Galilei, Vincenzo
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Biografía GER
Compositor italiano, Florencia 1520-91, una de las figuras más interesantes y decisivas en la historia de los problemas que plantea el humanismo musical. Su nombre es inseparable de la famosa "camerata fiorentina". Tratan estos humanistas de volver de verdad, a través de la música, al mundo antiguo. Ahora bien: la herencia musical del mundo grecorromano, riquísima en testimonios teóricos, es desoladoramente pobre, más bien vacía, en testimonios concretos de música. G. en su famoso Diálogo entre la música antigua y la moderna trata de fundar una nueva música. Se apoya, en primer lugar, en razonamientos que quieren ser rigurosamente científicos, razonamientos que participan -no olvidemos el apellido- del nuevo entusiasmo hacia una visión rigurosamente racional de la naturaleza. Inseparable de lo anterior, el otro entusiasmo, el referido a la expresión del corazón humano. Resulta que la música antigua, por su inseparabilidad de la letra, por su carácter rigurosamente monódico, es el modelo ideal para ver lo nuevo como renacimiento. Cuando oímos hoy las obras musicales de G., las más célebres en su tiempo -pensemos en los trozos sobre la Divina Comedia o sobre las Lamentaciones de Jeremías- nos dejan fríos, las sentimos como aparte de la sensibilidad musical, interesantes como testimonio del enorme desnivel entre lo soñado y lo encarnado, de una pobreza rayana en la elementalidad. G. era músico teórico. Es muy curioso que su hijo, el famoso astrónomo, tocara el laúd y disertara científicamente sobre la música y que la larga familia que desciende de sus hijos habidos fuera del matrimonio reparta sus vocaciones, mezclándolas, entre la ciencia y la música.Esa música se nos aparece como pobre, porque después, sobre sus fundamentos, erigieron gran música, música de creadores, verdaderos compositores, toda una serie de ellos que culmina en la absoluta genialidad de Claudio Monteverdi (v.). Ello nos obliga, históricamente, a hacer justicia a la interesantísima figura de G. No era novedad, ciertamente, sino tradición la de ver la ciencia musical como inseparable de lo que luego se llamarán ciencias exactas, pero la novedad de G. está en atisbar, a través de la ciencia y de la nostalgia del mundo antiguo, un capítulo nuevo, un nuevo sentido de la inspiración con su cortejo inseparable del nuevo intérprete, del nuevo público -más bien comunidad de oyentes-, de una nueva técnica, en fin. Que su música, tan elemental, tuviera éxito, era un golpe decisivo contra las normas, todavía vigentes, de la inspiración con trapuntística inútiles ya, precisamente como inspiración, pues se reducían a reglas escolásticas o adquirían tensión excesiva en el manierismo de ciertos madrigalistas. El ingenuo postulado de hacer revivir el mundo antiguo trae como consecuencia, en los que siguen a G., un humanismo musical lleno de pasión, de ardor que transforma un sentido ornamental de la mitología en la expresión del gran misterio del corazón humano. Por eso se explica el que sin G. no surja como fruto el gran melodrama italiano.V. t.: RENACIMIENTO VI.**AUFEDERICO SOPEÑA.
**BIOGALILEO GALILEI
Nacimiento y formación. Científico italiano n. en Pisa el día 15 de feb. 1564. Sus padres fueron Vincencio Galilea y Giulia Ammannati di Pescia. Sus antepasados habían formado parte de la más alta aristocracia de Pisa y, aunque la familia había venido a menos en el aspecto económico, conservaba todavía en el s. xvi buena parte del prestigio debido a su abolengo, al mismo tiempo que buenas relaciones de amistad con miembros de la alta sociedad.
En 1581 inicia sus estudios de Medicina en la Univ.de Pisa, aconsejado probablemente por su padre, deseoso de que su hijo renovara el prestigio de uno de sus antepasados llamado también G. Galilei, que había sido médico famoso. Pero la orientación escolástico-galénica de la enseñanza médica de Pisa no responde a las esperanzas del joven G., que abandona, sin terminarlos, los estudios médicos y, trasladado a Florencia, empieza a descubrir el sentido de sus inclinaciones bajo la dirección de Ostilio Rice¡, discípulo, a su vez, de Nicoló Tartaglia, profesor de Matemáticas en la Escuela de Bellas Artes. El maestro lleva a cabo estudios científicos en muchos de los dominios que serán de permanente interés para su discípulo. Ostilio Ricci regala, además, a G. las obras de Arquímedes. A esta época pertenecen los primeros trabajos de G. sobre el isocronismo de las oscilaciones pendulares.Actividad científica. Sus progresos científicos le valen el nombramiento, en 1592, de profesor de la cátedra de Matemáticas de la Univ.de Padua, entonces la mejor de Europa. Ocupa esta cátedra durante 18 años, hasta 1610, cuando publica en latín una obra que causa conmoción en las convicciones científicas y culturales de su tiempo: Sidereus Nuntius (El mensajero celeste). El libro contiene revelaciones espectaculares para su, época. Se trata, en el fondo, de una descripción del cielo tal como aparece visto con un anteojo construido por el propio G.: la Luna, aumentada 30 veces, revela el secreto de sus montañas; miles de nuevas estrellas, que antes resultaban invisibles, aparecen en el cielo; la Vía Láctea deja de ser una nube cósmica para convertirse en una innumerable aglomeración de astros...La vida de G. a partir de este momento en que consolida su celebridad, debido a la novedad de sus ideas científicas y al extraordinario alcance de las mismas, discurrirá entre actividades de diversa naturaleza. Para exponer adecuadamente el significado general de su vida y obra en los años que siguen a la publicación de su resonante Sidereus Nuntius, es imprescindible señalar los rasgos principales de su personalidad. Los grandes creadores de las orientaciones científicas del Renacimiento están presentes de diversa manera en el contexto histórico cultural en el que vivieron. Esta multiplicidad de ambiciones y de propósitos podría, en el fondo, reducirse a tres formas distintas de actitud personal ejemplificadas por Kepler, Bruno y el propio G. Iohannes Kepler (v.) es la personificación de una actitud netamente definida: las conclusiones y hallazgos de la Nueva Ciencia han de ser tema de diálogo y discusión entre personas debidamente informadas. Kepler califica de inoportuna la conducta de los hombres de ciencia de su época, que exhiben y proclaman ante el gran público los resultados y novedades a que conducen las investigaciones de la Nueva Ciencia. Su aportación al moderno espíritu científico es, sin embargo, tan copiosa e interesante como pueda serlo la de G. Este modo de entender la inserción del hombre de ciencia en su mundo puede haberlo heredado Kepler de su gran antecesor en la Astronomía, Nicolás Copérnico (v.), igualmente refractario a proclamar las tesis renovadoras de sus concepciones astronómicas fuera del dominio de intereses estrictamente científicos. La postura antitética a la de Copérnico y Kepler la encarna Giordano Bruno (v.). De la concepción del mundo que se levanta en el horizonte del Renacimiento, Giordano Bruno no acierta a ver y a proclamar más que el dramatismo de la novedad y la promesa de su grandeza futura después de consumada la ruptura con toda tradición física aristotélico-medieval, ruptura que el visionario italiano cree precontenida en la obra de Copérnico. Conviene señalar que Giordano Bruno no aporta ningún resultado concreto a esta nueva concepción de la Naturaleza; la ignorancia en que se halla con respecto a los precisos métodos de la nueva orientación científica es apenas concebible.Galileo ocupa una posición intermedia entre estos dos extremos. Por un lado comparte la fecundidad científica del alemán en el establecimiento de nuevos métodos. A esta dimensión de su actividad científica pertenecen sus más valiosas obras. Pero, al lado de este aspecto de su producción, lleva a cabo "una acción de propaganda cultural" (cfr. L. Geymonat, Galileo Galilei, Madrid 1969). "En realidad -escribe A. Koyrée (Études Galiléennes, París 1939)- el Diálogo no es ni un libro de Astronomía ni un libro de Física. Se trata principalmente de un libro de crítica, una obra polémica y de combate...". "A medida que transcurrían los años, más se convencía Galileo de que en aquel momento era necesario, por encima de todo, difundir entre capas cada vez más amplias la fe en el copernicanismo" (L. Geymonat, o. c. 68).El proceso. Esta dirección de su actividad científica que perseguía de modo vehemente alcanzar la resonancia y difusión del nuevo espíritu científico y de los resultados de sus métodos, le puso en conflicto, como parece natural, con una cultura tradicionalmente establecida, con unas creencias inveteradas y, en parte, con la propia Iglesia Católica. Conflicto que culminó en el célebre proceso.El proceso de G. tuvo lugar en dos etapas, la primera en 1616 y la segunda, y definitiva, en 1633. E1. 19 feb. 1616, el Santo Oficio consultó a un coniunto de teólogos para que resolvieran sobre si las tesis que establecían la inmovilidad del Sol y el movimiento de rotación v traslación de la Tierra eran compatibles con lo que dice la S. E. Después de sólo cuatro días de reflexión los teólogos, por unanimidad, calificaron de filosóficamente absurdas y formalmente heréticas estas tesis astronómicas. El papa Paulo V encomendó al card. Bellarmino (S. Roberto; v.) que convocara a G. y le comunicara esta conclusión de los teólogos de la Iglesia, requiriéndole, al mismo tiempo, para que abandonara estas opiniones rechazadas. La opinión del card. Bellarmino con respecto a esta cuestión, mucho más ponderada que la de los teólogos anteriores, quedó consignada en carta enviada por el santo al carmelita P. Foscarini, a la que pertenecen los siguientes párrafos: "... el Señor Galileo obra prudentemente al limitarse a hablar ex suppositione y no absolutamente, como siempre he creído que habló Copérnico. Pues decir que si se supone que la Tierra se mueve y el Sol permanece quieto se salvan todas las apariencias mejor que suponiendo círculos excéntricos y epiciclos, está muy bien dicho. Digo que si fuese verdadera la demostración de que el Sol está en el centro del mundo y la Tierra en el tercer cielo, y que el Sol no gira en torno a la Tierra, sino que la Tierra gira en torno al Sol, entonces sería necesario ir con mucho cuidado al explicar las Escrituras, que parecen contrarias, y decir más bien que no las entendemos, en vez de decir que es falso lo que se demuestra. Pero no creeré que exista la demostración hasta que no me haya sido demostrada; no es lo mismo decir que, supuesto que el Sol se halle en el centro y la Tierra en el cielo, se salvan las apariencias y demostrar que en verdad el Sol está en el centro y la Tierra en el cielo. La primera demostración creo que se puede hacer, pero de la segunda tengo grandísimas dudas...".Estas observaciones del card. Bellarmino resultan decisivas para alcanzar una comprensión esencial de este malhadado proceso. Una cosa es, ciertamente, la conveniencia científica de una hipótesis, y otra, la verdad de un hecho. G. pensaba que la fijeza del Sol era, además de una hipótesis útil, una verdad absoluta. Pero esta verdad aparecía como contraria a la tradicional interpretación de las Escrituras. Ante este estado de la cuestión, le cabía un recurso a Galileo: demostrar esta fijeza del Sol o este movimiento de la Tierra al margen de todas las consideraciones de mayor o menor conveniencia. Ahora bien: en el momento y en el ambiente en que G. escribe y polemiza, está apenas esbozado el basamento científico sobre el cual montar esta demostración: Bradley no dio su prueba de la aberración de la luz hasta 1727; Bessel señaló la paralaje de la estrella 61 de la constelación del Cisne en 1838. La experiencia que parecía más cerca del alcance de las ideas de G., que es el desplazamiento del plano de oscilación del péndulo, no fue realizada por Foucault hasta 1851. En su momento histórico, G. defendió con ardor una tesis que a la sazón estaba más apoyada en las convicciones de una mente de genio que en una serena demostración física. A este estado de cosas, ya de por sí bastante conflictivo, debía añadirse la confusión que el propio G. introducía al esgrimir demostraciones erróneas: el ilustre italiano pensó que podría demostrar los movimientos de rotación y traslación de la Tierra considerándolos como causa del flujo y el reflujo de las mareas. Tales demostraciones resultan verdaderamente irreconciliables con la habitual agudeza y perspicacia científicas de G. Así, la discordancia entre la fuerza de sus afirmaciones y la vaguedad de sus argumentos demostrativos resultaba a propósito para confundir las mentes de unos teólogos carentes de la formación científica necesaria para apreciar por sí mismos el respeto que merecía la tesis sostenida por G., tanto por su verosimilitud intrínseca como por el extraordinario genio de. su defensor. Les faltó por otra parte atender al principio -que había sido formulado ya repetidas veces por la patrística y la escolástica, y concretamente por S. Agustín y S. Tomás- según el cual la S. E. al narrar los hechos físicos se atiene a un lenguaje según las apariencias sin pretender dilucidar su íntima naturaleza, lo que hubiera resuelto la cuestión desde la perspectiva religiosa.Por desgracia faltó penetración por una y otra parte, y prudencia por la de G., que, en lugar de limitarse a presentar sus opiniones como hipótesis, las continuó propagando presentándolas como una verdad absoluta, que, sin embargo, no podía aún probar concluyentemente. Todo culmina en el segundo proceso, solemne y definitivo, que tuvo lugar en Roma en 1633. En él, el Santo Oficio sigue el criterio de que, en la ausencia de demostraciones concluyentes, no se debe difundir y propagar lo que va contra una tradición establecida, y condena a Galileo.El Santo Oficio condenó a G. al confinamiento en Arcetri. Para remediar los achaques propios de su avanzada edad, se le autorizó en 1639 a acoger en su villa de Arcetri a un inteligente estudiante, Vincencio Viviani, que estuvo al lado del maestro hasta la muerte de éste, acaecida la noche del 8 en. 1642. Durante este periodo mantuvo una intensa actividad científica.La obra. Galileo es uno de los más grandes iniciadores del espíritu y de los métodos que orientarán el desarrollo de las ciencias hasta nuestros días. Sus aportaciones más importantes pertenecen a la empresa metódica general que se ha denominado "la matematización de la experiencia": la conceptuación de los fenómenos mecánicos a través de su adecuada formulación matemática. El logro que mayor reputación le ha dado en este terreno es la formulación matemática de la caída de los graves o, como entonces se llamaba, movimiento natural de caída. La jornada Tercera de los Diálogos de la Nueva Ciencia empieza con estas palabras: "Sobre un muy viejo tema promovemos una ciencia novísima". Hace en sus obras innumerables aplicaciones de los principios por él descubiertos a problemas concretos de Mecánica. En la Cuarta jornada, a propósito del estudio del movimiento de los proyectiles, reconoce que la trayectoria no perturbada de un proyectil es una parábola resultante de dos movimientos distintos que tienen simultáneamente lugar en el móvil. El movimiento de los cuerpos a lo largo del plano inclinado ha sido cuidadosamente examinado y formulado hasta llegar a constituir principio fundamental de todo un desarrollo científico. Antes de G., y desde la Antigüedad, había sido fundamentalmente la Astronomía la que mejores ocasiones había suministrado a la consideración matemática del acontecer natural. Mérito principal de G. ha sido el de crear conceptos matemáticos para comprender los movimientos en nuestra próxima experiencia terrestre. De aquí el por qué Bergson resume la obra del italiano así: "la ciencia matemática que se aplicaba al estudio de los astros ha descendido a la tierra a lo largo del plano inclinado de Galileo".La mayoría de las obras de G. están escritas en forma de diálogo entre tres interlocutores: Simplicio, que habla en nombre de la física aristotélico-escolástica; Sagredo, que representa la cultura del burgués del Renacimiento, abierto a la aceptación de toda novedad bien expuesta y debidamente razonada; finalmente, Salviati, que habla en nombre del propio Galileo.Entre las numerosas obras y tratados de G. destacan por su importancia, en primer lugar, los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno á due nuove scienze, Il Saggiatore, Sidereus Nuntius, Dialogo sopra i massimo sistemi. La edición oficial de sus obras completas comprende 21 volúmenes (Florencia 1890-1909), dirigida por Antonio Favaro.V. t.: DINÁMICA; CONOCIMIENTO II; INVESTIGACIÓN I; RELATIVIDAD, TEORÍA DE LA.ROBERTO SAUMELLS.
BIBL.: Además de la citada en el texto: G. GUSDORF, La Révolution Galiléenne, París 1969; CORTÉS PLA, Galileo. Su vida. Su obra, Buenos Aires 1946; F. DESSAUER, El caso Galileo y nosotros, Buenos Aires 1965; L. M. GARRIDO, Galileo, el científico y el católico, "Nuestro Tiempo" n° 72 (1960/1) 658 ss.; JESÚS MUÑOZ, Galileo: Su convicción respecto del movimiento terrestre, "Roca Vivan, 29, 30 y 31, 3 (1970) 393-401, 514-518 y 588-593; ÍD, Galileo: Su problema psicológico, "Miscelánea Comillas", 47-48, enero-diciembre 1967, 319-368.
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