Jacobinos HIST.
Categoria:
Historia
A consecuencia de la convocatoria de los Estados Generales el 4 mayo 1789, acudieron a Versalles los diversos diputados provinciales del Tercer Estado. Durante el mes de mayo, en el que tuvo lugar toda una serie de negociaciones relativas a la cuestión del voto por individuos o por órdenes, los diputados del Tercer Estado habían mantenido contactos entre sí, y eJ grupo de los Bretones, que era el más furibundo contra la nobleza, había creado una Cámara de la Provincia de Bretaña. Esta Cámara constituyó el núcleo de una reunión de los representantes del Tercer Estado que se celebraba en el café Amaury y se llamó Club Bretón. Tras las jornadas del 5 y 6 de octubre, la Asamblea Nacional siguió a la corte a París y también el Club Bretón se trasladó allá. En París se instaló cerca de la biblioteca del convento de los dominicos, llamados en Francia j., en la calle Saint-Honoré, y tomó el nombre de Soc. des Amis de la Constitution. Comenzó a tejer una tupida red de relaciones con los distintos clubs de las provincias, a controlar numerosos periódicos y a reunir en torno a sí la porción militante y más mentalizada de la burguesía revolucionaria. Su poder empezó a rivalizar gradualmente con el de la Asamblea Nacional.Doctrina. Gracias a la fuerte personalidad de Robespierre (v.), el Club de los J. acentuó cada vez más su carácter de avanzadilla de la revolución burguesa, y los miembros del Club se adhirieron a la doctrina de Rousseau (v.) sobre la soberanía nacional y la negación de cualquier derecho por parte del Gobierno. De esta forma, hacían suya una especie de doctrina de la "revolución permanente", muy apropiada a los fines de un partido democrático-radical como eran ellos. Su mérito y su fuerza consistió en haber sabido superar los límites "corporativos" y moderados de la revolución burguesa, seleccionando una nueva minoría revolucionaria capaz de representar a todas las fuerzas de la nación unciéndolas al carro de la revolución. Con el apoyo de sus 500.000 partidiarios (el 2,2% de la población), el Club de los J. fue capaz de hacer aceptar a los campesinos y a la pequeña burguesía de las provincias la hegemonía de París, haciéndolas comprender que la destrucción del Antiguo Régimen solamente podía llevarse a cabo mediante una alianza de los campesinos y la pequeña burguesía provinciana con los elementos más avanzados del Tercer Estado.Su doctrina política se puede sintetizar en la idea de la necesidad de una hegemonía férrea de la parte más avanzada y democrática de la burguesía para cerrar el circuito revolucionario ciudad-campo, único que, una vez cerrado de manera orgánica, podría acabar definitivamente con la resistencia de las viejas clases sociales y con la amenaza internacional. La historia del partido jacobino desemboca en la historia general de la Revolución francesa (v.). Frente al intento de promulgar una Constitución monárquica y moderada, y concluir así la revolución con el compromiso constitucional de 1791, la reacción de los emigrados y la fuga de Varennes (junio 1791) volvieron a abrir el abismo entre la Corona y la Asamblea, y proporcionaron ocasión a la fracción de izquierda, apoyada por los grupos populares de la capital, para proceder a la instauración de una Commune insurreccional que echaba por tierra el trono e implantaba la República (10 ag. 1792).Crisis. La nueva Asamblea política, la Convención, luego de un predominio inicial de los girondinos (v.), favorables a la preponderancia de la alta burguesía de provincias y a la descentralización administrativa, quedó bajo el control de los j. El llamado Comité de Salud Pública, compuesto por nueve enérgicos miembros con Robespierre como presidente, se entregó a la lucha contra girondinos y monárquicos, pero supo también afrontar la grave crisis económica requisando el grano y vendiéndolo a bajo precio, monopolizando las importaciones y exportaciones, fijando un precio máximo para los artículos de primera necesidad y manteniendo el curso forzoso de los asignados. De esta manera, los j. hacían en parte suyo, al mismo tiempo que lo neutralizaban, el programa ultrademocrático de los sans-culottes secuaces de Hébert. Más tarde, hubieron de afrontar la revuelta federalista, apoyada por los girondinos, que amenazaba la unidad nacional. Pero la rebelión de Marsella, Lyon y Tolón asestó un duro golpe a los j., que fueron víctima de una auténtica carnicería.Bajo la presión de los radicales, fue votada la famosa Constitución jacobina de 1793, que, si bien no se puso en ejecución, se convirtió en el texto sagrado de todo ulterior movimiento democrático; basada en los principios más radicales de la democracia política, hacía efectivo el ejercicio directo de la soberanía popular. Los j., estrechando sus vínculos con el campo, consiguieron superar la grave crisis; pero esta superación implicaba también la instauración de una verdadera dictadura basada en el terror. Una nueva oleada de extremismo ultrarrevolucionario que tenía por jefe a Hébert volvió a poner en crisis la victoria jacobina, y Robespierre, temiendo un peligroso giro socialista de la revolución, se vio obligado a pasar por la guillotina a los partidarios del Club de los Cordeliers (24 mar. 1794). Entre tanto quedaba barrida toda forma de ejército profesional, y el pueblo francés se convertía en una nación armada. La pasión revolucionaria que invadía el ejército identificó la defensa de la patria con la de la revolución.De este modo, los j. llegaron a ser la expresión misma de la Francia revolucionaria y combatiente. Tras la represión de la izquierda, el grupo jacobino se vio forzado a eliminar también la oposición de derecha capitaneada por Danton (5 abr. 1794). Sólo a partir de este momento se puede hablar de una dictadura del triunvirato Robespierre, Saint-Juste y Couthon, que inseguros por la doble oposición permanente de derecha y de izquierda hubieron de recurrir al terror más despiadado. Él, sin embargo, hizo posible la gran victoria de Fleurus; aunque, a su vez, esta victoria suprimía toda razón de ser del mismo Terror. Una conjuración parlamentaria puso fin a la dictadura jacobina, que estaba tomando un peligroso cariz socialista, retornando con ello la revolución a su curso natural de inspiración alto-burguesa (reacción termidoriana y Constitución del año 111). Durante el Directorio, se produjo un resurgimiento jacobino con la fundación del Club Pantheón, que dirigido por Buonarroti y Babeuf organizó la conspiración de los Iguales, cuyo programa consistía en una superación de la revolución burguesa con la puesta en marcha de una revolución proletaria (mayo 1796). Pero la drástica reacción del Directorio (v.) liquidó definitivamente la experiencia política jacobina. Comenzaba, sin embargo, su andadura un jacobinismo europeo "distinto del francés pero que tomaba impulso de éste: pretendía aplicar la solución francesa a los problemas del propio país y crear una Europa de repúblicas hermanas nacidas de las ruinas del Antiguo Régimen. Se trata de una pequeña minoría, pero de una minoría portadora de la historia futura, si bien su programa fracasa de momento por el imprevisto desenlace cesáreo-dictatorial de la guerra revolucionaria y por el retraimiento de las masas campesinas, que impide, en general, la formación de aquel circuito revolucionario entre ciudad y campo que había salvado a Francia" (A. Saitta).GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: A. MATHIEZ, La vie chére et le mouvement social sous la Terreur, París 1927; 1. CASTELNAU, Le Club des lacobins, 1789-1795, París 1948; A. SAITTA, Filippo Buonarroti, Roma 1950; A. GALANTE GARONE, Filippo Buonarroti e i rivoluzionari dell’ Ottocento, Turín 1951; A. MATHIEZ, t=tudes sur Robespierre, París 1958; A. SOBOUL, Les Sans-Culottes parisiens en Van 11. Mouvement populaire et Gouvernement révolutionnaire, París 1958; íD, Histoire de la révolution lraneaise, París 1962; G. RUDE, Revolutionary Europe 1783-1815, Oxford 1964; A. COBEAN, The Social Interpretation ol the French Revolution, Cambridge 1965; A. SOBOUL, Paysan, Sans culotte et Jacobin, París 1966; G. RUDE, The Crowd in the French Revolution, Oxford 1967.
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