Ebbinghaus, Hermann
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Biografía GER
Psicólogo alemán, n. en Barmen el 24 de en. de 1850, estudió en Bonn, Halle y Berlín, interesado inicialmente por temas filosóficos e históricos. Viajó abundantemente por Francia e Inglaterra y, finalmente, dedicó su trabajo en varias universidades alemanas (Berlín, Breslau, Halle) a la naciente Psicología científica. M. en Halle, el 26 feo. 1909.Pertenece a la primera generación de fundadores de la Psicología experimental y sus primeros trabajos aparecen poco después de la inauguración en Leipzig (1879) del laboratorio de Wundt (v.).En el conjunto de su obra destacan dos hechos característicos: Es el primero en aplicar los métodos experimentales al estudio de los fenómenos psicológicos superiores, como la memoria y la inteligencia, y es uno de los primeros en concebir la Psicología como la ciencia de las funciones y de las leyes que las rigen, más bien que como la ciencia de los contenidos de conciencia y de su análisis en sus elementos primarios, según era usual en su época.Su obra principal über das Gedüchtnis (1885), es el primer estudio experimental sobre la memoria. Sus métodos y materiales son todavía empleados, principalmente el uso de sílabas "sin sentido" (una vocal entre dos consonantes que no formen unidad semántica) y el análisis de curvas de retención y olvido en función del número y tipo de repeticiones, del intervalo temporal, de los errores, del ahorro de tiempo en el reaprendizaje, etc. Sus resultados son todavía válidos, si bien hoy se tiende a resaltar el influjo de la motivación, la articulación de los procesos memorísticos en la personalidad, y la influencia que tienen, incluso en el recuerdo de sílabas sin sentido; las formaciones semánticas y ciertos factores lingüísticos de tipo estructural.En 1890 fundó con A. Kónig, el Zeitschrift für Psychologie und Physiogie der Sinnesorgane, donde, p. ej., hace una interesante crítica de las ideas de Dilthey (v.). En torno a estos años trabaja intensamente en la percepción del color.Más adelante, por los años en que Binet hacía lo mismo en París, se ocupó de la medida de la inteligencia en los escolares e ideó el célebre test de las frases incompletas que todavía hoy figura entre los mejores.En 1897 publicó su Manual de Psicología, entonces muy leÍDo, redactado en un lenguaje claro y ameno, aunque no siempre muy riguroso.V. t.: PSICOLOGÍA II; TEST PSICOLÓGICO;MEMORIA II. M. YELA GRANIZO.EBIONITASSecta judeo-cristiana que floreció en los s. I-IV. Las informaciones que hemos recibido acerca de ella son muy fragmentarias e incompletas. Entre los autores más importantes que nos hablan de esta desviación judaizante, podemos mencionar a S. Justino (Diálogo con Trijón, 47,48), S. Ireneo (Adversus Haereses, 1,26,2; 2,21,1), Tertuliano (De Praescriptione Haereticorum, 33), Hipólito (Philosophumena, 7,34; 9,13-17) y Epifanio de Salamina (Panarion, 29,30).
Según estos Padres, el fundador de la secta fue un cierto Ebion. Sin embargo, la crítica actual refiere el nombre, no a una persona, sino al sustantivo aramaico ebjonim (hombre pobre) y se cree que los partidarios de la secta lo habrían adoptado para significar que ellos eran los pobres a quienes Jesús constituía herederos de sus promesas (Mt 5,3; Lc 4,18 y 7,22). Proceden del ala más extrema de los cristianos judaizantes. Pretendían imponer la estricta observancia de la Ley de Moisés (v. LEY VII, 3), no sólo a los judíos conversos, sino también a los paganos que abrazaban el cristianismo. Esta pretensión les llevó pronto a posiciones abiertamente heréticas. Aceptaban a Jesús sólo como Profeta, el verdadero Profeta anunciado en las Escrituras (Dt 18,15). Dios, según ellos, había elegido a este hombre como Mesías por su eminente virtud y lo había ungido con la donación del Espíritu Santo recibido en el bautismo de Juan. Esta providencia especial habría hecho del Hombre-Jesús un verdadero saddiq (justo). Sólo los más moderados aceptaban que hubiese nacido de una virgen. Para ellos Cristo era únicamente el gran Maestro y reformador de la Ley judaica que se oponía a las interpretaciones falsas y a las interpolaciones que los fariseos habían introducido en la Torah mosaica.La primera condenación oficial de esta secta extremista tuvo lugar en el concilio apostólico de Jerusalén (v.). A la muerte de Santiago un cierto Tebuli, según dice Hegesipo, se constituyó en cabeza del grupo y se separó de la Iglesia. En tiempos de S. Justino, formaban ya un grupo aparte, de cuya vuelta él todavía no desesperaba. Después de S. Justino ya nadie los consideró como miembros de la comunidad cristiana. S. Epifanio llama nazarenos a los grupos más moderados de la secta. S. jerónimo conoce esta apelación, pero no distingue los nazarenos de los e. y usa los dos nombres indistintamente.Los e. se opusieron violentamente a la teología de S. Pablo porque pensaban que el Apóstol se había dejado seducir por una alucinación diabólica al afirmar que había tenido una visión de Cristo y que actuaba bajo este impulso al oponerse a la conversión de los judíos en la perfecta observancia de la ley. También repudiaban la soteriología paulina que consideraba los sacrificios de la vieja Ley abolidos por el agua del bautismo. Esta oposición a la doctrina paulina caracteriza su apostolado lo mismo que su teología.Entregados a una vida comunitaria de estricta pobreza, practicaban el vegetarianismo y ciertas abluciones que culminaban en la ablución mística del bautismo. Debido al marcado carácter ascético de su modo de vivir, tuvieron muchos contactos con los encratitas (v.).La secta, originaria de Jerusalén emigró al estallar la guerra judía bajo Vespasiano, a Pella de Perca, donde tuvo su sede principal. Comunidades e. existieron, sin embargo, en Roma, Egipto y Asia Menor. Las medidas canónicas y civiles que en el s. iv acabaron con los encratitas, pusieron también fin a la secta ebionita con la que prácticamente se hallaban confundidos.J. S. NADAL Y CAÑELLAS.
BIBL.: J. THOMAs, Le mouvement baptiste en Palestine et Syrie, Gembloux 1935; M. DIBELIUS, Der Briel des lacobus, Gotinga 1921, 37-44; J. F. BETHUNE-BAKER, An Introduction to the early history ol Christian doctrine, 3 ed. Londres 1923, 62-65; E. MOLLAND, La circoncision, le baptéme et l’autorité du décret apostolique, "Studia Theologica" 9 (1955) 1-39; A. ALLES, "Revue Biblique" 64 (1957) 516-551.
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