Orden Carmelita
Una de las órdenes mendicantes.
ORIGEN
La fecha de fundación de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo ha sido objeto de discusión desde el S.XIV hasta hoy, la Orden reivindica como sus fundadores a los profetas Elías y Elíseo, sin embargo los modernos historiadores, empezando Baronius, niegan su existencia antes de la segunda mitad del XII. Durante la época del Profeta Samuel existía en Tierra Santa una organización conocida como los Hijos de los Profetas, que en muchos asptos se asemejaba a un instituto religioso de tiempos posteriores. Vivían en comunidad y aunque no pertenían a la tribu de Leví, se dedicaban al servicio de Dios; profesaban espial obediencia a los superiores, los más famosos de los cuales fueron Elías y su sucesor Elíseo, ambos relacionados con el Monte Carmelo, el primero con sus disputas con los sacerdotes de Baal, el segundo por su prolongada residencia en la montaña santa. Con la caída del Reino de Israel, los Hijos de los Profetas desaparieron de la historia. En el siglo III o IV de la Era Cristiana el Carmelo era un lugar de peregrinación, como lo demuestran numerosas inscripciones en Griego en los muros de la Escuela de los Profetas: "Ruerda a Juliano, "ruerda a Germánico", etc., Algunos de los Padres, espialmente Juan Crisóstomo, Basilio, Gregorio Nacianceno y Jerónimo, siguieron a Elías y Elíseo como modelos de perfción religiosa y patronos de eremitas y monjes. Estos innegables hhos han abiertos camino a las suposiciones. Como San Juan Bautista estuvo casi toda su vida en el desierto, en donde reunió en torno a él numerosos discípulos y como Cristo había afirmado de él que estaba poseído del espíritu y poder de Elías, algunos autores afirman que reavivó la institución de los Hijos de los Profetas.
Las entusiastas descripciones dejadas por Plinio, Josefo y Filón del tipo de vida de los Esenios y Terapeutas, convencieron a otros que esas stas pertenían a la misma corporación, desgraciadamente sus opiniones presentan serias dudas. Tácito menciona un santuario en el Carmelo, consistente no en un templo, ni ídolo, sino simplemente un altar para el culto divino; tal pudo ser su origen, con seguridad en tiempo de Vespasiano estaba en manos de un sacerdote pagano, Basilides Pythagaras (500 B.C.) es presentado por Jambilicus dedicando mucho tiempo a la plegaria silenciosa en un santuario similar al Carmelo, un testimonio de mayor fuerza para el tiempo de Jámblico más que para el de Pitágoras. Nicéforo Calixto (A.D.1300) refiere que la emperatriz Helena mandó construir una iglesia en honor de San Elías en las laderas de cierta montaña. Esta evidencia es inadmisible, ya que Eusebio es testigo del hecho de que ella sólo mandó edificar dos iglesias en Tierra Santa, en Belén y en Jerusalén, no veinte como Nicéforo afirma; además las palabras de este autor muestran claramente que había visto el monasterio griego de Mar Elías, sobresaliendo sobre el valle del Jordán y no el Carmelo como algunos autores piensan; Mar Elías, sin embargo, data del S.VI. Estos y otros malentendidos presupuestos no han invalido sino que han fortalido la tradición de la Orden, que tiene su punto de partida en los días de los grandes profetas, sino ininterrumpidamente, sí en la referencia ultima moral de los eremitas del Carmelo, primeramente bajo el Antiguo Testamento, después con la divulgación del Cristianismo, hasta el tiempo de las Cruzadas, estos eremitas llegaron a organizarse según el modelo de las órdenes de Occidente. Esta tradición está rogida espialmente en las Constituciones de la Orden, es mencionados en bulas papales, así como en la liturgia de la Iglesia y es aún seguida por muchos miembros de la Orden. El silencio de los peregrinos de Palestina, anterior al año del Señor 1150, de los cronistas, de los más rientes documentos, en una palabra la negativa evidencia de la historia ha inducido a los modernos historiadores a omitir la rlamación de la Orden y fhan su fundación en 1155, cuando por primera vez se habla en documentos de autenticidad incuestionable. Incluso la evidencia de la Orden sobre sí mismo no ha sido siempre muy clara. Una noticia escrita entre 1247 y 1274 (Mon.Hist. Carmelit., 1, 20, 267) dlara de forma general que "desde los días de Elías y Elíseo los santos padres del Antiguo y Nuevo Testamento moraron en el Monte Carmelo y sus sucesores después de la Encarnación del Verbo edificaron allí una capilla en honor de Nuestra Señora, por la cual razón fueron llamados en la bula papal "Hermanos de Santa María del Monte Carmelo". El Capítulo General de 1287 (inédito) habla de la Orden como de una nueva implantación.(plantatio novella). Más definitivos son algunos escritos de la misma época. Una carta" Sobre esta orden" atribuida a San Cirilo de Constantinopla, pero escrita en latín (probablemente en Francia) por un autor de 1230, y el libro "Sobre la Institución de los primeros monjes" conta la Orden con los Profetas de la Antigua Ley. Este último trabajo, mencionado por primera vez en 1342, fue publicado en 1370 y llegó a ser conocido en Inglaterra medio siglo más tarde. Supuestamente está escrito Por Juan, Obispo de Jerusalén (A.D.400). Sin embargo, como Gennadius y otros antiguos escritores no hacen mención de ella entre los escritos de Juan, y como el autor era claramente latino, puesto que sus argumentos están basados sobre ciertos textos de la Vulgata, difiriendo extensamente de los correspondientes de la de los Setenta y como en muchos momentos manifiesta entera ignorancia de la lengua griega y espialmente aluda a escritores del S. XII no puede haber vivido antes de la mitad del S.XIII. Un tercer autor es a ves mencionado, José, un diácono de Antioquia, a quien Possevin sitúa alrededor del A.D. 130. Su trabajo se perdió pero su título "Spulum perftae militiae clesiae" muestra que no pertenió a los Padres Apostólicos, además es totalmente desconocido en la literatura patrística. Su nombre no es mencionado antes del S.XIV y con toda probabilidad no vivió mucho antes.
La tradición de la Orden aunque fue admitida por muchos Escolásticos medievales, fue contestada por no pocos autores. De aquí que los historiadores Carmelitas descuidasen casi completamente la historia de su misma época, gastando todas su energías en controversias escritas, como es evidente en los trabajos de John Baconthorpe, John de Hildesheim, Bernard Olerius y muchos otros. En 1374 una disputación mantenida en la universidad de Cambridge entre el dominico John Stokes y el carmelita John de Norney; el último, cuyos argumentos principalmente estaban tomados del derecho canónico, no de la historia, fue dlarado victorioso y los miembros de la universidad prohibieron la cuestión de la antigüedad de la Orden Carmelitana. Al final del S.XV ésta era de nueva hábilmente defendida por Trithemius (o alguien que escribía con este nombre), Bostius, Palaeonydorus y muchos otros quienes con gran exposición de erudición refuerzan su tesis, profundizando en los huos de la historia de la historia de la Orden y proclamando sus numerosos santos antiguos. Santos Eliseo y Cirilo de Alejandría (1399), Basil (1411), Hilarión (1490) y Elías ( en algunos lugares desde 1480), en toda la Orden desde 1511 se había puesto en el Calendario Carmelita, el capítulo de 1562 añadió algunos de los cuales fueron eliminados 20 años después con motivo de la revisión litúrgica. Sin embargo volvieron a ser introducidos en 1609 cuando el Cardenal Belarmino actuó como revisor de las tradiciones Carmelitas. También aprobó con ciertas reservas la tradición de la fiesta de Nuestra Señora del Monte Carmelo, 16 de julio, que había sido instituida entre 1376 y 1386 en conmemoración de la aprobación de la Regla por Honorio III; en 1609 llegó la fiesta del Escapulario, dlarada la principal fiesta de la Orden, que se extendió a toda la Iglesia en 1726. La tendencia por rlamar los santos de la Orden y otras renombradas personas del Cristianismo e incluso su antigüedad clásica llegaron a su punto culminante en el "Paradisus Carmelitici Doris" escrito por M.A. Alegre de Casanate, publicado en 1639, condenado por la Sorbona en 1642 y colocado en el Index Romano en 1649. Tampoco se puede encontrar mucho sentido en los anales de la Orden de J.B. de Lezana (1645-56) y en "Dor Carmeli" de Felipe de la Santísima Trinidad (1665). En la publicación, en 1668, del tercer volumen de marzo de los Bolandistas, en el cual Daniel Papebroch afirmaba que lo Orden del Carmen fue fundada en 1155 por San Bertoldo, planteó una guerra literaria, que duró 30 años y de inusitada violencia. La Santa Sede, citó a ambas partes, rhazó situar a los bolandistas en el Index Romano, pero se impuso el silencio a ambas partes (1698). Se permitió levantar una estatua a San Elías en la basílica de El Vaticano, entre los fundadores de órdenes religiosas (1725), su coste aproximado fue $3942 cada sción de la Orden contribuyó con una cuarta parta. En la actualidad las cuestión sobre la antigüedad de la Orden Carmelitana sólo tiene interés académico.
Fundación en Palestina
El monje griego John Pocas, que visitó Tierra Santa en 1185 relata que encontró en el Carmelo, un Calabrian ( es dir un occidental) monje quien en un momento con la fuerza de una aparición del Profeta Elías, había congregado en torno a él a 10 eremitas con los que había iniciado vida religiosa en un pequeño monasterio cerca de la gruta del profeta. Rabí Benjamín de Tudela ya en 1163 escribía que los cristianos habían construido una capilla en honor del profeta Elías. Jacques de Vitry y otros escritores del final del S.XII y principios del XIII dan noticias de semejantes acontimientos. La fecha exacta de la fundación de una ermita puede ser deducida de la vida de Aymeric, Patriarca de Antioquia, un pariente del "Calabrian" el monje, Bertoldo, con ocasión de una viaje a Jerusalén en 1154 o el año siguiente pare haber visitado al segundo y asistirlo en la fundación de una pequeña comunidad; Más aún cuenta que en su vuelta a Antioquia (1160) trajo consigo algunos eremitas, fundó un convento en aquella ciudad y otro junto a una montaña próxima: ambos fueron destruidos en (1268). Bajo el sucesor de Bertoldo, Brocardo, surgen algunas dudas serias sobre el género de vida de los eremitas Carmelitas. El Patriarca de Jerusalén, Alberto de Vercelli, entonces residente en Tiro, se didió con dificultad escribir una pequeña regla, parte de la cual está tomada de la de San Agustín (1210). Los eremitas elegían superior a quien prometían obediencia, vivían en celdas separadas, ritaban el Oficio Divino según le rito de la Iglesia del Santa Sepulcro, si no eran capaces de leer, otras plegarias, dedicaban el tiempo a meditaciones pías, combinadas con el trabajo manual. Cada mañana debía reunirse en la capilla para la Santa Misa y los Domingos también para el capítulo. No tendrían propiedades, las comidas serían servidas en sus celdas; se abstendrían de carne, excepto en casos de nesidad o enfermedad, desde septiembre hasta el verano. El silencio no se quebrantaría desde las Vísperas hasta la hora Tercia del día siguiente, desde Tercia hasta Vísperas deberían abstenerse de conversaciones inútiles; el superior sería ejemplo de humildad y los hermanos debían honrarlo como a representante de Cristo.
Emigración a Europa
Como se puede deducir de este breve resumen no hubo ninguna disposición para organizar después la comunidad del Carmelo, de lo que se puede deducir que hasta 1210 no se había fundado ninguna comunidad excepto una cerca de Antioquia, que estaba sujeta al patriarca de la ciudad. Después de este dato nuevas comunidades aparieron en San Juan d’ Acre, Tiro, Trípoli, Jerusalén, en el Quarantena, en algún lugar de Galilea (monasterium Valini) y en otras localidades que son desconocidas, en total hasta 15. Algunas fueron destruidas tan pronto como fueron levantadas y algunos hermanos fueron asesinados por los sarracenos. Algunas ves los eremitas fueron sacados del Carmelo, pero siempre volvían; incluso edificaron un nuevo monasterio en 1263, en conformidad con la regla revisada y una aceptable gran iglesia, aún visible hacía el final del S.XV. Sin embargo la situación de los cristianos había llegado a ser tan praria que la emigración se hizo obligatoria. Así, colonias de ermitaños se asentaron en Chipre, Sicilis, Marsella y Valenciennes (1238). Algunos hermanos de nacionalidad inglesa acompañaron al Baron de Vescy y Grey en su viaje de retorno de la expedición de Ricardo, Eral de Cornwall (1241) y fundaron en Hulne cerca de Alnwick en Northumberland, Bradmer (Norfolk), Aylesford y Newenden (Kent). San Luis, Rey de Francia, visitó el Monte Carmelo en 1254 y trajo seis eremitas franceses a Chareenton cerca de París en donde les dio un convento. El Monte Carmelo fue tomado por los sarracenos en 1291, los hermanos, mientras cantaban la Salve Regina fueron degollados y el convento quemado.
CARISMA Y NOMBRE
Con la llegada de los Carmelitas a Europa, comienza un nuevo período en la historia de la Orden. Poco más que los simples nombres de los superiores del primer período han llegado a nosotros. San Bertoldo, San Brocardo, San Cirilo, Bertoldo (o Bartolomeo) y Alan (1155-1247) En el primer capítulo celebrado en Aylesfrod fue elegido general San Simón Stock (1247-65). Como la noticia biográfica que le concierne data de 1430 y no es muy fiable, debemos juzgar al hombre por sus obras. Se encontró en situación comprometida. Aunque la regla había sido redactada en 1210, había ribido la aprobación papal en 1226, muchos prelados rehusaron ronocer la Orden, creyeron que estaba fundada en contradicción con los dretos del concilio de Letrán (1215), que prohibía la fundación de nuevas órdenes religiosas. De hecho la Orden Carmelitana tal como estaba solamente fue aprobada en el II concilio de Lyón (1274), pero San Simón obtuvo de Inocencio IV la aprobación provisional con ciertas modificaciones de la regla (1247). De ahora en adelante no se fundaría en desiertos, sino que se haría en ciudades o en suburbios de las ciudades; la vida solitaria cedería su lugar a la comunitaria; la comida se celebraría en comunidad; la abstinencia aunque no se dispensase, sería restringida; el silencio estaba restringido al tiempo entre Completas y Prima del día siguiente; asnos y mulos podrían ser utilizados para viajar y transportar los productos y aves de corral para las nesidades de la cocina. Así la orden dejó de ser ermitaña y llegó a ser una de las órdenes mendicantes. Su primer nombre , Fratres eremitae de Monte Carmeli y después de edificar una capilla en el Carmelo en honor de Nuestra Señora (1220), se pasó de Eremitas de Santa Maria del Monte Carmelo a Fratres Ordinis Beatissimae Virginis Mariae de Monte Carmeli . Por odenanza de la Apostólica
Chancillería de 1477 fue aún más ampliado, Fratres Ordinis Betatissimae Dei Genitricis semperque Virginis Mariae de Monte Carmeli, el cual título fue dlarado obligatorio por el Capítulo General de 1680.
Obtenida la mitigación de la Regla, San Simón Stock que era totalmente partidario de la vida activa, abrió casas en Cambridge (1249) Oxford (1253) Londres ( por el mismo tiempo) York (1255) París (1259) Bolonia (1260), Nápoles ( fecha incierta). Se esforzó espialmente por implantar la Orden entre los universitarios, parte para asegurar a los religiosos una alta educación, parte para incrementar el número de vocaciones entre los posgraduados. Aun que ya había pasado el momento de esplendor de las órdenes mendicantes, triunfó en ambas dirciones. El rápido incremento de los conventos y noviciados se manifestó peligroso, la regla que era más estricta que la de San Francisco y Santo Domingo desalentó y sembró el descontento entre bastantes hermanos, mientras los obispos y el clero parroquial continuaban ofriendo resistencia al desarrollo de la Orden. Murió centenario, antes de que fuera restablida en paz. Con la elección de Nicolás Gallicus (1265-71) comienza una reacción, el nuevo general siendo totalmente opuesto al ejercicio del sagrado ministerio, favorió exclusivamente la vida contemplativa. Con este fin escribió un extensa carta titulada "Ignea sagitta" (inédita) en la que condenaba con dureza lo que llamaba las peligrosas ocupaciones de la predicación y confesión. Sus palabras permanieron sin ser tenidas en cuenta, renunció al cargo, lo mismo hizo su sucesor, Rudolfo Alemannus (1271-74) quien pertenía a la misma escuela de pensamiento.
EL HÁBITO
La aprobación de la Orden en el segundo concilio de Lyón aseguró su permanencia entre las órdenes mendicantes; sancionó el ejercicio de la vida activa y apartado todos los obstáculos para su desarrollo, desde entonces se produjo con avances y retrocesos. Bajo el mando de Peter Millaud (1279-94) se produce un cambio en el hábito. Hasta entonces consistía en una túnica, cinturón, escapulario y capa, ambos negros, marrón o gris (el color fue cambiando de acuerdo a las correspondientes subdivisiones y reformas de la Orden) y de un manto de cuatro franjas blancas verticales y tres negras, por lo los frailes fueron popularmente llamados fratres barrati , o virgulati o de pica (urracas). En 1287 su variada capa fue cambiada por una de puro color blanco que motivó que se les llamara los frailes blancos.
El siglo tre. Bajo los generales ya mencionados, el siglo XIII ofreció dos santos a la Orden, Ángel y Alberto de Sicilia. Muy poco se conoce del primero, su biografía se pretendió escrita por su hermano, Enoch, Patriarca de Jerusalén, es un trabajo del S.XV; en aquellas partes que se pueden verificar con el rigor contemporáneo aparen sin fundamento, por ejemplo, cuando se estable toda la jerarquía griega de Jerusalén, durante el período de las Cruzadas; o cuando dio los autos de un apócrifo Concilio de Alejandría, junto con los nombres de 17 obispos que supuestamente habrían tomado parte en él, éstos y otros particulares más concretos son ahistóricos es difícil prisar cuánta credibilidad mere en otras materias para las cuales no hay evidencia independiente. Es, no obstante, digno de crédito lo de las lturas del Breviario de 1458, cuando apare por primera vez la fiesta de San Ángel, hasta 1579 se le presenta simplemente como un siciliano por su nacimiento y nada se dice de su descendencia judía, su nacimiento y su conversión en Jerusalén, etc.. No existe evidencia posterior del tiempo que vivió o del año y causa de su martirio. Según algunas fuentes fue asesinado por herejes (probablemente maniqueos) pero según otros autores más tardíos por un hombre a quien había públicamente reprendido por un grave escándalo. Además, las más antiguas leyendas de San Francisco y Santo Domingo nada dicen del encuentro de los tres en Roma o de sus mutuas profías relacionadas con los estigmas, el rosario o el martirio. La vida de San Alberto, así mismo, fue escrita bastante después de su muerte por alguien que no tuvo ruerdo personal de él y más preocupado por edificar al lector, contando numerosos milagros (fruentemente con exageración) que establer hhos sobrios. Todo lo que con certeza se puede afirmar es que San Alberto nació en Sicilia, ingresó en la orden siendo muy joven, debido a una promesa de sus padres; fue durante algún tiempo provincial y murió en olor de santidad el 7 de agosto de 1306. Aunque no fue formalmente canonizado, su fiesta fue introducida en 1411
Fundación en las Islas Británicas
La provincia Inglesa, a la que pertene la de Irlanda y Escocia desde 1305, hizo rápidos progresos hasta la mitad del siglo XIV, después los datos de fundaciones comienzan a ser menos numerosos, mientras de vez en cuando se fundan pequeñas casas. Los Carmelitas gozan del favor de la Corona, que contribuye generosamente en varias fundaciones, espialmente la de Oxford, en donde la residencia real había colocado la Orden. El lugar está ocupado ahora por el Hotel Beaufort, aún se puede ver el Camino del Fraile y una pequeña iglesia de Santa maría Magdalena la cual durante tiempo fue guardada por los Carmelitas. Otras fundaciones reales fueron Hitchin, Marlborough, etc.. John de Gaunt fue un gran benefactor de la Orden y eligió sus confesores entre sus miembros; la Casa de Lancaster eligió casi siempre a los carmelitas como confesores reales, un puesto que se correspondía al de ministro real de culto público. Estos confesores era como norma promovidos a pequeños obispados en Irlanda o Gales. La Orden comenzó a ser muy popular entre el pueblo. La vida era de pobreza muy intensa, como se prueba por varios inventarios de bienes y otros documentos existentes. Durante las turbulencias Wyclifitas la Orden tomó el liderazgo del Partido Católico, el principal opositor de Wyclif fue el provincial de los Carmelitas, John Cunnigham. Thomas Walden, fue elegido por Enrique V para llevar a término importantes misiones y acompañó a Enrique VI a Francia. Durante la guerra con Francia muchos conventos franceses fueron incorporados a la provincia inglesa, así el número de carmelitas ingleses alcanzó los 500. Sin embargo allí posteriormente sólo permanió la casa en Calais, la cual fue suprimida por Enrique VIII. A finales del S.XV la provincia había disminuido cerca de 600 religiosos. Ninguna de las diferentes reformas pare haberse introducido en Inglaterra, aunque Eugenio IV y el general Soreth lo intentaron. Las puliares constituciones en vigor en Inglaterra y la excelente organización de la provincia impidieron la menor extensión de abusos que se propagaron en otras partes. Desde el principio de la Reforma un número de religiosos jóvenes, aftados por las nuevas doctrinas abandonaron la Orden y los que permanieron fueron obligados a admitir el Acta del supremo, lo que ellos aceptaron sin aparente vacilación, un hecho que no puede sorprender, si se tiene en cuenta que el Cardenal Wosley había obtenido poder de la Santa Sede para visitar y reformar conventos Carmelitas, lo que suponía la sumisión real o la supresión. Separados del resto de la Orden, los carmelitas estuvieron durante algún tiempo sometidos a la regla George Brown, general de todos los mendicantes, pero gozaron de relativa independencia bajo John Byrd, primer provincial y después general de la sción inglesa de la Orden. Al tiempo de la supresión final existían 39 casas, incluida la de Calais. Los documentos de supresión distan mucho de ser completos, manifestando sólo los nombres de 140 religiosos y el inventario sólo da noticia de 12 casas. Eran totalmente pobres. En Oxford los frailes habían sido obligados a vender los bancos de la iglesia y los árboles del camino y los comisionados determinaron que también deberían vender las tejas para comprar una pocas hogazas de pan. Todavía más, uno de los novicios, Antoni Foxton, nada desalentado por esta dificultad, huyó a Northallerton para continuar su noviciado y de aquí fue expulsado por segunda vez. La propiedad de la orden fue dilapidada con la misma imprudencia que los otros bienes eclesiásticos. La bibliota de la casa de Londres, considerada una de las más excelentes, refinada y estupenda de Inglaterra, cayó en posesión del Dr. UVT. Los otros edificios fueron parcelados. Sólo de dos carmelitas se sabe que padieron la muerte, Laurence Cook y Reginaldo Pock; Otros paren haber ingresado en prisión. Pero prácticamente no se sabe nada de la suerte de un gran número de conventos, espialmente los del Norte, es más que probable que durante los diferentes persuciones algunos fueron incendiados y sus moradores muertos. Entre los pocos conventos carmelitas que permanen en Inglaterra deben ser mencionados las dos primeras fundaciones, Hulne, ahora en ruinas y Alesford, en aparente buen estado, y también el hermoso claustro en el cual se encuentra ahora un asilo para pobres enfermos de Coventry. Un intento para revivir la provincia de Inglaterra durante el reinado de la Reina Mary no tuvo éxito.
La historia de las provincias de Irlanda y Gales nunca ha sido estudiada de forma exhaustiva, debido a la pérdida de muchos documentos. El total de conventos irlandeses varía entre 25 y 28, pero con toda la probabilidad algunos de ellos tuvieron breve existencia. El hecho de que los capítulos generales consideran a Inglaterra como provincia de Irlanda, pare indicar que la provincia estaba fruentemente perturbada por la desunión y las contiendas. En época riente la casa de Dublín fue designada como studium generale, pero como nunca fue mencionado como tal en las listas oficiales esto sirvió solamente para los estudiantes irlandeses, las provincias extrajeras no fueron requeridas para enviar a sus estudiantes. Para la búsqueda de estudiantes superiores se dieron espiales facultades a Irlanda, Escocia y Londres en las universidades inglesas. Los conventos de Irlanda sufrieron bajo la mano de hierro de Enrique VIII.
La provincia de Escocia estuvo compuesta a lo sumo de 12 conventos, de los cuales algunos como el de South Queensferry al pie de de For Bridge aún existe. Aquí una vez más nos tenemos que conformar con noticias perdidas, de las cuales, sin embargo, se deduce que la Orden gozaba del favor de la Corona. Algunos carmelitas escoceses tuvieron un papel importante en la universidad de París, mientras que otros fueron los promotores de la reforma de Albi. Cuando se suprimieron en Inglaterra los conventos, muchos religiosos apostaron por Escocia en donde los conventos fueron permitidos mejor de lo que ellos pensaban hasta 1564.
Constituciones
Las más antiguas constituciones que han llegado hasta nosotros datan de 1324, pero existe una evidencia de una primera colción comenzada cerca de 1256 para completar la regla que exponía solamente principios fundamentales. En 1324 la Orden estaba dividida en 15 provincias, correspondientes a los países en los que estaba establida. A la cabeza de la Orden estaba el General, elegido por escrutinio (ballot) por el capítulo general, en cada capítulo debía rendir cuenta de su administración y si no se alegaban serios reparos era confirmado en su cargo hasta que fuera removido a un obispado, muriera o renunciara por disión propia. Elegía su propia residencia, que desde 1472 era habitualmente Roma. Se le daban dos compañeros, generalmente de su propia elección que lo acompañaban en sus viajes y le asistían con sus consejos. Toda la Orden contribuía anualmente con una renta fija al mantenimiento del general y los costes de la administración. En teoría, por último, el poder del general era casi ilimitado, pero en la práctica no podía permitirse pasar por alto los deseos de las provincias y de los provinciales. El capítulo general se reunía regularmente cada tres años desde 1247 hasta le final del Siglo XIV; pero desde el fin de ese período en adelante los intervalos llegaron a ser más largos, seis, diez o incluso 16 años. Los capítulos habían llegado a ser una carga dura, no solamente para la Orden, sino también para las ciudades que didían acogerlos. Cada provincia, sus miembros aumentaban continuamente, era representadas por el provincial y dos compañeros. A esto hay que sumar una reunión de maestros sagrados y estudiantes profesos que mantenían disputas teológicas, mientras los definidores analizaban la problemática de la Orden; como la Santa Sede garantizaba indulgencias con ocasión de los capítulos, los púlpitos de las catedrales y de las parroquias y las iglesias comunes eran ocupados con fruencia por elocuentes predicadores. Viajaban a caballo, cada provincia enviaba un número de hermanos legos, para cuidado de los caballos. De esta manera los capítulos generales ocupaban un gran número de frailes desde 50 a 100 o más. Para sufragar los gastos cada provincial se veía obligado a pedir a su soberano un subsidio; la Corona Inglesa, como norma, contribuía con 10 libras, mientras la mesa y el alojamiento para los miembros del capítulo era provisto por otras casas religiosas o por los ciudadanos. Como devolución la Orden acostumbraba a conceder a la ciudad cartas de fraternidad y colocar a su santo patrón en el Calendario Carmelitano. Para la elección de General todos los provinciales y sus acompañantes se reunían, pero los asuntos importantes eran confiados a los definidores, uno por cada provincia; éstos eran elegidos en el capítulo provincial, no podían actuar en dos capítulos sucesivos. Las obligaciones de los definidores eran ribir información sobre la administración de las provincias; confirmar o destituir a los provinciales y elegir la raudación anual; nombrar a los que enseñarían Sagradas Escrituras y Sentencias en las universidades, espialmente en París; Conceder autorización para la repción de honores académicos en representación de la orden; Revisar e interpretar las leyes existentes y añadir otras nuevas y finalmente conceder privilegios a los miembros destacados, castigar a los culpables de serias ofensas, imponiendo las penas aduadas o si fuera nesario mostrar indulgencia, disminuyendo o condonando las sentencias previas. Hho esto, todo el capítulo era de nuevo reunido, las disiones de los definidores eran publicadas y enviadas por escrita a cada provincial. De los registros de los primeros capítulos, solamente se han encontrado fragmentos, pero desde 1318 las actas están completas y han sido impresas parcialmente.
Los capítulos provinciales se celebraban como norma una vez al año, pero algunos provinciales rlamaban que solamente cada dos o tres años. Cada convento estaba representado por el prior o vicario y por un compañero elegido por el capítulo conventual para llevar las quejas contra el prior. Contemplaba el número de capitulares cuatro definidores que eran elegidos junto con el provincial.(.......) Entre otras competencias tenían plena autoridad para deponer a los priores y elegir a otros nuevos; también selcionaban a los que eran enviados a los diversos srtudia generalia y particularia y a las universidades, y procuraban la aduada provisión para sus gastos. Didían,. Asunto que dependía del general y de la Santa Sede, sobre las de nuevos conventos. Trataba con los delincuentes. Se hicieron intentos con fruencia para limitar la duración del cargo de provincial, pero durante mucho tiempo la legislación general de la Iglesia permitió una indefinida permanencia en el oficio, estos esfuerzos fueron prácticamente inútiles. El superior del convento era el prior o en su ausencia y durante una vacante el vicario. El prior era controlado en su administración por tres guardianes, quienes guardaban las llaves del arca común y certificaban las facturas y los contratos. Las quejas contra el superior eran enviadas al provincial o el capítulo provincial. No había límites en la permanencia del cargo, podía ser confirmado año tras año durante 20 años o más. En el caso de los conventos en ciudades universitarias, espialmente París y la Curia de Roma (Aviñón, después de Roma) la nominación pertenía al general o al capítulo general y por ley no escrita que Cambrigde, Lovaina, y otras ciudades universitarias, debería ser elegido para superior a un bachiller que en el plazo de un año adquiriría el grado de Maestro en Ciencias Divinas. Desde aproximadamente la mitas del S. XIV llegó a ser costumbre elegir los oficios de general y provincial exclusivamente entre aquellos que hubieran que hubiesen obtenidos grados. La única excepción sistemática a esta regla ha sido encontrada en la provincia de la Baja Alemania.
Fuentes de Rlutamiento
Cuando San Simón Stock establió conventos en las ciudades universitarias, obviamente tenía en cuenta que los graduados podrían ser rlutados para la Orden, no se había engañado en sus exptativas. En verdad, el tiempo había pasado cuando un día seis o más estudiantes con sus profesores acudieron al convento dominico de París para ribir el hábito de manos del beato Jordan. Pero había aún estudiantes, a pesar de las severas leyes de las universidades que regulaban la repción de estudiantes en las órdenes mendicantes. Esto se daba quizá principalmente entre los pobres escolares quienes ingresaban en aquellas órdenes para asegurarse la vida así como medio de ribir una educación. No solamente en tiempos de San Simón, sino también después muchos de los problemas era causados por estos jóvenes que habían cambiado por la libertad y la vida fácil de estudiantes la disciplina del coro. En muchos conventos se encontraban ejemplos de las familias de los fundadores y benefactores que llegaron a ser conventuales; en algunos casos las relaciones tío sobrino pueden seguirse durante siglos; las prebendas de catedrales y colegiatas eran a menudo el regalo del fundador y de su familia y fueron transmitidos de generación en gen
Orden de los Caballeros de Cristo
Una orden militar que surgió a partir de la famosa Orden del Templo (Ver Caballeros Templarios). Tal como Portugal fue el primer país en Europa donde se instalaron los Templarios (en 1128), así también fue el último en preservar los postreros remanentes de esa orden. Los Templarios Portugueses habían contribuido a la conquista de Algarve de los musulmanes; ellos estaban todavía defendiendo esa conquista cuando fueron suprimidos (1312) por el Papa Clemente V (q.v.). el rey Diniz, que entonces regía a Portugal, lamentó la pérdida de aquellos valiosos auxiliares sobre todo porque, en los juicios a que había sido sometida la orden en toda la Cristiandad, los Templarios de Portugal habían sido dlarados inocentes por la corte lesiástica del Obispo de Lisboa. Para ocupar su lugar, el rey instituyó una nueva orden, bajo el nombre de Christi Militia (1317). Obtuvo entonces para esta orden la aprobación del Papa Juan XXII, quien, por una Bula (1323), daba a estos caballeros la regla de los Caballeros de Calatrava (Ver Calatrava, Orden Militar de) y los puso bajo el control del Abate Cisterciense de Alcobaca. Más tarde, por otra Bula (1323), el mismo Papa autorizó al rey Diniz para hacer entrega a la nueva Orden de Cristo de las propiedades portuguesas de los extintos Templarios, y, la gran pripitación por convertirlos en Caballeros de Cristo, puede claramente ser explicado como el fundamento de Don Diniz en su intención tanto en lo personal como en lo territorial de una continuación en Portugal de la Orden del Temple. Instalados primero en Castro Marino, y más tarde (1357) establidos definitivamente en el monasterio de Thomar, cerca de Santarem.
Para esta época, sin embargo, Portugal ya había liberado su suelo del musulmán, y paría que la Orden de Cristo sería un despilfarro de fuerzas en ociosidad, cuando el príncipe Enrique el Navegante, hijo del rey Joao I, abrió un nuevo campo para su utilización llevando la guerra contra el Islam dentro de Africa. La conquista de Ceuta (1415) fue la primera etapa hacia la formación de un gran imperio portugués más allá de los mares. Esto puede en el presente ser aceptado como demostrado, y que el motivo que esta gran empresa no fue mercenario, sino religioso, con su pretensión de conquista de Africa para Cristo y Su Fe. Nada podía haber estado más de acuerdo con el espíritu de la orden, que, bajo el principe Enrique mismo como su gran maestre (1417-65), enfrentaba este proyto con entusiasmo. Esto explica los extraordinarios favores otorgados por los papas a la orden -- favores prometidos para fortaler un trabajo de evangelización. Martín V, por una Bula cuyo texto está perdido, otorgó al principe Enrique, como Gran Maestro de la Orden de Cristo, el derecho de representación de todos los beneficios eclesiásticos para ser instituidos más allá de los mares, junto con una completa jurisdicción y la disposición de ingresos de iglesia en esas regiones. Naturalmente, el clero de esas primeras misiones foráneas era rlutado de preferencia entre aquellos sacerdotes que eran miembros de la orden, y en 1514, una Bula de León X confirmó a ella los derechos de presentación a todos los obispados más allá de los mares, entre cuyos privilegios después surgiría la costumbre entre los titulares de llevar puestas las cruces pectorales de la forma particular de la Orden de Cristo. Después de esta campaña el rey Manuel de Portugal, a fin de superar la aversión de los caballeros a permaner en las guarniciones africanas, establió treinta nuevas encomiendas en el territorio conquistado. León X, para promover un aumento en el número de establimientos de la orden, otorgó un ingreso anual de 20.000 cruzados para ser derivados desde la propiedad de la iglesia de Portugal, y, como resultado de toda esta asistencia material, de un total de setenta encomiendas de la orden al inicio del reinado de Manuel se transformaron en cuatrocientas cincuenta y cuatro a su término, en 1521. Mientras esas expediciones extranjeras mantenían vivo el espíritu militar de la orden, su disciplina religiosa fue disminuyendo. El Papa Alejandro VI, en 1492, modificó el voto de celibato por el de castidad conyugal, alegando el predominio entre los caballeros de un concubinato para el que un matrimonio regular era lejos preferible. La orden se fue haciendo menos monástica y más sular, y fue tomando más y más el carácter de una institución real. Después del príncipe Enrique el Navegante, el cargo de gran maestre fue siempre sostenido por un principe real; bajo Manuel esto se hizo definitivamente, como aquellos de Aviz y Santiago, una prerrogativa de la corona; Joao III, sucesor de Manuel, instituyó un concejo espial (Mesa das Ordens) para la conducción de esas órdenes en el nombre del rey. El Hermano Antonius de Lisboa, en un intento de reforma, resultó causante de la completa aniquilación de la vida religiosa entre los caballeros de la orden. Los sacerdotes de la Orden de Cristo fueron forzados a rluirse en vida conventual en Thomar, el convento mismo se convirtió en un claustro con el cual los caballeros desde entonces mantenían sólo una conexión remota. El joven rey, Don Sebastián, trató de revertir este nocivo cambio (1574), pero la gloriosa, aunque inútil muerte, en África, del último de los cruzados (1578) detuvo el cumplimiento de sus proytos. Durante el período de la dominación española (1580-1640) otro intento de revitalizar el carácter monástico de toda la orden resultó en los estatutos emanados por un capítulo general, en Thomar en 1619, y promulgados por Felipe IV de España, en 1627. Los tres votos fueron reestablidos, incluso para los caballeros que no vivían en las casas de la orden, aunque con ciertas mitigaciones, el matrimonio, por ejemplo, sería permitido para aquellos que podían obtener una dispensa papal. Las condiciones de admisión eran un noble nacimiento y ya sea dos años de servicio en África o tres años con la flota, pero las encomiendas podían ser dirigidas sólo por aquellos que habían servido tres años en África o cinco con la flota.
El último intento de una reforma para la orden fue la de la reina Doña María, hecha con la aprobación de Pío VI (1789). Este, el más importante de todos los esquemas de reforma diseñados para el beneficio de la orden, hizo del convento de Thomar una vez más el cuartel general de toda la orden, y en lugar del prior conventual, quien, desde 1551, había sido elegido por sus hermanos por un término de tres años, ahora habría un gran prior de la orden, ronocido por todos los rangos e investido con todos los privilegios y la total jurisdicción antiguamente otorgada por los papas. El soberano, sin embargo, se mantuvo como gran maestre, y los últimos Grandes Priores de la Orden de Cristo, como oficiales subordinados de las corona, no demoraron en entrar en los enredos políticos del siglo diinueve. El último de todos, Furtado de Mendoça, fue identificado con el partido miguelista en las revueltas de 1829-32, y eso llevó a la confiscación general de las propiedades monásticas que siguieron a la derrota de Don Miguel con el convento de Thomar y las cuatrocientas cincuenta encomiendas perdidas. El rey de Portugal es todavía oficialmente "Gran Señor de la Orden de Nuestro Señor Jesús Cristo", y como tal confiere la calidad de miembro o socio titular de la orden, junto a la condoración de la cruz carmesí ornamentada con otra cruz blanca, más pequeña.
La Orden de Cristo, como condoración papal, u orden al mérito, es también una supervivencia histórica del derecho, antiguamente reservado a la Santa Sede, de aceptar nuevos miembros en la orden portuguesa. (Ver Condoraciones papales).
Para la orden alemana a ves llamada la Orden de Cristo (Frates Militiae Christi) ver Espada, Hermanos de la.
Ferreira, Memorias e noticias da Ordem dos Templaarios (Lisbon, 1735); Definicoes e statutos dos Cavalleros da Ordem de Christo (Lisbon, 1621); Guimaraes, A Ordem de Christo (Lisbon, 1901). -- See also works on Portuguese history cited in bibliography of Aviz.
CH. MOELLER
Transcrito por William D. Neville
Traducido por Miguel A. Casas
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