Darlo I el Grande
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Biografía GER
Rey de Persia, s. vi-v a. C. Poco es lo que se conoce acerca de D. en los años que median desde su nacimiento hasta su advenimiento al trono del Imperio persa. Era hijo de Histaspes, y su familia descendía de los Aqueménidas (v.); pertenecía por ello a la misma estirpe que los reyes Ciro I y Cambises. Al morir Cambises se produjo en el Imperio una gran dislocación a causa de la usurpación del trono. En efecto, el mago Gaumata, haciéndose pasar por Esmerdis, hermano y sucesor de Cambises, ocupó el trono y proclamó la liberación de los impuestos y del servicio militar; su actitud despertó las sospechas de las siete grandes familias nobles, entre las que se contaba la de D. Habiéndose asegurado que Gaumata era un impostor, le persiguieron y le dieron muerte en la fortaleza de Sikthanwatich, en Media, donde el usurpador se había refugiado. Tras la muerte de Gaumata, tuvo lugar una gran matanza de magos, pues se sospechaba que habían tomado partido por Gaumata con el secreto deseo de instaurar en Persia una monarquía teocrática. El recuerdo de tal acción se conservó a través de la fiesta llamada Magofonia.Elección de Darío. Tras estos hechos, el país se encontraba sin rey; la forma de elección se conoce por el relato del historiador griego Heródoto. Éste, basándose en leyendas populares, cuenta que las siete grandes familias de nobles acordaron que sería rey aquel noble cuyo caballo relinchara primero a la salida del sol de un día determinado. Heródoto afirma que D. ganó la prueba por medio de una astuta estratagema. En efecto, el día anterior mandó al campo donde debía tener lugar la prueba a su palafrenero con una yegua, colocándola de tal manera que fue la primera cosa que el caballo de D. vio al nacer el día. Gracias a esta astucia su caballo fue el primero en relinchar, por lo que D. ascendió al trono en octubre del 521 a. C.Su llegada al trono estuvo acompañada de nefastos sucesos que conmovieron al Imperio en sus cimientos, pues brotes de rebelión se encendieron en todas partes dirigidos por impostores que deseaban independizarse en sus respectivos países. D. tuvo que dedicarse a apagar estas rebeliones, como la de Babilonia dirigida por un cierto Nidiuto-Bel, quien se hacía pasar por Nabucodonosor III y levantaba el pueblo contra la dominación persa. D. dirigió una campaña militar contra Babilonia; consiguió atravesar el río Tigris, defendido por una poderosa flota, y vencer dos veces seguidas a Nidiuto-Bel, que tuvo que huir y refugiarse en la ciudad. El sitio duró dos años y sólo concluyó gracias al valor del noble Zopyro, quien se dejó cortar la nariz y las orejas para poder entrar en la ciudad simulando ser una víctima de D. De esta manera, se ganó la confianza de los sitiados. Por medio de dicha estratagema abrió una de las puertas de la ciudad, lográndose así tomarla.La paz del Imperio. Tuvo también que usar la fuerza contra el Elam, donde Athrina, hijo de Upadanna, se había sublevado; D. logró vencerle y matarle. En el 519 dirigió una nueva expedición contra Fraortes, que se había proclamado rey de Media. D. instaló su cuartel general en Pasagarda, desde donde hizo perseguir al impostor, derrotándole en Forg; sin embargo, aún fueron necesarias tres batallas para vencer definitivamente a sus partidarios. Siete años de constantes luchas redujeron a los revoltosos. Una vez restablecida la paz, el Imperio de D. se, extendía desde el mar Negro hasta el océano Indico y desde el Mediterráneo al río Indo. El gran rey dividió su Imperio en 20 satrapías o provincias gobernadas por un sátrapa (v.), encargado directamente por el soberano de la administración provincial. La división territorial tenía por objeto facilitar la percepción de los tributos y levas militares. Otro de los aciertos del rey fue el de no fundar la división sobre bases étnicas o culturales, de modo que pueblos de la misma lengua y raza se hallaban divididos en dos o más satrapías, y de esta manera era casi imposible rebelarse contra el poder central. No todas las satrapías estaban igualmente sujetas al rey; alguna era casi independiente, como la de la India. Otras poseían cierta autonomía, que les permitía acuñar moneda, limitándose sus relaciones con el poder central al pago anual de los impuestos. Finalmente, otras, como la Bactriana (v.), la Media, Egipto, etc., dependían directamente del monarca. Organizó un sistema de percepción de impuestos que contribuyó a la prosperidad del Imperio, cuya unidad se logró también gracias a la magnífica red viaria creada por D. y que sólo superaría el Imperio romano. Hizo construir un camino real desde Sardes a Susa que cubría 2.400 Km. Así el soberano estaba constantemente informado de cuanto sucedía en el Imperio, incluso en los lugares más apartados de la capital.Guerras y sublevaciones. En el 513, organizó una expedición contra los escitas (v.). Éstos, pueblo nómada e indomable, atentaban constantemente contra la seguridad de las fronteras del Imperio persa. El ejército persa constaba de 700.000 hombres y fue llevado a Europa por medio de un puente de barcas, que levantó el griego Mandrocles sobre el Bósforo. Las primeras campañas constituyeron un éxito, pues quedaron sometidas Tracia y Macedonia, pero en las llanuras de Ucrania los escitas atacaron a los persas obligándoles a batirse en retirada, logrando sólo atravesar el Bósforo gracias a la ayuda de Hístico de Mileto, que impidió la destrucción del puente tendido sobre el estrecho. D. dejó un ejército de 80.000 hombres para someter Tracia, nuevamente soliviantada. Los últimos años del reinado de D. los ocupa la primera de las guerras Médicas (v.), cuyas causas son muy complejas pero que básicamente se deben, por un lado, a la protección que el rey de Persia daba a Hipias, hijo de Pisistrato, el tirano de Atenas, que tanto bien hizo a su ciudad (Hipias había dejado Atenas después del asesinato de Aristogitón, uno de los tiranicidas que acabaron con su hermano Hiparco); y por otro, a la fatiga que experimentaban las ciudades jonias ante el dominio persa, que protegía a los fenicios en detrimento del comercio griego de Asia Menor. Estas causas originaron el profundo malestar de las ciudades jonias, que estallaron en franca rebelión en el 449 a. C. Los hechos sucedieron de la siguiente manera: Hístico, tirano de Mileto, gracias a quien D. pudo regresar a Asia tras la fracasada campaña contra los escitas, fortificó su ciudad, por lo cual se atrajo la desconfianza del sátrapa. Llamado a Susa para contestar a los cargos que se formulaban contra él, fue vejado; resentido por los maltratos, a su regreso a Mileto se sublevó junto con su yerno Aristágoras. Con él se levantaron contra D. el resto de las ciudades jonias, que sólo esperaban la ocasión propicia para hacerlo. Los jonios lograron reconquistar Bizancio, que en manos de los persas- cortaba el comercio jonio con el mar Negro; sublevaron la población griega de. Chipre y, con la ayuda de los atenienses, tomaron Sardes. Esto fue todo, pues repuesto de la sorpresa el gobernador persa de Sardes, Artafernes, derrotó a los griegos. Aristágoras, gobernador de Mileto, e Hístico fueron ejecutados, Mileto destruida y Quíos, Lesbos y Ténedos, tomadas. Sólo se salvó Samos.Sometidos los jonios, D. encargó una expedición de represalias contra los atenienses. Mardonio, al mando de una flota y de un ejército de tierra, fue enviado a someter a los atenienses, pero cuando se dirigía a Grecia para ocuparla, su flota fue destruida por una tempestad a la altura del monte Athos. En el 491, D. envió una segunda expedición al mando del medo Datis y del persa Artafernes. Con una flota de 600 navíos se dirigieron a Grecia. Por el camino tomaron Naxos y Eritrea, esta última en represalia por su colaboración en la conquista de Sardes. Hipias indicó como lugar idóneo para un desembarco la bahía de Maratón. El 26 sept. del 490, Milcíades, al mando de los atenienses, venció a los persas en la llanura de Platea. Según Heródoto, los persas perdieron más de 6.000 hombres y los griegos unos 200. La derrota de Maratón significó un momento de respiro para la Hélade, ya que no sólo salvó a Atenas, sino que todo el país quedó libre de las represalias persas.D. preparó un nuevo ejército para atacar a Grecia, pero una sublevación en Egipto le hizo desistir de sus proyectos. La campaña egipcia tuvo por objeto cortar las apetencias del sátrapa Ariandes, nombrado por Cambises, quien trataba de ensanchar sus fronteras hacia Libia, e independizarse del poder central. D. le capturó y le hizo ejecutar. Tras la campaña permaneció en el país con el fin de captarse el apoyo del clero, para lo cual se hizo iniciar en los misterios de la religión egipcia. Egipto prosperó mucho bajo su gobierno, pues el gran rey favoreció las obras públicas, que mejoraron los sistemas de aprovechamiento del Nilo. Asimismo mandó levantar un templo dedicado a Amón en Tebas, cuyas ruinas aún persisten. Bajo el reinado de D. se produjo en Persia un hecho capital: la aparición de Zoroastro (v.), reformador de la religión persa, cuya influencia dura, a través de múltiples variaciones, hasta nuestros días. D. murió hacia el 485, siendo enterrado en la tumba que él mismo mandó construir en Nags-i-Rustam.E. RIPOLL PERELLÓ E. SANMARTF GREGO.
V. t.: AQUEMÉNIDA, DINASTÍA; MÉDICAS, GUERRAS; DANIEL. BIBL.: K. JUSTI, Ein Tag aus dem Leben des Kónigs Darios, Berlín 1873; C. HUART, Persia antigua y la civilización irania, Barcfona 1930.
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