuelas de Kose y Kintada; más tarde se utilizó esta técnica en la ilustración de las obras literarias de la época. La pintura ilustrativa del Genji-monogatari es estática, realista, representa episodios importantes de la novela escrita por una dama de la corte, Murasaki Shikibu (9751031). La perspectiva se toma desde la parte superior de la escena, lo que obedece al modo de enrollar los emakimono, de derecha a izquierda. Otras pinturas ilustrativas se encuentran en el Shigisan-engi-e-maki (origen del templo del monte Shigi), que describen la vida natural del pueblo y sus costumbres; el dibujo y las expresiones son perfectas, con una espontaneidad muy típica. Citemos las pinturas caricaturescas de animales, los Choju-giga, del Kozan-ji de Kyóto, con un movimiento y una vivacidad extraordinarios.5. El arte de Kamakura (1186-1332). Este periodo se caracterizó por un ambiente de dureza y austeridad; la dictadura militar de los shogun, generales dictadores, y las dificultades políticas interiores y exteriores reforzaron la japonización de las artes. Los templos y los palacios suntuosos de la época Heian dejaron paso a un estilo más sencillo, porque ya faltaba la protección de las grandes familias ricas de los tiempos pasados. La arquitectura privada y doméstica siguió también esta tendencia funcional. El ambiente budista de la secta zen se desarrolló mucho y tuvo una influencia importante en la edificación de los templos, con una planificación nueva, una simplicidad de elementos y solidez en la construcción. Las líneas curvas predominan en el doble tejado: uno inferior de gran sencillez de líneas, y otro, superior, de mayores proporciones y con el alero levantado. El conjunto es hermoso, severo, sencillo, y refleja la austeridad espiritual del zen. Fue el estilo de los Sung en China que, con el nombre de Kara-yo, se implantó en J.; el ejemplo clásico es el relicario del Engaku-ji cerca de Kamakura, el Sanjusangendo de Kyóto y el Kencho-ji de Kamakura.La escultura refleja la austeridad de la época; siguen las fórmulas anteriores, pero hay un proceso positivo de individualización y realismo. Los seres divinos de Nara tenían una idealización de sus apariencias humanas, mientras que la figuración de la época de Kamakura subraya las cualidades personales y humanas con gran realismo y una personalización interesante, lo que caracterizó siempre al arte japonés. Las obras del escultor Unkei (s. xii) tienen una extraordinaria visión realista; las estatuas de los monjes Muchaku y Seshin son bien conocidas. El Gran Buda de Kamakura (1255), que t¡ene 14 m. de altura, imita al Buda de Toda¡-ji de Nara; tiene un equilibrio perfecto. Quedan algunos ejemplos de escultura no religiosa de esta época; se puede citar la de Uesugi Shigefusa, con su típico vestido de samurai y que muestra un cuidadoso modelado.La pintura religiosa de Kamakura tuvo menos importancia y siguió las características generales del periodo Heian; hay más realismo, más aproximación a lo humano. Quizá la expresión estética más completa de esta época se perciba en los numerosos retratos de monjes fundadores de templos, de generales, el de Minamoto Yoritomo realizado por Fujiwara Takanobu (1142-1205) es famoso por la oposición del traje negro y el rostro luminoso; se hicieron representaciones de los infiernos búdicos con un realismo dramático y una fantasía increíble en la fría crudeza de las escenas. Aparecieron pinturas en rollos, los emakimono, que cuentan temas históricos y biográficos.Las artes menores de Kamakura muestran objetos de laca elegantes y refinados, con un sentido muy personal; se introdujo;la laca esculpida Kamakurabori inspirada en la técnica china de los Sung. La cerámica imita a la de China; los Ko-seto se inspiran mejor o peor en los celadones chinos, y aparecen los temmoku de cerámica negra y parda, que imitan también a la cerámica china.6. La época de Muromachi (1333-1573) y Momoyana (1573-1615). Es el periodo que vio nacer una nueva estética en J. La arquitectura se distingue por su elegancia y su estilo netamente japonés, el wa-yo; el edificio más célebre es el pabellón de oro de Kyóto, el Kinkaku-ji (s. xiv), que combina los jardines con la construcción exquisita y hermosa; el pabellón de plata, el Ginkaku-ji (1489), es igualmente famoso y está situado a la orilla de un lago. Es la época de los jardines zen, arreglados para recordar y evocar un paisaje; a menudo están situados junto a las casas de té, también de origen zen. La arquitectura civil vio aparecer los grandes castillos con lujosas residencias; el palacio de Nijo en Kyóto es un ejemplo de estas construcciones sobrecargadas de decoración y color. La escultura fue esencialmente decorativa; de esta época datan las máscaras utilizadas por los actores de los nó, dramas líricos que empezaron en el s. xv.Fue, en cuanto a la pintura, la gran época del lavado zen, suiboku, inspirado en los maestros chinos Sung y Yuan. Josetsu (s. xv) imitó los paisajes chinos Sung del Sur; otro monje zen, discípulo de Josetsu, Shubun, tiene un estilo perfecto y da a sus personajes una vida interior muy fuerte; pero será el monje zen Sesshu (1420-1506) el que alcanzará una de las cumbres de la pintura de J.; visitó China y adoptó técnicas chinas en sus paisajes, utilizando diversos estilos. Los palacios y las casas ricas se llenaron de los grandes lavados de estos pintores. Kano Motonubu (1476-1559) introdujo el brillante colorido de la escuela Tosa, que figuraba como escuela oficial de la corte en los lavados a tinta. Creó la escuela Kano, cuyos artistas decoraron los palacios de los shogun con pinturas suntuosas, con fondo de oro y plata.Los objétos de cerámica, laca y metal tomaron un aspecto rico con la aplicación de metales preciosos y laca de oro; en la cerámica, la influencia zen, sobria y austera, actuó sobre los productos de Seto. El tipo temmoku fue entonces muy popular, ya que la ceremonia del té, celebrada primero solamente por los monjes zen, llegó a ser una costumbre entre las clases militares y comerciantes del país.7. Periodo de Tokugawa (1615-1868). En este periodo la arquitectura siguió la estética de las épocas anteriores con la sencillez zen; el palacio de Katsura (s. xvii) es un buen ejemplo de ello. Las casas de té, los chashitsu, se multiplicaron con su estilo de soledad y tranquilidad, y su aspecto de sencilla cabaña con techo de juncos y paredes de madera.En pintura, la escuela Tosa decae, y la técnica de los Kano se impone en la corte y en las casas principescas. Kyóto fue el gran centro cultural de la época; Sotatsu (m. 1643) fue un gran artista, colorista y decorador, en la línea tradicional del Yamato-e. Ogata Korin (16581716) siguió su estilo, pero con un realismo más agudo y sintético. El espíritu zen siguió en los lavados de los monjes Hakuin (1685-1716) y Sengai (1751-1837). La escuela colorista, Ukjyo-e, reprodujo escenas populares, que se imitaron en los grabados en madera para unificarse en los grabados de color, populares y a veces triviales, pero que tuvieron un éxito inmenso en J.Son dignos de mención artistas como Suzuki Harunobu (1725-70), gran renovador de la estampa, inventó el hishiki-e, la tirada de colores en número ilimitado; sus grabados de mujeres y niños con pocos adornos tienen una particular gracia aristocrática. Su obra tuvo gran éxito en los medios distinguidos y literarios de su época. Utamaro o Kitagawa Utamaro (1753-1806) fue uno de los grandes maestros de la estampa, el refinamiento de los colores y la finura de su trabajo hicieron de él uno de los más grandes artistas del grabado japonés; son célebres sus mujeres con largas trenzas de cabello negro. Su obra ha sido muy imitada, pero nunca se ha conseguido la belleza de su, dibujo. Kiyonaga (1752-1815), pintor de mujeres; Hokusai (1760-1849), artista de una capacidad creadora extraordinaria; Hiroshige (1797-1858), pintor de paisajes. Las artes menores tuvieron un gran desarrollo, y Kyóto se convirtió en un gran centro de cerámica en el que la decoración llegó a ser lo más importante.8. Periodo moderno. A mediados del s. xix, I. abrió sus puertas gracias a la acción revolucionaria del emperador Meiji (1868-1913), que permitió la entrada de las influencias occidentales en la cultura japonesa. El arte japonés olvidó sus tradiciones e imitó, servilmente a menudo, las corrientes artísticas extranjeras.La escultura tiene muchas influencias europeas, y los artistas japoneses aprenden su oficio en los talleres occidentales. Trabajan sobre todo la madera; podemos citar a Yoshi Kinuchi, Jasuo Mizui y Romorini Toyofuku.La pintura siguió la misma evolución, pero conservando las antiguas tradiciones estéticas con nuevas técnicas occidentales; Tomioka Tessai (1837-1924) estuvo influido por las escuelas francesas; Hishida Shunso (18741911) siguió fiel a las viejas tradiciones; Kosaka Gajin (1877-1953) renovó la caligrafía japonesa; Yasui Sotaro (1888-1955), influido por Pissarro, Cézanne y Matisse, tiene paisajes fuertes y hermosos; Munakata Shiko (n. 1903) es un gran especialista del grabado en madera, el hanga. Muchos pintores japoneses viven en Occidente, como Fujita (1886-1968).Pintor japonés nacido en Tokio, pero que se encontraba en París en el momento en el que los artistas extranjeros hacían de Montparnasse un lugar de trabajo, y no dejó ya la capital francesa. Sus retratos y bodegones occidentales de inspiración, hechos con una técnica oriental refinada, han destacado por la minucia del dibujo e hicieron que Fujita fuera uno de los pintores más célebres de los medios parisienses antes de la 11 Guerra mundial.La cerámica sigue manteniendo su carácter distintivo y continúa las grandes tradiciones de las escuelas anteriores. Yanagi Soetsu (1889-1961) fue el maestro ceramista moderno y creó un museo de Artes Populares en el que recogió las obras nacidas del pueblo; sus discípulos: Kawai Kanjiro (n. 1890), Kitaoji Rosanjin (nació 1881), Hamada Shoji (n. 1894) buscaban fórmulas tradicionales en formas modernas.J. ROGER RIVIÈRE.
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