SORIA, Humilde (1844-1905)
Hermano profeso franciscano. Nació en Oliva (Valencia) el año 1844, de Mariano y Vicenta, labradores acomodados, terciarios franciscanos, que en el bautismo le pusieron el nombre de Vicente. Creció en un ambiente de piedad, honradez y trabajo. En 1867, contrajo matrimonio con Vicenta Catalá. Formaron un hogar honesto que se distinguió por su religiosidad y laboriosidad; fueron miembros comprometidos en la Tercera Orden Franciscana y en las actividades parroquiales. Dios bendijo su amor con diez hijos, pero nueve de ellos murieron entre 1874 y 1884. El hijo que sobrevivió, Miguel, vistió el hábito franciscano en el Colegio Misionero de Ntra. Sra. de Regla (Chipiona, Cádiz) y recibió la ordenación sacerdotal en 1896. Respondiendo a un llamamiento del Ministro General de la Orden, el P. Miguel marchó a las misiones de México en 1910 y se incorporó a la Provincia del Santo Evangelio, desarrollando allí una gran obra de apostolado. Muerta su esposa en 1885 y después que su hijo marchara al Colegio Misionero, Vicente pidió el ingresó en la Provincia Franciscana de Valencia, recién restaurada después de la exclaustración de 1835. Hizo el noviciado en Santo Espíritu del Monte (Gilet, Valencia)
Cuando tomó el hábito cambió el nombre de Vicente por el de Humilde, y terminado el año de prueba profesó como hermano lego el 29 de mayo de 1891. A partir de aquel momento su vuelo ascensional en el camino de la santidad iba a ser más patente, siempre dentro de su línea de sencillez, laboriosidad, devoción, bondad. Tuvo varios destinos: San Espíritu, Benigánim y finalmente Benisa (Alicante), adonde llegó en 1897 y donde permaneció hasta su muerte. Antes, en 1896, el padre, ya fraile, y el hijo, fraile y sacerdote, volvieron a encontrarse en Oliva por espacio de unos días. En los conventos, fray Humilde Soria Pons se ocupaba en menesteres humildes. Durante el día trabajaba en los oficios que le habían confiado, hortelano, limosnero, portero, y durante la noche pasaba largas horas ante el Santísimo; también eran devociones preferidas suyas Cristo crucificado y la Virgen; su saludo, como el de los frailes de su tiempo, era: «Ave María Purísima - Sin pecado concebida». Su género de vida penitente lo constituían ayunos, mortificaciones, cilicios y disciplinas. Exigente para sí mismo, era todo caridad para con los demás, tanto frailes como seglares, a quienes edificaba cuando iba de limosnero y cuando los atendía en la portería. Murió de tétanos en Benisa el 26 de febrero de 1905. Su entierro fue una devota manifestación popular. Está en curso el proceso de su beatificación.
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