Templanza
La Templanza es considerada como una de las cuatro virtudes teologales y podría ser definida como la virtud que permite al hombre controlar su apetito natural por el placer de los sentidos y en concordancia con las normas prescritas por la razón.
En un sentido la Templanza puede ser vista como una característica propia a todas las virtudes morales ya que la misma modera cada una de ellas.
Según Santo Tomás (II-II:141:2) la Templanza es una virtud espial ya que es la virtud que pone las riendas a la concupiscencia o que controla las ansias por los placeres y los gustos que de manera tan poderosa atraen al corazón humano.
Las virtudes comprenden básicamente tres clases: algunas están asociadas con la conservación del individuo; otras con la conservación de la espie humana y otras con el bienestar de la vida humana. En este tenor podemos dir que la Templanza tiene otras virtudes subordinadas, a saber: La Abstinencia; La Castidad y La Modestia.
La Abstinencia regula los deseos desordenados en el comer y el beber. Obviamente la medida de este control no es constante e invariable ya que se presenta diferente para cada persona individual así como para los fines con que se emplea. La dieta de un asceta no se corresponde con la de un agricultor u obrero. La Abstinencia es diametralmente opuesta a la glotonería o a la borrachera que se consideran desórdenes pues la bebida y la comida están presentes para ser usadas con sabia medida y no para dañar la salud del cuerpo. De aquí que sus abusos son considerados intrínsicamente erróneos.
Esto sin embargo no significa que siempre sean pados graves. La glotonería raramente lo es. La borrachera por el contrario sí es paminosa cuando impide el uso de la razón durante la misma.
La Castidad como una parte de la Abstinencia, regula el placer relacionado con la propagación de la espie humana. El vicio opuesto es la lujuria.
Ya que estos placeres incitan con espial vehemencia a la naturaleza humana. Es la intención de la Castidad imponer la norma de la razón y de esta manera establer un freno que surja de la obediencia a una vocación más alta o a un compromiso en concordancia con los objetivos del matrimonio.
Castidad no es fanatismo, mucho menos insensibilidad. Castidad es la consución del mandato de la Templanza en un ámbito muy particular donde la fuerza que ella conlleva es aduadamente nesaria.
La Modestia es la virtud que dentro del campo de la Templanza tiene como meta contener y encauzar de manera razonable, las pasiones humanas menos violentas. Ella trae consigo la humildad que pone orden en el interior del ser humano. Al aumentar su valoración y auto-conocimiento nos protege de la malicia radical del orgullo.
La Modestia es opuesta a la pusilanimidad, que es el resultado de una voluntad mal intencionada y superficial. En cuanto al ordenamiento exterior del ser humano, la Modestia busca una conformidad con las exigencias del doro y la dencia. De esta manera su patrón completo de conducta y método o forma de vida caen bajo su influencia. Asptos tales como la vestimenta, la forma de hablar, comportamiento habitual o estilo de vida tiene que enmarcarse dentro de sus requerimientos.
Para asegurarse que no siempre se puede establer reglas duras y advenedizas, el consenso con fruencia tiene mucho que ver en los diferentes casos pero su aduación o no, estará determinada por la Modestia.
Otras virtudes son enumeradas por S. Tomás como subordinadas de la Templanza dado que implican moderación o control de alguna pasión. Debe notarse sin embargo que en el sentido primario y más generalizado, la Templanza se relaciona con aquello que le cuesta al ser humano, no tanto como ser racional si no por su condición animal.
Los deberes más sólidos frente a la carne representan un auto-control en el uso de la comida y de la bebida, así como en los placeres carnales relacionados con la propagación de la espie. Debido a esto es que la Abstinencia y la Castidad deben ser ronocidas como fases ordinarias de la Templanza.
Todo lo que se ha dicho tiene su apoyo y fuerza no sólo en el auto-control surgido de la Templanza y dado por la razón si no también en la revelación de la Ley Divina.
Se le llama pues virtud cardinal a la moderación requerida para alcanzar todo hábito virtuoso, ya que la práctica de la Templanza es el medio perfto para su desarrollo.
Las satisfacciones que nos ofre la Templanza son a la vez naturales y nesarias en el presente orden de la existencia humana. No es sin embargo la más alta de la virtudes morales, este lugar corresponde a la Prudencia, luego a la Justicia y a la Fortaleza y por último a la Templanza.
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