SAN BUENAVENTURA, Alonso de (-1594)
Franciscano, misionero. Sabemos muy poco de la vida del P. Alonso de San Buenaventura antes de su llegada a Paraguay. Vistió el hábito franciscano en el convento recoleto de Nuestra Señora de Loreto (Espartinas, Sevilla), perteneciente a la Provincia de Andalucía, donde profesó y cursó los estudios eclesiásticos. Siendo ya sacerdote se alistó como misionero para el Paraguay, y entre los frailes que reclutó para la misma misión estaba Fr. Luis de Bolaños, que residía en Marchena y aún era diácono. En 1572, junto con otros franciscanos, se embarcaron en la expedición de Juan Ortiz de Zárate, y llegaron a Asunción en 1575, después de muchas peripecias. En aquellas misiones trabajaron juntos muchos años, evangelizando y fundando misiones, doctrinas y reducciones o poblados misionales en los que la convivencia pacífica entre españoles y guaraníes se hizo posible, y en los que se facilitó la catequesis y la enseñanza de artes y oficios a un pueblo ambulante. El mayor exponente de su obra misionera y civilizadora son las 15 reducciones que establecieron. Al principio trabajaron en los alrededores de Asunción y allí comenzaron sus experiencias. Pero luego se adentraron en territorios poco o nada explorados, desarrollando una tarea humana y cristiana. En 1585, el P. Alonso de San Buenaventura regresó a España en busca de misioneros, se detuvo dos años en Lima desempeñando el cargo de maestro de novicios (1585-1586), y en 1588-1589 volvió al Paraguay con una expedición de franciscanos. Prosiguió incansable su actividad apostólica entre los guaraníes, pero nuevamente hubo de comprobar que aquella viña del Señor era demasiado grande para tan pocos obreros. De nuevo tuvo que venir a España, en 1592-1593, para conseguir nuevos misioneros. Le concedieron 24 franciscanos, entre ellos el P. Martín Ignacio de Loyola, después obispo de Río de la Plata, con los que embarcó a finales de 1594. El viaje de regreso con destino a Paraguay se realizó vía Panamá, pasando por El Callao en Perú, para llegar a Santiago de Chile, donde el P. Alonso, antes de llegar a su meta, enfermó y murió en el convento de San Francisco del Monte el año 1594. La historia lo recuerda como un activo y virtuoso misionero, fundador con el Padre Luis de Bolaños de las primeras reducciones; y también como un hombre de mucha oración y gran penitente, amante y defensor de los indios, a los que trataba con gran respeto y no menor cariño, protegiendo siempre su dignidad como personas y como hijos de Dios.
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