ROCHELA, Juan de la (hacia 1200-1245)
Juan de la Rochela o de la Rupella, en latín Ioannes a Rupella, es un pensador franciscano del s. XIII, filósofo y teólogo, discípulo de Alejandro de Hales, al que sucedió en la cátedra de teología en la Universidad de París, primero como auxiliar (1235) y después como regente (1238)
Tenemos pocos datos concretos de su vida. Nació hacia el año 1200 en La Rochelle (Francia) y parece que siendo joven tomó el hábito de san Francisco en la provincia de Tours. Formó parte, junto con A. de Hales, del grupo de notables que se reunió a fin de acordar lo necesario para el bien de la Orden frente a los desmanes de fray Elías. Además, junto con A. de Hales y otros dos frailes, preparó la exposición de la Regla de san Francisco que el Capítulo de Montpellier (1241) encomendó a las provincias y que conocemos como Expositio Regulae quatuor Magistrorum (1242)
En 1244 tomó parte en el Concilio de Lyón. Los autores suelen situar su fallecimiento el año 1245 en París; sin embargo, el Martyrologium Franciscanum dice que murió en La Rochelle el 3 de febrero de 1271, siendo un eximio confesor y doctor que sobresalió por su palabra y sus escritos, así como por el celo de la pobreza y de la observancia regular. La obra principal de Juan de la Rochela es la Summa de anima, que contiene materias que A. de Hales no trató. Escribió además sobre oratoria sagrada y sobre teología: Summa de virtutibus, Summa de vitiis, Summa de articulis fidei, Summa de decem praeceptis. Es más sistemático y didáctico que su maestro, aunque su pensamiento no es totalmente homogéneo. En él se integran y se yuxtaponen elementos filosóficos provenientes de diversas escuelas: Aristóteles, san Agustín, Avicena y Alquerio de Claraval. Con gran lucidez y nitidez establece la distinción real entre la existencia y la esencia. El alma es una sustancia incorpórea, intelectual y necesita la iluminación divina, que recibe cuando opta por una rectitud de vida; es una sustancia simple, capaz de vivificar al cuerpo y de realizar en él diversas operaciones. Siguiendo a Avicena, defiende la distinción entre los entendimientos agente y posible, necesarios para conocer mediante la abstracción. En la línea de A. de Hales distingue tres facultades cognoscitivas con sus respectivos objetos: la razón, que estudia y analiza las naturalezas corpóreas; el entendimiento, que se orienta hacia los espíritus creados, y la inteligencia, que se vuelca hacia las realidades increadas. Da la máxima importancia al tema de la cultura y de los estudios; oponerse a ellos es una tentación de Satanás, que quiere dañar al hombre a través de la ignorancia. [Cf. J. A. Merino, BAC-525].
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