Jaén, Historia. HIST.
Categoria:
Historia
La historia de J. está condicionada en buena parte por su situación geográfica y estratégica (v. I), ya que se trata de una tierra de paso, fronteriza entre el sur de la Meseta y la campiña del Guadalquivir. Así, al ser los desfiladeros de Despeñaperros la comunicación natural entre Castilla, Murcia y Andalucía, la zona fue ruta de paso de iberos y romanos y, desde el s. XVIII, la cruza el camino Madrid-Sevilla.Sobre la primitiva población ibera (Andújar, al parecer, fue la ciudad principal con el nombre de Iliturgis), en tiempo de Asdrúbal, los cartagineses se asentaron en el territorio, fortificando la actual capital que se convirtió de esta manera en el punto de apoyo de las expediciones púnicas hacia el interior. Aparte de su valor estratégico, los cartagineses buscaban allí su fértil agricultura y sus ricas minas de plata. Durante la segunda Guerra púnica, las comarcas que rodeaban a J. se convirtieron en campos de batalla entre romanos y cartagineses. Por fin, en el 207 a. C., Lucio Cornelio Escipión conquistó J., que fue denominada Auringis y adscrita al convento jurídico de t;cija. Cuando el Imperio romano desapareció ante la presión germánica, J. tuvo que soportar las correrías de los pueblos bárbaros que habían invadido por el N la Península. En el primer tercio del s. v, fue saqueada por los vándalos y, más tarde, desde el s. vi fue conquistada por los visigodos.Ocupada por los musulmanes a comienzos del s. viii, J. recibió el nombre de Daquen, en la división del país llevada a cabo en el 747, perteneciendo tanto al emirato como al califato de Córdoba. Disuelto éste (1031), Daquen pasó a formar parte del reino taifa sevillano. Ocupada en principio por los almorávides (1091) y después por los almohades (1148-68), cuando la reconquista cristiana llegó al S fue sitiada por el rey de Castilla Alfonso VII (1152) que la consideraba, por su situación estratégica, pieza clave en la recuperación de la Bética. Este mismo rey tomó las plazas jiennenses de Baeza (1147), Andújar (1155) y Úbeda (1157). Sin embargo, poco después estas ciudades cayeron de nuevo en manos de los musulmanes, lo que obligó a repetir las incursiones cristianas, esta vez a cargo de Alfonso VIII. En 1212 tuvo lugar en el actual término de La Carolina, en el lugar conocido por Hospitalillo, la batalla de las Navas de Tolosa (v.), victoria de los cristianos de gran significación en la Reconquista (v.). Consecuencia casi inmediata de esta batalla fue la toma por Fernando III de Castilla (v.) de Andújar (1225) y los sitios de J. (1225-1230), después del pacto concertado con `Abd Alláh al-Bayas¡, señor de Baeza. A partir de este momento, la actividad bélica cristiana se aceleró en todo el territorio, tomándose a los musulmanes Martos, que pasó a la Orden de Calatrava, Úbeda, en 1233, y, por fin, la capital J., en 1246, hasta entonces sometida al dominio del reino granadino. La conquista, esta vez definitiva, de J., supuso para Fernando III un camino libre para la ocupación de Sevilla y el dominio de todo el valle del Guadalquivir.Una vez cristiano todo el territorio de J., se procedió a un reparto de tierras entre los conquistadores. Dicho reparto se hizo a base de la constitución de grandes feudos otorgados a los nobles y a las órdenes militares que habían colaborado con el rey de Castilla, lo que dio a la estructura agraria de la zona un carácter latifundista que ha conservado hasta nuestros días, originando un escaso poblamiento y unos elevados índices de emigración. Desde Fernando III hasta el final de la Reconquista, J. fue considerada como un bastión fronterizo ante el reino de Granada. Por eso, durante toda esta época, el territorio estuvo organizado exclusivamente para la guerra (adelantamiento de Cazorla, encomienda de las órdenes militares) y constituyó un reino con personalidad propia, el más pequeño de los cuatro que integraban Andalucía.Durante el s. xviii, el territorio que constituye la actual provincia de J. fue escenario de uno de los experimentos más interesantes del despotismo ilustrado: la colonización de Sierra Morena, llevada a cabo en el reinado de Carlos III. El centro de las comarcas sometidas a colonización fue La Carolina, fundada en 1767 y las labores de roturación y poblamiento se extendieron entre Despeñaperros y Bailén. Merced a este plan, la zona jiennense afectada por el mismo se benefició con la llegada de colonos procedentes de todos los puntos de España (sobre todo de Galicia y Murcia) y de católicos de Europa central. La financiación se llevó a cabo con bienes de los jesuitas expulsados de Andalucía, y las poblaciones creadas de nueva planta pasaron a depender del Consejo de Castilla. Junto con esta reforma de tipo agrario, a lo largo del s. xviii se desarrolló al máximo la minería de la zona, lo que repercutió favorablemente en la economía de algunas poblaciones como La Carolina y Linares, que se convirtieron en importantes centros urbanos.El esplendor económico del reino de J. duró poco. En el primer tercio del azaroso s. xix fue objeto, dada su situación geográfica y estratégica, de sucesivas ocupaciones militares acompañadas de saqueos y violencias. Así, en 1808 (batalla de Bailén); en 1810 y en 1823, fue lugar de operaciones del ejército francés; en 1820, fue recorrida por Riego; y, en 1836, arruinados sus campos en buena parte como consecuencia de las correrías de las partidas carlistas. Todo ello motivó, junto al estancamiento general de la economía y la falta de comunicaciones, una paralización de su comercio que alcanzó índices bajísimos, y un creciente descenso demográfico., La situación se agravó después, como consecuencia de la epidemia de cólera de 1859 y de la carestía motivada por el hambre andaluza de 1881-82. De esta manera J. entró en el s. xx como una provincia paralizada, a excepción de algunos puntos como Linares y La Carolina. Durante la Guerra española (1936-39), jugó un destacado papel el santuario de Santa María de la Cabeza, cuya defensa corrió a cargo del capitán de la Guardia Civil, Santiago Cortés.El latifundismo y el monocultivo del olivo hacían que la población trabajadora agrícola padeciese los efectos de un grave problema de paro, cuyas repercusiones sociales alcanzaban a un elevado porcentaje de la población activa de la provincia. Entre 1940 y 1950 el paro permanente en la agricultura abarcaba a unos 20.000 obreros y el paro estacional llegaba en los meses punta a alcanzar la cifra de 50.000 obreros agrícolas. En un intento de remediar esta situación por ley del 17 jul. 1953, se puso en marcha el llamado Plan Jaén, cuya finalidad era reducir y eliminar los desequilibrios económicos, atacando para ello al monocultivo. La ley preveía una inversión de 4.000 millones de pesetas, distribuidos en un conjunto de obras que habían de realizarse en 15 años.V. t.:ANDALUCíA III y IV.CARLOS R. EGUIA.
BIBL.: MINISTERIO DE INFORMACIÓN Y TURISMO, Jaén, Madrid 1963; 1. RUBIO, Historia de una ciudad: La Carolina, Madrid 1967; 1. MOLINA, Guía de Baeza, Madrid 1964; M. MOZAS, Bailén. Estudio político y militar de la gloriosa jornada, Madrid 1940; C. ALCÁZAR, Las colonias alemanas de Sierra Morena, Madrid 1930.
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