PAMPLONA, Francisco de (1597-1651)
Hermano profeso capuchino, primero aventurero y luego misionero. Muestra de cómo un talante aventurero y luchador, puesto al servicio del ideal misionero, puede dar excelentes resultados. Tiburcio Redín y Cruzat, barón de BigÜeda, que tal era nuestro Francisco de seglar, nació en Pamplona, en agosto de 1597. Fue el menor de cuatro hermanos, que ocuparon elevados puestos en la sociedad de su tiempo. Tiburcio, con decidida inclinación a las armas, abrazó la carrera militar a los catorce años y marchó a Italia. A los veinticuatro era ya capitán. Sirvió en la Armada de Indias, llegando a ser general de galeones. Sus aventuras (no siempre encomiables) y hechos de armas (de bravura incontrolada) le granjearon aduladores por una parte y enemigos por otra. Una pedrada en la sien, durante una reyerta en calles madrileñas, le puso a las puertas de la muerte. Oró a la Virgen y la enfermedad fue vencida. Con la curación triunfó la gracia y el que se había lucido haciendo filigranas con la espada iba a hacer maravillas como organizador y conductor de misioneros. A los cuarenta años vistió el hábito de la Orden capuchina y adoptó el nombre de Francisco de Pamplona. Embebido en humildad franciscana quiso ser de los más humildes y se quedó en hermano lego. Después de hacer el noviciado en Tarazona, profesó en 1638, siendo destinado a Tudela primero y después a Zaragoza. En 1642 se enteró de que a unos capuchinos italianos, que iban de misioneros al Congo, se les había negado el paso en Lisboa. Fray Francisco, fiado en su amistad personal con Felipe IV, se comprometió a conseguir la autorización necesaria si se le incluía en la lista. La estratagema dio buen resultado. El grupo misionero, en compañía de fray Francisco, recalaba en la desembocadura del Congo en junio de 1645. La misión congoleña dio un buen resultado y pronto necesitaron refuerzos. Fray Francisco fue enviado a España para hacer las gestiones oportunas. Después de un accidentado viaje, que le llevó a Roma a través de Inglaterra y Francia, pudo comprobar que la misión del Congo había suscitado muchas vocaciones misioneras entre los capuchinos. La Congregación de Propaganda Fide preparaba nuevas fundaciones misioneras para su Orden y aprovechó la influencia de fray Francisco ante el rey de España para enviar la primera expedición de capuchinos a América. En octubre de 1647 embarcaba con ellos rumbo a Darién. Dos años después volvía a Europa para reclutar más misioneros. En Roma formalizó la fundación de una misión en la isla de Granada, región por la que sentía especial predilección, pues allí le habían ayudado durante su carrera militar, pero estaba ocupada por los franceses. Pasaron a Cumaná, y en el valle venezolano del Píritu estableció una misión que dio excelente resultado. Ante la falta de misioneros decidieron enviar de nuevo a fray Francisco a Europa en búsqueda de religiosos. Pero el santo varón había dado su medida y murió santamente en el puerto de La Guaira (Venezuela) el año 1651. [L. Galmés, BAC maior 37].
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