Galicia VII. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
Arquitectura. Tras la romanización de G., la dominación visigoda dejó buenos exponentes de su arte en las iglesias de S. Comba de Bande (Orense), del s. VII, y en los restos conservados en Panjón (Pontevedra). La arquitectura del reino asturiano (v. ASTURIANO, ARTE) ha quedado patente en la primitiva basílica levantada por Alfonso II y reformada por Alfonso III para guardar el sepulcro del apóstol Santiago, en la de S. Ginés de Francelos (Orense) y en S. María de Mixós (Lugo). En la etapa mozárabe es interesante la obra de S. Rosendo, fundador del convento de Celanova (Orense), en el que hay una diminuta capilla del s. X; otros templos de este momento son los de S. Martiño de Pazó, la ermita del monasterio de S. Esteban de Ribas de Sil, la de S. Eufemia en S. Esteban de Ambia y los restos mozárabes de la iglesia rupestre de S. Pedro de Rocas.El gran periodo del arte gallego fue el románico, que ofrece monumentos de considerable importancia, a causa, sobre todo, de la existencia del Camino de Santiago (v.). El ejemplo de la catedral compostelana (v. SANTIAGO DE COMPOSTELA u) se siguió en las de Mondoñedo, Lugo y Tuy, que la imitan en lo estructural, en tanto que la de Orense, con su Pórtico del Paraíso, la remeda en lo escultórico. El románico arraigó fuertemente en G. y claro ejemplo de ello son las iglesias de S. María de Cambre (La Coruña) y S. María la Real de Sar (Santiago de Compostela), ésta muy curiosa por la inclinación de muros y pilares. En lo civil descuella el Palacio arzobispal de Santiago de Compostela, levantado por Diego Gelmírez en el s. xii. Las soluciones estructurales románicas perduraron incluso hasta bien entrado el s. XIII. Esta simbiosis entre románico y gótico tuvo sus primeras manifestaciones en los monasterios del Císter, como los de Armenteira, Acibeiro y Oya (Pontevedra), Monfero (La Coruña), Meira (Lugo) y Osera y Melón (Orense); pero continuó incluso hasta el s. XV (S. Martín de Noya, de 1434). Aspecto interesante de la arquitectura medieval gallega es el desarrollo de los conventos de las órdenes mendicantes; los conservados datan en su mayoría de los s. XIV y XV y tienen iglesias de una sola nave con tres o cinco capillas en la cabecera; buenos ejemplos son la cabecera de la iglesia de S. Domingo de Pontevedra y los templos de S. Francisco de Lugo, Betanzos, Pontevedra y Orense. El s. XV conoció un gran desarrollo arquitectónico por obra de los Fonseca; fue entonces cuando los Egas (v.) construyeron el Hospital Real de Santiago.El Renacimiento fue como una prolongación del plateresco castellano, pero simplificado en las labores ornamentales por la aspereza del granito. La portada del Hospital Real santiagués; el claustro de la catedral y el Colegio de Fonseca, de Juan de Álava (v.); y la fachada de S. María la Mayor de Pontevedra, concebida por Cornelis de Holanda como un grandioso retablo en piedra, son claros ejemplos del Renacimiento gallego.En la época barroca, G. alcanzó un esplendor no conocido desde los tiempos del románico. Santiago de Compostela se transformó bajo los impulsos del canónigo Vega y Verdugo en una gran Roma gallega; a ello contribuyeron las creaciones de arquitectos como Domingo de Andrade (v.), Fernando Casas v Novoa (v.), Ferro Caaveiro, Fernández Sarela y Simón Rodríguez. El desarrollo de la arquitectura barroca alcanzó también a diferentes puntos de la región, tales como la iglesia de S. Eufemia del Centro, en Orense; el claustro y la capilla de la Virgen de los Ojos Grandes en la catedral lucense; las iglesias de S. Bartolomé y La Divina Peregrina en Pontevedra y, entre otras muchas, las fachadas de los monasterios de Monfero y Sobrado de los Monjes (La Coruña), Osera y Celanova (Orense) y Samos (Lugo). En lo civil destaca el Ayuntamiento de Lugo, trazado en el s. xvin por Julián Sánchez Bort.La arquitectura neoclásica tuvo poco impacto en G. después del intenso esfuerzo barroco, siendo destacables únicamente el académico Palacio Rajoy, obra del francés Carlos Lemaur, en Santiago de Compostela; la severa fachada de la catedral de Lugo, de Elejalde y Sánchez Bort; y la colegiata de S. María de Vigo, de Melchor de Prado Mariño. Las corrientes arquitectónicas del s. XIX y del actual poco eco han tenido en tierras gallegas, a excepción de las obras modernistas ’de Julio Galán, Leoncio Bescansa, Manuel Hernández y Antonio Palacios. Capítulo importante de la arquitectura civil gallega es el de los pazos, que parecen tener su origen en los palacios y castillos medievales, sin olvidar sus puntos de contacto con las villae romanas. Entre el centenar y medio que todavía se conservan, merecen ser destacados los de Oca, Rubianes, Santo Tomé, Castrelos y Fefiñanes.Escultura. La escultura alcanzó gran desarrollo en G. ya desde tiempos románicos (portada de Platerías, del maestro Esteban; Pórtico de la Gloria, del maestro Mateo, v.), para tras un eclipse en la etapa gótica, salvo en la escultura funeraria a pesar de su acentuado arcaísmo, retornar a un elevado nivel en el Renacimiento, época en que se aprecia un gran influjo de Juan de Juni (v.) y sus seguidores en retablos y sillerías. En la época barroca hubo artistas de la talla de Francisco de Moure (15771636) y Mateo de Prado (m. 1677), quien difundió por G. las formas estilísticas de Gregorio Fernández (v.), quien, de creer a Ceán Bermúdez, sería natural de Pontevedra, o de Sarria (Lugo), según otros. Ya en el s. xviii trabajaron Francisco Castro Canseco, José Gambino, Miguel de Romay, Francisco Ferreiro y Felipe de Castro, quien, asentado en la corte, apenas mantuvo conexión artística con su tierra natal. La figura de Francisco Asorey (18891961; v.), con sus obras de tipo religioso, popular y conmemorativo, llenó el panorama escultórico gallego de los primeros decenios del siglo actual, en unión de Santiago Bonome. En -los últimos tiempos destacan nombres tan relevantes como los del tudense Cristino Mallo (v.), Antonio Failde Gago y Francisco Otero Besteiro.En relación con la escultura está el trabajo del azabache, de tanta tradición en Santiago de Compostela y cuyas mejores colecciones se encuentran en el madrileño Instit.de Valencia de Don Juan, en la Hispanic Society de Nueva York y en el Museo de Pontevedra. Asimismo, emparentada con la escultura está la talla de los cruceros, relacionados con lo bretón y en muchos de los cuales es apreciable la vena popular (v. IX). Pintura. La pintura gallega, todavía poco estudiada, conoció entre los s. XIV al XVI un gran desarrollo en su aspecto mural, como manifiestan los ejemplos conservados en Villar de Donas, S. Esteban de Chouzán y S. María de Mellid. La pintura gótica fue, además, cultivada por G. Pérez en el s. XIV y por Cristóbal Francés, Juan Pumar, Álvaro García y Gonzalo Alonso en el XV. La pintura renacentista estuvo representada por Felipe Sánchez, Francisco López, Pedro Noble y Jácome de Perlada, entre otros. Li producción pictórica del barroco tuvo en el s. XVII sus mejores artífices en Juan Paz, Antonio de Carmargo, Francisco Fandiño, Antonio Pereira y Antonio Puga (1600-48), discípulo de Velázquez y especialista en escenas de género. En el s. XVIII trabajaron Manuel Arias Vela, Domingo Antonio Uzal, Gabriel Fernández, Juan Antonio García de Bouzas y su hijo Miguel, Francisco Couselo y Gregorio Ferro (1742-1812). La pintura decimonónica fue cultivada por Plácido Fernández Erosa, Juan José Cancela del Río, Dionisio Fierros, Ramón Parada, Modesto Brocos y Genaro Pérez Villaamil (v.), el más destacado de los dibujantes románticos. La pintura del siglo actual tiene sus mejores cultivadores gallegos en Jenaro Carrero, Corredoira, Abelenda, Sobrino Bohigas, Álvarez de Sotomayor (v.), Francisco Llorens, Julia Minguillón, Souto, Maside y Laxeiro. El grabado al aguafuerte ha sido cultivado por Castro Gil y Prieto Nespereira.Capítulo notable del arte de G. es el representado por la fábrica de cerámica de Sargadelos (Lugo), fundada por Antonio Raimundo Ibáñez en el s. xvlll para producir piezas de porcelana y loza a imitación de las inglesas. Las mejores colecciones se encuentran en los Museos de Pontevedra y Lugo.FRANCISCO PORTELA.
BIBL.: R. OTERO PEDRAYo, Guía de Galicia, Barcelona 1970; A. CASTILLO LópEz, La arquitectura en Galicia, en Geografía del reino de Galicia, 1, Barcelona s. a.; J. CARRO GARCÍA, Las catedrales gallegas, Buenos Aires 1950; L. TORRES BALBÁS, Monasterios cistercienses de Galicia, Santiago de Compostela 1954; 1. M. CAAMAÑO MARTÍNEZ, Contribución al estudio del gótico en Galicia, Valladolid 1962; M. CHAMoso LAMAS, La arquitectura barroca en Galicia, Madrid 1955; A. BONET CORREA, La arquitectura en Galicia durante el s. XVII, Madrid 1966; P. PÉREZ COSTANTÍ, Diccionario de artistas que florecieron en Galicia en los s. XVI y XVII, Santiago de Compostela 1930; J. COUSELO BOUZAS, La pintura gallega, Santiago de Compostela 1950; J. FILGUEIRA VALVERDE, La artesanía en Galicia, Buenos Aires 1953. Además, los volúmenes de la Col. "Cuadernos de Arte Gallego", publicados por Ediciones Castrelos, de Vigo; y las rev. "Cuadernos de Estudios Gallegos", "El Museo de Pontevedra" y los "Bol. de las Comisiones Provinciales de Monumentos".
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