Racionalismo I
1. Concepto. Suele llamarse r. al uso exclusivo o predominante de la razón (v.) y de lo racional en la interpretación de la realidad (v.), del conocimiento (v.) humano y de la religión-teología (v.). En cualquier caso, alude a una concepción del mundo y del hombre basada en una excesiva confianza en la razón humana y en la creencia de la eficacia más o menos absoluta de los poderes del hombre.
Dentro de estas interpretaciones hay múltiples matizaciones y tendencias, que hacen que el término racionalismo tenga dispares significaciones bajo las cuales siempre subyace un concepto de la razón, de sus funciones y de sus fines; y así se pueden caracterizar como racionalistas tanto a algunos filósofos cristiano-medievales como a la concepción dialéctica de la realidad en Hegel; pero también pensadores que rozan con el irracionalismo (v.), como Nietzsche o Jaspers, no dejarán de hacer la apología de la razón. Esta disparidad de concepciones y posturas ante el r. comportan cada una en definitiva, y en el fondo, su propia concepción del hombre y de la realidad.
Sin embargo, cuando se habla de r. propiamente dicho, de un pensamiento o ideología racionalista, se hace referencia a la confianza, absoluta o casi absoluta, en la razón humana y en su capacidad. Cuando se dice que toda realidad tiene en sí misma o en el principio de la que deriva una "razón de ser" suficiente, cuando se afirma que toda realidad es explicable por sí misma, se está afirmando la racionalidad de la realidad; y esto constituye un r. metafísico. Así resulta que la realidad es algo esencialmente racional o inteligible; y el r. metafísico se hace pleno cuando se hace derivar o acompañar de un r. gnoseológico: cuando además se piensa que la racionalidad de todo lo real es plena y exclusivamente abarcable por la razón humana, es decir, cuando se toma a la razón como única medida de la realidad. La existencia real sería, en consecuencia, una actualidad de una esencia ideal. Las afirmaciones racionalistas se oponen al realismo (v.) metafísico y gnoseológico, que reconoce que las cosas existen fuera e independientemente de la mente y que son las cosas reales las que más bien miden a la razón. El r. puede ser de base empirista o idealista, según se estime que los elementos racionales de la realidad están exclusivamente presentes en la experiencia sensible (v. EMPIRISMO) o bien en las ideas inteligibles (v. IDEALISMO).
2. Resumen histórico. La diversidad, e incluso oposición, de racionalismos e interpretaciones del r. hace que de alguna manera una alusión al despliegue histórico del r. haya de referirse a la mayoría de los momentos de la historia del pensamiento y a interpretaciones filosóficas contradictorias, porque el r. no se puede considerar una corriente de sentido unívoco dentro de la historia. Es como una tentación continua dentro del espíritu humano, que aparece ya en los albores de la historia, que pervive con manifestaciones más o menos agudas a lo largo de la misma, y que produce sistemas de pensamiento más o menos en contradicción unos con otros. Aquí nos tenemos que limitar, en un intento de síntesis histórica, casi a enumerar rápidamente una serie de pensadores y de corrientes, señalando su mayor o menor grado de r., y remitiendo para mayores detalles a sus artículos correspondientes en esta Enciclopedia.
Puede considerarse como racionalista la mayor parte de la filosofía clásica griega, en cuanto que desde su origen mismo se configura como una obra del logos (v.) o razón frente a concepciones mítico-irracionales del universo. Racionalistas son en gran parte la mayoría de los pensadores presocráticos (v.), aunque sólo se trate de tanteos de racionalismo. Parménides (v.) establece la igualdad entre pensar y ser. Para Heráclito (v.), todas las cosas suceden según el logos. En Demócrito (v.) y Leucipo, seopone la racionalidad intrínseca al mecanismo natural como necesidad de las derivaciones de las causas a los efectos (v. ATOMISMO). En Platón (v.) la racionalidad perfecta de las ideas, del mundo inteligible, es pensada como norma y causa ejemplar respecto al mundo sensible, en el que la materia introduce un principio de irracionalidad. En Aristóteles (v.), el mundo de las ideas se hace inmanente a la misma materia, de manera que cualquier sustancia corpórea tiene en sí la razón final, por lo que logra un cierto equilibrio entre idealismo y empirismo. Un total r., en cambio, fue intentado por los estoicos (v.) al identificar la razón divina con el alma del mundo, al adecuar perfectamente la forma con la materia y al afirmar la universal necesidad lógica-ontológica excluyendo toda libertad. Otras corrientes filosóficas griegas, como el epicureísmo (v.) o el escepticismo (v.), tienen una marcada tendencia al irracionalismo (v.).
En el cristianismo se encuentran elementos racionales (el reconocimiento de Dios como Sabiduría en sí mismo y en el mundo por Él creado) y suprarracionales (el trascender de los misterios divinos a la razón humana). Los pensadores de inspiración cristiana se mueven entre estos dos polos, acentuando uno u otro, pero sin dejar de afirmar un principio de inteligibilidad de lo real como creado, que hace que se puede hablar de un r. cristiano y que algunos hayan calificado de en cierto modo racionalista metafísico a S. Tomás de Aquino (v.), que muestra la armonía entre fe y razón y que manfiesta cómo se puede hacer un uso de la razón humana fundada en una confianza en la naturaleza del hombre dentro del respeto a las realidades naturales y sobrenaturales (v. RAZÓN II, 3). Sin embargo, ni en S. Tomás, ni en la mayoría de otros filósofos o teólogos cristianos, medievales y modernos, hay un verdadero r. metafísico ni gnoseológico; su realismo es manifiesto, o muy acusado. Con todo, dentro de la escolástica (v.) cristiana, como en otras, no faltan pensadores de acusado r., aunque la teología les ayuda a corregirlo más o menos (v. t. NEOESCOLÁSTICOS).
En la Edad Moderna, muchos pensadores desarrollan posiciones extremas racionalistas. Parten estos intentos de las concepciones científico-naturalistas que circunscribían la racionalidad del mundo a las leyes de la sucesión mecánica, excluyendo cualquier idea de finalidad universal (v. MECANICISMO). En Descartes (v.) el r. es manifiesto; establece como criterio supremo de verdad y de conocimiento su principio de las "ideas claras y distintas" en la razón, haciéndose así ésta el árbitro de la realidad; sin embargo, la racionalidad cósmica y mecanicista (de la res extensa) y la racionalidad humana (de la res cogitans) aparecen no obstante apagadas por sus afirmaciones voluntaristas: las leyes y las verdades racionales son así por estar dispuestas por la voluntad creadora de Dios. Malebranche (v.), Spinoza (v.), Leibniz (v.) y Wolff (v.), desde distintos supuestos y con diversas matizaciones, ofrecen concepciones racionalistas del mundo y del hombre. En Leibniz, las verdades de razón son necesarias con necesidad metafísica absoluta e incondicional, y también las verdades de hecho son a su modo necesarias, con necesidad moral hipotética, según la "razón del mejor", que excluye no ya la posibilidad, sino también la conveniencia de cualquiera de las restantes alternativas; de este modo, también intenta racionalizar la aparente irracionalidad de la existencia temporal (v. POSIBILIDAD; POTENCIA). También el empirismo inglés -Hobbes (v.), Berkeley (v.), Hume (v.)- intenta que sea la razón la que establezca, a través de las asociaciones de impresiones sensibles, los criterios de realidad, por lo que este empirismo resulta ser igualmente, en el fondo, un r. metafísico llevado a sus últimas consecuencias. En Kant (v.), en quien concluyen las posiciones extremas de ambas corrientes, el mundo fenoménico es un mundo formado por el intelecto humano, ciertamente racional, pero de una racionalidad puesta, según él, por el mismo intelecto (r. por tanto más gnoseológico que metafísico). El r. de Hegel (v.) es aún más radical: la Idea produce sus determinaciones en una dialéctica de contradicción y superación, mediante la cual la propia Idea se realiza como proceso lógico-real; lo irracional se convierte en un momento necesario del proceso de racionalidad: su r. es ya idealismo (v.) absoluto.
Como reacción a esta filosofía (el idealismo hegeliano) se producen corrientes de pensamiento que destacan los valores irracionales de la realidad, el sentimiento, la voluntad y la misma experiencia (Schopenhauer, v.; Kierkegaard, v.). Sin embargo, siguen dándose racionalismos, como el positivismo (v.) de Comte (v.) con base en gran parte empirista, y como el materialismo (v.) histórico y dialéctico de Marx (v.) con base en el r. idealista hegeliano en su mayor parte, pero también empirista. Otros pensadores han intentado conciliar las exigencias de racionalidad con la vida, como Nietzsche (v.), o con la historia, como Dilthey (v.) (V. VITALISMO; HISTORICISMO). En el pensamiento contemporáneo, hay una búsqueda de conceptos más precisos y reales que en el r. que pudiéramos llamar "clásico", tanto antiguo como moderno; así Husserl (v.) pretende superar las bases naturalistas y mecanicistas de dicho r., que prescinden del papel del espíritu en la comprensión y constitución del objeto (V. FENOMENOLOGÍA); la filosofía existencial, de formas muy diferentes, como la de Heidegger (v.), Jaspers (v.), Marcel (v.), Sartre (v.), aunque de raigambre irracionalista, va a la búsqueda de un nuevo r., a la vez que pretende alcanzar una idea más comprensiva del hombre (V. EXISTENCIALISMO). Igual revisión del concepto clásico de r. pretenden hacer otras corrientes actuales más conectadas con el r. clásico: la filosofía analítica (v.), el neopositivismo (v.), etc.
Unas veces en la base de estos r. metafísicos y otras circunscrito exclusivamente al problema del conocimiento (v.), se encuentra el r. gnoseológico, expresión con la que se puede caracterizar a cualquier teoría que establezca la razón como única facultad válida de conocimiento, como única facultad capaz de discernir y producir la verdad y validez de un conocimiento; es decir, que todo conocimiento verdadero supone una estructura a priori, es derivado de la razón más que de la realidad de las cosas fuera de la mente, y tiene un valor objetivo necesario y universal. En este sentido, se enfrenta a las tesis del empirismo y del intuicionismo (v.) sensible. La teoría de la anamnesis platónica, el r. empirista de Aristóteles, la doctrina de las verdades eternas de S. Agustín (v.) pueden considerarse ejemplos de mayor o menor r. gnoseológico. En Descartes este r. se presenta agudamente, y a partir de él con un matiz marcadamente crítico. Para Descartes, son las ideas innatas, claras y distintas, colocadas por Dios en la mente del hombre, las que posibilitan la evidencia racional y el conocimiento de la verdad. En Leibniz, todos los conocimientos se derivan de la virtualidad de la mónada al no poder recibir nada exterior a ella. Kant intenta superar el conflicto entre el r. continental y el empirismo inglés, y somete a crítica, desde supuestos empiristas y racionalistas, el conocimiento sensible, inteligible y metafísico. La experiencia sensible no puede proporcionar un fundamento válidoa cualquier conocimiento universal y necesario; tal necesidad y universalidad debe venir, según él, por el pensamiento en cuanto que da a las cosas su ley. Este pensamiento no lo considera, sin embargo, creador, puesto que la materia del conocimiento viene de la experiencia. El fenómeno no es mera apariencia; pero, según Kant, el objeto es estructurado por la forma del pensamiento válida para cualquier experiencia posible; para él, al darse una sensación unida a una forma habrá un verdadero conocimiento. Para Hegel, sin embargo, el pensamiento o razón será ya creador u origen de la verdad y de la realidad, y su r. es absoluto: metafísico y gnoseológico al mismo tiempo.
Cabe hablar también de un r. ético para designar las teorías que defienden que la razón es la única facultad humana capaz de discernir con garantías de objetividad, necesidad y universalidad, lo que es el bien y el mal: la moral socrática, la ética kantiana, el neopositivismo ético, etc. El r. aplicado a la teología, o r. teológico, pretende eliminar del conocimiento todo lo sobrenatural (v.) y todo misterio (v.) no justificable por la razón, explicando la teología (v.) y la religión (v.) como una mera forma de actividad humana histórica, y sin admitir, por tanto, ninguna revelación divina (V. NATURALISMO; DENMO; MODERNISMO TEOLÓGICO; etC.).
Estas configuraciones diversas de r. que se han descrito no se dan siempre en estado puro, sino entremezcladas en corrientes o pensadores, que más bien tienden a destacar algunos de los aspectos reseñados. No obstante, cabe señalar como notas comunes a todas ellas: la valoración de los factores racionales de la realidad sobre los irracionales y el predominio disarmónico de la razón sobre los sentidos, la voluntad, la afectividad y lo sobrenatural en la concepción del hombre.
V. Continuación RACIONALISMO II.
JOSÉ LUIS MANCHA, J. M. PRIETO SOLER.
BIBL.: V. RACIONALISMO II
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