Fanatismo. Politica. POLÍTICA
Categoria:
Política
Concepto. Etimológicamente esta palabra proviene del latín f anaticus y tiene su origen en. el fanum latino (v. I). En el uso común, el f. es una actitud humana que comporta la entrega exagerada y desmedida a una idea. Supone, por tanto, una preocupación o apasionamiento ciego por una cosa; una exaltación de la inteligencia (obcecación) y de la voluntad (terquedad). Para Balmes, el f. es "una viva excitación de ánimo fuertemente señoreada por algunas opiniones falsas o exageradas" (El protestantismo comparado con el catolicismo, libro I, cap. VIII).Según estas nociones, se puede afirmar que el f. consiste fundamentalmente en una exaltación de ánimo, en virtud de la cual se lleva al exceso la creencia en doctrinas religiosas, políticas o sociales, moviendo a hechos frenéticos en su defensa. El fanático es el visionario que se persuade de estar en posesión de la verdad, recibida de lo alto, pues, como dice André Lalande, "admite en el curso de las cosas la intervención ordinaria de las potencias ocultas", y de esta persuasión supraterrena brota su actitud cerrada e intransigente hacia todo lo que no sea su idea (Vocabulario de Filosofía). El f. abarca en sí todos los campos de la actividad humana: puede darse en el terreno religioso, político, social, artístico u otros. En la práctica, sin embargo, se restringe preferentemente al aspecto religioso y político. El f. más radical es el de quien no sólo proclama que su opinión y actitud son frutos de una revelación divina, ün mensaje que él ha recibido de los dioses, sino que dice que ese mensaje es exclusivista y que debe ser impuesto violentamente contra todos y contra toda razón. Por eso ese f. pseudorreligioso no admite diálogo: sus razones, piensa, son razones divinas.La naturaleza del f. se conoce mejor comparándole con el utopismo y con el heroísmo. El utópico es un visionario, un soñador al cual las contradicciones que la realidad levanta a su paso, no logran despertar y poner en el buen camino, pero tampoco le irritan ni mueven a la lucha; después de manifestar sus opiniones, se retira ante la oposición, quizá con un gesto de desdén, porque no hay quien sea capaz de entender sus planes. El fanático, por el contrario, no sólo cierra los ojos para no ver la realidad, sino también sacude todo yugo de autoridad y toma las armas sin otra mira que el triunfo de sus ideas, aunque el precio sea la violencia o el crimen. El f. es esencialmente guerrero, y guerrero violento. El heroísmo también es guerrero, pero de diferente manera: "Si la opinión es verdadera, encerrada en sus justos límites, entonces no cabe el fanatismo; y si, alguna vez lo hubiera, será con respecto a los que se emplean en defenderla; pero entonces ya existirá también un juicio errado, en cuanto que se cree que la opinión verdadera autoriza para aquellos medios; es decir, que habrá error o exageración. Pero si la opinión fuera verdadera, los medios de defenderla legítimos y la ocasión oportuna, entonces no hay fanatismo, por grande que sea la exaltación del ánimo, por vigorosos que sean los esfuerzos que se hagan, por costosos que sean los sacrificios que se arrostren; entonces habrá entusiasmo en el ánimo o heroísmo en la acción, pero no fanatismo; de otra manera los héroes de todos los tiempos y países quedarían afeados con la mancha de fanatismo" (Balmes, o. c.).El f., considerado sociológicamente, es fruto del desacuerdo de un grupo con una unidad mayor. Los partidarios de una determinada causa pueden ser tachados de fanáticos en sus primeras manifestaciones, hasta que la causa prevalezca y se convierta en costumbre (recuérdese, entre otros casos, el de los defensores del sufragio femenino). También puede obedecer, en ocasiones, al miedo nacional de un grupo, y puede dar lugar a linchamientos u otras violencias tumultuarias. Otras veces es el poder irresistible de algún fanático el que arrastra y contagia a miles y aun a millones de personas a alistarse en las filas de su causa (Hitler). Resumiendo, podemos decir que el fanático es intolerante, apasionado por el triunfo ’de su propia fe, insensible a cualquier otra causa y dispuesto a utilizar la violencia contra los que no comparten su idea.V. t.: TOLERANCIA.JESÚS MARÍA VÁZQUEZ.
BIBL.: K. E. DIEM, Religions, Mythologies, Folklores, Nueva York 1962; M. A. RADFOUD, Encyc1opMia of the Superstitions, Nueva York 1949.
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