OROMÍ, Buenaventura (1906-1936)
Franciscano, sacerdote, historiador y mártir. El P. Buenaventura Oromí Anglés nació en Sudanell (Lérida, España) el 16 de marzo de 1906. A los diez años entró en el Colegio Seráfico de Balaguer. Tomó el hábito franciscano en el Convento del Remedio, de Vich, el 5 de mayo de 1921, hizo la profesión simple al año siguiente y la solemne en 1927. Terminados brillantemente los estudios eclesiásticos, fue ordenado de sacerdote el 14 de abril de 1929. A partir de entonces estuvo unos años en su Provincia de Cataluña, dedicado al apostolado y a la enseñanza. En 1932 fue enviado al Pontificio Ateneo Antoniano de Roma, donde realizó los estudios superiores en Historia eclesiástica, y obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teología el año 1934. El 5 de julio de 1935 consiguió el doctorado en la misma Facultad, previa la aprobación de su tesis De interventu Fratrum Minorum Hispaniae in Concilio Tridentino, fruto de una investigación paciente y concienzuda, que se publicó en castellano, Los Franciscanos españoles en el Concilio de Trento, en la revista Verdad y Vida los años 1945-46. El verano de 1935, el P. Buenaventura Oromí y el P. Francisco Ramón, también doctor en teología, regresaron a su Patria, y los dos fueron destinados al convento de San Francisco de Berga (Barcelona), donde su Provincia tenía a los estudiantes de teología. La casa y sus moradores sufrieron inseguridad y molestias que se multiplicaron tal como avanzaba la revolución desatada en España. El 24 de julio de 1936 fueron expulsados de su convento los religiosos que aún permanecían en el mismo, entre ellos el P. Oromí. A partir de entonces, los frailes sufrieron un cruel calvario, tratando de escapar de sus perseguidores, que los acosaban por todas partes. El P. Oromí y el P. Tersa, tras mucho vagar por los caminos de Cataluña, fueron apresados en Barcelona, adonde habían ido con la esperanza de embarcar para Italia, el 7 de octubre de 1936, y en la noche del 7 al 8 fueron asesinado en el cementerio de Moncada. Antes, en la casa que los hospedaba, rezaban en familia a diario el rosario y el vía crucis, y el mismo día en que los prendieron habían confesado y comulgado. Días antes de su detención, el P. Oromí había estado con su hermana Sor Francisca, Hermanita de los Pobres: «Le pregunté si estaba asustado -recuerda la religiosa-; me respondió que no, que quizás había llegado la hora de ser devorado por las fieras marxistas; pero que no me turbara, porque no pasaría sino lo que Dios quisiera». Acabada la guerra, no fue posible identificar el cadáver del P. Oromí.
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