Farmacia MEDICINA
Categoria:
Medicina
Definición y etimología. Ciencia que estudia la transformación de las drogas y de los productos químicos en medicamentos, mediante operaciones preparativas y analíticas, químicas y farmacodinámicas. Profesión que practica esta ciencia y la dispensación de los medicamentos al público. Del griego farmakon, medicamento o remedio.La Farmacia en la Antigüedad. La F., tanto científica como profesionalmente, no ha existido como entidad propia de contornos definidos hasta hace pocos siglos; no puede asegurarse en qué momento, ni en qué lugar comenzó a tener tal carácter, formándose éste a lo largo del tiempo y de la geografía universal, de modo muy lento y disperso. Pero si, en sentido amplio, entendemos por F. todo conocimiento o actividad relacionados con la preparación de medicamentos, su historia se confunde con la de la Humanidad misma. Por instinto o por experiencias, mejor o peor observadas, el hombre primitivo buscaba los remedios para sus males en el mundo que le rodeaba. Las pocas observaciones acertadas, trabajosa y lentamente conseguidas, se acumulaban generación tras generación, mezcladas con errores y supersticiones, con ritos de religiones y de magias, que constituían gran parte también de la medicina primitiva. Tanto en las prácticas médicas como en la preparación de los remedios intervenían personas de profesionalidad poco definida: médicos, sacerdotes, magos o hechiceros, filósofos, etc.Los datos más antiguos que se conocen referentes a medicamentos corresponden a unos 3.500 años a. C. En la China de casi 3000 a. C. se escribieron los libros "Pent Sao" por orden del emperador Chin Nong; en ellos se hace referencia del nitro, del bórax, del alumbre, de compuestos del cobre y del mercurio, y se mencionan preparaciones tales como las infusiones, los extractos, las pomadas, las píldoras y los vinos medicinales; se conocía la efedra y sus aplicaciones a las dificultades respiratorias; se empleaba el ginseng, todavía usado en nuestros días. Hacia 1590 a. C. se publicó un libro que contenía más de 70.000 prescripciones, todas ellas de teso interno, ya que se tenía poco aprecio por las de aplicación externa.En la India, muchos siglos antes de nuestra Era, aparecieron los libros Vedas, que se atribuían a Brahma; destacando por su importancia el Ayur Veda, también conocido por el Susruta, que era el nombre de su autor, posiblemente anterior al siglo ix a. C., en el cual es conocido en Bagdad; además de preparaciones análogas a las de China se describen más de 600 drogas vegetales, y otras muchas animales y minerales.Egipto igualmente contribuyó, en este amplio periodo precristiano, al rudimentario conocimiento de los fármacos. El famoso papiro de Eber, con sus 20 metros de extensión que vienen a corresponder a un libro de 200 páginas impresas, contiene la descripción de unas 700 drogas y 800 prescripciones. Pertenece al reinado de Ramsés I (1352 a. C.). Entre los fármacos simples que describe se encuentran los del reino vegetal: áloes, ajenjo, azafrán, beleño, cáñamo, estoraque, mirra, nuez vómica y opio; del reino animal: caracoles, gusanos, sangres varias, vísceras y excrementos diversos; y del reino mineral: sales de cobre, hierro, mercurio, plomo, cinc, y compuestos de arsénico, de antimonio, de azufre, etc. Conoce los mismos tipos de preparaciones de los países más orientales y describe, además, los gargarismos, los supositorios y muchas preparaciones cosméticas.La Farmacia en tiempo de Hipócrates. Los conocimientos médico-farmacéuticos experimentan en Grecia el gran impulso de Hipócrates (460-377 a. C.), cuyo genio estableció principios inconmovibles, básicos y objetivos, sobre los medicamentos y los criterios de su aplicación: el respeto a la naturaleza del enfermo, a sus propios recursos, que el médico y los medicamentos deben solamente secundar, "Primum est non nocere" y "Medicus curat, natura sanat", el médico cuida, pone remedios, Dero la naturaleza misma es la que sana. Medicina y preparación de medicamentos siguen, tanto científica como profesionalmente, unidos. Es cierto que existían unos "pharmacopoloi", que no eran sino charlatanes curanderos, que vendían directamente al público; así como unos "rizotomoi", que recogían drogas vegetales y las proporcionaban a los médico-farmacéuticos. Las preparaciones farmacéuticas eran las ya conocidas, pero aumentaron en importancia los medicamentos de acción limpiadora: eméticos, sudoríficos, purgantes y enemas: "qui bene purgat, bene curat".El progreso médico farmacéutico sufrió una paralización, tal vez incluso retroceso, con la preponderancia de algunas doctrinas filosóficas como la dogmática y, principalmente, la empírica fundada por Serapión de Alejandría; aunque su lema aparece como razonable: "curar con medicamentos y no con elocuencia", en la práctica se exageró hasta crear una polifarmacia complicada y absurda. De esta época data la afición de varios reyes a estudiar y experimentar las acciones y efectos de medicamentos y venenos: Ptolomeo, Cleopatra, Artemisa, y sobre todos Mitrídates, rey del Ponto, con cuyo nombre quedó bautizada una preparación, el "electuario de Mitrídates", compuesto con más de medio centenar de drogas y que, inexplicablemente, ha perdurado hasta el pasado siglo.Roma y Galeno. En este estado de cosas, comienza la Era cristiana con un lastre polifármaco, que ha de durara lo largo de toda la Edad Antigua y de la Media. La F. en Roma es una continuación de la griega, de la que aprovecha médicos y doctrinas. Entre otros muchos puede recordarse a Dioscórides, a quien puede considerarse primer maestro en materiales farmacéuticos; describe, por ej., la preparación del "emplasto de plomo" exactamente igual que se practica en nuestros días; conoció y utilizó la lanolina, olvidada más tarde y redescubierta en el s. xtx.Andrómaco, médico de Nerón, escribió una obra sobre la preparación de medicamentos, que parece destinada exclusivamente a los farmacéuticos, pues prescinde de consideraciones médicas, lo cual sorprende algo en una época en la que la F. y la Medicina aún formaban una sola ciencia y profesión.En el segundo siglo d. C. se llega a Galeno (v.), a quien se conoce por "padre de la Farmacia". Era un médico-farmacéutico nacido en Pérgamo (Asia Menor), que se estableció en la vía Sacra de Roma. Si como médico es el más grande seguidor de Hipócrates, como farmacéutico es quizá el primero en sistematizar los medicamentos, de acuerdo con las teorías médicas heredadas de aquél, sobre los cuatro humores (caliente, frío, seco, húmedo) que, combinados entre sí, dan lugar a infinitas posibilidades. Los medicamentos serían, también, predominantemente calientes, fríos, secos y húmedos, con lo que, hábilmente combinados, sanarían según su principio: "contraria contrariis oponenda". Simplificó mucho la polifarmacia de su tiempo que mezclaba las sustancias medicamentosas o simples sin base racional alguna; asociaba él, por el contrario, la sustancia que consideraba de acción específica con otras coadyuvantes, con correctivos de efectos secundarios y con el necesario excipiente. Lamentaba que otros médicos no preparasen los medicamentos por sí mismos (es decir, que no fueran a un mismo tiempo farmacéuticos), y se confiasen a los "pharmacopoli" o simples traficantes de drogas, a los "seplasiari" o comerciantes importadores (Seplasia, en Capua, célebre por el comercio de drogas), y a los "unguentari" dedicados a cosméticos. Escribió numerosos libros, la mayoría de los cuales se perdieron. Títulos representativos de su dedicación farmacéutica son, p. ej., De medicamentorum compositione secundum locos, De medicina facile parabilibus, De antidote y De ptisana.Después de Galeno, la Medicina y la F. caen en un letargo al entrar en la noche del resto de la Edad Antigua y de toda la Edad Media. No se hace ya sino girar en torno de Hipócrates y de Galeno, modificados con doctrinas aristotélicas, pero sin adelantar positivamente en el verdadero camino de la ciencia: el camino de la observación y experimentación; cegados por una mezcla de rutina supersticiosa y dogmática fidelidad a la tradición intangible.La Farmacia en la Edad Media. Los árabes tuvieron el acierto de asimilar las culturas de los países que iban conquistando y de organizarlas en síntesis que, por su presentación, podían parecer originales; no lo eran, quizá, en cuanto a la Medicina, pero en relación con los fármacos, en cambio, sus cultivadores desarrollaron un sentido de estudio más objetivo y escribieron obras notables, en las que se describen drogas y medicamentos con ellas obtenidos, enriquecidos además por auténticos medicamentos químicos, obtenidos de su Alquimia en la que tan expertos eran. Entre muchos más pueden citarse los nombres de Avicena y de Mesué el joven. El primero, llamado "príncipe de la Medicina", imperó con sus doctrinas en todas las universidades europeas hasta el Renacimiento, principalmente con su Canon medicinal del que una buena parte, casi la mitad, está dedicado a los medicamentos. Lo mismo podría decirse del segundo, más importante para la F. que para la Medicina, Mesué el Joven, cuyos estudios sobre los medicamentos conocidos como los Cánones de Mesué, se seguían junto con los de Avicena en todas las universidades. Los árabes en sus reinos, como los monasterios cristianos en sus países, fueron los puentes que salvaron la cultura clásica durante el largo periodo medieval.España, país dividido entre cristianos y mahometanos, sintetiza exactamente este fenómeno. Con pocas excepciones (p. ej., Alfonso el Sabio) la parte cristiana estaba más atenta a empresas guerreras y luchas intestinas que a proteger y desarrollar culturas. Por el contrario, era más frecuente la protección a los estudiosos bajo el mando de los califas andaluces. Ejemplos de trascendencia farmacéutica son los nombres de Avenzoar de Sevilla, Averroes de Córdoba (s. xit), que acertadamente denunciaron los errores de la tradicional polifarmacia. Notable también, quizá el primero en su especialidad, fue Ebn Beitar de Málaga, quien describió unas 1.400 drogas y, de ellas, varios centenares por vez primera.Separación de la Farmacia y de la Medicina. En los s. xii y xni los comerciantes de drogas (importadores y revendedores al por menor) y los de especias, dieron lugar a profesiones con cometidos legalmente estructurados y que, con frecuencia, coincidían con las funciones propias de una F. profesional. Particularmente la denominación -de especieros estaba perfectamente reconocida en varios países como España, Francia e Italia. En Venecia (1258) se regían por un reglamento común con los médicos: Capitularis Medicis et Spetiariis, uno de cuyos artículos prohibía la simultaneidad del ejercicio de médico y especiero. En Florencia existió un gremio semejante de especieros en el que, por cierto, figuraba inscrito Dante, regido por el Novum Statutum aros et collegii medicorum, spetiarorum et rnerceriorum (1316). En el s. xii ya se conocieron farmacias instaladas en París, Nápoles, Arlés y Florencia. En España fue D. Jaime el Conquistador quien primero dictó disposiciones que evitasen la preparación de medicamentos por personas que no ofreciesen garantías de hacerlo correctamente. En los monasterios medievales, sumamente poblados, centros de intensa vida cultural, agrícola y social de la comarca, había siempre una farmacia, unida al principio con asistencia médica. Cuando se prohibió a los monjes todo ejercicio de la Medicina, subsistió independiente la farmacia, lo que viene a sumarse a los intentos cada vez más decisivos de separar ambas profesiones. Entre los árabes (ya se indicó más arriba) fue donde más pronto comenzaron a separarse las profesiones médica y farmacéutica. Probablemente, fue en Bagdad (s. ix) donde aparece con independencia la F. y mientras en la España cristiana permanecían aún unidas Medicina y F., en la musulmana se practicaban por separado.La separación definitiva tuvo lugar en el s. xrii; como consecuencia de los abusos a que conducía la simultaneidad, Federico 11 de Italia y Alemania decretó para las dos Sicilias (1241-42) la prohibición no solamente de simultanear ambas profesiones, sino la asociación de ambos profesionales. Esta disposición se conoce como "La Carta Magna" de la F. En ella, se condicionaba el ejercicio de la F. a la concesión de un "Privilegio", verdadero título profesional, y establecía asimismo normas especiales. Con esto se empezaba ya a poner coto a la confusa concurrencia de herboristas, comerciantes de drogas y, a veces, hechiceros y gentes sin escrúpulos que se dedicaban a preparar y vender remedios.Primeros estudios oficiales. A partir del s. xv se establecen ya estudios para los profesionales de la F., que se van convirtiendo poco a poco en obligatorios, separados de los médicos. Parece ser que las primeras enseñanzas destinadas a los boticarios en España (de botica, apoteke: almacén o depósito, en este caso, de medicamentos) fueron dadas en la Universidad de Valencia (s. xvt) donde el profesor de "silogismos" destinaba medio curso a los cirujanos y el resto a los apotecarios. En otras cátedras se explicaban hierbas y simples, junto con otros medicamentos de tipo químico.Farmacopeas. Contribuyó a dar un carácter científico profesional más unitario a la F. la aparición, cada vez más frecuente y preceptiva, de recetarios o formularios con normas preparativas y unificadoras, que habrían de convertirse con el tiempo en las modernas farmacopeas. Su origen estuvo en los Grabadines, el primero de los cuales se debe a Ebn Sahl, director de la Escuela Médica de Djondisabur (ca. 850). Puede considerarse como la primera farmacopea del mundo la aparecida en Florencia (1498), bajo un largo título que comienza por Ngvo Receptario... Mientras que en España fue la primera la publicada en Barcelona, en 1511, con el título de Concordia Apothecariorum. La intervención estatal se intensifica a partir del s. xv en todos los países y se regulan cada vez más estrechamente los estudios y los exámenes necesarios para ejercer. Unas veces, a cargo de las organizaciones gremiales y colegiales (primeros Colegios de Boticarios, p. ej., en Valencia, en 1441), otras veces por cuenta de Tribunales mixtos de médicos y boticarios (Tribunal del Real Protomedicato de Castilla); y más tarde por tribunales formados por farmacéuticos solos (en España, en 1780).Paracelso. El Renacimiento trajo hombres y sistemas que cambiaron los métodos de estudio de la Medicina y de la F. sobre la base de la experimentación como base del conocimiento. La figura más representativa en esta época es, sin duda, la de Paracelso, para quien las enfermedades son desequilibrios químicos y, por tanto, con remedios químicos deberán ser tratadas. Rechaza violentamente la polifarmacia clásica, que aún perduraba, y emplea medicamentos químicos sencillos o preparaciones extractivas de drogas (tinturas) en su intento de extraer la "quintaesencia", con lo cual intuye la existencia de los modernos principios activos que las drogas contienen (lo que no se confirmó hasta dos siglos después, con el descubrimiento de la morfina en 1803). Con sus revolucionarias doctrinas, al tiempo que abolía la F. clásica, que calificaba despectivamente de "galénica" en su animadversión hacia Galeno, sentaba sin saberlo los fundamentos de la Galénica moderna, con su aprovechamiento más racional de las drogas y sus sencillas asociaciones, entre sí, y con productos químicos. A partir de este momento la F. progresa en pequeños, pero continuos avances, principalmente aprovechando drogas venidas del Nuevo Mundo y de los nuevos compuestos que la naciente Química iba formando, en manos farmacéuticas principalmente. En este periodo, hasta comienzos del s. xix, se afianzan los estudios necesarios para ejercer legalmente como farmacéutico y la profesión alcanza su mayoría de edad, con leyes y organismos propios e independientes.Siglo XIX y mitad del XX. Al nacer el s. xrx (1803) se produce el hecho que inicia la renovación en el contenido y en los métodos de trabajo de la F. El estudiante de F., Sertürner, que practicaba en una farmacia de Paderborn (Alemania), descubre por primera vez un principio activo químicamente definido, en una droga: la morfina en el opio. Comienza con esto el camino de ir encontrando principios activos en todas las drogas, vegetales o animales. Sucesivamente, en modestas farmacias o en mejor dotados laboratorios universitarios, seguirán descubriendo farmacéuticos y químicos nuevos principios: alcaloides de la quina, del granado, de la ipecacuana, etc., van sustituyendo progresivamente muchas de las viejas preparaciones extractivas de las drogas. Las previsiones de Paracelso se condensan en realidades.Poco después (1828) otro acontecimiento paralelo abre el segundo de los fecundos caminos de la moderna F. cuando Wóhler sintetiza por vez primera una sustancia orgánica: la urea. Ambos caminos coinciden con frecuencia en adelante, cuando la síntesis reproduce en el laboratorio los principios activos hallados en las drogas, o los modifica o, finalmente, los sustituye con ventaja por otros totalmente sintéticos. Y surgen capítulos nuevos en la F. cuando ya en el último tercio del s. xrx aparecen los antipiréticos, los analgésicos, los anestésicos locales, los hipnógenos, etc., en cadena de descubrimientos que nunca terminará. Al amparo de los primeros trabajos de aislamiento y síntesis realizados con frecuencia en las farmacias, surgen laboratorios adjuntos semiindustriales, que darán origen a las grandes fábricas de productos químicos y laboratorios de medicamentos preparados en serie, tales como las Merck, Riedel, etc. Esta tendencia habrá de determinar en el s. xx una transfor mación radical del ejercicio profesional.Independientemente de los medicamentos derivados de las drogas o de la síntesis química, hay que considerar los de origen microbiológico, nacidos también en el s. xix: las vacunas y los sueros contra las enfermedades microbianas, obra cumbre de Pasteur, quien, sin ser ni médico, ni farmacéutico, ni veterinario, comenzó por descubrir el carácter microbiano de muchas enfermedades, para avanzar después descubriendo medicamentos tan completamente originales, en un nivel de perfeccionamiento que, sin disminuir la gloria de Jenner con su vacunación antivariólica, muestra inmensa superioridad, sistematizando una nueva ciencia al servicio de la preparación de medicamentos. Sin embargo, se confirma la tendencia de ir encontrando remedios puramente químicos para combatir las enfermedades microbianas. Ehrlich, independientemente del camino ya conocido, pero empírico, de emplear productos naturales (quina para el paludismo), emprendió el descubrimiento de cuerpos sintéticos específicos, como el salvarsán para la sífilis, y otras muchas sustancias, sobre la base de su poder fijador sobre las proteínas microbianas, como sucede con los colorantes empleados en las técnicas microscópicas.Segunda mitad del siglo XX. El mayor progreso en los medicamentos antiinfecciosos tuvo lugar a mediados del s. xx, como consecuencia de los trabajos de Fleming (v.) y colaboradores, que han inaugurado el inmenso capítulo de los antibióticos, cuyos fecundos límites no es posible predecir. El estudio de la acción de nuevos fármacos, que sin cesar enriquecen a diario el contenido de la F., ha de apoyarse, forzosamente, en experimentaciones biológicas. Durante el pasado siglo se iniciaron en el ámbito de la fisiología, pero ya en el actual se han sistematizado en cuerpos de doctrina bien definidos, como farmacodinamia (estudio y medida de su actividad) y como farmacología (v.) (estudio de su posible aplicación a la terapéutica), formando campos que ligan estrechamente a la F. y a la Medicina y de los que ambas profesiones se benefician por igual.Los principios químicos aislados en las drogas y los sintéticos obtenidos en el laboratorio farmacéutico o en el industrial, facilitan extraordinariamente la preparación de fórmulas medicamentosas de composición más constante que las complejas de tipo clásico, sobre todo las obtenidas con preparaciones extractivas. Y el "específico", que surgió en tiempos pasados con fórmulas en gran parte secretas, evolucionó hacia la moderna "especialidad farmacéutica", de fórmula declarada, constante, preparada en gran número de unidades que constituyen un lote de fabricación y que se distribuye a las farmacias para su dispensación al público, bajo ciertas condiciones legales, principalmente, la presentación de una prescripción médica. Esta modalidad de preparación de medicamentos va anulando poco a poco la única que hasta hace pocos años existía, que era la de la preparación del medicamento en la oficina de farmacia, en la cantidad y con la composición indicada por el médico para cada enfermo en particular, según sus individuales necesidades, recogidas en la "receta" o "fórmula magistral" que el médico componía a la cabecera del enfermo.La Farmacia industrial. Esta transformación del sistema de preparación de los medicamentos supone, en definitiva, que la F. moderna ha ampliado su ámbito de trabajo y se ha convertido, en gran parte, en una F. industrial, en la cual, lo sustantivo, tanto gramatical como conceptualmente, es la F., y lo adjetivo, lo accesorio, es la modalidad de trabajo, industrializada, es decir, amplificada, desde el trabajo individual y manual, al colectivo y mecanizado, sin que por ello haya cambiado su esencia de "transformación de materias primas en medicamentos, bajo la dirección del farmacéutico", más aún que por la especificidad legal de su título universitario profesional, por la del criterio farmacéutico equilibrado y unificador a que se llega tras la complejidad formativa de los estudios de su Facultad. En efecto, el estudio de] medicamento en toda su trayectoria, desde la selección farmacéutica de las materias primas, hasta la terminación garantizada de su calidad, de su forma de acción, de su eficacia durante un tiempo predeterminado, exige hoy conocimientos mucho más profundos y extensos que los de hace muy pocos años.Con toda verdad puede afirmarse que, de todas las facultades universitarias, es la de F. la que mayor variedad de ramas científicas integra en sus planes de estudios: Matemáticas, Física, Físico-química, Química en su triple rama inorgánica, orgánica, biológica, Mineralogía, Botánica, Farmacognosia, Fisiologías vegetal y animal, Microbiología tanto analítica como de sueros, vacunas y fermentaciones, Análisis químico y biológico y, finalmente, Farmacia Galénica, que sintetiza todos los estudios en una correcta preparación del medicamento.La adecuación de las materias primas (drogas y productos químicos) a medicamentos propiamente dichos se ha tratado de conseguir siempre, tanto en la antigua F. como en la moderna, confiriéndoles lo que se llama una forma farmacéutica (p. ej., píldoras, comprimidos, supositorios). Hasta hace pocos años, ya en este siglo, la preocupación de la F. al dar forma farmacéutica a un medicamento, era la de facilitar la administración al enfermo, en el sentido de dosificar bien, de conseguir una ingestión o aplicación grata en lo posible o, al menos, no molesta; dar al medicamento una presentación agradable, la máxima conservación con todo su valor terapéutico, conseguir acondicionamientos y transportes prácticos, etc. Las circunstancias han cambiado.Importancia creciente de la forma farmacéutica. En la actualidad, tanto la F. Galénica -de corte clásico, como la modernamente industrializada, procuran conservar todo esto, ciertamente, pero anteponen como cosa esencial que la forma farmacéutica colabore con los principios medicamentosos en la eficacia del medicamento, en cuanto a la intensidad, a la integridad y velocidad de la absorción, al lugar de acción, etc. Un ejemplo lo hará ver mejor: dos comprimidos pueden tener el mismo aspecto externo y no distinguirse en nada, y contener la misma cantidad de principios activos demostrable mediante un análisis, sin embargo, uno de ellos resulta ser eficaz y el otro no, o mucho menos que el primero. Bajo una misma forma y composición los resultados pueden ser positivos, nulos e incluso contradictorios; todo dependerá de la técnica galénica empleada en la preparación de esa fórmula; porque puede ser necesario que los principios activos actúen en el intestino sin que los destruyan los jugos ácidos y pépticos del estómago, y que, una vez en el intestino, actúen, no bruscamente, sino en forma progresiva, a lo largo de un cierto número de horas; uno de los dos comprimidos puede estar preparado para ello y ser eficaz, y el otro, en cambio, no desarrollar acción curativa alguna.Resulta así que la F. dispone de un inmenso arsenal de materias medicamentosas, provenientes, unas, de las clásicas drogas vegetales o animales; o de la química sintética, otras; o de procesos fermentativos y microbianos, como los antibióticos, también conseguidos por la síntesis. Estas materias no son aún verdaderos medicamentos, sino materias medicamentosas que la F. Galénica ha de convertir en verdaderos medicamentos, dándoles la disposición adecuada para poder ser convenientemente administrados al organismo enfermo y, precisamente, en la forma más útil para que mejor ejerza su actividad, en cuanto a intensidad, duración y ausencia de efectos secundarios indeseables. Esto lo consigue la F. Galénica mediante técnicas fundadas en la más moderna fisicoquímica y tecnología, que han renovado en pocos años totalmente las clásicas maneras de operar de la F. La F. Galénica se ha de preocupar también de que la acción de ese medicamento se conserve el mayor tiempo posible.Características de la Farmacia contemporánea. Hay que aclarar que la preocupación por la conservación del medicamento, que puede parecer obvia, de puro axiomática, no existía apenas hace pocos años, cuando el farmacéutico preparaba los medicamentos para cada enfermo en particular, de acuerdo con la receta del médico, en cantidades calculadas para poco tiempo, y se consumía en un plazo casi siempre expresable por días, a lo sumo por semanas. Pero la industrialización, obliga a preparar lotes de centenares y millares de la misma fórmula, que se repartirán a las farmacias de toda la geografía nacional, en condiciones climáticas de conservación muy diversas, con diferencias quizá de 30° de unos a otros lugares, y no se puede predecir cuánto tiempo tardarán en consumirse, ni mucho menos asegurar la plenitud de su actividad y eficacia. En estos momentos la F. Galénica se esmera en perfeccionar métodos que permitan predecir, con el margen de probabilidad mayor posible, el periodo aceptable de vida eficaz de cada medicamento.A los complejos estudios clásicos de estudiar el pasado del medicamento (materias primas), el presente de su nacimiento y puesta a punto (técnicas galénicas que lo dan a luz), se añade ahora la preocupación indispensable de su futuro (límites aceptables de conservación y procedimiento de prolongarla todo lo más posible). La diferencia que se ha producido entre el medicamento moderno, obtenido en gran escala, al que se exige una eficacia expresable en números analíticos, químicos o farmacológicos, y una duración prevista con cierta exactitud; y, por otro lado, el medicamento clásico, tal como se entendió hasta la última centuria, se refleja radicalmente en las normas legales que en todos los países se establecen para garantizar en nombre de la salud pública una constancia de calidad, de acción y de efectos. Esta preocupación comenzó a concretarse hace algunos siglos en la aparición de los formularios, cada vez más obligatorios, cada vez más convertidos en códigos de medicamentos o farmacopeas, que imponían detalladamente la composición de los medicamentos que el farmacéutico había de obtener en su oficina de farmacia y el modus operandi que debía presidir su obtención; no existía análisis químico y era la única manera de conseguir que los medicamentos preparados por cualquier farmacéutico fueran lo más parecidos a los preparados por los demás.Las farmacopeas modernas tienen un criterio radicalmente opuesto y mucho más eficaz: dejan en completa libertad, prácticamente siempre, al farmacéutico individual o al que trabaja en la F. industrial, para que obtenga sus productos químicos o sus preparaciones extractivas de drogas en la forma que quiera y, con ellas, los medicamentos definitivos bajo las más diversas formas farmacéuticas. Apenas se ven en las farmacopeas na=cionales normas preparativas, pero sus páginas, más numerosas que nunca, están casi totalmente destinadas a especificar las cualidades características, las reacciones de identidad y pureza de las sustancias, a describir métodos de valoración de sus componentes, de su actividad, y de sus condiciones de conservación. Si las farmacopeas del pasado semejan "libros de cocina", las modernas se convierten en rigurosísimos libros de análisis de todas clases, que marginan estrechamente el grado de perfección del trabajo farmacéutico.La F. se encuentra en estos momentos en el punto culminante de su evolución científica y profesional. En menos de medio siglo ha renovado la casi totalidad de su contenido que, por otra parte, aumenta sin cesar; y son cada vez más los que ingresan por el buen camino de la eficacia causal y no sintomática. En cuanto a la tecnología farmacéutica, ha perfeccionado sus métodos de trabajo, en igual periodo de tiempo, infinitamente más que en los milenios de su historia. Como consecuencia de esta transformación, la preparación de los medicamentos que antes tenía lugar en la "rebotica" de las oficinas de farmacia, ha desaparecido de la vista del público. La F. ha crecido en calidad y cantidad, tanto, que ha tenido que trasladar su domicilio a los laboratorios, verdaderas farmacias industriales. El público ya no ve en el farmacéutico más que al dispensador intermediario, con una indudable función de garantía sanitaria, ciertamente, pero también con un aspecto externo mercantilizado, que le impide apreciar toda la realidad de su categoría científica y universitaria. La realidad, oculta al hombre medio de la calle, es la de la compleja formación del farmacéutico, con estudios que lo capacitan para ocuparse con eficacia en muchas actividades, incluso al margen de la preparación de los medicamentos, algunas en exclusividad, otras, en simultaneidad con otros profesionales. La Bromatología, los Análisis Clínicos, la Cosmetología, son ocupaciones en las que el farmacéutico puede moverse con sus propias armas. La categoría de la F. gana cada vez más internacionalmente y no es en España donde se halla a menor nivel. Tiene el prestigio de sus Facultades universitarias y el de sus profesionales repartidos en otras cátedras universitarias (Ciencias, Veterinaria), Institutos de Enseñanza Media, Institutos de Sanidad Provincial y Laboratorios Municipales, Inspecciones Farmacéuticas Municipales, Laboratorios de Aduanas, Instituto de Toxicología, Cuerpos Militares de Tierra, Mar y Aire, etc. Y como cúspide de una categoría oficialmente reconocida, cuenta en España con la Real Academia de Farmacia (con otras denominaciones a lo largo de su historia multisecular) que es una de las que integran el Instituto de España.V. t.: MEDICAMENTOS.E. SELLÉS MARTE.
BIBL.: S. CASADLo, Tecnología farmacéutica, Milán 1960; G. FOLCH, Historia de la Farmacia, Madrid 1957; F. GSTIRNER, Einführung in die Arzneibereitung, Stuttgart 1963; HusA’s, Pharmaceutical Dispensing, Easton (Penn.) 1966; MONZEL-BücHISCHULTz, Galenisches Praktikum, Stuttgart 19’59; E. L. PARROT, Pharmaceutical Technology, Minneapolis 1970; A. Pozo y E. GASTóN, Enciclopedia farmacéutica, Barcelona 1970; Remington’s Pharmaceutical Sciences, Easton (Penn.) 1970; E. SANDELL, Galenisk Farmaci, Estocolmo 1967 (hay ediciones en alemán e inglés); E. SELLÉS, Farmacia galénica general, Madrid 1970; fD, Farmacia galénica especial, Madrid 1960; J. M. SURÉ, Legislación farmacéutica, Granada 1966; J. B. SPROWLS, Prescription Pharmacy, Filadelfia-Montreal 1963.
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