De Chirico, Giorgio
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Biografía GER
Pintor italiano contemporáneo, de origen griego, n. en Volo (Tesalia) donde su padre, de Palermo, ejercía su carrera de ingeniero, el 10 jul. 1888. El también estudió ingeniería en la Escuela Politécnica de Atenas, a la vez que comenzaba a sentir interés por la pintura, siguiendo los cursos de la Escuela de Bellas Artes a partir de 1903. En 1906 marcha a Munich, donde concluye dichas enseñanzas y es muy influido por la cultura germana. En 1909 se traslada a Italia, viviendo en Milán, Turín y Florencia, ciudad ésta en la que, ya en 1910, pinta sus primeros cuadros de plena personalidad, Enigma del oráculo y Enigma de una tarde de Otoño. En 1911 llega a París y expone Enigmas de Sabaudia en el Salón de Otoño y otros lienzos en el de los Independientes. Toma contacto con Paul Guillaume, Picasso y Apollinaire (v.) y traza de este último una curiosa imagen profética (1914), en la que se ve su herida en la cabeza que el poeta recibiría dos años más tarde. En 1915 vuelve a Italia y es movilizado en Ferrara, ciudad que le emociona profundamente y en la que conoce a Carlo Carrá (v.). En 1918 logra un grandioso éxito al exponer en Roma, y en 1919 es uno de los dirigentes del grupo Valor¡ Plastici. En 1924 vuelve a París, se incorpora al grupo surrealista y expone con éste en la Galería Pierre. En 1929 publica su novela lírica Hebdomeros y realiza los decorados y figurines del ballet Bal, de Montecarlo.Su evolución, que ya le hacía despegarse del surrealismo y de las interesantísimas etapas personales anteriores, le conduce declaradamente, a partir de 1930, al más increíble, vano clasicismo, a mil leguas de sus apasionantes creaciones. Pero, por supuesto, por mucho que De Ch. haya renegado de ellas, son las que le conceden un puesto de total preeminencia dentro de la pintura novecentista. Dos etapas dentro de esta primacía han de ser señaladas; la de las ciudades y la de la pintura metafísica. La primera, cuya cronología puede situarse entre 1910 y 1916, se caracteriza por mostrar perspectivas de anchas y largas vías urbanas que aparecen en diagonal, flanqueadas por edificios de altos pórticos, no sin la inclusión de algún elemento clásico de arquitectura o escultura. Estas calles están desiertas, exentas de viandantes, pero sí contienen objetos agrandados, magníficamente desconectados de cualquier lógica que intentara justificar su presencia. Cada elemento -vía, arquitectura, objeto- está pintado con colores muy vivos, a los que corresponden sombras rigurosamente acentuadas, y el conjunto da lugar a un sentimiento de auténtica angustia y de absoluto misterio. Es indudable que en esta tan feliz fórmula, luego explotada por algunos de los principales surrealistas, como Magritte y Tanguy (v. SURREALISMo Iv), de la soledad infinita se hallaba, con largos años de anticipación, uno de los mejores recursos de suspense sobrerrealista. Pero De Ch., luego de resolverla con varias obras absolutamente maestras, la abandonó, dedicándose al que se ha denominado periodo metafísico. No era menos interesante. Mostraba criaturas humanas convertidas en maniquíes de cabeza anónima, esférica y colectiva, que ya actuaban normalmente, ya componían monumentos a los que se acoplaban andamios, motores, maquinarias, acaso con el secreto propósito de comunicarles vida y movimiento. Sin duda, este lujo de paraorganismos inútiles y complicados resulta ser tan surrealista como el angustiante vacío de los cuadros de ciudades, y contiene mucho del anhelo de presagio que tanto placía a De Ch. ("Una de las sensaciones más extrañas que nos dejó la prehistoria -escribía en 1938- es la sensación del presagio. Existirá siempre. Es como una prueba histórica del sin-sentido del universo") y del que se alejó tan total y extrañamente. Pues, olvidando su originalidad y su potencia creacional, he aquí que se entrega, primero, a pintar caballos de pretensiones mitológicas y, más tarde, a un academismo desprovisto de todo interés, que ha terminado por borrar el nombre de De Ch. de cualesquiera panoramas de la actualidad. Mas, sea como fuere, y a despecho del propio artista, obras como Los juguetes de un príncipe (Nueva York, Museo de Arte Moderno), Turín en primavera (Hyéres, Col. Vizcondesa de Noailles) o La familia del artista (Londres, Tate Gallery), figurarán siempre entre lo más antológico y vivaz que haya producido el espíritu creador y buscador de la mejor pintura novecentista.J.A. GAYA NUÑO.
BIBL.: 1Z. CARRIERI, Giorgio de Chirico, Milán 1942; 1. T. SoBY, Giorgio de Chirico, Nueva York 1955; G. DE CHIRICo, The mistery ol Creation, "London Bulletinn, no 6, octubre 1938.
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