Guerra I. Estudio General.
Concepto y definiciones. La voz guerra procede de la germánica werra, querella, no de la latina guerra, escudo de mimbre, cuyo antecedente fue la sajona wer, por lo que, si en alemán ha llegado a convertirse en we/ir, y en inglés en war, al italiano, catalán, portugués y castellano llegó, latinizada, como guerra, al provenzal como guerro, y al francés como guerre. Apareció en Castilla, una sola vez, en el poema del conde Fernán González, y más tarde en una carta del santo rey Fernando a su padre, Alfonso IX de León, para figurar ya como materia tratada en el tít. 23 de la 2a de las Siete Partidas y en los tít. V, VI y VII del Especulo, desplazando a los términos lid, fonsadera, facienda, batalla y otros empleados con anterioridad.
Con ella, como con las de equivalente significado en otros idiomas antiguos y modernos, se quiere expresar en general la idea de disputas violentas, pudiendo aplicarse incluso a las que tienen lugar entre todos los seres del reino animal a causa de la ley de selección natural y supervivencia del más fuerte; pero el ser humano, al referir tal idea a las luchas propias, guiado por el propósito de justificarlas, se esforzó, para tranquilizar su conciencia, en definirla de acuerdo con su propio pensamiento y concepción del fenómeno.
Históricamente, la g. es tan antigua como la Humanidad, y es probable que la primera tuviese lugar al disputarse la posesión de una caverna más apetecible o el aprovechamiento exclusivo de un territorio de caza más prometedor. El hombre comenzó a pensar en ella, considerándola como un estado natural de autodefensa, en pugna con los sentimientos de paz impresos por Dios en su alma y con el natural temor a sus posibles fatales consecuencias, que le inclinaban a mantener una actitud pacífica. El pensamiento, junto a las circunstancias y al sentimiento predominante, le condujo a su justificación o condena, a defenderla o combatirla ideológicamente, a definirla y clasificarla, a considerarla objeto de estudio como ciencia y como arte, a inventar medios ofensivos y defensivos -en gran medida promotores del progreso en tiempo de paz-, y a encauzarla jurídica y moralmente (v. IV y VI). Sería interminable, si no imposible, la exposición de las ideas, conceptos y definiciones emitidas por el hombre respecto a ella.
La Real Academia de la Lengua da como significado: "disidencia y rompimiento de paz entre dos o más potencias", pero también señala como acepciones "pugna, disidencia entre dos o más personas" y "toda especie de lucha y combate, aunque sea en sentido moral". Asimismo se hallan en los diccionarios las acepciones de "estado de hostilidad entre naciones, pueblos, tribus, etc." y en sentido figurado "oposición de una cosa con otra". Quizá ninguna de ellas abarque por sí sola todas las posibilidades de la idea que la voz pretende expresar; si unas parecen limitarse a contemplar el enfrentamiento armado de distintas naciones, otras minimizan el concepto hasta resultar equivalente a pelea o riña, de palabra u obra, entre varios individuos. La dificultad de la definición consiste en la amplia gama de aquellas posibilidades y en las numerosas acepciones que por extensión analógica de la idea ha introducido el uso vulgar del vocablo, tales como "dar g." (causar molestias), "hacer la g." (llevar la contraria), "estar en g." (estar en pugna, oposición o lucha), "en buena g." (en buena lid, luchar u oponerse con lealtad), "declarar la g." (entablar abiertamente lucha o competencia con alguien), "tenerse declarada la g." (estar dos personas en mutua y continuada actitud de perjudicar la una a la otra), "en son de g." (actuar con el ánimo dispuesto a la lucha), y otras muchas.
Refiriéndose tan sólo a la acepción principal, a la que hizo nacer el vocablo, mencionamos algunas de las definiciones formuladas por autores de todos los tiempos que contemplan el fenómeno de la g. desde distintos puntos de vista, apoyándose más en alguna de sus características, de sus causas o de sus fines. Aunque ninguna haya logrado vencer la dificultad apuntada, juntas desarrollan la idea en todos sus aspectos. "Políticamente -dice Bardin- la guerra es un armamento de nación a nación, o un empeño de fracción a fracción; es una serie más o menos prolongada de hostilidades entre dos o más pueblos, cuyos ejércitos salen a campaña; es un estado de cosas provocado a veces por insultos, una necesidad impuesta a veces por la fuerza; un fruto de la venganza; ser de represalia." Para Bluntschi la g. "es el conjunto de los actos por los que un pueblo o un Estado hace respetar sus derechos, luchando con las armas en la mano contra otro pueblo u otro Estado". "La guerra es un debate que se ventila por la fuerza", según Cicerón, y "la continuación de la política por otros medios; un acto de fuerza para obligar al adversario al cumplimiento de nuestra voluntad", según Clausewitz. Dryden la definió como "el oficio de los reyes", y Folard como "un oficio para los ignorantes y una ciencia para las personas instruidas". Para Funk, "es el acto político por el cual varios Estados, no pudiendo conciliar lo que creen son sus deberes, sus derechos o sus intereses, recurren a la fuerza armada para que ésta decida cuál de entre ellos, siendo el más fuerte, podrá, en razón de su fuerza, imponer su voluntad a los demás". Para Grocio es "la situación de aquellos que procuran ventilar sus diferencias por la vía de la fuerza", mientras Guizot la concibe como "el juego sangriento de la fuerza y del azar", y La Barre como "estado de lucha armada entre dos naciones".
López Muñiz dice que "es el hecho de fuerza a que acude un partido político o sistema social para lograr su supervivencia o imponer la práctica de sus teorías a las demás naciones". Montecuccoli afirma que "es la posición de un ejército que toma la ofensiva por todos los medios con objeto de vencer", y Napoleón escribe que "es un juego serio en que compromete uno su reputación, sus tropas y su patria". "La guerra -dice Olivartes el litigio entre las naciones que defienden sus derechos, en el cual es el juez la fuerza y sirve de sentencia la victoria." Rustow la define como "lucha premeditada y metódica de dos partidos, que, con auxilio de sus fuerzas armadas, tratan de alcanzar un fin político"; y Villamartin, como "choque material de los elementos de daño y defensa de que disponen dos poderes sociales que se hallan en oposición de intereses". Por nuestra parte, sin pretender mayor fortuna en la superación de la dificultad inherente al propósito definitorio de este Proteo conceptual, decimos que la g. es la actitud continuada, pero transitoria, que adoptan dos o más colectividades políticas para dirimir sus diferencias por medios violentosLa historia de la g. es la de la Humanidad, que la teme y odia, pero recae en ella sistemáticamente, pese a sus desastrosas consecuencias, impulsada por intereses y pasiones encubiertos con razones de pretendida justicia. "Hasta el presente ----escribe Martens-, cuantas tentativas se han hecho para evitar la guerra sólo han servido para probar la insuficiencia de los recursos del hombre, la inconstancia del orden internacional y la inestabilidad de las relaciones humanas". Sin embargo, el mismo autor dice también que "un tiempo vendrá en que la guerra sea un hecho excepcional por haber encontrado los Estados un medio más conveniente para solucionar sus conflictos". Nosotros, menos optimistas, tememos, al contemplar las más recientes realidades de la vida internacional, que sólo un invencible recíproco temor puede mantener la paz entre las naciones.
Hombres de acción y recoletos pensadores, desde el genial estratega al más sutil filósofo, han emitido su juicio crítico sobre la g. Entre sus apologistas, Banús opina que "ni la religión, ni la moral, ni la felicidad, ni la naturaleza, ni la justicia, ni el progreso se oponen a la guerra", la cual, para Fr. Bernhardi "es una necesidad biológica de primordial importancia, un elemento regulador en la vida de la humanidad, una obligación moral y, como tal, un factor indispensable de la civilización". De Maistre la encuentra "divina en la gloria misteriosa que la rodea y en el atractivo no menos explicable que nos lleva hacia ella", y, para Donoso Cortés "la guerra y la conquista han sido siempre los instrumentos de la civilización del mundo". Hegel la juzga "bella, buena, santa y fecunda, creadora de la moralidad de los pueblos". Para Heráclito es "creadora y principio de todas las cosas". Maragall la identifica con el Estado mismo, cuya personalidad "sólo encuentra su total eficacia y completa garantía en la guerra, por la que nacen, viven y mueren casi siempre", y Moltke afirma que "sin ella, el mundo se perdería y se pudriría en el materialismo".
Desde remotos tiempos figuran entre sus detractores cerebros fecundísimos. Heródoto piensa que "nadie será bastante insensato para preferir la guerra a la paz; durante la guerra, los padres entierran a sus hijos; en tiempo de paz, los hijos son los que entierran a sus padres", y "sólo para quienes no la han experimentado es buena la guerra", diría Erasmo, porque, como afirma Melo, "la guerra, aunque se encamine a fines justos, siempre obra por instrumentos y modos violentos, inhumanos, llenos de sangre y horror". Aún muestran mayor repugnancia ante la g. civil. Ya decía Homero que "el que ama la horrible guerra civil es un hombre sin lazos familiares, sin ley y sin hogar", y siglos después reconocía Cicerón que "cualquier género de paz entre los ciudadanos me parecía preferible a una guerra civil", sin duda porque en ésta, como diría Corneille, "la muerte de los vencidos enflaquece a los vencedores y el triunfo más espléndido está regado de lágrimas".
Plinio aconseja que: "la guerra, ni temerla ni provocarla", quizá porque, como diría Rowe, "es el último resorte de la inminente bancarrota", y todos los autores, apologistas o no, la aceptan como hecho irremediable. Para Dryden, "la paz misma no es sino la guerra enmascarada", coincidiendo con Maragall, que la ve como "un armisticio más o menos largo". El conocido pensamiento de Vegecio, si vis pacem, para bellum (el que anhela la paz, que se prepare para la guerra), y el análogo de Remy de Gourmont, "tenemos paz sólo cuando podemos imponerla", también lo encontramos en Fénelon, según el cual "es preciso estar siempre aprestado a declarar la guerra, para que no nos veamos jamás obligados a la desgracia de tenerla que aceptar". Porque realmente existe un círculo vicioso que liga a la g. y a la paz, señalado por Geiler von Keysersberg: "La paz da origen a la riqueza, la riqueza a la soberbia, la soberbia a la guerra; la guerra trae la miseria, la miseria da paso a la humildad, y la humildad trae nuevamente la paz". También hace referencia a él Martens, al decir que "en todo tiempo, la guerra ha destruido lo que la paz había edificado; en todo tiempo, la guerra ha puesto las bases de la paz por venir; en todo tiempo, ha sido en la guerra donde se han manifestado las fuerzas vivas de los pueblos, determinando el valor de cada una en medio de los grandes acontecimientos históricos".
Causas y efectos. En la actualidad, a sus causas tradicionales (ambiciones, rivalidades, revanchismos, discrepancias religiosas, disputas dinásticas, etc.) se han agregado las económicas y las político-sociales. Ambas enfervorizan a las naciones, poniéndolas por entero "en pie de g." para combatir con las armas o para colaborar de algún modo en la retaguardia (con lo que atraen el ataque enemigo también sobre sí), y son más difíciles de evitar que las tradicionales, suelen propagarse a otras naciones de iguales intereses o ideologías, y se resisten a las fórmulas conciliatorias antes del total aniquilamiento del adversario. Las áreas beligerantes y la participación ciudadana en las conflagraciones se ampliaron, por tanto, progresivamente, hasta llegar a la "g. total" y a la "g. mundial", que, junto al asombroso perfeccionamiento de las armas (v.), cuyos alcance, precisión y potencia destructora alcanzaron límites ya difícilmente superables, produjeron el incremento, con vertiginoso ritmo, de sus catastróficas consecuencias. Tras los 10 millones de pérdidas humanas y los 21 de heridos en la I Guerra mundial (1914-18), que parecían insuperables, la II Guerra mundial (1939-45) anonadó a la Humanidad con 55 millones de muertos y 35 de heridos, sobre todo al considerar que las pérdidas de la población civil habían pasado de medio millón a 25 millones; mientras las pérdidas de combatientes se habían triplicado, las de los no combatientes eran 50 veces mayores.
Fenómeno tan permanente y trascendental ha preocupado al hombre en todas sus actividades, promoviendo, directa o indirectamente, el progreso técnico y científico en todas las ramas del saber, e incluso inspirando algunas de las más famosas creaciones artísticas. Filósofos, teólogos, juristas, sociólogos e historiadores, han dedicado tratados enteros a su estudio. Físicos, químicos, matemáticos, ingenieros y arquitectos, se esforzaron en contribuir al alocado culto rendido a Marte. Economistas, financieros, políticos y diplomáticos, permanecieron en vigilia para posibilitar los gigantescos presupuestos de g. o procurarse el apoyo y la alianza de otras naciones. Quizá no haya existido ser humano que no participase de algún modo en ninguna g., o que no pensase y se preocupase por ella. Por fortuna, todo el progreso científico, técnico e industrial promovido por la g. resultó, más tarde, provechoso para la subsiguiente paz.
Clasificación. Ante tan universal preocupación, para desarrollar el posible contenido de la voz guerra serían precisos varios volúmenes. Habría que analizar la clasificación por razón del sujeto (interna e internacional), de la causa (justa e injusta), del propósito (ofensiva y defensiva), de su teatro (terrestre, aérea, marítima y submarina), de su método, extensión, intención, etc. Habría que exponer los medios ensayados para evitarla, desde las ordalías (v. JUICIO DE DIOS) hasta la ONU. Habría que estudiar sus etapas de preparación, declaración, comienzo, desarrollo, paralización y definitiva terminación. Habría que mostrar su evolución a través de la Historia, contemplarla como objeto de regulación jurídica especial (v. IV), mostrarla como ciencia y como arte propios.
Aquí nos limitamos a definir, con brevedad, sólo algunos de sus principales tipos, para facilitar la adecuada calificación de la que en cada caso se contemple: a) fría, cuando, sin declaración formal de g., se mantienen actitudes de enemistad, amenazadoras, para crear un estado de alarma permanente; b) abierta, desde que comienzan las operaciones activas; c) viva, si se desarrolla con mucha actividad; d) muerta, si se paralizan las operaciones activas, sin tregua, armisticio, ni paz; e) sin cuartel, a muerte, a sangre y fuego, matices de la caracterizada por no respetar las leyes de g.; f) clásica, convencional, legítima, regular, subrayan distintos aspectos de la que respeta las leyes de g. y no emplea medios anormales de destrucción; g) apretada, metódica, de posiciones, si las tropas, inmóviles, se hostilizan desde sus fortificaciones; h) poliorcética, polémica, de sitios, si pretende la conquista o conservación de plazas o lugares estratégicos fortificados; i) campal, de maniobra, si se desarrolla en campo abierto, sin apoyo de fortificaciones o atrincheramientos; j) de conquista, con intención de asentarse de modo permanente en territorios de otra nación; k) colonial, para dominar o mantener el dominio sobre territorios no sometidos a soberanía reconocida internacionalmente; 1) de reconquista, para expulsar de un territorio a quien se asentó en él por conquista; m) nacional, de independencia, cuando todo un pueblo se une al ejército para recobrar o alcanzar la soberanía sobre su territorio propio; n) de secesión, separatista, emprendida por una región para desmembrarse de la nación a que pertenece y alcanzar soberanía propia; ñ) irregular, de guerrillas, practicada por tropas no constituidas como ejército, sin teatros de operaciones ni frentes de combate determinados; o) civil, intestina, fratricida, sostenida por distintas agrupaciones de ciudadanos de una misma nación entre sí; p) de insurrección, la civil dirigida contra las fuerzas del poder constituido; q) de intervención, en apoyo de una de las partes contendientes en una civil; r) dinástica, de sucesión, planteada entre los partidarios de diversos pretendientes a un trono; s) religiosa, santa, distintos grados de las promovidas por motivos de tal naturaleza (v. III); t) social, actitud violenta de los desheredados de la fortuna para mejorar su condición; u) biológica (V. BIOLÓGICAS, ARMAS).
V. t.: GUERRILLA; PAZ; NEUTRALIDAD; EJÉRCITO; MARINA; AVIACIÓN; y cuantas g. y batallas tienen voz propia en esta Enciclopedia.
M. LUENGO MUÑOZ.
BIBL.: J. ALMIRANTE, Diccionario Militar, Madrid 1869; F. BARADO, museo Militar, Barcelona 1886; M. BELOFF, La guerra fría, Buenos Aires 1966; C. DELMAs, La guerra revolucionaria, Buenos Aires 1965; 1. F. G. FULLER, A military History of the Western World, Nueva York 1965; G. LÓPEZ MUÑIZ, Diccionario Enciclopédico de la Guerra, Madrid 1945; A. 1. TOYNBEE, Guerra y civilización, Buenos Aires 1966; J. SAN AGUAYO, La guerra fría, Santiago de Chile 1968; Q. WRIGHT, A Study of War, Chicago 1942.
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