Gallego, Fernando
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Biografía GER
Pintor español del s. XV. El más fecundo e influyente maestro de la primitiva escuela castellana. Nació en Salamanca, probablemente entre 1440 y 1445. Aunque, aparte de sus propios discípulos, es casi el único pintor de esta época en la España occidental, apenas sabemos nada de su vida y aprendizaje. Trabajó en Castilla la Vieja y Extremadura, siendo Salamanca, ciudad en auge por estar al margen de las luchas de la nobleza, el centro de su enorme actividad, pues se conservan más de cien tablas propias o realizadas con ayuda de sus discípulos. Su primera obra conocida, el retablo de la capilla de S. Ildefonso de la catedral de Zamora, le fue encargada por el card. Juan de Mella en 1467. En 1468 trabajó en la catedral de Plasencia con tal éxito que al cabo de cinco años fue llamado para pintar seis retablos en la catedral de Coria, pero ninguna de estas obras se conserva. Se desconoce la fecha de su muerte, pero tuvo que ser, sin embargo, posterior a 1507, año en que trabajó en la capilla universitaria de Salamanca.Su obra conservada es amplísima y, según Gaya Nuño, pueden distinguirse en ella tres épocas. La primera, de gran influencia flamenca, abarca hasta 1478 y a ella pertenecen: La Misa de S. Gregorio (Colección Gudiol, Barcelona), obra juvenil; el citado retablo de la capilla de S. Ildefonso de la catedral de Zamora, realizado hacia 1470, de composición cerrada, rico colorido y perspectiva huida, típica de este pintor; la Piedad del Museo del Prado, en la que se concede gran amplitud al paisaje; el tríptico del Museo Diocesano de Salamanca y otra Misa de S. Gregorio (Kunstmuseum, Basilea).En la segunda época, desde 1479 a 1483 realiza la decoración de la bóveda de la Bibl.de la Univ. de Salamanca, que se conserva mutilada en dos de sus tercios y que fue obra ya alabada en su época; tiene un contenido astrológico representándose en ella símbolos zodiacales y constelaciones con figuras vestidas a la moda de aquella época. A este mismo periodo, en que, aun conservando reminiscencias juveniles, marcha a la búsqueda decidida del realismo, pertenecen los retablos de Cantalpino, Campo de Peñaranda y Villaflores, de los que subsisten algunas tablas en el Museo Diocesano de Salamanca. El Calvario del Museo del Prado pertenece posiblemente a esta misma época.La última etapa de su obra se caracteriza por la realización de grandes retablos en los que G. hace alardes de color, moviliza numerosas figuras y repudia cualquier resto de manierismo gótico. En estas obras es importante la colaboración de diversos discípulos, que conviene deslindar. El retablo de la Virgen, en la iglesia de S. María de Trujillo, de 1480, en el que se cuentan 19 tablas suyas y seis, en la predela, de Francisco Gallego, su principal colaborador, sirve de inspiración a los demás retablos de esta época; están representados S. Gregorio, S. Agustín, los cuatro evangelistas y diversas escenas del Nuevo Testamento con un arte muy sobrio de actitudes. En el mismo año comienza el retablo mayor de la catedral de Ciudad Rodrigo (hoy, después de muchas vicisitudes, en el Museo de Tucson, EE. UU.), que acaba ocho años después y en el que hay, por lo menos, ocho tablas de su mano junto a otras de su pariente Francisco y del Maestro aux Armures o de los Rostros siniestros. Iniciado por las mismas fechas que los anteriores y terminado antes de 1490 es el retablo de S. Lorenzo, de Toro, con cuatro escenas sobre el santo y un Salvador actualmente en el Prado. Por último, de 1494-95 es el retablo mayor de la catedral de Zamora, con escenas de la vida de Cristo y la Virgen, que se guarda en la iglesia de Arcenillas, muy inferior en calidad y en el que su participación es escasa.La formación general de G. es flamenca y ciertas indicaciones, como el vuelo en espiral del retablo de S. Ildefonso, sugieren que hubo de ver pinturas o reproducciones de aquella escuela, o quizá, incluso que realizara un viaje a Flandes. Hay indicios en sus personajes, altos y secos, de los de Dierick Bouts (v.), pero sin su melancolía, su aire soñador ni su fragilidad; también encontramos reflejos del contenido emocional de R. van der Weiden (v.). No obstante, y a la vez que este influjo flamenco, son patentes sus contactos con el suizo Konrad Witz (v.) en sus modelos humanos y en su manera de plegar los ropajes. Y seguramente conoció reproducciones de los grabados realizados por Martin Schongauer (v.) que debían venderse por las ferias castellanas y que influyeron en muchos pintores de esta región. Por ej., es fácil que contemplara la serie de la Pasión antes de pintar la Crucifixión de su retablo de S. Ildefonso.Pero G., que tiene la originalidad de trabajar indistintamente sobre tabla y sobre muro, y asimismo de tratar tanto asuntos profanos como religiosos, partiendo de un acatamiento sin reservas del estilo peculiar de los pintores flamencos con las influencias alemanas que se señalan, no utiliza tales inspiraciones más que como base para realizar una profunda evolución hacia un estilo propio, plenamente naturalista y de enorme dramatismo. El arte de G. es violento, no estereotipado, complaciéndose en lo trágico y tan crudamente realista que algunas veces produce distorsiones melodramáticas: vestidos o actitudes retorcidas, ojos desorbitados, bocas entreabiertas. La textura simplificada de G. y las lisas superficies pulidas, sean brocados o praderas, confirman esta preocupación no solamente decorativa sino también por las formas en sí mismas.G. tuvo numerosos discípulos e imitadores en muchas partes de España, hasta Extremadura y la frontera de Portugal. El principal de ellos fue Francisco Gallego, pariente suyo, que colaboró con él en sus últimos retablos y a quien se debe probablemente el retablo de S. Catalina en la catedral de Salamanca, de hacia 1507, y que es atribuido por muchos al propio G. De menor categoría es otro de sus discípulos, Pedro Bello. La fama de G. fue duradera, siendo quizá el único pintor español del s. xv que superó la revisión barroca; incluso se produjeron falsificaciones de sus obras. Su estilo realista y su temperamento dramático tan genuinamente castellanos, matizando la gran asimilación que realizó del mejor modo de hacer flamenco, fueron motivos esenciales de su éxito, aún creciente cada día.J. M. CRUZ VALDOVINOS.
BIBL.: C. R. POST, A History of Spanish Painting, Cambridge (Mass.) 1930-41, IV,87-150; VI,622-24; 1. GUDIOL RICART, Pintura gótica, en Ars IX,320-27; 1. A. GAYA NUÑo, Fernando Gallego, Madrid 1958 (contiene amplia bibl.); D. ANGULO IÑIGUEZ, Gallego y Schongauer, "Archivo Español de Arte y Arqueología" VI (1930) 74-75.
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